martes, 16 de agosto de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





CÁRCELES Y HOSPICIOS


            “En Nueva-York hay una casa de refugio para los jóvenes delincuentes de ambos sexos, en donde se les enseñan oficios análogos a sus disposiciones, y no están expuestos a corromperse por los malos ejemplos de los criminales de las otras cárceles. Hay igualmente un hospicio de sordo-mudos, y un asilo de locos. En todos estos establecimientos hay el mejor orden, y nada falta a los desgraciados a quienes la suerte ha condenado a sufrir. El interés que toman los encargados de velar de la dirección de estas instituciones, y la perfecta cooperación que encuentran en todos sus agentes, son verdaderamente laudables y dignos de ser propuestos como modelos. Los que comparen este establecimiento con nuestro S. Hipólito de México, notarán en el hospicio mexicano magnificencia de edificio, dotaciones grandes de empleados y administradores, un templo espacioso, muchos reglamentos y rentas cuantiosas, al lado de la falta de limpieza, de la poca asistencia a los dementes; mientras en el norte-americano el edificio es proporcionado a la necesidad, hay una capilla, el cuidado y esmero para con los lunáticos es admirable, el aseo y limpieza de camas y ropas no dejan que desear y los sueldos son sumamente moderados.
         En el estado de Nueva-York hay dos grandes prisiones sobre el modelo poco más o menos de las de los estados de Massachussets y Pensilvania, de que ya he hablado. Estas son Singsing sobre el río Hudson, y Aunburn sobre el Oswego. Esta última tiene quinientos cincuenta cuartos, en cada uno de los cuales hay un preso. Su encierro no es, como el de los de la Penitenciaría de Filadelfia, para permanecer solitarios por todo el tiempo de su condena. Habiendo considerado la legislatura del estado que el ejercicio corporal es de necesidad para conservar la salud, se les destina al trabajo durante el día, bajo las más estrictas reglas. Luego que entra el sentenciado, se le da la ropa de la prisión, se le lee el reglamento y se le instruye de sus obligaciones. Estas se reducen a obedecer las órdenes y trabajar con actividad y en silencio; a hablar siempre con respeto a los custodios de los prisioneros; a no hablar sin necesidad ni aun a los mismos guardianes; no cantar ni bailar, ni hacer ruido alguno; no separarse del local en que están destinados sin permiso; no distraerse de su trabajo ni descansar un momento. Tampoco les es permitido recibir cartas, ni tener especie alguna de comunicación de afuera. Todas las que tengan de este género, deben ser por conducto de sus custodios. Cada preso tiene una Biblia a costa del estado.
         Por las infracciones que comenten del reglamento o de las advertencias verbales, son inmediatamente castigados con la pena de azotes con un látigo de cuero. Los castigos son tan prontos y tan inmediatos a las faltas, que hay muy raros ejemplos de que se comentan éstas. Por la mañana temprano se toca la campana, y los carceleros abren las celdas de los presos. Estos salen a un patio común en verano, o a un gran salón en invierno, se lavan las caras y las manos en vasijas destinadas al efecto, y a continuación pasan en línea, como soldados, a sus respectivos trabajos. Los nuevos presos, si tienen oficio, trabajan en él; si no, se les enseña el que escojan. Trabajan regularmente doce horas. Comen en refectorio, y siempre de espaldas los unos de los otros en el mayor silencio. Cuando necesitan los criados, levantan las manos y se les sirve lo que quieren. El tiempo de cada comida es regularmente de media hora. Al retirarse por la noche se lavan otra vez las manos y la cara. Se les mantiene siempre la ropa aseada.
         Los domingos, después de lavarse, en lugar de trabajar van a la capilla, en donde el capellán hace el servicio divino. Los que no saben leer y escribir, que son raros, van a la escuela dominical, en donde reciben la instrucción conveniente.
         Las raciones de cada preso por día son diez onzas de carne de cerdo, o diez y seis de vaca; diez onzas de harina de trigo, doce de harina de maíz cocida, papas calientes, y medio cuartillo de centeno hecho en forma de café, endulzado con melaza: en la comida se les da sopa hecha de caldo de vaca espesada con harina de maíz, pan, papas y agua fría. Para cenar, una especie de polenta de maíz que llaman musk y agua fría. Esta cantidad de alimento se ha considerado la necesaria para mantener a los presos en perfecta salud.
         La ganancia media de cada preso se calcula en el día de dos a tres reales. De este fondo salen los gastos de prisión, la que es tan aseada y limpia que no puede apetecerse más. Los presos antes de salir en libertad están obligados a contar su vida, y decir qué género de profesión han ejercido y van a ejercer. Esto hará una colección curiosa de anécdotas, de que podrán sacarse útiles observaciones acerca del carácter nacional, y aun de la naturaleza humana. De ciento sesenta que habían salido ciento y doce se enmendaron completamente, y veintiséis continuaron malos: el resto indiferentes. Los presos dicen que su mayor pena es el no poder conversar, ni tener noticias de lo que pasaba fuera. Es necesario confesar que estas precauciones son necesarias, y llorar sobre la suerte del hombre condenado a sufrir tan grandes privaciones. Aquí no puede decirse con el Dante:



