viernes, 5 de abril de 2013

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





QUÉ HAS HECHO DE TU HERMANO?
  en el torbellino de las mochilas
    los ojos de la hormiga
      no perdona
        yacen allí
          jamás
            todo fue
              consumado
                todo fue
                  arrebatado
                    por un
                      viento
                        impasible

que se llamaba

ol
vi
do                                 o                                  
                                                                           des
                                                                           truc
                                                                           ción


Miguel Labordeta

martes, 2 de abril de 2013

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE










GERTRUDE BELL


«Me invitó a tomar el té. Me recibió sentada junto a una mesita de té perfectamente inglesa, colocada bajo una polvorienta palmera en el jardín de dátiles que circundaba su villa. No había ninguna otra mujer. Los invitados eran jóvenes de uniforme, la mayor parte miembros de su plana mayor. Nada más verla decidí que la Reina Virgen tenía que haber sido precisamente así. Era una inglesa más bien pequeña y con cara de caballo —me parece recordar que su cabello era rojizo tirando a gris— pero había algo de majestuoso en su persona. Tenía un increíble dominio de las lenguas del Oriente Medio. Conocía todos los dialectos. Sabía al dedillo las historias tribales y familiares de los Bedawi. Viéndola, no era difícil creer lo que me habían contado de cómo llegaba en su avión a los campamentos de los árabes rebeldes y les soltaba tales rapapolvos en su propio dialecto que inmediatamente recogían sus tiendas y desaparecían.»

John dos Passos.
Años inolvidables.
Alianza Editorial.

domingo, 31 de marzo de 2013

IN PRINCIPIO CREAVIT

 



«Si busco una fórmula práctica para definir la época de antes de la Primera Guerra Mundial, la época en que crecí y me crié, confío en haber encontrado la más concisa al decir que fue la edad de oro de la seguridad.»


Qual’è il titolo del libro?


miércoles, 27 de marzo de 2013

OBITER DICTUM





        “Obsérvese que no dudo que todo esto sea para el mayor bien de todos. De todos, sí; pero quizá no de cada uno. Juego con las palabras para intentar extraer aquí la verdad tan valiosa que nos enseñaba el Evangelio, según el cual, como escribí antes, cada uno es más precioso que todos.
        Esto ha sido conquistado: no hay ya, en la URSS, explotación de un gran número para provecho de unos pocos; pero puede decirse, sin forzar demasiado las cosas: la felicidad de todos se obtiene a expensas de cada uno.”


André Gide

lunes, 25 de marzo de 2013

OBITER DICTUM






Además de deberles mi alma a los libros y a los muertos, se la debo a los árboles y a los montes. El campo me educó tanto como la biblioteca. Un cierto y determinado campo: todo lo que hay de poético, de melancólico, de gris y de solitario en mí, lo debo a la campiña de Toscana, a la campiña que hay en los alrededores de Florencia.

Giovanni Papini.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




CABALLOS


Yo he visto a los caballos,
yo vi la gloria
del viento y de los rayos
y de la serenísima victoria
cuando vi a los caballos.

Cuando vi su mirada
que no responde nada a nada,
que no es sino mirada,
entonces fue que en un momento
me hundí en su eternidad ensimismada,

descubrí en su quietud la gloria pura
del esplendor del viento
y de los rayos,
                          la figura
del simple movimiento
en magnificencia oscura

naciendo de los mágicos caballos.



Eliseo Diego

viernes, 15 de marzo de 2013

OBITER DICTUM






“Las habladurías, que simulan comprenderlo todo, y la avidez de novedades , que todo lo ve al parecer, dan al ser ahí una seudo-garantía de que vive con autenticidad y seguridad la plenitud de las posibilidades de la vida, de que vive una vida de verdadera vitalidad, con lo que todo tiene aspecto de auténticamente comprendido, pero en el fondo no lo es, o no tiene aspecto de tal, pero lo es en el fondo, y en definitiva no es posible decidir qué es lo visto y comprendido auténticamente y lo que no.”


