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martes, 8 de agosto de 2017

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






EL HOMBRE NUEVO


El empleo de la violencia al que se llegará ya no puede equivaler a la ingenua «dictadura educativa» de Fichte. No se pretende educar al burgués, sino acabar con él. La lucha, totalmente real y sangrienta, necesitaba otra ideología y una estructura intelectual distinta que la construcción de Hegel, cuyo núcleo central se reducía siempre a la contemplación. Esta subsiste como el más importante factor a nivel intelectual, pudiendo apreciarse en casi todos los escritos de Lenin y Trotsky la fuerza que aún resta, pero se ha convertido en un instrumento meramente intelectual de una motivación en realidad ya no racionalista. Los partidos de la lucha entablada entre burguesía y proletariado tenían que concebir una forma más concreta, necesaria para una lucha real y concreta. Una filosofía de la vida concreta ofreció el arma intelectual para ello, una teoría que consideraba cualquier conocimiento intelectual sólo como algo secundario en comparación con procesos más profundos (voluntaristas, emocionales o vitales) y que correspondían a una estructura intelectual en la que se habían estremecido los cimientos de la jerarquía moral tradicional, es decir, del dominio de lo consciente sobre lo inconsciente, de la ratio sobre los instintos. Una nueva teoría del empleo directo de la violencia se enfrenta al racionalismo absoluto de la dictadura educativa, así como al racionalismo relativo de la separación de poderes; a la fe en la discusión se opone la teoría de la acción directa. No sólo se atacó al parlamentarismo en sus mismos cimientos, sino también a los fundamentos de la democracia, considerada aún teóricamente válida en la dictadura racionalista. Trotsky argumenta, cargado de razón, contra el demócrata Kautsky: cuando sólo se conciencian relatividades, no se tiene el valor de emplear la violencia ni de derramar sangre.

Carl Schmitt
Sobre el parlamentarismo

Editorial Tecnos