jueves, 29 de septiembre de 2011
miércoles, 28 de septiembre de 2011
OBITER DICTUM
«Hay, también, otro nombre que debo olvidar. Se
llamaba Sajer y creo haberselo perdonado».
Guy Mouminoux.
Guy Sajer.
martes, 27 de septiembre de 2011
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
CENIZA AZUL
Del amor
sólo queda
un poco
de ceniza azul.
Volverías a
sentarte
junto al fuego
apagado
ahora que lo
sabes?
Mario Rivero.
lunes, 26 de septiembre de 2011
OBITER DICTUM
Que
Tuczek se avenga a hacerle a usted unos zapatos es considerado,
dentro del ritual inglés, una distinción tan singular como que le
reciban a uno en el palacio de Buckingham, o lord Londonderry le
invite a una de sus famosas recepciones en Londonderry House, meca de
la sociedad británica. Yo conozco un opulento banquero bilbaíno
que, habiendo oído hablar de los zapatos de Tuczek, se presentó en
el taller.
—¿En
qué puedo servirle?
—Querría
que me hiciera usted tres o cuatro pares de zapatos.
—¿De
parte de quién viene, señor?
—De
parte de nadie. Pero le pago a usted ahora mismo —respondió el
banquero, creyendo que el industrial pudiera desconfiar del pago.
—No,
por Dios, no es eso —interrumpió enseguida el zapatero, añadiendo
en tono de excusa—: es que, ¿sabe usted?, lo siento mucho, pero
solo hacemos zapatos para los amigos.
Augusto
Assía.
domingo, 25 de septiembre de 2011
sábado, 24 de septiembre de 2011
OBITER DICTUM
“Esta especie de ballet mental coreografiado
por Gutenberg por medio del sentido de la vista aislado, es casi tan filosófico
como el postulado de Kant, de un espacio euclídeo a priori. Y es que el
alfabeto y otros inventos de la misma naturaleza ha servido al hombre desde
hace tiempo como fuente subconsciente de supuestos filosóficos y religiosos.
Ciertamente, Martin Heidegger se halla, al parecer, sobre terreno más sólido al
usar la totalidad del lenguaje mismo como dato filosófico. Porque en él se da,
al menos en los períodos no alfabéticos, la proporción entre todos los
sentidos. Esto no es recomendar el analfabetismo, del mismo modo que el empleo
que se ha hecho de la imprenta no supone un juicio contra el alfabetismo. En
realidad, Heidegger parece desconocer completamente el papel de la tecnología
electrónica en la promoción de su propia tendencia no alfabética en el lenguaje
y en la filosofía.”
Marshall Mcluhan.
viernes, 23 de septiembre de 2011
jueves, 22 de septiembre de 2011
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EN EL PAÍS DE LAS MOMIAS
“Pues bien: a la revolución de Octubre hay que juzgarla
a una distancia histórica aún mayor. Sólo gentes necias o de mala fe pueden
acusarla de que en doce años no haya traído la paz y el bienestar para todos.
Contemplada con el criterio de la
Reforma o de la
Revolución francesa, que representan, en una distancia de
unos tres siglos, dos etapas en el camino de la sociedad burguesa, no puede uno
por menos de admirarse que en un pueblo tan atrasado y solitario como Rusia se
haya podido asegurar a la masa del pueblo, doce años después de la sacudida, un
promedio de vida que, por lo menos, no es inferior al que se les brindaba en
vísperas de la guerra. Ya esto, por sí solo, es un milagro. Pero, claro está
que el sentido y la razón de ser de la revolución rusa no es ahí donde hay que
buscarlos. Estamos ante el intento de un nuevo orden social. Es posible que
este intento cambie y se transforme, fundamentalmente tal vez. Es seguro que
habrá de adoptar un carácter totalmente distinto sobre la base de la nueva técnica.
