sábado, 12 de mayo de 2012

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






LAS PALABRAS


DALES la vuelta,
cógelas del rabo (chillen, putas),
azótalas,
dales azúcar en la boca a las rejegas,
ínflalas, globos, pínchalas,
sórbeles sangre y tuétanos,
sécalas,
cápalas,
písalas, gallo galante,
tuérceles el gaznate, cocinero,
desplúmalas,
destrípalas, toro,
buey, arrástralas,
hazlas, poeta,
haz que se traguen todas sus palabras.


Octavio Paz

jueves, 10 de mayo de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





WAIGUOREN


“La categoría de «amigo extranjero» o «invitado extranjero» es en China una categoría interesante, por más que antinatural. Los funcionarios tratan al extranjero como si fuera un panda valioso propenso a las travesuras. Bajo ningún concepto debe sufrir el animal daño alguno; aunque hay que vigilarlo todo el tiempo de modo que no vea demasiado, no actúe demasiado por su cuenta ni influya en la conducta de los habitantes locales. «Tenemos amigos en todo el mundo», anuncian las banderas colgadas en las fachadas de los hoteles, pero a los funcionarios les inquieta que haya demasiados contactos entre chinos y no chinos.
Las relaciones entre chinos y extranjeros causan horror; en especial, si la mujer es china. De vez en cuando esta actitud desencadena diatribas en la prensa oficial, pero nada es comparable a la xenofobia de la Revolución Cultural, durante la cual se prohibió a Beethoven y las multitudes apaleaban a los diplomáticos.
En cuanto a los propios chinos, existe un sentimiento de cordialidad y curiosidad hacia el extranjero, lo cual es sorprendente dada la xenofobia del pasado chino y el estigma que antes acarreaba el contacto con los waiguoren (hombres de fuera). Lo cierto es que la palabra china para designar el país es sencillamente «tierra del centro», una señal de su suposición de centralidad en el orden de las cosas. A menudo notamos el atento examen de ropas y conducta a que nos somete algún recién conocido; la impresión es la de ser considerado no sólo extranjero, sino también, en cierto sentido, extraño. La gente junto a la que uno pasa por la calle se detiene para contemplar boquiabierta la ropa y los rasgos; a veces incluso nos siguen con la vista volviendo la cabeza, por lo tanto, chocan con bicicletas o árboles. Cuando ven a un extranjero, los niños gritan: «¡waiguoren, waiguoren!»; o «¡waibin, waibin!» (invitado extranjero) si son lo bastante mayores como para combinar la etiqueta y la excitación.”


Vikram Seth. Desde el lago del cielo. Ediciones B.

martes, 8 de mayo de 2012

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






La danza che specchia speranza
la pazza che spezza la danza
la voglia che sciupa la guancia
la frangia che vela la voglia
la foglia che varca la soglia
la stanza che invoglia chi sogna
la seglia che suona a distanza.


                              Toti Scialoja

jueves, 3 de mayo de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






SEGUNDA PARTECAPÍTULO VIII


—¡Que todavía das, Sancho —dijo don Quijote—, en decir, en pensar, en creer y en porfiar que mi señora Dulcinea ahechaba trigo, siendo eso un menester y ejercicio que va desviado de todo lo que hacen y deben hacer las personas principales, que están constituidas y guardadas para otros ejercicios y entretenimientos, que muestran a tiro de ballesta su principalidad! Mal se te acuerdan a ti, ¡oh Sancho!, aquellos versos de nuestro poeta donde nos pinta las labores que hacían allá en sus moradas de cristal aquellas cuatro ninfas que del Tajo amado sacaron las cabezas y se sentaron a labrar en el prado verde aquellas ricas telas que allí el ingenioso poeta nos describe, que todas eran de oro, sirgo y perlas contestas y tejidas. Y desta manera debía de ser el de mi señora cuando tú la viste, sino que la envidia que algún mal encantador debe de tener a mis cosas, todas las que me han de dar gusto trueca y vuelve en diferentes figuras que ellas tienen; y, así, temo que en aquella historia que dicen que anda impresa de mis hazañas, si por ventura ha sido su autor algún sabio mi enemigo, habrá puesto unas cosas por otras, mezclando con una verdad mil mentiras, divertiéndose a contar otras acciones fuera de lo que requiere la continuación de una verdadera historia. ¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo, pero el de la envidia no trae sino disgustos, rancores y rabias.


