LOS PELDAÑOS DEL OLVIDO
Dicen algunas
de mis visitas,
entre susurros,
cuando me creen sedado,
que, también ahora, me relata el siseo de la entrega,
que, también ahora, me deshoja el aire repetido,
que, también ahora, me viste el ensueño audaz
de las palabras venenosas que crecían en los anaqueles
de tus besos.
Medicado y confundido, entubado y desahuciado,
entre claveles de muerte libre y maleducada
sonrío
pues ya nada he de perder
que no se haya perdido.
A nadie otorgo condena que me condene.
Descenderé,
tras tus pies descalzos,
los peldaños
del olvido
aunque la luz se apague para siempre.
