miércoles, 22 de febrero de 2012
martes, 21 de febrero de 2012
OBITER DICTUM
“Para el lector nato la lectura es como una segunda vida, una
existencia paralela que corre al lado de la cotidiana sólo en apariencia más
real que aquella. Tiene todos los accidentes y características que señalan
nuestro paso por la tierra: nacimiento, primeras sorpresas, entusiasmos que en
el momento nos parecen perdurables, amores a primera vista, rechazos
injustificados, decepciones, amargas enseñanzas, mundos enteros que se abren al
apetito de nuestros sueños, amistades difíciles y antipatías incomprensibles,
maduras revisiones, reencuentros decepcionantes, rectificaciones
aleccionadoras, amistades para toda la vida, arduos intentos de establecer una
relación y que terminan en tristes distanciamientos: dos o tres títulos al pie
de nuestro lecho de agonía, últimas palabras que nos llegan al oído dichas por
alguien que, en ese instante, nos revela quizás un secreto celosamente
guardado. Así vive el lector su relación con los libros, así la disfruta y así
la padece hora tras hora, día tras día, año tras año. Si las cosas no suceden
de esta manera, sencillamente es que estamos ante una falsa vocación, ante un
fariseo de los muchos que en este terreno existen o, simplemente, ante alguien
que buscó otros caminos de conocimiento, otras secretas rutas para alimentar
sus sueños, otra manera de encontrar las respuestas, efímeras o intermitentes
como vanos espejismos ya destinadas a calmar la sed que no se sacia.”
Álvaro Mutis
domingo, 19 de febrero de 2012
sábado, 18 de febrero de 2012
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
MEREDITH
“El primer requisito es ser inteligible. El segundo,
ser interesante. El tercero, conocer la técnica del oficio. Meredith cumplía el
tercer requisito, pero no los dos primeros. De ahí que, a pesar de las páginas
excelentes de Richard Feverel, nunca pueda igualar a un Dickens o un Thackeray,
que reunían los tres. No tenía la menor idea de cómo caían sus palabras en una
mente menos complicada. Recuerdo que, en presencia de Barrie, Quiller-Couch y
yo leyó un poema titulado Al trabajador inglés, que publicó la Westminster Gazette.
No sé qué opinarían del poema los trabajadores ingleses, pero puedo asegurar
que nosotros tres nos vimos bastante apurados para comprender el sentido del
texto.
Yo
había escrito algunos artículos sobre su obra, uno de los cultos de mi
juventud, y él me invitó a ir verlo a su villa de Box Hill. Fue la primera de
varias visitas que le hice. Como en la prensa se había hablado mucho sobre su
salud, me sorprendí bastante cuando, al abrir la puerta del jardín, vi a un
caballero menudo pero robusto ataviado con un traje gris y corbata roja salir
de la casa y avanzar por el camino canturreando. Supongo que rondaría los
setenta por aquella época, pero parecía mucho más joven con su bello rostro de
artista. Tras saludarme, señaló una colina bastante empinada detrás de la casa
y dijo:
--Vengo
de hacer una excursión hasta lo alto.
Miré
la pendiente y dije:
--Debe
de estar usted en muy buena forma.
Él
pareció enfadado, y replicó:
--Eso
sería un buen cumplido para un octogenario.
Algo
picado por su susceptibilidad, contesté:
--Creía
que iba a entrevistarme con un enfermo.
Parecía
que la entrevista se iba a terminar en la misma puerta, pero pronto se suavizó
y nos hicimos buenos amigos.
En su
juventud había sido un gran entendido en vinos, y aún sabía de sobra lo quera
una buena añada; pero, por desgracia, su enfermedad nerviosa le imponía una
abstinencia completa. Cuando llegó la hora del almuerzo, me preguntó con aire
muy serio si tenía fuerzas para beberme yo solo una botella de borgoña. Le
contesté que no veía ninguna dificultad insuperable. Trajeron una botella de
vino añejo, de la que fui dando buena cuenta mientras Meredith se interesaba
amigablemente en su consumición.
--Ocurre—me
dijo—que me encanta el vino, y tengo una bodeguita que cuido con el mayor
cariño del mundo; por eso, cuando un invitado bebe un vaso y desperdicia el resto
de la botella, se me cae el alma a los pies. Me he alegrado mucho de que haya
disfrutado de ésta.
Por
supuesto, le aseguré que yo me alegraba más que él.