Lorenzo de Zavala. 
Viaje a los Estados-Unidos del Norte de America. 
Imprenta de Castillo y Compañía.

sábado, 13 de agosto de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA



LAS BRUJAS


Bastó un gesto, una palabra vuestra para que todo se hiciese aire, o menos que aire... Brujas que hablabais el lenguaje del viento, a medianoche, el lenguaje del viento golpeando las ventanas, el lenguaje del viento crujiendo en los desvanes, el lenguaje olvidado del viento. El lenguaje de la noche, que hizo de vosotras el sol, su torpe claridad, su exactitud brutal, que fue de vosotras cuando el sol secó para siempre nuestras almas... Que fácil entonces el miedo, brujas, brujas aventadas por el soplo de un demonio mías terrible que el mismo demonio...
Qué extraño maleficio no deja llegar la noche, oh deshacer, deshacer con un gesto el mundo...


Leopoldo María Panero.

miércoles, 10 de agosto de 2011

OBITER DICTUM




“Porque no hay aquí una sola concesión al placer, ni a la felicidad. Es inútil buscar un detalle tierno, una calle, una sola, donde la alegría esté pintada en la arquitectura. Pareciera que un gesto terminante, ha barrido de la piedra la posibilidad del jardín, que una voz ha gritado en el horizonte su orden de callar y morir, y aquí se calla y se muere. Sólo por la mañana, cuando el sol alumbra, la piedra aparece mojada de una cierta luz de ingenuidad, pero en cuanto el sol traspone el cenit, y los grandes lienzos de sombras comienzan a caer a lo largo de las fachadas, y algunas luces se encienden tras de los ventanales, el alma se llena de horror al vivir, el entendimiento se cubre de telarañas de meditación, abiertas de par en par, las tremendas puertas de las iglesias, más obscuras abajo que si anocheciera, con los vitrales altos, con las pinturas de pasión color bermejo, y se sale...”

Roberto Artl.




lunes, 8 de agosto de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




AUTOCRITICA


Exactamente sobre el mismo tema hablo un día con A., un inglés viejo que lleva años viviendo en África. A saber: La fuerza de Europa y de su cultura, a diferencia de otras culturas, radica en su capacidad crítica y, sobre todo, en su capacidad para la autocrítica. En su arte de análisis e investigación, en sus búsquedas continuas, en su inquietud. La mente europea reconoce que tiene límites, acepta su imperfección, es escéptica, duda y se plantea interrogantes. Otras culturas carecen de tal espíritu crítico. Más aún, tienden a la soberbia, a considerar todo lo propio como perfecto; en una palabra, se muestran todo menos críticas con ellas mismas. Las culpas de cualquier mal las cargan, exclusivamente, sobre otros, sobre fuerzas ajenas (complots, espías, dominación exterior, en la forma que sea). Perciben toda crítica como un ataque maligno, como una prueba de discriminación, como racismo, etcétera. Los representantes de estas culturas consideran la crítica como una ofensa a sus personas, como un intento premeditado de humillarlos, incluso como una forma de ensañarse con ellos. Si se les dice que su ciudad está sucia, lo perciben como si les dijésemos que lo están ellos, que tienen sucias las orejas, el cuello, las uñas, etcétera. En lugar de sentido autocrítico, llevan dentro un montón de resentimientos, complejos, envidias, rencores, enojos y manías. Esto hace que, desde el punto de vista de su cultura, de su estructura, sean incapaces de progresar, de crear en ellos, en su interior, una voluntad de cambio y desarrollo.”