Miguel de Cervantes Saavedra. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






ÉGLOGA III

              VII

Por aquesta razón de ti escuchado,
aunque me falten otras, ser merezco;
Lo que puedo te doy, y lo que he dado,
con recebillo tú, yo m’enriquezco.
De cuatro ninfas que del Tajo amado
salieron juntas, a cantar me ofrezco:
Filódoce, Dinámene y Climene,
Nise, que en hermosura par no tiene.


Garcilaso de la Vega

martes, 1 de mayo de 2012

ALLÁ EN LAS INDIAS







LA CARGA DE LA AMARGURA


        “Estas palabras compuestas aquí son para ser dichas al oído de los que no tienen padre y de los que no tienen casa. Estas palabras deben ser escondidas, como se esconde la Joya de la Piedra Preciosa.
        Son las que dicen que vendrán a entrar el cristianismo, a Tancáh de Mayapán y a Chichén Itzá, y será arrollado Suhuyuá, y será arrollado el Itzá. Despertará la tierra por el Oriente, por el Norte, por el Poniente y por el Sur.
        Venido de la boca de Dios es, y lo manifiestan cinco sacerdotes. Sacerdotes Adoradores, llegados a la presencia de Dios. Ellos profetizaron la carga de la amargura para cuando venga a entrar el cristianismo.
        He aquí sus nombres escritos:
Chilam-Balam, Gran Sacerdote.
Napuc-tun, Gran Sacerdote.
Nahau-Pech, Gran Sacerdote.
Ah Kuil-Chel, Gran Sacerdote.
Natzin-yabun-chan, Gran Sacerdote.
        Estos Hombres de Dios, doblando su espalda sobre la tierra virgen, manifestaron la carga de las penas, en presencia de Dios Nuestro Padre, para cuando venga a entrar el cristianismo. Vómitos de sangre, pestes, sequías, años de langosta, viruelas, la carga de la miseria, el pleito del diablo. En el cielo habrá círculos blancos y arderá la tierra; dentro del Tres Ahau Katún y el Uno Ahau Katún y los tres katunes malos.
        Así fue escrito por el Profeta y Evangelista Balam, lo que vino de la boca del Señor del cielo y de la tierra.
        Y lo pusieron los sacerdotes en escritura sagrada, en el tiempo de los Grandes Soles, en Lahun Chablé.
        Dentro del cristianismo llegarán Saúl y don Antonio Martínez, para que los hijos de sus hijos reciban justicia. Y entonces despertará la tierra.
        Así está escrito, por mandato del Gran Sacerdote y Profeta Chilam Balam, por el que habla. —Amén. —Jesús.”


Juan José Hoil. Chilam Balam de Chumayel.

