martes, 2 de junio de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





QUASE UM POEMA DE AMOR


Há muito tempo já que não escrevo um poema
De amor.
E é o que eu sei fazer com mais delicadeza!
A nossa natureza
Lusitana
Tem essa humana
Graça
Feiticeira
De tornar de cristal
A mais sentimental
E baça
Bebedeira.

Mas ou seja que vou envelhecendo
E ninguém me deseje apaixonado,
Ou que a antiga paixão
Me mantenha calado
O coração
Num íntimo pudor,
— Há muito tempo já que não escrevo um poema
De amor.


Miguel Torga.

lunes, 1 de junio de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE

 




TAL VEZ Y EL INFORTUNIO


«Has de saber que la razón necesita de la instrucción; que la instrucción nada vale sin la experiencia, y que la misma experiencia no se logra sino tras mucho esfuerzo y afán. El hombre es lo que el ejercicio ha hecho de él y nadie hay que pueda ser feliz sin haberse aprovechado de los consejos ajenos. Ahora bien: en la condición humana entra el dejar las cosas para más adelante y el contentarse con decir «tal vez» o «quizá», y sólo si se ve obligado a tomar una resolución, es cuando el hombre abrirá los ojos y adquirirá enseñanzas; pero aquel que recurra a su alma para ver claro, la encontrará vacía, si previamente no ha puesto su confianza en otros seres humanos. Al contrario, el hombre inteligente debe emplearse en hacer ejercicio y práctica de todo, antes de que las vicisitudes de la fortuna le obliguen a hacerlo. Ocupe, pues, su inteligencia y haga trabajar su atención pensando en las cosas, por miedo de tener que hacerlo un día a la fuerza, ya que el bienestar no es cosa que siempre dure. De este modo, si necesita recurrir a las experiencias de su alma, las encontrará, y si, por su suerte, no necesita recurrir a ellas, estimará en más la excelencia de su estado y sentirá mucho mayor placer, porque quien no conoce el infortunio no apreciará la felicidad como es debido.»


Abd Allãh Nãsir.

«Memorias».


viernes, 29 de mayo de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





LOS RECLUTAS NOVATOS

En realidad, los reclutas novatos no recibían adiestramiento militar alguno que pudiera servirles para algo. Se me había dicho que los extranjeros no estaban obligados a tomar parte en la «instrucción» (observé que los españoles tenían la conmovedora creencia de que todos los extranjeros sabían más que ellos sobre asuntos militares), pero, naturalmente, me presenté junto con los demás. Sentía gran ansiedad por aprender a utilizar una ametralladora; era un arma que nunca había tenido oportunidad de manejar. Con desesperación descubrí que no se nos enseñaba nada sobre el uso de armas. La llamada instrucción consistía simplemente en ejercicios de marcha del tipo más anticuado y estúpido: giro a la derecha, giro a la izquierda, media vuelta, marcha en columnas de a tres, y todas esas inútiles tonterías que aprendí cuando tenía quince años. Era una forma realmente extraordinaria de adiestrar a un ejército de guerrillas. Evidentemente, si se cuenta con sólo pocos días para adiestrar a un soldado, deben enseñársele las cosas que le serán más necesarias: cómo ocultarse, cómo avanzar por campo abierto, cómo montar guardia y construir un parapeto y, por encima de todo, cómo utilizar las armas. No obstante, esa multitud de criaturas ansiosas que serían arrojadas a la línea del frente casi de inmediato no aprendían ni siquiera a disparar un fusil o a quitar el seguro de una granada. En esa época ignoraba que el motivo de este absurdo era la total carencia de armas. En la milicia del POUM la escasez de fusiles era tan desesperante que las tropas recién llegadas al frente no disponían sino de los fusiles utilizados hasta ese momento por las tropas a las que relevaban. En todos los Cuarteles Lenin creo que no había más fusiles que los utilizados por los centinelas

George Orwell.
Homenaje a Cataluña.

Editorial Proyección.

lunes, 25 de mayo de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





CROQUIS SEVILLANO

     El sol pone una ojera violácea en el alero de las casas, apergamina la epidermis de las camisas ahorcadas en medio de la calle.

     ¡Ventanas con aliento y labios de mujer!

     Pasan perros con caderas de bailarín. Chulos con los pantalones lustrados al betún. Jamelgos que el domingo se arrancarán las tripas en la plaza de toros.

     ¡Los patios fabrican azahares y noviazgos!

     Hay una capa prendida a una reja con crispaciones de murciélago. Un cura de Zurbarán, que vende a un anticuario una casulla robada en la sacristía. Unos ojos excesivos, que sacan llagas al mirar.
     Las mujeres tienen los poros abiertos como ventositas y una temperatura siete décimos más elevada que la normal.