Pero, pasarán unas cuantas docenas de años, pasarán unos cuantos siglos, y el
orden social que rija remontará la mirada a la revolución de Octubre como el régimen
burgués de hoy hace con la Revolución
francesa y la Reforma. Y
ésto es tan claro, tan evidente, tan indiscutible, que hasta los profesores de
Historia lo comprenderán; claro está que pasados unos cuantos años...Bien, ¿y
de la suerte que en todo esto ha corrido su persona, qué me dice usted? Ya me
parece estar oyendo esta pregunta, en la que la ironía se mezcla con la
curiosidad. A ella, no puedo contestar con mucho más de lo que ya dejo dicho en
las páginas del presente libro. Yo no sé que es eso de medir un proceso
histórico con el rasero de las vicisitudes individuales de una persona. Mi
sistema es el contrario: no sólo valoro objetivamente el destino personal que me
ha cabido en suerte, sino que, aun subjetivamente, no acierto a vivirlo si no
es unido de un modo inseparable a los derroteros que sigue la evolución social.
¡Cuántas veces, desde mi expulsión, he tenido que
oír a los periódicos hablar y discurrir acerca de mi "tragedia"
personal! Aquí no hay tragedia personal de ninguna especie. Hay, sencillamente,
un cambio de etapas en la revolución. Un periódico norteamericano publicó un
artículo mío, acompañándolo de la ingeniosa observación de que el autor, a
pesar de todos los reveses sufridos, no había perdido, como el artículo demostraba,
el equilibrio de la razón. No puede uno por menos de reírse ante esa pobre
gente para quien, por lo visto, la claridad de juicio guarda relación con un
cargo en el Gobierno y el equilibrio de la razón depende de los vaivenes del
día. Yo no he conocido jamás, ni conozco, semejante relación de causalidad. En
las cárceles, con un libro delante o una pluma en la mano, he vivido horas de
gozo tan radiante como las que pude disfrutar en aquellos mítines grandiosos de
la revolución. Y en cuanto a la mecánica del Poder, me pareció siempre que
tenía más de carga inevitable que de satisfacción espiritual. Pero, mejor será
que acerca de esto oigamos palabras muy discretas, dichas ya por otros: El día
26 de enero de 1917, Rosa Luxemburgo escribía a una amiga, desde la cárcel:
"Eso de entregarse, por entero, a las miserias de cada día que pasa, es
cosa para mí inconcebible e intolerable. Fíjate, por ejemplo, con qué fría
serenidad se remonta un Goethe por encima de las cosas. Y sin embargo, no creas
que no hubo de pasar por amargas experiencias: piensa tan sólo en la gran
Revolución francesa, que, vista de cerca, seguramente tendría todo el aspecto
de una mascarada sangrienta y perfectamente estéril, y en la cadena ininterrumpida
de guerras que van desde 1793
a 1815... Yo no te pido que hagas poesías como Goethe,
pero su modo de abrazar la vida --aquel universalismo de intereses, aquella armonía
interior-- está al alcance de cualquiera, aunque sólo sea en cuanto aspiración.
Y si me dices, acaso, que Goethe podía hacerlo porque no era un luchador
político, te replicaré que precisamente un luchador es quien más tiene que
esforzarse en mirar las cosas desde arriba, si no quiere dar de bruces a cada
paso contra todas las pequeñeces y miserias... siempre y cuando, naturalmente,
que se trate de un luchador de verdad..." ¡Magníficas palabras! Las leí por
vez primera no hace muchos días y ellas me han hecho cobrar nuevo afecto y
devoción por la figura de Rosa Luxemburgo.
En cuanto a doctrinas, carácter e ideología, no hay
en Proudhon, esa especie de Robinsón Crusoe del socialismo, nada que me simpatice.
Pero Proudhon era, por naturaleza, un luchador; era, intelectualmente,
generoso; sentía un gran desdén hacia la opinión pública oficial y en él ardía
esa llama inextinguible del afán acuciante y universal de saber. Esto le permitía
estar por encima de los vaivenes de la vida personal y por encima de la
realidad circundante.
