
MELANCOLÍA
DEL DESTIERRO
Lo
peor es creer
que
se tiene razón por haberla tenido
o
esperar que la historia devane los relojes
y
nos devuelva intactos
al
tiempo en que quisiéramos que todo comenzase.
Pues
ni antes ni después existe ese comienzo
y
el presente es su negación y tú su fruto
hermano
consumido en habitar tu sombra.
Lo
peor es no ver que la nostalgia
es
señal de engaño o que este otoño
la
misma sangre que tuvimos canta
más
cierta en otros labios.
Y
peor es aún ascender como un globo,
quedarse
a medio cielo,
deshincharse
despacio,
caer
en los tejados de espaldas a la plaza,
no
volver al gran día.
La
gloria de aquel acto
era
toda futura.
Pero
tú olvidas cuanto
pusiste
en él, mientras los muertos
brotando
están a flor de tierra ahora
para
hacer con sus manos
la
casa, el pan y la mañana nuestra.
Y
tú en tu otoño de recordatorios,
en
tu rosario quieto,
igual
que un héroe de metal fundido,
famoso
en unos pocos
metros
a la redonda,
ilustre
en ignorancia de la hora inmediata
y
casi sordo de tristeza.
Pienso
si
no supiste combatir,
si
no te defendiste por donde más te herían
o
si acaso ignorabas que el destierro es a veces
más
cruel que la muerte.
Sobremueres.
Te
han vendido a ti mismo,
a
tu perfil lejano entre metralla y cantos
o
te has dejado herir con un solo disparo
de
luz petrificada en la boca del alma.
José
Ángel Valente