lunes, 22 de agosto de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






EN LAS ARENAS


“Paramos al atardecer para la comida nocturna y darles a los camellos el tríbulo que habíamos traído. Todos los odres rezumaban y estábamos preocupados por el agua. Habían perdido de forma regular y ominosa a lo largo de todo el día: gota tras gota que cae en la arena cada pocos metros a lo largo del camino, como sangre que mana de una herida irrestañable. No se podía hacer nada salvo apretar la marcha, pero forzar demasiado a los camellos equivaldría a hundirlos. Ya mostraban signos de sed. Al Auf había decidido continuar después de la cena, y mientras Musallim y bin Kabina cocían el pan le pregunté sobre sus anteriores viajes por las Arenas.
--Las he cruzado dos veces –explicó--. La última vez que vine por aquí fue hace dos años. Venía de Abu Dhabi.
--¿Con quién ibas?
--Iba solo –contestó.
--Pensando que le había entendido mal, repetí:
--¿Quiénes eran tus compañeros?
--Dios me acompañaba.
         Haber cabalgado solo por esta pavorosa desolación era una hazaña increíble. Ahora viajábamos por ella, pero llevábamos nuestro pequeño mundo con nosotros: un mundo pequeño de cinco personas, que sin embargo nos proporcionaba a cada uno compañía, conversación y risa, y el convencimiento de que los otros estaban allí para compartir las dificultades y el peligro. Sabía que si viajara solo por aquellos parajes el peso de su vasta soledad me aplastaría por completo.
         Sabía también que al Auf no había hablado en forma retórica cuando dijo que Dios era su compañero. Para estos bedu, Dios es una realidad, y la convicción de su presencia les infunde valor para soportarlo todo. Dudar de su existencia sería para ellos tan inconcebible como blasfemar. La mayoría reza de forma regular, y muchos observan el ayuno del Ramadán, que dura todo un mes, durante el cual un hombre no puede comer ni beber del amanecer hasta la puesta del sol. Cuando este ayuno cae en verano (y al ser lunares, los meses árabes se adelantan once días cada año) hacen uso de la exención que permite a los viajeros observar el ayuno una vez hayan acabado su viaje, y lo guardan durante el invierno. Varios de los árabes que habíamos dejado en Mughshin estaban ayunando para compensar el no haberlo hecho un poco antes en el año. He oído a gentes de ciudades y aldeas del Hadramaut y el Heyaz hablar desdeñosamente de los bedu, tachándoles de ser un pueblo sin religión. Cuando he protestado, han insistido:
         --Aunque recen, sus oraciones no son aceptables para Dios, porque antes no llevan a cabo las abluciones correctas.
         Estos bedu no son fanáticos. Una vez viajaba con un grupo importante de Rashid, uno de los cuales me sugirió:
         --¿Por qué no te haces musulmán y  entonces serías uno de nosotros de verdad?
         Ante lo que yo repuse:
         --¡Que Dios me proteja del Diablo!
         Se echaron a reír. Esta invocación es la que los árabes utilizan de forma invariable para rechazar algo vergonzoso o indecente. No me habría atrevido a usarla jamás de haber sido otros los  árabes que me habían formulado esa pregunta, pero el hombre que había hablado no habría dudado en utilizarla si hubiera sugerido yo que se hiciera cristiano.”

Wilfred Thesiger. Arenas de Arabia. Ediciones Península.

domingo, 21 de agosto de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




Vive

Aquel amor
aquel
que tomé con la punta de los dedos
que dejé que olvidé
aquel amor
ahora
en unas líneas que
se caen de un cajón
está ahí
sigue estando
sigue diciéndome
está doliendo
está
todavía
sangrando.
 


