domingo, 24 de julio de 2022
ALLÁ EN LAS INDIAS
viernes, 22 de julio de 2022
miércoles, 20 de julio de 2022
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
lunes, 18 de julio de 2022
sábado, 16 de julio de 2022
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
jueves, 14 de julio de 2022
martes, 12 de julio de 2022
OBITER DICTUM
domingo, 10 de julio de 2022
viernes, 8 de julio de 2022
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
miércoles, 6 de julio de 2022
lunes, 4 de julio de 2022
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL TIMÓN ENTRE DESERTORES
sábado, 2 de julio de 2022
viernes, 1 de julio de 2022
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
EL DESCANSO DEL GUERRERO
Los muertos están cada día más indóciles.
Antes era fácil con ellos:
les dábamos un cuello duro una flor
loábamos sus nombres en una larga lista:
que los recintos de la patria
que las sombras notables
que el mármol monstruoso.
El cadáver firmaba en pos de la memoria
iba de nuevo a filas
y marchaba al compás de nuestra vieja música.
Pero qué va
los muertos son otros desde entonces.
Hoy se ponen irónicos
preguntan.
Me parece que caen en la cuenta
de ser cada vez más la mayoría!
Roque Dalton.
jueves, 30 de junio de 2022
OBITER DICTUM
Cuando se viene a Madrid
martes, 28 de junio de 2022
lunes, 27 de junio de 2022
OBITER DICTUM
«Todos están muertos; pero no me pondré a llorar, aunque las lágrimas, según dice Juvenal, representan la parte más hermosa de nuestros sentidos. Lacrimae nostri pars óptima sensus, si no recuerdo mal lo aprendido en la escuela. No serán unas memorias lo que escribiré. En mi casa no hay ni un solo trocito de papel con apuntes o datos. Además, me falta paciencia para esa clase de escritura. No tengo más que recuerdos.»
Jaroslav Seifert.
domingo, 26 de junio de 2022
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
TRISTÍSSIMA NOX
sábado, 25 de junio de 2022
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
LAS FOTOS Y EL VINO
«Alquilé una habitación en la posada y me quedé unos días. La molestia valió la pena, pues pronto comprobé que las miradas ya no eran tan esquivas. Cuando al domingo siguiente, después de salir de la iglesia, algunos campesinos se hallaban en la posada bebiendo vino, me acerqué y les mostré las fotos que les había tomado. Primero no ocurrió nada; luego uno de ellos cogió una de las fotos, la contempló y empezó a reír. De pronto todos miraban las fotografías y se iniciaba un animado y confuso parloteo. Pedí unas jarras de vino tinto y el hielo pareció romperse. Las fotos y el vino hicieron milagros. Yo tenía pánico al pensar en las difíciles escenas previstas en el guión; por ejemplo, una persecución en las callejuelas de la aldea, una fiesta bulliciosa y determinadas escenas dramáticas. También me preocupaba que los campesinos no tuvieran tiempo libre, pues estarían ocupados con el heno y la cosecha hasta septiembre. Pero por fin el ambiente se había distendido. Me prometieron que harían un hueco cuando yo regresara en otoño.»
Leni Riefenstahl.
Memorias.
Editorial Lumen.



































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