Su
conversación era extraordinariamente viva y apasionada. Alguien la podría haber
acusado de artificial, y a él de hacer un poco de teatro; pero no, lo que decía
era fascinante y sumamente entretenido. Oyéndole hablar de los mariscales de
Napoleón, se habría dicho que los había conocido personalmente: imitó de tal
manera el furor de Murat ordenando una carga au bout que creí que la habitación
iba a venirse abajo. De vez en cuando salía con alguna frase “a lo Meredith”,
que sonaba cómica cuando se aplicaba a asuntos domésticos. Así, cuando la
gelatina se bamboleó al ponerla la criada sobre la mesa, dijo:
--Mary,
la gelatina es más traicionera que el caballo de Troya.
Se rió
cuando le conté cómo mi criado, contratado como camarero para una cena
especial, le había dicho a la gelatina:”Quieta ahí” en una circunstancia
parecida.”
Arthur Conan Doyle.
Memorias y aventuras. Valdemar.
jueves, 16 de febrero de 2012
miércoles, 15 de febrero de 2012
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
NATURALEZA EXTÁTICA
A Juan Gris
Un segmento de luna
sobre la bandeja
El corazón de la granada
es un abanico del iris
La guitarra la pipa y el
periódico
disecados como loros
Papalpando entre el mosaico
el vidrio canta sus reflejos
A través de la ventana bastidor del sol
el viento afina sus cordajes
Desconsolada una guitarra
con las clavijas sueltas
enmaraña su testa
Guillermo
de Torre.
lunes, 13 de febrero de 2012
domingo, 12 de febrero de 2012
OBITER DICTUM
g
Me acuerdo de que Art
Tatum le puso «Sweet Lorraine» a una canción porque había estado en la Lorena
durante la guerra de 1914-1918.
Georges Perec.
Sweet Lorraine
sábado, 11 de febrero de 2012
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
UNA CÁRCEL EN NÁPOLES
“El oficial me llamó esta mañana para comunicarme que el gran
fiasco de ayer había sido el resultado de un plan bien organizado, destinado a
causar el máximo trastorno en la vida urbana. Un joven soldado alemán llamado
Sauro se había ofrecido voluntario a quedarse aquí cuando las tropas se
retiraron y luego, una vez que empezaran a explotar los edificios, entregarse y
contar la historia de que habían minado toda la ciudad. El general, exasperado,
opinaba que había que tratar al soldado como a un espía y fusilarlo. Me
ordenaron ir a verle a la cárcel de Poggio Reale y preparar un informe
detallado del caso que permitiera determinar si podía justificarse legalmente
su ejecución.
Como yo no había estado nunca en una
prisión, a no ser el célebre calabozo de Phillippeville al que arrojaban a los
rebeldes árabes para que permanecieran en la oscuridad absoluta, Poggio Reale
fue una auténtica sorpresa. Expuse mi cometido en un despacho ubicado entre los
muros externos e internos (rodeado de mujeres llorosas) y apareció un individuo
con un enorme manojo de llaves que me acompañó a la verja interior. Hizo algún
comentario en dialecto napolitano que no comprendí y soltó una risotada. Me dio
la impresión de que estaba loco. Cuando llegamos a la verja, se puso de
espaldas a ella y luego, sin dejar de reírse y parloteando de forma
incoherente, eligió la correspondiente llave del manojo tanteando con las manos
a la espalda, la introdujo de forma certera en la cerradura y la giró. Sin duda
se trataba de una macabra demostración de pericia que obligaba a soportar a
todos los visitantes como yo.
La verja se abrió; el guardia me
miró con una mueca de orgullo y me indicó por señas que pasara; entré en la
penumbra azulada de la prisión: su aire viciado y mohoso me llenó los pulmones,
y los ecos metálicos y resonantes, los oídos. Llegué a continuación al Ufficio Matricola, el registro, un
despacho lúgubre y sucio –con las ventanas pintadas sobre las huellas de los
ataques aéreos—y lleno de empleados sin afeitar, que cuchicheaban, que no
tenían mucho mejor aspecto en su terrible versión de libertad que los presos
que deambulaban por el lugar realizando extrañas tareas de limpieza. Localizaron
el paradero de Sauro y un guardia con cara de momia recién desvendada me
acompañó a su celda.
Yo esperaba encontrarme con un
teutón gigantesco de ojos claros, pero resultó ser un muchacho moreno y bajo,
que me recibió con un lánguido saludo hitleriano y me preguntó si le llevaba
algo de comer. Me dijo que hacía dos días que no comía nada. Me pareció
verosímil, teniendo en cuenta que la población civil de Nápoles seguía al borde
de la inanición y que a las aflicciones que los prisioneros de Poggio Reale
tenían que haber esperado normalmente se había añadido la carga de un sargento
americano adscrito como asesor a la oficina del director, que se dedicaba a la
venta privada de artículos de la cárcel.