sábado, 28 de abril de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






EL TRABAJO


“Los españoles no conciben que se trabaje para después descansar. Prefieren hacerlo a la inversa, lo cual, después de todo, me parece más sensato. Un obrero que ha ganado unos cuantos reales deja el trabajo, se echa al hombro su chaquetilla bordada, coge la guitarra y se va a bailar o cortejar a las mozas, sus amigas, hasta que no le queda un cuarto; entonces vuelve a comenzar. Con tres o cuatro perrillas diarias, un andaluz puede vivir espléndidamente; con esta cantidad comprará un pan blanco, una raja enorme de sandía y un vasito de aguardiente; su alojamiento no le costará más que el trabajo de extender la capa en el suelo bajo un pórtico o un arco de puente. En general, a los españoles el trabajo les parece cosa humillante e indigna de un hombre libre, idea muy natural y muy razonable, en mi opinión, puesto que Dios, queriendo castigar al hombre por su desobediencia, no supo infligirle mayor suplicio que el ganar el pan con el sudor de su frente. Placeres conquistados como los nuestros, a fuerza de trabajo, de fatigas, de tensión de espíritu y de ansiedad, les parecerían muy caros. Como los pueblos sencillos y mas cerca de la Naturaleza, tienen una rectitud de juicio que les hace despreciar las satisfacciones con condición. Para quien llegue de París o de Londres, esos dos torbellinos de actividad devoradora, de existencia febril y sobreexcitada, es un espectáculo original la vida que se hace en Granada, vida toda tranquilidad y ocio, ocupada con la conversación, la visita, el paseo, la música y el baile. Sorprende ver la tranquilidad feliz de aquellos rostros, la dignidad serena de aquellas fisonomías. Nadie tiene el aire atareado que se observa en los transeúntes de las calles de París. Todos van a gusto, eligiendo el lado de la sombra, deteniéndose para hablar con sus amigos y sin demostrar prisa alguna por llegar. La certeza de no poder ganar dinero apacigua toda ambición: los jóvenes no tienen porvenir en ninguna carrera. Los más aventureros se van a Manila, a La Habana o se alistan en el ejército; pero, por ese estado lamentable de la Hacienda, pasan a veces años enteros sin oír hablar de sueldo. Convencidos de inutilidad de sus esfuerzos, no tratan de alcanzar fortunas imposibles, y pasan el tiempo en una ociosidad encantadora, que favorece la belleza del país y el ardor del clima.
         No me he dado apenas cuenta de la seriedad de los españoles; no hay nada más engañador que las reputaciones que se hacen a los individuos y a los pueblos. Por el contrario, los he encontrado sencillos y de una bondad extrema; España es el verdadero país de la igualdad, si no en palabras, por lo menos en hechos. El último mendigo enciende su papelito en el puro del gran señor, quien le deja hacer sin la menor afectación de condescendencia; la marquesa pasa sonriendo por encima del cuerpo andrajos de los vagabundos que duermen atravesados en el umbral de su puerta, y cuando va de viaje no hace ningún asco de beber en el mismo vaso que el mayoral, el zagal y el escopetero que la conducen. Los extranjeros se acomodan difícilmente a esta familiaridad; los ingleses sobre todo, que se hacen servir en bandejas las cartas, que cogen con tenacillas. Uno de estos estimables insulares, que iba de Sevilla a Jerez, envió a su calesero a que comiera en la cocina. El hombre, que, en el fondo de su alma, pensaba hacer un gran honor a un hereje sentándose a su mesa, no hizo la menor observación, y disimuló su enojo con tanto cuidado como un traidor de melodrama; pero en medio del camino, a tres o cuatro leguas de Jerez, en un desierto temeroso, lleno de barrancos y malezas, nuestro hombre hizo apearse al inglés y le grito, fustigando al caballo: “Milord, usted no me ha creído digno de sentarme a su mesa; yo, don José Balbino Bustamante y Orozco, le juzgo a usted mala compañía para ir sentado en esta banqueta. Buenas tardes.”
         A los criados y demás servidores se les trata con una dulzura familiar, muy diferente a nuestra cortesía afectada, que, a cada palabra, parece recordarles la inferioridad de su posición. Un ejemplo probará nuestro aserto: Habíamos ido de excursión a la casa de campo de la señora X***. Por la noche se quiso bailar; pero había muchas más mujeres que hombres. La señora X*** llamó al jardinero y a otro criado, los cuales bailaron durante toda la velada, sin azoramiento, sin falsa vergüenza, sin servilismo, como si en realidad formasen parte de la sociedad. Invitaron, una por una, a las muchachas más bonitas y más linajudas, que aceptaron su demanda con toda la amabilidad posible. Nuestros demócratas están aún muy lejos de esta igualdad práctica, y nuestros republicanos más hoscos se rebelarían ante la idea de figurar en un rigodón enfrente de un labriego o de un lacayo.”