Idea Vilariño

martes, 16 de agosto de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





CÁRCELES Y HOSPICIOS


            “En Nueva-York hay una casa de refugio para los jóvenes delincuentes de ambos sexos, en donde se les enseñan oficios análogos a sus disposiciones, y no están expuestos a corromperse por los malos ejemplos de los criminales de las otras cárceles. Hay igualmente un hospicio de sordo-mudos, y un asilo de locos. En todos estos establecimientos hay el mejor orden, y nada falta a los desgraciados a quienes la suerte ha condenado a sufrir. El interés que toman los encargados de velar de la dirección de estas instituciones, y la perfecta cooperación que encuentran en todos sus agentes, son verdaderamente laudables y dignos de ser propuestos como modelos. Los que comparen este establecimiento con nuestro S. Hipólito de México, notarán en el hospicio mexicano magnificencia de edificio, dotaciones grandes de empleados y administradores, un templo espacioso, muchos reglamentos y rentas cuantiosas, al lado de la falta de limpieza, de la poca asistencia a los dementes; mientras en el norte-americano el edificio es proporcionado a la necesidad, hay una capilla, el cuidado y esmero para con los lunáticos es admirable, el aseo y limpieza de camas y ropas no dejan que desear y los sueldos son sumamente moderados.
         En el estado de Nueva-York hay dos grandes prisiones sobre el modelo poco más o menos de las de los estados de Massachussets y Pensilvania, de que ya he hablado. Estas son Singsing sobre el río Hudson, y Aunburn sobre el Oswego. Esta última tiene quinientos cincuenta cuartos, en cada uno de los cuales hay un preso. Su encierro no es, como el de los de la Penitenciaría de Filadelfia, para permanecer solitarios por todo el tiempo de su condena. Habiendo considerado la legislatura del estado que el ejercicio corporal es de necesidad para conservar la salud, se les destina al trabajo durante el día, bajo las más estrictas reglas. Luego que entra el sentenciado, se le da la ropa de la prisión, se le lee el reglamento y se le instruye de sus obligaciones. Estas se reducen a obedecer las órdenes y trabajar con actividad y en silencio; a hablar siempre con respeto a los custodios de los prisioneros; a no hablar sin necesidad ni aun a los mismos guardianes; no cantar ni bailar, ni hacer ruido alguno; no separarse del local en que están destinados sin permiso; no distraerse de su trabajo ni descansar un momento. Tampoco les es permitido recibir cartas, ni tener especie alguna de comunicación de afuera. Todas las que tengan de este género, deben ser por conducto de sus custodios. Cada preso tiene una Biblia a costa del estado.
         Por las infracciones que comenten del reglamento o de las advertencias verbales, son inmediatamente castigados con la pena de azotes con un látigo de cuero. Los castigos son tan prontos y tan inmediatos a las faltas, que hay muy raros ejemplos de que se comentan éstas. Por la mañana temprano se toca la campana, y los carceleros abren las celdas de los presos. Estos salen a un patio común en verano, o a un gran salón en invierno, se lavan las caras y las manos en vasijas destinadas al efecto, y a continuación pasan en línea, como soldados, a sus respectivos trabajos. Los nuevos presos, si tienen oficio, trabajan en él; si no, se les enseña el que escojan. Trabajan regularmente doce horas. Comen en refectorio, y siempre de espaldas los unos de los otros en el mayor silencio. Cuando necesitan los criados, levantan las manos y se les sirve lo que quieren. El tiempo de cada comida es regularmente de media hora. Al retirarse por la noche se lavan otra vez las manos y la cara. Se les mantiene siempre la ropa aseada.
         Los domingos, después de lavarse, en lugar de trabajar van a la capilla, en donde el capellán hace el servicio divino. Los que no saben leer y escribir, que son raros, van a la escuela dominical, en donde reciben la instrucción conveniente.
         Las raciones de cada preso por día son diez onzas de carne de cerdo, o diez y seis de vaca; diez onzas de harina de trigo, doce de harina de maíz cocida, papas calientes, y medio cuartillo de centeno hecho en forma de café, endulzado con melaza: en la comida se les da sopa hecha de caldo de vaca espesada con harina de maíz, pan, papas y agua fría. Para cenar, una especie de polenta de maíz que llaman musk y agua fría. Esta cantidad de alimento se ha considerado la necesaria para mantener a los presos en perfecta salud.
         La ganancia media de cada preso se calcula en el día de dos a tres reales. De este fondo salen los gastos de prisión, la que es tan aseada y limpia que no puede apetecerse más. Los presos antes de salir en libertad están obligados a contar su vida, y decir qué género de profesión han ejercido y van a ejercer. Esto hará una colección curiosa de anécdotas, de que podrán sacarse útiles observaciones acerca del carácter nacional, y aun de la naturaleza humana. De ciento sesenta que habían salido ciento y doce se enmendaron completamente, y veintiséis continuaron malos: el resto indiferentes. Los presos dicen que su mayor pena es el no poder conversar, ni tener noticias de lo que pasaba fuera. Es necesario confesar que estas precauciones son necesarias, y llorar sobre la suerte del hombre condenado a sufrir tan grandes privaciones. Aquí no puede decirse con el Dante:



Lorenzo de Zavala. 
Viaje a los Estados-Unidos del Norte de America. 
Imprenta de Castillo y Compañía.

sábado, 13 de agosto de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA



LAS BRUJAS


Bastó un gesto, una palabra vuestra para que todo se hiciese aire, o menos que aire... Brujas que hablabais el lenguaje del viento, a medianoche, el lenguaje del viento golpeando las ventanas, el lenguaje del viento crujiendo en los desvanes, el lenguaje olvidado del viento. El lenguaje de la noche, que hizo de vosotras el sol, su torpe claridad, su exactitud brutal, que fue de vosotras cuando el sol secó para siempre nuestras almas... Que fácil entonces el miedo, brujas, brujas aventadas por el soplo de un demonio mías terrible que el mismo demonio...
Qué extraño maleficio no deja llegar la noche, oh deshacer, deshacer con un gesto el mundo...