Sauro me explicó que no era alemán,
aunque era hijo de padre italiano y madre alemana. Que habían matado a su padre
en Tobruk, tras lo cual sus abuelos lo habían llevado a Alemania, donde habían
forzado un poco las normas para que él pudiera ingresar en las juventudes
hitlerianas. Ya había cumplido diecisiete años, pero representaba unos quince;
tenía un agradable rostro consumido de muchacho y los ojos oscuros perfectos
clavados con evidente complacencia en la visión del martirio. Se había
entregado a ese destino y estaba virtuosamente dispuesto a evitar todo
compromiso o cualquier suerte de trato que nos ayudara a encontrar una excusa
para no matarle. Prefería que su muerte recayera en nuestra conciencia y se
negaba a considerar cualquier forma de excusa que pudiera mitigar la dureza del
castigo.
--Hice todo el daño que pude. Sólo
lamento que no fuera más. Lo hice todo por el führer. Pueden fusilarme cuando
quieran.
Era todo un dilema. Por mucho que
agrade a los generales que los consideren capaces de actos implacables, en la
práctica a veces parecen deseosos de delegar la responsabilidad moral de las
decisiones de este género. Habían encargado el caso a un tal comandante Davis y
noté su renuencia a dar la orden de ejecutar a Sauro. También advertí, aunque
no dieran ninguna muestra clara de ello, que la sección no me lo tendría en
cuenta si encontraba alguna salida que permitiera evitar el pelotón de
fusilamiento. Esto se ceñía perfectamente a mi modo de ver, pues no estaba
dispuesto a responsabilizarme de la muerte de un fanático de diecisiete años.
Así que informé que Mauro padecía un desequilibrio mental. El veredicto se
aceptó sin comentarios, y probablemente con disimulado alivio.”
Norman Lewis. Nápoles 1944. El Aleph Editores.
jueves, 9 de febrero de 2012
miércoles, 8 de febrero de 2012
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
Lef
Veo a los amigos que un día hicieron
conmigo el prodigioso viaje de la juventud y los hallo cambiados y
desconocidos; la sombra de un cuidado se extiende sobre sus frentes y, con la
vista baja, parecen avergonzados de haber sido jóvenes un día.
En aquel tiempo, ya lejano, parecían tener
alas y exhalaban un hálito de fuego por sus ávidas bocas; sus frentes
resplandecían como altas tiaras.
Pero hoy son semejantes a viudas que se
envuelven entre velos; y con sus frías miradas parecen advertir que han muerto ya
para el amor.
Rafael
Cansinos Asens.
martes, 7 de febrero de 2012
ALLÁ EN LAS INDIAS
BITORIA Y ESCLAUOS
“Dixo Tlacaeleltzin a Monteçuma: "Señor, paresçe que
os aflixís y fatigáis por el sacrifiçio de estos hijos de el sol benidos de
Guaxaca y mixtecas y los demás son. Yo personalmente ando con el ojo largo a la
priesa de los albañís, canteros que andan la obra y acabami del gran cu y su
brasero y asentaderos de los demás dioses tenedores y sustentadores del çielo.
Acabado sea, con gran solenidad, fiesta, rregozijo de todo Mexico Tenuchtitlan
y prençipales que a ello serán llamados, se hará y cumpliré buestro deseo y
boluntad, que a de ser comprado el gran brasero con nro puro trauajo, sangre,
cansançio, y a de ser un gran chalchihuitl, ancho, grueso y la plumería de
ofrenda muy ancha y larga, de más de una braça, benida del cabo del mundo, pues
pertenesçe a nra abusión (tetzahuitl) Huitzilopochtli; que luego con esto
llamaremos a los que están tras de estos montes y montañas, los de Huexoçingo y
Atxisco, Cholula y Tlaxcala, Tliliuhquitepec y tecoaca y los de yupicotlaca,
son muy lexos, y los atraeremos a nra boluntad aunque los acarreemos como con
rrecuas de nros puros pies y, sobre el caso, guerra cruel con ellos y tener
basallaxe de ellos y tener qué sacrificar a nros dioses, porque para yr a
Cuextlan es muy lexos y más lo es en Mechuacan. Y con estos basallos haremos
gran hazienda de sacrifiçios y rrentas, rriquezas y bienes, porque emos llegado
a las orillas de la Mar del Çielo y para nuestros tratos y grangerías,
nosotros, los mexicanos. Y que no sean tan lexos, bastará los pongamos en
Huexoçinco y Cholula y Atxisco, Ytzucan, que es Yçucar, adonde se resgaten y
compremos esclauos, oro, piedras muy rricas de balor, plumería y tiendan que es
todo y mediante el abusión (tetzahuitl) de Huitzilopochtli. Y con estos tales
mercados y tratos bernán los tlaxcaltecas a ellos y allí se comprarán y ellos
se benderán por esclauos. Y con este achaque ternemos muy çerca guerras para
conseguir bitoria y alcançar esclauos para nuestra pretençion y adornamiento de
nras personas con braçaletes de oro y plumería, beçoleras de oro, orexeras de
oro y piedras preçiosas, trançaderas de colores engastadas de piedras de mucho
preçio y balor. Y será, como dho tengo, çeuadera de nra presa con los
tlaxcaltecas y Tliliuhquitepec, Çacatlan, Cholula y los de grandes pueblos
çernos, sin tomar la mexicana gente trabaxo de yr tan lexos a guerras, con
daños suyos ni afrenta a nra corte y ymperio mexicano, tan nombrado en el
mundo.”