Ryszard Kapuscinski. EbanoEditorial Anagrama.

viernes, 5 de agosto de 2011

OBITER DICTUM






“Una vez tomada la decisión de suicidarme (yo no lo veo en la forma en que lo ven los occidentales, es decir, como un pecado) me resolví por la forma menos dolorosa de llevarlo a cabo. Excluí, por razones prácticas y estéticas, la posibilidad de ahorcarme, dispararme un tiro, saltar al vacío y otras formas de suicidio. El uso de drogas me pareció el camino más satisfactorio. Y por el lugar, tendría que ser mi propia casa, cualquiera que sean los inconvenientes para mi familia. Como una suerte de trampolín, al igual que Kleist y Racine, pensé en la compañía de una amante o un amigo, pero habiendo elevado la autoconfianza, decidí seguir adelante solo. Y la última cosa a considerar, fue asegurarme una perfecta ejecución, sin el conocimiento de mi familia. Después de unos meses de preparación me convencí de la posibilidad de realizarlo.”


Ryunosuke Akutagawa.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA


 




CRÓNICA FABULOSA DE FERNANDO PESSOA



murió el oficinista tenía

una hinchazón horrible paperas

de diagnóstico turbio un diván

gayo papeles esparcidos

por todos los alvéolos de su historia

un jijo de cartón grifos corriendo

que erizaban el vello de los brazos

murió fumando erraba ciertas noches

por claveles de tinta por finos mecanismos

guarnecidos de piel por sellos antigripe

acompañados de un certificado inusitadas

pirámides de polvo hallaron

un orinal debajo de su mesa

postales pornográficas de indescriptible alcance

un libro muy oscuro sobre el maestro eckhart

una alcancía llena de coñac

según los más veraces testimonios

solía mirar al alba los enormes delfines

las joyas y los cuernos que trajeron de goa

una rodela del gran navegante botes de humo

mazmorras para herejes los despuntes

del día le cogían en éxtasis se llevaban

su abrigo de mezclilla a su aterrador paraguas

su personalidad que vaya usted a saber

y otra vez -sol muy tibio gaviotas-

lo devolvían a su inútil despacho

mientras doblaban quejumbrosamente

las verdes anclas del almirantazgo.



Antonio Martínez Sarrión.


lunes, 1 de agosto de 2011

ALLÁ EN LAS INDIAS






LAS CINCO PARTES DEL MUNDO


         “Desde edad de nueve años, queriéndolo así el divino Moisés, Cristo Jesús me envió por ese mundo en compañía de sus exploradores y por mínimo de sus humildes. Desde esta edad hasta los cuarenta y siete años anduve peregrinando y viendo el mundo, andando por él más de treinta mil leguas, como en el progreso desta historia verás, tocando todas las cinco partes del: Europa, África, Asia, América y Magalánica. La Europa, como nacido en ella, y pisándola en todos sus más reinos, España, Italia, Francia, Alemania, Flandes y sus estados; Jerusalén, en Siria, visitando todos los lugares santos, instrumentos donde se obró nuestra redención; puertos en Arabia la Feliz, la Caramania, Grecia, Georgia y la infinidad de islas del mar Mediterráneo; reinos de Dania y puertos en su mar Mediterráneo; la Noruega, Inglaterra, Escocia, Ibernia y Islanda. En la parte de África, asimismo, en Túnez, Ceuta, Marruecos, Fez, Cabo Verde, los ríos en Congo, puerto en Monomotapa, en el principado Cefala, Madagascar y Magadoxo, Abasia y otros. En la Asia, en Filipinas, China, en los reinos de Guachinchina, donde cogí el racimo de la fruta más fértil, pues fue baptizar la reina, virreyes, capitanes, soldados y otro gran número de gente, hasta el reino de Champaa y cabo de Cicir; toqué en puertos de Camboja, Malaca, Sian y Pegú; reinos de una parte y otra del Ganges, golfo de Mengala, reinos del Gran Mogor, Meliapur, reino de Narsinga o Bisnaga, donde visité el sepulcro santo del apóstol Santo Tomás; a cabo de Camori, Pesquerías y reinos, hasta la famosa ciudad de Goa, cabeza del Oriente; toqué en Dio y Damam, puertos del gran reino de Cambaya, y en otros de la Persia, hasta Oromnz, y en muchas islas, Japón, las Javas, Humatria, Ceilán y otras infinitas.”