Leopoldo María Panero.

miércoles, 10 de agosto de 2011

OBITER DICTUM




“Porque no hay aquí una sola concesión al placer, ni a la felicidad. Es inútil buscar un detalle tierno, una calle, una sola, donde la alegría esté pintada en la arquitectura. Pareciera que un gesto terminante, ha barrido de la piedra la posibilidad del jardín, que una voz ha gritado en el horizonte su orden de callar y morir, y aquí se calla y se muere. Sólo por la mañana, cuando el sol alumbra, la piedra aparece mojada de una cierta luz de ingenuidad, pero en cuanto el sol traspone el cenit, y los grandes lienzos de sombras comienzan a caer a lo largo de las fachadas, y algunas luces se encienden tras de los ventanales, el alma se llena de horror al vivir, el entendimiento se cubre de telarañas de meditación, abiertas de par en par, las tremendas puertas de las iglesias, más obscuras abajo que si anocheciera, con los vitrales altos, con las pinturas de pasión color bermejo, y se sale...”

Roberto Artl.




lunes, 8 de agosto de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




AUTOCRITICA


Exactamente sobre el mismo tema hablo un día con A., un inglés viejo que lleva años viviendo en África. A saber: La fuerza de Europa y de su cultura, a diferencia de otras culturas, radica en su capacidad crítica y, sobre todo, en su capacidad para la autocrítica. En su arte de análisis e investigación, en sus búsquedas continuas, en su inquietud. La mente europea reconoce que tiene límites, acepta su imperfección, es escéptica, duda y se plantea interrogantes. Otras culturas carecen de tal espíritu crítico. Más aún, tienden a la soberbia, a considerar todo lo propio como perfecto; en una palabra, se muestran todo menos críticas con ellas mismas. Las culpas de cualquier mal las cargan, exclusivamente, sobre otros, sobre fuerzas ajenas (complots, espías, dominación exterior, en la forma que sea). Perciben toda crítica como un ataque maligno, como una prueba de discriminación, como racismo, etcétera. Los representantes de estas culturas consideran la crítica como una ofensa a sus personas, como un intento premeditado de humillarlos, incluso como una forma de ensañarse con ellos. Si se les dice que su ciudad está sucia, lo perciben como si les dijésemos que lo están ellos, que tienen sucias las orejas, el cuello, las uñas, etcétera. En lugar de sentido autocrítico, llevan dentro un montón de resentimientos, complejos, envidias, rencores, enojos y manías. Esto hace que, desde el punto de vista de su cultura, de su estructura, sean incapaces de progresar, de crear en ellos, en su interior, una voluntad de cambio y desarrollo.”


Ryszard Kapuscinski. EbanoEditorial Anagrama.

viernes, 5 de agosto de 2011

OBITER DICTUM






“Una vez tomada la decisión de suicidarme (yo no lo veo en la forma en que lo ven los occidentales, es decir, como un pecado) me resolví por la forma menos dolorosa de llevarlo a cabo. Excluí, por razones prácticas y estéticas, la posibilidad de ahorcarme, dispararme un tiro, saltar al vacío y otras formas de suicidio. El uso de drogas me pareció el camino más satisfactorio. Y por el lugar, tendría que ser mi propia casa, cualquiera que sean los inconvenientes para mi familia. Como una suerte de trampolín, al igual que Kleist y Racine, pensé en la compañía de una amante o un amigo, pero habiendo elevado la autoconfianza, decidí seguir adelante solo. Y la última cosa a considerar, fue asegurarme una perfecta ejecución, sin el conocimiento de mi familia. Después de unos meses de preparación me convencí de la posibilidad de realizarlo.”