Theophile Gautier. Viaje por España. Editorial Calpe.

jueves, 26 de abril de 2012

ALLÁ EN LAS INDIAS







LENGUA, ALMAS Y CANÍBALES


Ítem: Diréis a sus altezas que a causa que acá no ay lengua por medio de la cual a esta gente se pueda dar a entender nuestra santa fe, como sus altezas desean e aun los que acá estamos, comoquier que se trabajará cuanto pudieren, se embía de presente con estos navíos así de los caníbales, ombres e mujeres e niños e niñas, los cuales sus altezas pueden mandar poner en poder de personas con quien puedan mejor aprender la lengua, exercitándoles en cosas de ser vicio e poco a poco mandando poner en ellos algún más cuidado que en otros esclavos, para que deprendan unos apartados de otros, que no se fablen ni se vean sino muy tarde, que más perfectamente deprenderán allá que no acá e serán mucho mejores intérpretes, comoquier que acá no se dexará de fazer lo que se pueda. Es verdad que como esta gente platican poco los de la una isla con los de la otra, en las lenguas ay alguna diferencia entre ellos, según como están más cercano o más lexos. Y porque entre las otras islas las de los caníbales son mucho grandes e harto bien pobladas, parecerá acá que tomar de  ellos e de ellas e embiarlos allá en Castilla no sería sino bien, porque quitarse ían una vez de aquella inhumana costumbre que tienen de comer ombres, e allá en Castilla, entendiendo la lengua, muy más presto recibirán el bautismo e farán el provecho de sus ánimas. E aun entre estos pueblos que no son destas costumbres se ganaría gran crédito por nosotros, viendo que  aquellos prendiésemos e cautivásemos de quien ellos suelen recibir daños e tienen tamaño miedo que del nombre sólo se espantan.
Certificando a sus altezas que la venida e vista desta flota acá en esta tierra, así junta e fermosa, ha dado muy grande autoridad a esto e muy grande seguridad para las cosas venideras, para que toda esta gente desta grande isla e de las otras, viendo el buen tratamiento que a los buenos se fará e el castigo que a los malos se dará, verná a obediencia prestamente para poderlos mandar como vasallos de sus altezas. Comoquier que ellos agora, donde quier que ombres se falle, no sólo fazen de grado lo que ombre quier que fagan, mas ellos de su voluntad se ponen a todo lo que entienden que nos puede plazer. E también pueden ser ciertos sus altezas que no menos allá, entre los cristianos príncipes aver dado gran reputación la venida desta armada po  muchos respetos, así presentes como venideros, los cuales sus altezas podrán mejor pensar e entender que no sabría dezir.
Ítem: Diréis a sus altezas que el provecho de las almas de los dichos caníbales  e aun destos de acá ha traído en pensamiento que  cuantos más allá se llevasen sería mejor, e en ello sus altezas podrían ser servidos de esta manera: que, visto cuánto son acá menester los ganados e bestias de trabajo para el sostenimiento de la gente que acá ha de estar e bien de todas estas islas. Sus altezas podrán dar licencia e permiso a un número de caravelas suficiente que vengan acá cada año e trayan de los dichos ganados e otros mantenimientos e cosas de poblar el campo e aprovechar la tierra, y esto en precios razonables a sus costas de los que les truxieren, las cuales cosas se les podrían  pagar en esclavos destos caníbales, gente tan fiera e dispuesta e bien proporcionada e de muy buen entendimiento, los cuales, quitados de aquella inhumanidad creemos que serán mejores que otros ningunos esclavos, la cual luego perderán que sean fuera de su tierra. Y de estos podrán aver muchos con las fustas de remos que  acá se entienden de fazer, fecho empero presupuesto que cada una de las caravelas que viniesen de sus altezas pusiesen una persona fiable, la cual defendiese las dichas caravelas que no descendiesen a ninguna parte ni isla salvo aquí, donde ha de estar la carga e descarga de toda la mercaduría. E aun destos esclavos que se llevaren, sus altezas podrían aver sus derechos allá. Y desto traeréis o embiaréis respuesta, porque acá se fagan los aparejos que son menester con más confianza, si a sus altezas pareciere bien.


