sábado, 12 de marzo de 2022

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






    SOLEIL


Quelqu’un vient de partir
Dans la chambre
Il reste un soupir
La vie déserte

La rue
Et la fenêtre ouverte

Un rayon de soleil
Sur la pelouse verte.


Arthur Rimbaud.

martes, 8 de marzo de 2022

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






              EN UN SUEÑO EN ULM


«En el corazón de aquella madriguera se alzaba la catedral de Ulm, ceñida por un octágono de casas que se encumbraba en el extremo occidental de la enorme nave, con la torre más alta del mundo, cuya aguja transparente desaparecía en un deshilachado edredón de nubes. Finalizaba un día de mercado. Estaban quitando la nieve de los toldos alquitranados y formando columnas con los cestos encajados unos en otros. Habían cargado los restos de verduras en las carretas, muchos de cuyos caballos tenían aquellas hermosas crines y colas muy rubias, y los carreteros maldecían mientras los hacían retroceder entre las lanzas de las carretas. Mujeres de mejillas coloreadas, procedentes de una veintena de pueblos, llevaban cofias almidonadas y provistas de cintas negras que debían de haber sido terribles receptáculos de nieve. Se congregaban en torno a los braseros y pisoteaban el suelo con unas botas extraordinarias como no las había visto antes ni las he vuelto a ver desde entonces: unos cilindros inmensos, anchos como el calzado de los postillones del siglo XVII , forradas de fieltro y rellenas de paja. Incomprensibles gritos dialectales se mezclaban con los bufidos y relinchos. Las aves de corral estaban agitadas, los cerdos chillaban, los ganaderos azuzaban a las reses para que salieran de los corrales medio desmontados a medida que colocaban las vallas. Aldeanos con sombreros de ala ancha, chalecos rojos y látigos en las manos charlaban en las columnatas y en el tramo de escalones bajos. Un estridente y jocoso murmullo de confabulación se mezclaba con el humo entre las macizas columnas, y las bóvedas que sostenían aquellas columnas eran los suelos de edificios medievales tan grandes y macizos como antiguos tithe barns ingleses.»

Patrick Leigh Fermor.
El tiempo de los regalos.
Peninsula.

viernes, 4 de marzo de 2022

OBITER DICTUM






«Ruano recibía allí a mucha gente, por las tardes, aunque luego cogió la costumbre de irse a escribir al hotel Fénix, al anochecer, y allí redactaba algunas veces la Penúltima hora de ABC, que era una columna toda en negritas y firmada abajo con iniciales. En general, César estaba ya cansado, enfermo, más que viejo, y aquella breve columna solía dejarme triste al día siguiente, en el periódico, porque el maestro se iba, el amigo tardío, el modelo. »

Francisco Umbral.

lunes, 28 de febrero de 2022

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






Una onada
o un arbre, encara que poden
ser molt detallats, representen
una onada
o un arbre.

I no em cusis més botons
inútils a les mànigues
de l’americana.

Joan Brossa.