El día 26 de abril de 1852, Proudhon escribía a un amigo
desde la prisión: "El movimiento, indudablemente, no es normal ni sigue
una línea recta; pero la tendencia se mantiene constante. Todo lo que los Gobiernos
hagan, primero unos y luego otros, en provecho de la revolución, es cosa que ya
no se puede desarraigar; en cambio, lo que contra ella se intenta, se evapora
como una nube. Yo disfruto de este espectáculo, cada uno de cuyos cuadros sé
interpretar; asisto a esta evolución de la vida en el universo como si desde lo
alto descendiese sobre mí su explicación; lo que a otros destruye, a mí me
exalta, me enardece y me conforta; ¿cómo, pues, puede usted pretender que me lamente
de mi suerte, que me queje de los hombres y los maldiga? ¿La suerte? Me río de
ella. Y en cuanto a los hombres, son demasiado necios y están demasiado envilecidos,
para que yo pueda reprocharles nada."
Pese al regusto de patetismo eclesiástico que hay en
ellas, también éstas son palabras muy bien dichas, y yo las suscribo.”
León Trotsky.
Mi vida.
Marxists Internet Archive.
Mi vida.
Marxists Internet Archive.
lunes, 19 de septiembre de 2011
OBITER DICTUM
“El premio por transmitir el mayor significado con la menor verbosidad
debe concederse seguramente a sir Charles Napier, quien conquistó la provincia
india de Sind y anunció su triunfo, mediante un telegrama a sus superiores de
Londres con el mínimo pero completamente adecuado «Peccavi». Este relato, a su
propia manera telegráfica, cuenta volúmenes acerca del orden social y de la
educación de la Gran Bretaña
imperial. En una época en la que todos los gentleman estudiaba latín y en que
difícilmente podían ascender en el servicio del gobierno sin el respaldo de los
viejos amigos de extracción similar en escuelas públicas apropiadas, Napier
nunca dudó que sus superiores recordarían la primera persona del pretérito
perfecto del verbo peccare, y que traducirían adecuadamente su mensaje y su
retruécano: He pecado¹.”
¹ En
inglés: peccavi o he pecado es I have sinned, que suena como I have Sind, tengo
Sind.
Stephen Jay Gould.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
martes, 13 de septiembre de 2011
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
UNE MAISON PEU SOLIDE
Le gardien des travaux
est victime de son dévouement
Depuis longtemps le mode de construction d’un immeuble
situé rue des Martyrs était jugé déraisonnable par les gens du quartier. Rien
n’apparaissait encore de la toiture que déjà des peintres et les tapissiers
entreprenaient de décorer les appartements. De nouveaux échafaudages étayaient
tous les jours la façade chancelante, au grand trouble des passants que le
gardien des travaux rassurait. Hélas ! celui-ci devait payer son optimisme de
la vie puisqu’hier, à midi trente, alors que les ouvriers étaient allés
déjeuner, la bâtisse s’effondrait, l’ensevelissant sous les décombres.
Un enfant, trouvé évanoui sur les lieux du sinistre,
ne fut pas long à reprendre connaissance. C’est le jeune Lespoir, 7 ans, que
l’on reconduisit bien vite à ses parents. Il avait eu plus de peur que de mal.
Il commença par réclamer la trottinette sur laquelle il s’était élancé du haut
de la rue. Le garçonnet, raconte qu’un homme avec un bâton s’étant précipité
vers lui en criant « Gare ! » il avait voulu s’enfuir. C’est tout ce dont il se
souvient. On sait le reste. Son sauveur, bien connu de l’entourage sous le nom
de Guillaume Apollinaire, pouvait avoir une soixantaine d’années. Il avait
gagné la médaille du travail et ses compagnons l’estimaient.