Cristobal Colón. Segundo viaje.

miércoles, 25 de abril de 2012

OBITER DICTUM







“Hay una parte de la burguesía, que desea mitigar los males sociales, para de este modo, garantizar la perduración del sociedad burguesa.
         Pertenecen a ésta los economistas, los filántropos y los humanitarios que pretenden mejorar la situación de la clase obrera. Las organizaciones caritativas y de beneficencia, las sociedades protectoras de animales, las de la lucha contra el alcoholismo, y todo tipo de reformadores y predicadores de tercera. Este socialismo burgués, incluso ha llegado a elaborar sistemas sociales completos y totales.
         Por ejemplo: “La Filosofía de la Miseria” de Proudhon.
         Los burgueses socialistas quieren perpetuar las condiciones de vida de la sociedad moderna, pero sin las luchas y los peligros que necesariamente encierra. Su ideal es la sociedad existente, depurada de los elementos que la corroen y revolucionan: una sociedad burguesa con burguesía, pero sin el proletariado.”

Karl Marx & Friedrich Engels.

lunes, 23 de abril de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






EN LA CALLE VELÁZQUEZ


         “La casa de Velázquez, 85, hoy 97 moderno, esquina a Diego de León, fue quizá las más bonita de todas las siete u ocho que tuve en Madrid, de soltero o de casado, hasta que levanté el vuelo de la capital para no volver más que de visita. La casa tenía una estructura un poco desequilibrada pero graciosa; por el lado que da a Diego de León se ven dos pisos y el bajo, claro, y por la parte de Velázquez se alzan dos o tres pisos más, me parece que dos. En la esquina había un jardincito minúsculo, pero en el que quedaba sitio para que pudieran crecer una par de árboles y una enredadera; en una esquina y casi tapado por la yerba languidecía un triciclo al que ningún niño tocó jamás, al lado de una tinaja rota por la mitad en la que una gata parió siete gatitos. A mi no me dejaron llevarme ninguno para casa y los pobres tuvieron una mala muerte porque una criada los puso en la vía del tranvía y el 32, Velázquez-Sol-Fuentecilla, les aplastó el cráneo o los partió por la mitad; la criada estaba muy colorada y muerta de risa, hay gente muy bestia con la que no se debería tener ni piedad ni caridad, la mayoría de la gente mayor es muy bestia y desconsiderada. Ahora aquel jardín ha desaparecido, lo absorbió el Banco de Bilbao que es el actual inquilino de la plata baja; encima está la galería de la que fue nuestra casa, con sus mecedoras, sus helechos y sus cortinas de indiana. A la casa se entraba por Velázquez y creo recordar que no había ascensor, por lo menos para nuestro piso, que era el principal izquierda, la verdad es que tampoco era alto y se subía bien. El edificio era –sigue siendo—de ladrillo rojo y, ya digo, muy armonioso y elegante. Mi cuarto era exterior, era el último de Diego de León y en el cristal de la ventana había un graven, o sea unas lajas de cristal movibles, que duró hasta hace poco, duró lo menos sesentas años y aguantó la guerra civil; lo mandó instalar mi padre para que yo tuviera aire puro porque por entonces ya empezaba a andar medio escorado de las vías respiratorias, ese banco de pruebas de la paciencia que me acompañó con tan enojosa tenacidad hasta bien entrada la madurez. Mis padres, como me cansaba mucho y no se me quitaba la tos, me llevaron a un médico muy bueno, don Jacobo Elicegaray o Elizagaray, que era médico de la Real Casa; vivía en la calle de Velázquez, creo recordar que entre Ayala y Hermosilla, quizá en Hermosilla y Goya, en nuestra misma acera, la de los nones, y lucía una solemne y respetable barba blanca. Don Jacobo era de Santiago, o estuvo trabajando en Santiago, y había sido médico y amigo de mi abuelo John. Don Jacobo era muy cariñoso conmigo y me auscultaba dándole aliento al fonendoscopio para que no estuviese demasiado frío; después me recetaba Siroline Roche para la tos, Tricalcine para los huesos y los pulmones, bronquios, etc., y emulsión Scott y aceite de hígado de bacalao, el negro, que era más fuerte y sabía a arenques prensados, y el claro, que era medio untuoso y repugnante. En una de estas ocasiones don Jacobo mandó que me hicieran una radiografía de tórax y mis padres me llevaron a un radiólogo que me parece que estaba por la calle de Mejía Lequerica, no recuerdo bien; a los dos días mi madre fue a recoger la radiografía, los iniciados le llamaba placa, y al llegar a casa la miró al trasluz y se echó a llorar desconsoladamente. Cuando mi padre vino a la hora de cenar, se la encontró hecha un mar de lágrimas.
            --¿Qué te pasa?
            --¡Tú verás! Fui a recoger la radiografía de Camilo José y tiene un agujero enorme en un pulmón.
            Me padre miró la radiografía y también se alarmó.
            --Bueno, mujer, no anticipemos acontecimientos; ya veremos lo que nos dice don Jacobo, lo bueno de estas cosas es cogerlas a tiempo y el niño no puede estar mejor cuidado.
            Cuando fueron a llevarle la radiografía, don Jacobo, que los vio tan mustios y cariacontecidos, se dirigió a mi madre y le preguntó:
            --¿Qué te sucede, Camila?
            Don Jacobo tuteaba a mi madre y no le cobraba las consultas a mi padre; ellos correspondían tratándole de usted y con mucho respeto y regalándole un capón y dos botellas de champán por Navidad.
            --Nada don Jacobo, aquí le traemos la radiografía del niño.
            Don Jacobo la miro apoyándola en una pantalla de cristal esmerilado y no dijo nada alarmante.
            --Al chiquillo darle mucho de comer y que tome esos potingues que voy a recetarle; no tiene nada de importancia y la tos se le quitará pronto, ya veréis. Traédmelo por aquí antes de iros de veraneo.
            Mi madre y no pudo y sin mayores rodeos preguntó lo que le preocupaba.
            --Oiga, don Jacobo, ese agujero que tiene ahí, ¿no es un poco grande?
            Don Jacobo sonrió casi con dulzura.
            --No, Camila, ese agujero que tiene ahí tu hijo es de su tamaño, ni mayor ni menor; ese agujero que tiene ahí tu hijo es el corazón, puedes marcharte tranquila.”