Pedro Ordóñez de Ceballos. 
Viaje del Mundo.

domingo, 31 de julio de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE

 




LOS ANFITRIONES Y LA FAROLA


«No muy lejos de donde estaba el enemigo había un maravilloso monasterio con grandes establos. Nuestros hombres, Loen y yo fuimos allí a recogernos. No obstante, al anochecer el enemigo se encontraba tan cerca de nosotros que de haber querido hubiera podido romper las ventanas a tiros. Los monjes eran muy amables. Nos dieron de comer y de beber tanto como quisimos, y estuvimos realmente a gusto. Los caballos fueron desensillados y pudieron descansar por fin de los ochenta kilos de peso que habían soportado a sus espaldas durante tres días y tres noches. En otras palabras que nos acomodamos como si estuviésemos de maniobras y aquel monasterio fuera la casa de un amigo. Tres días más tarde, dicho sea de paso, tuvimos que colgar de una farola a algunos de nuestros anfitriones: no habían sido capaces de resistirse al deseo de tomar parte en la guerra. Pero a decir verdad, aquella noche fueron realmente amables. Luego no desvestimos, nos metimos en camisón en la cama, pusimos un centinela y dejamos que Dios velara nuestro sueño.»


Manfred von Richthofen.

El barón rojo.

Almena Ediciones.


THE END









What is the title of this movie?







 

viernes, 29 de julio de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA







VUELTA DE PASEO


Asesinado por el cielo.
Entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré crecer mis cabellos.

Con el árbol de muñones que no canta
y el niño con el blanco rostro de huevo.

Con los animalitos de cabeza rota
y el agua harapienta de los pies secos.

Con todo lo que tiene cansancio sordomudo
y mariposa ahogada en el tintero.

Tropezando con mi rostro distinto cada día.
¡Asesinado por el cielo!

Federico Garcia Lorca

miércoles, 27 de julio de 2011

OBITER DICTUM





1941
7 de octubre

        “Hace cincuenta años, yo desembarcaba en Túnez por primera vez. Todos los niños, en esa época, hablaban francés, y bastante bien. Desde entonces, en cada uno de mis nuevos viajes por Túnez, he podido comprobar penosamente que Francia perdía terreno, y me he enterado de nuevas torpezas cometidas por la administración o por las autoridades, nuevas vejaciones absurdas ejercidas por los colonos sobre los indígenas. Cosechamos hoy el creciente descontento sembrado por tantas estupideces y maldades. Aunque el aspecto de la ciudad haya perdió mucho de su carácter, me siento, aquí, muchos menos en territorio francés que antaño; me siento extranjero, mal visto, ya no tan amado como temido, soportado a duras penas y… provisionalmente.”



André Gide

lunes, 25 de julio de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EJECUCIÓN EN CHICAGO