Hernando Alvarado Tezozómoc.
Crónica Mexicana.
Crónica Mexicana.
domingo, 5 de febrero de 2012
sábado, 4 de febrero de 2012
OBITER DICTUM
Quienes me tachan de
hipócrita y de ambicioso poco me conocen: no podría tener éxito jamás en la
vida de mundo, precisamente porque me faltan una pasión y un vicio, la ambición
y la hipocresía. La primera sería a lo sumo en mí amor propio herido; podría
desear a veces ser ministro o rey para reírme de mis enemigos; pero al cabo de
veinticuatro horas tiraría mi cartera y mi corona por la ventana.
François-René de Chateaubriand
jueves, 2 de febrero de 2012
miércoles, 1 de febrero de 2012
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
PIERWSZA FOTOGRAFIA HITLERA
A któż to jest ten dzidziuś w kaftaniku?
Toż to Adolfek, syn
państwa Hitlerów!
Może wyrośnie na doktora
praw?
Albo będzie tenorem w
operze wiedeńskiej?
Czyja to rączka, czyja,
oczko, uszko, nosek?
Czyj brzuszek pełen mleka,
nie wiadomo jeszcze:
drukarza, konsyliarza,
kupca, księdza?
A dokąd te śmieszne nóżki
zawędrują, dokąd?
Do ogródka, do szkoły, do
biura, na ślub
może z córką burmistrza?
Bobo, aniołek, kruszyna,
promyczek,
kiedy rok temu przychodził
na świat
nie brakło znaków na niebie
i ziemi:
wiosenne słońce, w oknach
pelargonie,
muzyka katarynki na
podwórku,
pomyślna wróżba w różowej
bibułce,
tuż przed porodem
proroczy sen matki:
gołąbka we śnie
widzieć-radosna nowina,
tegoż
schwytac-przybędzie gość długo czekany.
Puk puk, kto tam, to
stuka serduszko Adolfka.
Smoczek, pieluszka, śliniaczek, grzechotka,
chłopczyna, chwalić Boga i odpukać, zdrów,
podobny do rodziców, do
kotka w koszyku,
do dzieci z wszystkich
innych rodzinnych albumów.
No, nie będziemy chyba
teraz płakać,
pan fotograf pod czarną
płachtą zrobi pstryk.
Atelier Klinger,
Grabenstrasse Braunau,
a Braunau to niewielkie,
ale godne miasto.
solidne firmy, poczciwi
sąsiedzi,
woń ciasta drożdżowego i
szarego mydła.
Nie słychać wycia psów i
kroków przeznaczenia.
Nauczyciel historii rozluźnia kołnierzyk
i ziewa nad zeszytami.
Wisława Szymborska
sábado, 28 de enero de 2012
viernes, 27 de enero de 2012
OBITER DICTUM
“El surrealismo no permite a aquellos que
se entregan a él abandonarlo cuando mejor les plazca. Todo induce a creer que
el surrealismo actúa sobre los espíritus tal como actúan los estupefacientes;
al igual que éstos crea un cierto estado de necesidad y puede inducir al hombre
a tremendas rebeliones. También podemos decir que el surrealismo es un paraíso
harto artificial, y la afición a este paraíso deriva del estudio de Baudelaire,
al igual que la afición a los restantes paraísos artificiales. El análisis de
los misteriosos efectos y, de los especiales goces que el surrealismo puede
engendrar no puede faltar en el presente estudio, y es de advertir que, en
muchos aspectos, el surrealismo parece un vicio nuevo que no es privilegio
exclusivo de unos cuantos individuos, sino que, como el hachís, puede
satisfacer a todos los que tienen gustos refinados.”
André Breton.
jueves, 26 de enero de 2012
miércoles, 25 de enero de 2012
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


























.jpg)