Camilo José Cela. Memorias, entendimientos y voluntades. Plaza & Janés.

sábado, 21 de abril de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





POR SAN SEBASTIAN


“Mes y medio llevo aquí, y la verdad es que no me divierto, y lo que es peor, gasto mucho para no divertirme. También es verdad, aunque parezca una contradicción, que no lo paso mal...
Siempre la Concha y siempre el Bulevar aburren. Y del Gran Casino puede decirse lo mismo; no subiendo a sus salones reservados del piso alto, de los que siempre se sale de prisa y corriendo, y jurando no volver, se cansa cualquiera escuchando música, que los más no entendemos.
Y lo peor es el clima. A fines de julio tuvimos unos días dignos de Sevilla, por la fuerza del calor. Llovió de una manera torrencial durante tres o cuatro días seguidos, y después, durante otros varios no se podía salir a las doce del día sin gabán. Llueve con extraordinaria frecuencia, y esto es un grave daño para una estación veraniega que quiere ser la primera del mundo. La humedad es siempre penetrante, y por tanto perjudicial para los asmáticos y quienes padezcan ciertas afecciones.
Si el vicio es síntoma o indicio de civilización, como pretenden algunos escritores fundándose en los ejemplos de Grecia y Roma, San Sebastián está muy civilizado. A parte del juego, en el que Dios me libre de volverme a meter, hay otras pruebas. En todas partes nos codeamos con un número infinito de jóvenes, muy elegantes que llevan en sus toilettes escrito su oficio, poco moral. Ya no son solo francesas como antes: hoy pululan más españolas que francesas, que las imitan, con rara perfección, y hasta las superan en el arte de la seducción y del engaño.
Y Cines por todas partes en los que se exhiben películas nada morales, preparando a la niñez para juventudes licenciosas y criminales. Y como si esto fuera poco la moda, este año, completa la obra desmoralizadora con las sayas cortas. ¡Y tan cortas! Hay a quienes no llega a las rodillas. Y más cortas las llevan las señoritas ricas, conocidas, de buenas familias y elegantes que las demimondaines a quienes antes me refiero, de suerte que es imposible distinguir unas de otras. ¡Y hasta las casadas! Ya cuando una joven vista las galas de mujer no se dirá que se viste de largo sino de corto, y a lo más se podrá señalar este antes tan grato día para las familias valiéndose de la gráfica expresión madrileña: Fulanita lleva hoy por vez primera el moño alto.
Y aquella famosa canción:

Te digo Juana
que tengo gana
de verte la punta del pie...

nunca se hubiera cantado si las costumbres de entonces hubieran sido las de hoy, porque hoy aquí la mayor parte de las mujeres lucen no solo la punta del pie, sino el pie entero y la pierna, y Dios sabe, si la moda sigue imperando, qué se enseñará el año que viene.
Las carreras de caballos se celebran a bastante distancia de San Sebastián y esto, y la dificultad de comunicaciones, hacen que solo asistan a ellas los ricos y los verdaderamente aficionados, en su mayoría extranjeros.
En los teatros funcionan buenas compañías, que se renuevan con frecuencia, pero como los precios son altos, se ven aquellos bastantes desanimados, y los empresarios, para no perder, se ven obligados a dar dos y tres funciones diarias.
En medio de este cuadro, San Sebastián brilla siempre, y atraerá siempre cada vez más forasteros, por su cultura y por la labor admirable de su Municipio, sea cualquiera el partido que mande, que ha hecho de esta Ciudad el modelo perfecto del pueblo moderno. Todos los años hay una nueva obra que es la admiración de propios y extraños. Y este año propios y extraños quedan extasiados ante el paseo sobre el mar que rodea al Monte Urgull, cuyo segundo trozo inauguró la Reina Madre, a presencia  de los Reyes, el día de Santiago. Es una verdadera comiza tallada en la roca, obra suprema de la ingeniería, ante cuyo trabajo queda suspenso el ánimo más resuelto. Esta obra no es obra de hombres, sino de titanes. No puede comparársele ni el célebre paseo de los Ingleses de Niza, ni la Comiza de Génova. Solo tiene rival en esta misma provincia la carretera de Zarauz a Guetaria, otra obra digna de ser contemplada por cuantos aman la lucha del hombre con los obstáculos de la naturaleza. Cuando el nuevo paseo esté concluido se proyecta nombrarle Paseo Marítimo María Cristina.
San Sebastián, que tantas pruebas de respeto y cariño tiene dadas a la Reina Madre, no necesita darle esta nueva para que la Augusta Señora esté cierta del agradecimiento que se le tiene por los favores que de ella ha recibido. Se me ocurrió a mí que dicho paseo podía ser consagrado al recuerdo del primer viaje de circunnavegación al mundo, en el que tanta gloria recibió Guipúzcoa por haber sido guipuzcoano Elcano, quien condujo la expedición a su término, por muerte de Magallanes, y así lo propuse. Mi propuesta ha sido rechazada unánimemente en todas partes. Debe dársele el nombre de la Reina Madre, no por el amor que se sienta hacia ella, sino porque dándosele su nombre, lo mismo que se le ha dado el nombre de los Reyes a teatros, hoteles, frontones, etcétera, la concurrencia de viajeros será mayor en años sucesivos. Aquí se vitorea mucho a los Reyes y se les alaga, pero en el fondo es todo egoísmo y adulación. Todos vitorean a los Reyes, pero vivas a España solo he escuchado los que yo mismo he dado. Dígalo el anterior Gobernador Civil Sr. Barón de la Torre, quien tuvo conocimiento hace unos cinco años, de haberla emprendido yo a puñetazos con los que rodeaban un día en que embarcaba el Rey la escalinata del Club Cantábrico por haberse burlado de mí al gritar viva España. Si este año no me sucedió igual fue porque me puse más cerca del Club y respondió a mi viva a la Nación la colonia madrileña en él congregada.”


Genaro Cavestany, Memorias de un viejo. Imprenta Sempere.

martes, 17 de abril de 2012

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






Apoyada en mi hombro
eres mi ala derecha.
Como si desplegaras
tus suaves plumas negras,
tus palabras a un cielo
blanquísimo me elevan.

Exaltación. Silencio.
Sentado estoy a mi mesa,
sangrándome la espalda,
doliéndome tu ausencia.

Manuel Altolaguirre.