“Ni el miedo a las justicias sociales,  ni la simpatía  ciega por los que las intentan, debe ganar a los pueblos  en sus crisis, ni al que  las narra. Sólo sirve dignamente a la libertad  el que, a riesgo de ser tomado  por su enemigo, la preserva sin temblar  de los que la comprometen con sus errores. No merece el dictado de defensor de la libertad  quien  excusa sus vicios y crímenes por el temor  mujeril  de parecer tibio en su defensa. Ni merecen  perdón los que, incapaces de domar  el odio y la antipatía que el crimen  inspira,  juzgan los delitos  sociales sin conocer y pesar las causas históricas de que nacieron, ni los impulsos de generosidad que los producen.
En procesión solemne, cubiertos los féretros de flores y los rostros  de sus sectarios de luto,  acaban  de ser llevados a la tumba los cuatro anarquistas que sentenció Chicago a la horca,  y el que por no morir  en ella hizo estallar en su propio cuerpo una bomba  de dinamita oculta  en los rizos espesos  de su cabello  de  joven, su selvoso cabello castaño.
Acusados de autores o cómplices de la muerte espantable  de  uno  de los policías  que  intimó la dispersión del concurso reunido para  protestar contra  la muerte de seis obreros, a manos  de la policía, en el ataque  a la única  fábrica que trabajaba  a pesar de la huelga:  acusados de  haber compuesto y ayudado a lanzar, cuando no lanzado, la bomba  del tamaño de  una  naranja  que  tendió por  tierra las filas delanteras de los policías, dejó a uno muerto, causó después  la muerte  a seis más  y abrió  en otros  cincuenta heridas  graves, el juez, conforme al veredicto del  jurado, condenó a uno de los reos  quince  años de penitenciaría y a pena de horca  a siete.
Jamás,  desde  la guerra  del Sur, desde  los días trágicos en que John  Brown murió como criminal  por intentar solo en Harper's Ferry lo que como  corona de gloria  intentó luego la nación  precipitada por su bravura,  hubo en los Estados Unidos tal clamor  e interés alrededor de un cadalso.
La república entera ha peleado, con rabia semejante a la del lobo, para que los esfuerzos de un abogado  benévolo, una niña enamorada de uno de los presos, y una mestiza de india y español, mujer de otro, solas contra el país iracundo,  no arrebatasen  al cadalso los siete cuerpos  humanos que creía esenciales a su mantenimiento.
Amedrentada  la república por el poder creciente de la casta llana, por el acuerdo  súbito de las masas obreras, contenido sólo ante las rivalidades de sus jefes, por el deslinde próximo  de la población  nacional en las dos clases de privilegiados y descontentos que agitan las sociedades europeas, determinó  valerse por un convenio tácito semejante a la complicidad,  de un crimen  nacido de sus propios delitos tanto  como del fanatismo  de los criminales, para aterrar con el ejemplo de ellos, no a la chusma adolorida que jamás podrá triunfar en un país de razón, sino a las tremendas capas nacientes. El horror natural del hombre libre al crimen,  junto con el acerbo encono  del irlandés despótico que mira a este país como suyo y al alemán y eslavo como su invasor, pusieron de parte de los privilegios, en este proceso que ha sido una batalla, una batalla mal ganada e hipócrita, las simpatías y casi inhumana ayuda de los que padecen de los mismos males, el mismo desamparo, el mismo bestial trabajo, la misma desgarradora miseria cuyo espectáculo constante encendió en los anarquistas de Chicago tal ansia de remediarlos que les embotó el juicio.”

José Martí. Escenas norteamericanas. Biblioteca Ayacucho.

sábado, 23 de julio de 2011

OBITER DICTUM





"La infelicidad es el estado poético por excelencia."