Quand pourrons-nous donner la clé de ce mystère ? On
recherche, en vain jusqu’à présent, l’entrepreneur et l’architecte de la maison
penchée. L’émotion est considérable.
À
Tristan Tzara.
André Bretón.
lunes, 12 de septiembre de 2011
domingo, 11 de septiembre de 2011
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
VER O NO VER
“Alrededor del Reichstag se ha estacionado desde primera hora de la
mañana una gran muchedumbre. No demasiada, ni demasiado entusiasta. Paciente,
eso sí. Estos miles de personas se han plantado en la plaza de la República a las diez de
la mañana, es la una, y esperan todavía. En la gran escalinata que da acceso al
palacio, unas charangas y unos coros entretienen a la multitud con el “Deutschland,
Deutschland über alles”, mientas en el salón de sesiones Müller pronuncia el
discurso de conmemoración.
En la sala, muchos chaqués y muchos sombreros de copa. Ya se sabe:
cuando en un local de Alemania se ven muchos chaqués y muchos sombreros de
copa, es que aquél no es un sitio de buen tono.
Los militantes de la Bandera
Alemana –en Alemania hay que decir siempre militantes--,
circulan entre la multitud repartiendo banderitas de la República e insignias
republicanas. La multitud aguarda pacientemente bajo un solazo que hace agua
los sesos de estos alemanes, con el cráneo afeitado y el sombrero en la mano. Ya
se han llevado a cinco o seis entusiastas republicanos con síntomas de congestión
por el calor cuando termina la sesión, en la que se repetido una vez más que la República ha salvado al
Imperio y que la sombra de Bismarck está obligada a sentir ciertas veleidades
republicanas en vista de ello. El presidente Hindenburg sale del Reichstag
acompañado de los miembros del Gobierno y de una gran masa de diputados, pero
inmediatamente detrás de él forma una muralla la guardia de Seguridad. La
multitud lanza los tres “hoch, hoch, hoch” reglamentarios y agita las
banderitas republicanas un poco más entusiasmada ante la presencia del viejo
caudillo.
El presidente pasa revista a las tropas que han acudido a rendirle
honores. Pero la revista que el presidente Hindenburg pasa a los soldados no se
parece a la revista de ningún otro presidente. Hindemburg, a medida que los
soldados de la República
desfilan ante él, les cuenta los botones de la guerrera, mide la inclinación de
los fusiles y advierte el rumor de una pisada un cuarto de segundo más
adelantada o retrasada que las otras. Es fatal. El viejo no puede haber
olvidado tan pronto su oficio.
Esta de la conmemoración de la constitución de Weimar se aspiraba a
que fuese la gran fiesta cívica de Alemania. Poco a poco se van consiguiendo.
Cada año, el aspecto de Berlín, el de agosto, es más animado. No será nunca el
5 de julio de París, pero ya hay en las calles, el día que se conmemora la República , un alborozo
civil que hace unos parecía imposible provocar en Alemania. Algunos alemanes se
creen en el caso de disculparse:
--La República está creando poco a poco tantos intereses, da de
comer a tanta gente…-- nos dicen como justificación.
A medida que avanza el día y correteo de un lugar para otro en
busca de los lugares donde se conmemora la Constitución , deseoso
de hallar una sensación neta del sentimiento republicano de los alemanes, voy
convenciéndome de que efectivamente, la República tiene ya una fuerza casi
indestructible. Sin embargo, el que no es alemán no encontrará esto bastante
republicano, desconfiará siempre. Y es que nuestro republicanismo tiene otro
tono, otra manera de manifestarse. Por la noche, he asistido a la función
celebra en el Teatro de la Ópera. Se han cantado unos salmos, unos himnos y
unos trozos de Handel. Magníficos, imponentes, pero para un latino, poco
republicanos. El tono de la
República alemana a nosotros nos parece demasiado grave,
excesivamente profundo y melancólico. Es que no concebimos el fervor y mucho
menos el fervor republicano en este tono germánico.