Martin Heidegger

lunes, 11 de marzo de 2013

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




ESTOCOLMO


En el muelle, por la tarde, solía haber, amarrados por la popa, treinta o cuarenta pailebotes, goletas, bergantines. Estos barcos ofrecían una estampa magnifica y la arboladura, el cordaje, los estayes, los mástiles y las velas y el pequeño instrumento izado en el punto mapas alto del palo mayor para indicar la dirección del viento, los visillos blancos de la cámara de popa, los barriles y las anclas, me trasportaban cien años atrás, a la época en que los viajes y el mar aún eran un misterio. Estos barcos solían batir bandera finlandesa o sueca y llegaban cargados de astillas de abeto. Llegaban muy cargados, con una carga de cubierta imponente, el casco a flor de agua y, una vez fondeados y lanzada la palanca, se formaba un pequeño grupo alrededor del patrón, que bajaba a tierra. El capitán vendía la leña y acto seguido empezaba la descarga, que se efectuaba en pequeñas grúas, accionadas a mano, de un anacronismo delicioso. Estos trabajos antiguos, la vivacidad del mercado, el magnífico olor a resina de los troncos de abeto –un olor fresco, casi helado— hacía que los muelles de Strandvägen fuesen, a mis gusto uno de los lugares más agradables de Estocolmo. Solía pasar por allí entre dos luces –o sea a media tarde--, a la hora en que las transacciones eran más animadas. Los imponentes marinos finlandeses, rubios, con sus ojos de almendra, un puñal colgado en la cintura, eran una nota feroz y pintoresca. De las pequeñas chimeneas de hojalata de las goletas salía un hilillo de humo que me traía, a veces, nostalgias remotas de otras ollas de pescado, en aquel momento inasequibles.


Josep Pla. Cartas de Lejos. Ediciones Destino.



sábado, 9 de marzo de 2013

ALLÁ EN LAS INDIAS





LOS TOTONACAS


Después de bien considerada la partida para Méjico, tomamos consejo sobre el camino que habíamos de llevar, y fue acordado por los principales de Cempoal quel mejor y más conviniente camino era por la provincia de Tascala, porque eran sus amigos, y mortales enemigos de mejicanos. Y ya tenían aparejados cuarenta principales y todos hombres de guerra, que fueron con nosotros y nos ayudaron mucho en aquella jornada, y más nos dieron cocientes tamemes para llevar el artillería, que para nosotros, los pobres soldados, no había menester ninguno, porque en aquel tiempo no teníamos qué llevar, porque nuestras armas, ansí lanzas como escopetas y ballestas y rodelas y todo otro género dellas, con ellas dormíamos e caminábamos y calzados nuestros alpargatos, que era nuestro calzado, y, como he dicho, siempre muy apercibidos para pelear. Y partimos de Cempoal de mediado el mes de agosto de mill e quinientos y diez y nueve años, y siempre con muy buena orden, y los corredores del campo y ciertos soldados muy sueltos delante. Y la primera jornada fuemos a un pueblo que se dice Jalapa, y desde allí a Socochima, y estaba bien fuerte y mala entrada, y en él había muchas parras de uva de la tierra; y en estos pueblos se les dijo con doña Marina y Jerónimo de Aguilar, nuestras lenguas, todas las cosas tocantes a nuestra santa fe, y cómo éramos vasallos del emperador don Carlos, e que nos envió para quitar que no haya más sacrificios de hombres, ni se robasen unos a otros, y se les declaró muchas cosas que se convenían decir. Y como eran amigos de los de Cempoal y no tributaban a Montezuma, hallábamos en ellos buena voluntad y nos daban de comer. Y se puso en cada pueblo una cruz, y se les declaró lo que significaba, e que la tuviesen en mucha reverencia. Y desde Socochima pasamos unas altas sierras y puerto y llegamos a otro pueblo que se dice Tejutla, e también hallamos en ellos buena voluntad, porque tampoco daban tributo a Méjico, como lo demás. Y desde aquel pueblo acabamos de subir todas las sierras y entramos en el despoblado, donde hacía muy gran frío, y granizo y llovió. Aquella noche tuvimos falta de comida y venía un viento de la sierra nevada, que estaba a un lado, que nos hacía temblar de frío y no teníamos con qué nos abrigar, sino con nuestras armas, sentíamos las heladas como éramos acostumbrados a diferente temple. Y desde allí pasamos a otro puerto, donde hallamos unas caserías y grandes adoratorios de ídolos, que ya he dicho que se dicen cues, y tenían grandes rimeros de leña para el servicio de los ídolos queseaban en aquellos adoratorios, y tampoco tuvimos qué comer, y hacía recio frío. Y desde allí entramos en tierra de un pueblo que se dice Cocotlán, enviamos dos indios de Cempoal a decille al cacique cómo íbamos; que tuviesen por bien nuestra llegada a sus casas. Y era sujeto de Méjico. Y siempre caminábamos muy apercibidos y con gran concierto porque víamos que ya era otra manera de tierra. Y desde que vimos blanquear azoteas y las casas del cacique y los cues y adoratorios, que eran muy altos y encalados, parescían muy bien como algunos pueblos de nuestra España. Y pusímosle nombre Castil Blanco, porque dijeron unos soldados portugueses que parescía la villa de Castel Blanco, de Portugal, y ansí se llama agora. Y como supieron en aquel pueblo por los mensajeros que enviamos cómo íbamos, salió el cacique a recibirnos con otros principales, junto a sus casas; el cual cacique se llamaba Olintecle, y nos llevaron a unos aposentos, y nos dieron de comer poca cosa e de mala voluntad.

Bernal Díaz del Castillo. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España.