E. M. Cioran.

jueves, 21 de julio de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




RATAS


“Es evidente que algunos de estos locales albergan muchas, y en los restantes pueden contarse por cientos.
En el de Eslava puede que hoy, mejorado el pavimento de los sótanos donde están los cuartos de los artistas, las hayan extinguido o aminorado; antes de hacer las obras de albañilería se daba el caso que cito al comenzar.
El conserje siempre se proveía de perros ratoneros que andaban listos para darles caza.
Pasajes cómicos hubo innumerables, pues a veces, habiendo visitas en los cuartos, se presentaba una rata panzuda, y desvergonzada, sin miramiento alguno, decidida a aumentar el número de concurrentes, sobresaltando a las señoras, que, dando chillidos se subían sobre los muebles.
¡Un sin número de levitas, pantalones y otras prendas de los cómicos han inutilizado esos roedores!
En mi equipaje conservo patentes muestras de lo que aquí severo.
Entre otras cosas necesarias me royeron unos botitos de charol; las rabilargas se dieron un banquete empezando por los elásticos, de postre consumieron los tirantes, y a falta de entremeses picaron en los chanclos.
También en esos templos de Talia las hay con el articulo los; mas estos causan mayor desesperación, pues  los ratas se  llevan las prendas enteras y … ¡también los relojes!
El año 84, en el coliseo del Pasadizo de San Ginés, el bajo cómico José Escriu tenia a las mamíferas de su cuarto completamente familiarizadas; no le temían; al comer, los días festivos, entre funciones de tardes y noches, lo verificaba rodeado de cuatro ó seis de ellas, con las que compartía su alimento sirviéndoselo con sus manos. ¡Tal era el agasajo con que el actor las mimaba!
--¡Si vieran  ustedes --nos decía-hay una rabícortona, que está monísima comiéndose las miguitas de pan mojadas en  café con  leche!... Otra es rubita; a poder, me la llevaría a casa, ¡es tan dócil! no lo hago pues temo que se me escape.
--¿Y... que tamaño tiene esa hijita de Albión?
--¡Una maravilla! es tan grande como una gata de Angora; ¡claro, la alimento bien!
¡Sin comentarios! no los hacíamos ¿para qué? A Escriu le augurábamos que acabaría sus días en una ratonera.
¡Tanto abundan estos animalitos en los fosos de los escenarios que, repetidas veces se han presentado algunos ejemplares sobre las tablas, a la vista del público.
Recuerdo que, en el teatro Principal de Valencia, al salir los soldados chilenos de: «Los sobrinos», y ya parados en fila, pasó por delante de ella una enorme rata que los de las camisas colgando mataron con los fusiles  a culatazos; el comandante del pelotón con la punta del sable arrastró el cadáver hasta entre bastidores á fin de quitarlo de la vista de los concurrentes.
Al presentarse el general, (el bufo don José Rochel), y en el momento en que se entera que ninguno de aquellos guerreros sabe escribir, les amonestó en vez de con «valientes sinvergüenzas», con: «valientes mata-ratas».
Los de la sala  aplaudieron la ocurrencia.
Uno de los teatros donde se crían más abundantemente es en el Principal de Zaragoza.
Tanto lo ponderaban que, a curiosidad mía, me recomendó el portero del coliseo esperase en la portería cinco minutos luego de terminados los ensayos, y, asomándome al tablado podría convencerme no eran  exageraciones lo que yo había oído referir.
Hice lo que me indicó. Transcurrido el tiempo prescripto me acerqué con sigilo, miré y.... ¡vaya un espectáculo! ¡yo no sé si afirmar que allí podría contárselas por miles! ¡saltaban!  ¡mordíanse recíprocamente! ¡formaban remolinos vertiginosos como si se presentaran en película cinematográfica! ¡qué chillidos daban disputándose los residuos de la comida de los actores que habían almorzado entre cajas!
--¿Por qué no tienen ustedes gatos?-le pregunté al portero.
--¡A pares  se los hemos soltado! y, sabe usted lo que hacen  con ellos? se los meriendan… tocando a poco… pues la mayoría de ellas se quedan sin probar bocado!
Refiriendo yo en el café Inglés, de Madrid, haber visto aquel aquelarre ratonero, me dieron  noticia más sorprendente; no dicha en chunga, no, sino con formalidad y como suceso  ciertísimo.
Los que lo relataron fueron José Cuadrado, apuntador muchos años en el teatro de  Jovellanos, y don Vicente Salazar, representante de empresas en la capital aragonesa.
Actuando en el ya nombrado coliseo de Zaragoza, la compañía de zarzuela del señor Salas, estando de primera tiple Almerinda Soler Di Franco y de consueta Pepe Cuadrado, ocurría que al cantar dicha artista los números del repertorio: una soberbia rata blanca bajaba por el bastidor de la embocadura y se paraba junto a la batería en escucha de la diva
Esto había llamado la atención no solo de los de telón adentro sino también de los de candilejas afuera. Todos respetaban á la rata blanca.
La tiple no se daba cuenta; llena de miedo pedía al apuntador: que la avisase; que le señalara donde se ponía».
Cantando la romanza del tercer acto de: Los diamantes de la corona, Cuadrado le dijo a la Di-Franco: «aquí Almerinda, mire  usted  á su derecha».
La interesada poseída de pavor  y repulsión, sin abandonar las  notas, se hizo atrás y pasó a cantar al lado contrario.
El del agujero al notar que la blanca caminaba hacia él la espantó aventándola con la solfa; el bicho, retrocediendo, se enfiló por donde había bajado; pero al subir a la altura del segundo piso de palcos se mostró  caprichosilla, y, en vez  de desaparecer detrás del bambalinón, se corrió por las molduras del palco proscenio al pasamanos general, y anduvo toda  la herradura de baranda, ocultándose por el lado contrario.
Las damas ocupantes de las localidades por donde pasaba la roedora, no  hacían sino echarse para atrás y con semblantes serios respetar aquella genialidad de la compañera de abono.
¿Saben ustedes por qué?
Por fuerza de preocupación; la blanquita venia haciendo sus apariciones desde bastante tiempo, y había surgido en Zaragoza una leyenda popular, creída por  muchos:
¡Aquella mamífera filarmónica indudablemente tenía dentro de ella el espíritu de alguna famosa tiple!”



Vicente García Valero. Memorias de un comediante. A. San Martín. Editor.