jueves, 24 de febrero de 2022

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE










EL VAPOR DELFÍN


«A las nueve de la noche el vapor «Delfín», de la Compañía Trasmediterránea, se despega del dique con un agrio roncar de cadenas; el trajín submarino de la hélice hace temblar los mástiles, y de la chimenea se desprende una larga columna de humo, semejante a un airón. Desde el lienzo obscuro del muelle, escasamente alumbrado, algunos pañuelos blancos saludan al convoy. La despedida es triste, silenciosa; los que se quedan, como los que se van, reprimen su pena; aquella despedida sin efusiones, tiene toda la rigidez glacial de un deber.
El barco va abarrotado de mercancías y de caballos, y el pasaje, casi exclusivamente militar, lo componen un centenar de soldados bisoños y, numerosos graduados, que, después de dos o tres meses de licencia, regresan a África; la tierra hostil donde esperan a los bravos las cruces de la Gloria y la Muerte. Las luces verdes, rojas y blancas, distribuidas a lo largo» de la ancha herradura de la bahía, hunden sus reflejos en la limpidez del agua dormida, y los faros guiñadores y distantes, al proyectar su chorro: luminoso paralelamente a la línea del horizonte, parecen cometas. Aquí y, allá, en la claridad indecisa de la noche estrellada, los veleros anclados levantan sus mástiles, a los que las vergas dan expresión mística, y, una emoción de advertencia y consejo tiembla en los baupreses que nos apuntan. Gradualmente el «Delfín» acelera su marcha; de pronto, al enfrentarse con el mar libre, tremante, negro como el Enigma, una fuerte ráfaga de aire pasa sobre el buque, y una ola poderosa lo cunea de popa a proa; así estremecido, parece temblar, el «Delfín» tiene miedo...
Dejamos la cubierta y por una escalerilla bajamos a la cámara «de primera». Un olor nauseabundo a retretes sin agua, una atmósfera densa, recargada de miasmas, que conserva el aliento pestilente de cuantos millares de personas se marearon allí, oprime nuestra garganta, y una sensación de asco nos sube a los labios. Aquellos corredores mal alumbrados y sucios huelen a vómito. »

Eduardo Zamacois.
De Córdoba a Alcázarquivir.
Casa Editorial Maucci.

domingo, 20 de febrero de 2022

OBITER DICTUM






«Ahora, dieciséis años después, el lugar donde se hizo La noche de la iguana se ha convertido en un pueblo fantasma. Aparte del viejo hotel —que sirve de vivienda al guarda mexicano y su familia—, lo único que queda son las fachadas de las casas y montones de escombros. Algún que otro turista llega allí desde la playa de Mismaloya, pero en general es un lugar silencioso y desierto con sus ásperos límites piadosamente suavizados por la selva invasora. A nadie —salvo a un viejo que a veces pasa por allí yendo de Las Caletas a Vallarta— parece importarle un comino lo que le suceda al lugar. A él le gustaría que lo demolieran y se lo devolvieran a las iguanas. El viejo soy yo, por supuesto.»

John Huston.

miércoles, 16 de febrero de 2022

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






HACIA LA BRISA

Si el tiempo me persigue
me ocultaré en el mar,
regazo inmenso que me envuelva
lejos de las orillas.

Allí,
(lejos de las orillas),
en el adentro más remoto,
flotar acaso me veréis
-barquilla blanca-
con los brazos en cruz...

Digo:
si me persigue el tiempo,
buscadme por el mar.

José Lupiáñez.

martes, 15 de febrero de 2022

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA

 




LOS LUNES ME LLAMABA NICANOR

 

Yo los lunes me llamaba Nicanor.

Vindicaba el horrible tedio de los domingos

Y desconcertaba por unas horas a las doncellas

Y a los horóscopos.

 

El Martes es un día hermoso para llamarse Adrián.

Con ello se vence el maleficio de la jornada

Y puede entrarse con buen pie en la roja pradera

Del miércoles,

Cuando es tan grato informar a los amigos

De que por todo ese día nuestro nombre es Cristóbal.

 

Yo en otro tiempo escamoteaba la guillotina del tiempo

Mudando de nombre cada día para no ser localizado

Por la señora Aquella

La que transforma todo nombre en un pretérito

Decorado por las lágrimas.

 

Pero ya al fin he aprendido que jueves Melitón,

Recaredo viernes, sábado Alejandro,

 

No impedirán jamás llegar al pálido domingo innominado

Cuando ella bautiza y clava certera su venablo

Tras el antifaz de cualquier nombre.

 

Yo los lunes me llamaba Nicanor.

Y ahora mismo no recuerdo en qué día estamos

Ni cómo me tocaría hoy llamarme en vano.