Ryunosuke Akutagawa.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA


 




CRÓNICA FABULOSA DE FERNANDO PESSOA



murió el oficinista tenía

una hinchazón horrible paperas

de diagnóstico turbio un diván

gayo papeles esparcidos

por todos los alvéolos de su historia

un jijo de cartón grifos corriendo

que erizaban el vello de los brazos

murió fumando erraba ciertas noches

por claveles de tinta por finos mecanismos

guarnecidos de piel por sellos antigripe

acompañados de un certificado inusitadas

pirámides de polvo hallaron

un orinal debajo de su mesa

postales pornográficas de indescriptible alcance

un libro muy oscuro sobre el maestro eckhart

una alcancía llena de coñac

según los más veraces testimonios

solía mirar al alba los enormes delfines

las joyas y los cuernos que trajeron de goa

una rodela del gran navegante botes de humo

mazmorras para herejes los despuntes

del día le cogían en éxtasis se llevaban

su abrigo de mezclilla a su aterrador paraguas

su personalidad que vaya usted a saber

y otra vez -sol muy tibio gaviotas-

lo devolvían a su inútil despacho

mientras doblaban quejumbrosamente

las verdes anclas del almirantazgo.



Antonio Martínez Sarrión.


lunes, 1 de agosto de 2011

ALLÁ EN LAS INDIAS






LAS CINCO PARTES DEL MUNDO


         “Desde edad de nueve años, queriéndolo así el divino Moisés, Cristo Jesús me envió por ese mundo en compañía de sus exploradores y por mínimo de sus humildes. Desde esta edad hasta los cuarenta y siete años anduve peregrinando y viendo el mundo, andando por él más de treinta mil leguas, como en el progreso desta historia verás, tocando todas las cinco partes del: Europa, África, Asia, América y Magalánica. La Europa, como nacido en ella, y pisándola en todos sus más reinos, España, Italia, Francia, Alemania, Flandes y sus estados; Jerusalén, en Siria, visitando todos los lugares santos, instrumentos donde se obró nuestra redención; puertos en Arabia la Feliz, la Caramania, Grecia, Georgia y la infinidad de islas del mar Mediterráneo; reinos de Dania y puertos en su mar Mediterráneo; la Noruega, Inglaterra, Escocia, Ibernia y Islanda. En la parte de África, asimismo, en Túnez, Ceuta, Marruecos, Fez, Cabo Verde, los ríos en Congo, puerto en Monomotapa, en el principado Cefala, Madagascar y Magadoxo, Abasia y otros. En la Asia, en Filipinas, China, en los reinos de Guachinchina, donde cogí el racimo de la fruta más fértil, pues fue baptizar la reina, virreyes, capitanes, soldados y otro gran número de gente, hasta el reino de Champaa y cabo de Cicir; toqué en puertos de Camboja, Malaca, Sian y Pegú; reinos de una parte y otra del Ganges, golfo de Mengala, reinos del Gran Mogor, Meliapur, reino de Narsinga o Bisnaga, donde visité el sepulcro santo del apóstol Santo Tomás; a cabo de Camori, Pesquerías y reinos, hasta la famosa ciudad de Goa, cabeza del Oriente; toqué en Dio y Damam, puertos del gran reino de Cambaya, y en otros de la Persia, hasta Oromnz, y en muchas islas, Japón, las Javas, Humatria, Ceilán y otras infinitas.”


Pedro Ordóñez de Ceballos. 
Viaje del Mundo.

domingo, 31 de julio de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE

 




LOS ANFITRIONES Y LA FAROLA


«No muy lejos de donde estaba el enemigo había un maravilloso monasterio con grandes establos. Nuestros hombres, Loen y yo fuimos allí a recogernos. No obstante, al anochecer el enemigo se encontraba tan cerca de nosotros que de haber querido hubiera podido romper las ventanas a tiros. Los monjes eran muy amables. Nos dieron de comer y de beber tanto como quisimos, y estuvimos realmente a gusto. Los caballos fueron desensillados y pudieron descansar por fin de los ochenta kilos de peso que habían soportado a sus espaldas durante tres días y tres noches. En otras palabras que nos acomodamos como si estuviésemos de maniobras y aquel monasterio fuera la casa de un amigo. Tres días más tarde, dicho sea de paso, tuvimos que colgar de una farola a algunos de nuestros anfitriones: no habían sido capaces de resistirse al deseo de tomar parte en la guerra. Pero a decir verdad, aquella noche fueron realmente amables. Luego no desvestimos, nos metimos en camisón en la cama, pusimos un centinela y dejamos que Dios velara nuestro sueño.»


Manfred von Richthofen.

El barón rojo.

Almena Ediciones.


THE END









What is the title of this movie?







 

viernes, 29 de julio de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA







VUELTA DE PASEO


Asesinado por el cielo.
Entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré crecer mis cabellos.

Con el árbol de muñones que no canta
y el niño con el blanco rostro de huevo.

Con los animalitos de cabeza rota
y el agua harapienta de los pies secos.

Con todo lo que tiene cansancio sordomudo
y mariposa ahogada en el tintero.