A las diez de la noche se han puesto en marcha, a través de Berlín,
las manifestaciones republicanas organizadas ante el edificio del Reichstag. Son
cinco o seis, compuesta cada una por diez o doce mil personas, y parten todas,
en forma de estrella, desde el Reichstag hacia la periferia de Berlín. El
espectáculo de estas manifestaciones e curiosísimo para nosotros
Consisten en el desfile de una serie de agrupaciones adictas a la República , cada una con
su bandera y su charanga; en cuanto tienen un pretexto, los miembros de estas
agrupaciones se ponen un uniforme, y si no un uniforme completo, algo que lo
recuerde. Los manifestantes van de cuatro en cuatro, marcando el paso y
guardando las distancias. Llevan hachones encendidos y de tiempo en tiempo los
levantan en alto rítmicamente, mientras vitorean a la República.
Las gentes que componen estos cuadros de manifestantes, en todo idénticos
a los pelotones de una tropa cualquiera, son emocionantes. Todo el que tiene
vivo el sentimiento republicano se siente en el deber de manifestarlo sumándose
a esta retreta, y así desfilan unidos a su grupo correspondiente los tipos más
extraños. Una viejecita con su cofia grotesca, que va pegando saltitos para
seguir el compás de las piernas fuertes de los tres mocetones que le han tocado
en su fila; un padre de familia con su esposa y sus vástagos, un novio, con el
brazo cruzado por el talle de su novia; un paralítico, en su carricoche; cojos
terribles, que desafían el ridículo de su cojera entre las filas marciales ante
el íntimo deber de contribuir a la manifestación… Es sencillamente emocionante.
Durante todo el trayecto, las charangas, dirigidas por el pomposo
bastón de borlas del tambor mayor, van tocando sus marchas germánicas; tocan
también, incansables, las bandas de música, formadas por pacíficos burgueses de
vida sedentaria, que sobre el tambor de su barriga se cuelgan otro patriótico
tambor, y cantan sus himnos todas las agrupaciones.
Las masas de manifestantes toman de pronto un aire procesional
solemnísimo al desfilar los estudiantes. Me dicen que es la primera vez que los
estudiantes se suman a la conmemoración de la República con una
nutrida representación. Muy serios, con sus gorritas absurdas, sus levitas, sus
cortes en la cara, sus pantalones blancos y sus botas altas de montar provistas
de espuelas, los estudiantes de Berlín se han adherido, al fin, de un modo
brillante a la República ,
y no sin cierto airecillo arisco, desfilan bajo sus enormes banderas altas como
mástiles de navío. Esta mascarada grotesca de los estudiantes alemanes es
seguramente muy pintoresca pero poco simpática.
Y así, media hora, una hora… los millares de personas que el último
año han figurado en las manifestaciones republicanas ha superado en el doble a
la de los años anteriores. En las calles habrá, además, muchos miles de
personas que, seguramente, habían salido un poco escépticas todavía, y al
volver a sus casas habrán ido pensando que fatalmente Alemania es ya
republicana.
Pero, en fin, todavía esto no es el 4 de julio. Ni probablemente lo
será nunca.”
Manuel Chaves Nogales.
La vuelta a Europa en avión.
Editorial Mundo Latino.
viernes, 9 de septiembre de 2011
OBITER DICTUM
Un ímpetu deportivo hace
desear a todos los alumnos de las clases de Historia ser españoles del siglo
XVI, ingleses del siglo XVIII, franceses de Austerlizt; ese mismo entusiasmo
nos hace desear ahora, al menos por unos instantes, ser americanos. ¿Quién no
adora la victoria? Y sin embargo…
Paul Morand
jueves, 8 de septiembre de 2011
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
ROSA DE SANATORIO
Bajo la sensación
del cloroformo
me hacen temblar con
alarido interno,
la luz de acuario de
un jardín moderno.
y el amarillo olor
del yodoformo.