 Gastón Baquero.


sábado, 12 de febrero de 2022

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



HAY MOROS EN LA COSTA


«Si uno avanza desde Adra hacia el oeste siguiendo la carretera de la costa, encuentra una torre vigía cada pocos kilómetros. Algunas son cuadradas, hechas de una especie de cemento, y muy antiguas. Tito Livio se refiere a ellas con el nombre de turres Hannibalis y dice que fueron construidas por los cartagineses, pero según el profesor Schulten muchas de ellas pertenecen a un período anterior, a Tartessos. Las torres redondas, más numerosas, fueron construidas por los árabes, pero mantenidas en uso por los cristianos hasta el final del siglo XVIII , para prevenir los movimientos de los corsarios. Cuando se atisbaban barcos sospechosos se encendían fogatas en ellas y la milicia montada, conocida como la caballería de la costa , acudía rápidamente al punto de peligro. La frase “Hay moros en la costa” se convirtió en un proverbio.»

Gerald Brenan.
Al Sur de Granada.
Tusquets Editores.

miércoles, 9 de febrero de 2022

ARPILLERA Y POLVO

                                              LOVIS CORINTH






martes, 8 de febrero de 2022

ALLÁ EN LAS INDIAS






EL PADRECITO LEÍA A CIEZA DE LEÓN?


«Mitimaes llaman a los que son traspuestos de una tierra en otra. Y la primera manera o suerte de mitimaes mandada poner por los Ingas era que, después que por ellos había sido conquistada alguna provincia o atraída nuevamente a su servicio, tuvieron tal orden para tenerla segura y para que con brevedad los naturales y vecinos de ella supiesen cómo la habían de servir y de tener y para [que] desde luego entendiesen los demás qué entendían y sabían sus vasallos de muchos tiempos, y para que estuviesen pacíficos y quietos y no todas veces tuviesen aparejo de se rebelar y si por caso se tratase de ello que hubiese quien lo estorbase, trasmutaban de las tales provincias la cantidad de gente que de ella parecía convenir que saliese; a los cuales mandaban pasar a poblar a otra tierra del temple y manera de donde salían, si fría, si caliente, en donde les daban tierras y campos y casas tanto y más como dejaron. Y de las tierras y provincias que de tiempo largo tenían pacíficas y amigables y que habían conocido voluntad para su servicio, mandaban salir otros tantos o más y entremeterlos en las tierras nuevamente ganadas y entre los indios que acababan de sojuzgar, para que deprendiesen [aprendiesen] de ellos las cosas arriba dichas y los impusiesen en su buena orden y policía y para que, mediante este salir de unos y entrar de otros, estuviese todo seguro con los gobernadores y delegados que se ponían, según y como dijimos en los capítulos de atrás. Y conociendo los Ingas cuánto se siente por todas las naciones dejar sus patrias y naturalezas propias, porque con buen ánimo tomasen aquel desierto, es averiguado que honraban a estos tales que se mudaban y que a muchos dieron brazaletes de oro y plata y ropas de lana y de pluma, y mujeres, y eran privilegiados en otras cosas muchas; y así, entre ellos había espías que siempre andaban escuchando lo que los naturales hablaban o intentaban, de lo cual daban aviso a los delegados e con priesa grande iban al Cuzco a informar de ello al Inga. Con esto todo estaba seguro, y los mitimaes temían a los naturales y los naturales a los mitimaes, y todos entendían en obedecer y servir llanamente. Y si en los unos o en los otros había motines o tramas o juntas, hacíanse grandes castigos porque los Ingas, algunos de ellos, fueron vengativos y castigaban sin templanza y con gran crueldad. Para este efecto estaban puestos los unos mitimaes, de los cuales sacaban muchos para ovejeros y rabadanes de los ganados de los Ingas y del Sol y otros para roperos y otros para plateros y otros para canteros y para labradores y para dibujar y esculpir y hacer bultos, en fin, para lo que más los mandaban y de ellos se querían servir. Y también mandaban que de los pueblos fuesen a ser mitimaes a la montaña de los Andes a sembrar maíz y criar la coca y beneficiar los árboles de fruta y proveer con lo que faltaba en los pueblos donde con los fríos y con las nieves no se pueden dar ni sembrar estas cosas.»

Pedro de Cieza de León.
Crónica del Perú.