Tropezando con mi rostro distinto cada día.
¡Asesinado por el cielo!

Federico Garcia Lorca

miércoles, 27 de julio de 2011

OBITER DICTUM





1941
7 de octubre

        “Hace cincuenta años, yo desembarcaba en Túnez por primera vez. Todos los niños, en esa época, hablaban francés, y bastante bien. Desde entonces, en cada uno de mis nuevos viajes por Túnez, he podido comprobar penosamente que Francia perdía terreno, y me he enterado de nuevas torpezas cometidas por la administración o por las autoridades, nuevas vejaciones absurdas ejercidas por los colonos sobre los indígenas. Cosechamos hoy el creciente descontento sembrado por tantas estupideces y maldades. Aunque el aspecto de la ciudad haya perdió mucho de su carácter, me siento, aquí, muchos menos en territorio francés que antaño; me siento extranjero, mal visto, ya no tan amado como temido, soportado a duras penas y… provisionalmente.”



André Gide

lunes, 25 de julio de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EJECUCIÓN EN CHICAGO


“Ni el miedo a las justicias sociales,  ni la simpatía  ciega por los que las intentan, debe ganar a los pueblos  en sus crisis, ni al que  las narra. Sólo sirve dignamente a la libertad  el que, a riesgo de ser tomado  por su enemigo, la preserva sin temblar  de los que la comprometen con sus errores. No merece el dictado de defensor de la libertad  quien  excusa sus vicios y crímenes por el temor  mujeril  de parecer tibio en su defensa. Ni merecen  perdón los que, incapaces de domar  el odio y la antipatía que el crimen  inspira,  juzgan los delitos  sociales sin conocer y pesar las causas históricas de que nacieron, ni los impulsos de generosidad que los producen.
En procesión solemne, cubiertos los féretros de flores y los rostros  de sus sectarios de luto,  acaban  de ser llevados a la tumba los cuatro anarquistas que sentenció Chicago a la horca,  y el que por no morir  en ella hizo estallar en su propio cuerpo una bomba  de dinamita oculta  en los rizos espesos  de su cabello  de  joven, su selvoso cabello castaño.
Acusados de autores o cómplices de la muerte espantable  de  uno  de los policías  que  intimó la dispersión del concurso reunido para  protestar contra  la muerte de seis obreros, a manos  de la policía, en el ataque  a la única  fábrica que trabajaba  a pesar de la huelga:  acusados de  haber compuesto y ayudado a lanzar, cuando no lanzado, la bomba  del tamaño de  una  naranja  que  tendió por  tierra las filas delanteras de los policías, dejó a uno muerto, causó después  la muerte  a seis más  y abrió  en otros  cincuenta heridas  graves, el juez, conforme al veredicto del  jurado, condenó a uno de los reos  quince  años de penitenciaría y a pena de horca  a siete.
Jamás,  desde  la guerra  del Sur, desde  los días trágicos en que John  Brown murió como criminal  por intentar solo en Harper's Ferry lo que como  corona de gloria  intentó luego la nación  precipitada por su bravura,  hubo en los Estados Unidos tal clamor  e interés alrededor de un cadalso.
La república entera ha peleado, con rabia semejante a la del lobo, para que los esfuerzos de un abogado  benévolo, una niña enamorada de uno de los presos, y una mestiza de india y español, mujer de otro, solas contra el país iracundo,  no arrebatasen  al cadalso los siete cuerpos  humanos que creía esenciales a su mantenimiento.
Amedrentada  la república por el poder creciente de la casta llana, por el acuerdo  súbito de las masas obreras, contenido sólo ante las rivalidades de sus jefes, por el deslinde próximo  de la población  nacional en las dos clases de privilegiados y descontentos que agitan las sociedades europeas, determinó  valerse por un convenio tácito semejante a la complicidad,  de un crimen  nacido de sus propios delitos tanto  como del fanatismo  de los criminales, para aterrar con el ejemplo de ellos, no a la chusma adolorida que jamás podrá triunfar en un país de razón, sino a las tremendas capas nacientes. El horror natural del hombre libre al crimen,  junto con el acerbo encono  del irlandés despótico que mira a este país como suyo y al alemán y eslavo como su invasor, pusieron de parte de los privilegios, en este proceso que ha sido una batalla, una batalla mal ganada e hipócrita, las simpatías y casi inhumana ayuda de los que padecen de los mismos males, el mismo desamparo, el mismo bestial trabajo, la misma desgarradora miseria cuyo espectáculo constante encendió en los anarquistas de Chicago tal ansia de remediarlos que les embotó el juicio.”

José Martí. Escenas norteamericanas. Biblioteca Ayacucho.