Cubista, futurista y
estridente,
por el caos febril
de la modorra
vuela la sensación,
que al fin se borra,
verde mosca,
zumbándome en la frente.
Pasa mis nervios,
con gozoso frío,
el arco de lunático
violín;
de un si bemol el
transparente pío
tiembla en la luz
acuaria del jardín,
y va mi barca por el
ancho río
que divide un confín
de otro confín.
Ramón María del Valle-Inclán
martes, 6 de septiembre de 2011
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
DE DONCASTER A MANLY
Puerto de Sydney
“En el ferry que nos traía de regreso de Manly, una
viejecilla me oyó hablar.
--¿Usted
es inglés, verdad?—preguntó, con acento inglés del norte.—Me doy cuenta de que
lo es.
--Lo
soy.
--Yo
también.
Usaba
unas gafas de cristales gruesos, con montura metálica, y un simpático sombrero
de fieltro con un atisbo de tul azul sobre el ala.
--¿Está
visitando Sydney?—le pregunté.
--¡No,
por amor de Dios!—respondió.—Resido aquí desde 1946. Vine a vivir con mi hijo,
pero sucedió algo muy extraño. Cuando llegó el barco, él había muerto.
¡Imagínese! ¡Yo había vendido me casa de Doncaster, así que pensé que lo mejor
sería quedarme! Entonces le pedí a mi segundo hijo que viniera a vivir conmigo.
Y el vino… emigró… ¿y sabe una cosa?
--No.
--Murió.
Tuvo un ataque al corazón, y murió.
--Es
horrible—comenté.
--Había
tenido un tercer hijo—prosiguió.—Había sido mi favorito, pero había muerto en
la guerra, en Dunkerque, ¿sabe? Era muy valiente. Su oficial me envió una
carta. ¡Muy valiente, eso era! Estaba en cubierta… cubierto de petróleo
inflamado… y se arrojo al mar. ¡Ay! ¡Era una masa de fuego viviente!
--¡Pero
eso es horrible!
Pero
hoy tenemos un día hermoso—comentó sonriendo.-- ¿no le parece un día hermoso?
Era un
día soleado con nubes blancas y altas y una brisa que soplaba desde el océano.
Algunos yates enfilaban a bandazos hacia The Heads, y otros yates navegaban con
la vela balón izada. El viejo ferry cabalgaba sobre las cabrillas rumbo al
teatro de la ópera y el puente.
--¡Y
se está tan bien en Manly!—exclamó. –Me encantaba ir a Manly con mi hijo…
¡antes de que muriera! Pero hace veinte años que no voy.
--Sin
embargo, está muy cerca—dije.
--Es
que no he salido de casa durante dieciséis años. Estaba ciega. Tenía cataratas
y no veía nada. El cirujano dijo que eran incurables, así que me quedé
encerrada. ¡Imagínese! ¡Dieciséis años en tinieblas! Hasta que la otra semana
me visitó una simpática asistenta social y me dijo: “Será mejor que se haga
examinar esas cataratas”. ¡Y véame ahora!
Espié
a través de sus gafas un par de titilantes –ésta es la palabra para
definirlos--, de titilantes ojos azules.
--Me
llevaron al hospital—continuó. --¡Y me extirparon las cataratas! ¿No le parece
estupendo? ¡Puedo ver!
Sí—asentí.
–Es maravilloso.
--Es
la primera vez que salgo sola—confesó. –No se lo conté a nadie. Me dije, a la
hora del desayuno: “Es un día hermoso. Cogeré el autobús hasta el muelle
circular, e iré en ferry a Manly… tal como lo hacíamos en los viejos tiempos”.
Pedí pescado para el almuerzo. ¡Oh, fue divino!—Encorvó los hombros con aire de
picardía y dejó escapar una risita. --¿Cuántos años calcula que
tengo?—inquirió.
--No
lo sé—respondí. –Deje que la mire. Yo diría que tiene ochenta.
--No,
no, no—exclamó riendo. –Tengo noventa y tres… ¡y puedo ver!”
Bruce Chatwin. Los trazos de la canción. Muchnik
Editores.
lunes, 5 de septiembre de 2011
OBITER DICTUM
“Para
los hindúes estamos en lo que ellos llaman el Kali Yuga, la época de la
destrucción. Es un movimiento irremediable. Una vez más, Siva ha ganado. No es
una sorpresa, porque Siva gana siempre. Al final del último de los yuga, que
forman un ciclo, todo desaparece. El mundo que conocemos va a desaparecer, pero
no será su primera desaparición. Es inútil tratar de oponerse a esta
destrucción porque las fuerzas que nos llevan son infinitamente más poderosas
que nosotros. La gran dificultad en el Kali Yuga es mantener el dharma,
mantener el orden del mundo y la rectitud de nuestras acciones, que están íntimamente
ligados en el pensamiento hindú, porque en parte somos responsables de la buena
marcha del universo. Si cada uno de nosotros observa su dharma personal, cada
cual cumplirá aquello para lo que ha nacido, el universo proseguirá su curso y
un día el mundo renacerá. Se trata, entonces, de saber cómo, a pesar de esta
perspectiva de destrucción inevitable, podemos seguir manteniendo el dharma.”
sábado, 3 de septiembre de 2011
jueves, 1 de septiembre de 2011
ALLÁ EN LAS INDIAS
ALVARADO POR QUAHUTEMALLAN
“De Utlatlan fue Alvarado a
Quahutemallan, donde fue recibido muy bien y hospedado. Estaba siete leguas de
allí una ciudad muy grande, y orilla de una laguna, que hacía guerra a
Quahutemallan y Utlatlan y a otros pueblos. Alvarado envió allá dos hombres de
Quahutemallan a rogarles que no hiciesen mal a sus vecinos, que los tenía por
amigos, y a requerirles con su amistad y paz. Ellos, confiados en la fuerza del
agua y multitud de canoas que tenían, mataron los mensajeros sin temor ni
vergüenza. Él entonces fue allá con ciento cincuenta españoles y otros sesenta
de caballo y muchos indios de Quahutemallan, y ni le quisieron recibir ni aun
hablar. Caminó cuanto pudo con treinta caballos la orilla de la laguna hacia un
peñol, poblado dentro en agua. Vio luego un escuadrón de hombres armados;
acometiolo, rompiolo y siguiolo por una estrecha calzada, donde no se podía ir a
caballo. Apeáronse todos, y a vueltas de los contrarios entraron en el peñol; llegó
luego la otra gente, y en breve tiempo lo ganaron y mataron mucha gente. Los
otros se echaron al agua, y a nado pasaron a una isleta. Saquearon las casas y
saliéronse a un llano lleno de maizales, donde asentaron real y durmieron
aquella noche.
Otro día entraron en la ciudad, que
estaba sin gente. Maravilláronse cómo la habían desamparado siendo tan fuerte,
y fue la causa de perder el peñol, que era su fortaleza, y ver que do quiera
entraban los españoles. Corrió Alvarado la tierra, prendió ciertos hombres de
ella, y envió tres de ellos a los señores a rogarles que viniesen de paz, y
serían bien tratados; donde no, que los perseguiría y les talaría sus huertas y
labranzas. Respondieron que jamás su tierra había sido hasta entonces sujetada
de nadie por fuerza de armas; pero que pues él lo había hecho tan de valiente,
ellos querían ser sus amigos; y así, vinieron y le tocaron las manos, y
quedaron pacíficos y servidores de españoles.”
Francisco López de Gomara.
Historia de la conquista de México.
Historia de la conquista de México.
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