                                                          Oliverio Girondo.

jueves, 21 de mayo de 2020

ALLÁ EN LAS INDIAS





SOBRE LA MUERTE Y LAS ALMAS


       Cerca del ánima había entre los indios diversas opiniones. Los otomíes, que tienen lenguaje por sí, como menos políticos pensaban que la vida del cuerpo acaba también el ánima. Mas en general los mexicanos y los demás que participan su lengua (que llaman nahuas) tenían que dejado el cuerpo iban las ánimas de los muertos de la manera en que morían. Decían que los que morían heridos de rayo iban a un lugar que llamaban Tlalocan donde estaban los dioses que daban el agua, a los cuales llamaban Tlaloques. Y los que morían en guerra iban a la casa del sol. Mas los que morían de enfermedad, decían que andaban acá en la tierra cierto tiempo: y así los parientes los proveían de ropa y lo demás necesario en sus sepulcros: y al cabo de aquel tiempo decían que bajaban al infierno, el cual repartían en nueve estancias. Decían que pasaban un rio muy ancho, y los pasaba un perro bermejo, y allí quedaban para siempre: alude a la laguna Estigia y al can Cerbero de nuestros antiguos gentiles. Los de Tlaxcala tenían que las almas de los señores y principales se volvían nieblas, y nubes, y pájaros de pluma rica, y de diversas maneras, y en piedras preciosas de rico valor. Y que las ánimas de la gente común se volvían comadrejas, y escarabajos hediondos, y animalejos que echan de sí una orina muy hedionda, y en otros animales rateros. Otras muchas opiniones y disparates había entre ellos, como en gente sin lumbre de fe.

Gerónimo de Mendieta.

Historia Eclesiástica Indiana.

domingo, 17 de mayo de 2020

OBITER DICTUM





A la mañana siguiente, descansado ya, vuelvo a bajar por la Quinta Avenida, y aprovechando la excepción de que por esta arteria circulan autobuses, me instalo en la imperial de uno de esos vehículos. Calles Treinta y ocho y Treinta y siete; Allen, con medias en un escaparate lleno de piernas cortadas; los grandes almacenes Altman, y luego la importantísima calle Treinta y cuatro, por la cual, siguiendo después la Cuarenta y dos, se llega más fácilmente a Broadway. En la esquina, ese enorme edificio rojo oscuro, de estilo anticuado, es el hotel Waldorf-Astoria, bastantes parecido a nuestro Continental o a nuestro Gran Hotel.


Paul Morand.

jueves, 14 de mayo de 2020

OBITER DICTUM



«Yo ya dije el 1 de septiembre de 1939 en el Reichstag alemán (y procuro no hacer profecías precipitadas) que esta guerra no se acabará como se imaginan los judíos, con el exterminio de los pueblos arios europeos, sino que el resultado de esta guerra será la aniquilación de la judeidad. Se aplicará ahora, por primera vez, la vieja ley judía: ojo por ojo, diente por diente.»


Adolf Hitler.


miércoles, 13 de mayo de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






                     ROSALINDA

Y puede ser que te ubique
en donde nada sucede.
Donde las siestas piensan
por sí mismas
y todos miran pasar camellos
desde cocinas limpias
o jardines de invierno.
Te llamo Rosalinda
y puede ser que hasta acierte
con tu nombre,
magnolia tonta, rosa fea
encarnada,
depositando en baldes tus virtudes.
Te llamo Rosalinda
y es como si quisiera ensangrentar
tus guantes blancos.
Pero nada se puede
contra tu espera legendaria.
Seguirás guardando tu pasión
en pastilleros
y dando vuelta tu falda
a sus aromas.
Para que nada suceda,
Rosalinda,
excepto mi asesinato a la comprensión
ante tu puerta entornada.


Paulina Vinderman

martes, 12 de mayo de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




 

When I have fears that I may cease to be

Before my pen has glean'd my teeming brain,

Before high-piled books, in charactery,

Hold like rich garners the full ripen'd grain;

When I behold, upon the night's starr'd face,

Huge cloudy symbols of a high romance,

And think that I may never live to trace

Their shadows, with the magic hand of chance;

And when I feel, fair creature of an hour,

That I shall never look upon thee more,

Never have relish in the faery power

Of unreflecting love; - then on the shore

Of the wide world I stand alone, and think

Till love and fame to nothingness do sink.


John Keats


sábado, 9 de mayo de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





     LAS VAGAS LUNAS DE LOS ESCAPARATES

He pasado un día terrible.

Meditando sobre lo que haré en Madrid he venido absorto casi todo el camino, maquinando ilusiones que me abrasaban el cerebro. De tiempo en tiempo pasaba como una sombra la idea de que llevo muy poco dinero para conquistar a tan gran ciudad, y entonces advertía que los fríos manchegos me helaban los pies y entumecían los miembros.

Al bajar del tren me han recibido temblorosos los brazos de Estanislao. ¡Cómo sonríe este entrañable amigo! Diríase que sus dientes, blancos y firmes como los de un mastín, quieren morder. La primera vez que nos vimos en las prisiones de Barcelona hice esta observación, y él me dijo que también yo enseñaba los caninos. Reñimos con frecuencia, y nuestros últimos ladridos son siempre:
— ¡Imbécil!
— ¡Imbécil!
Y nos separamos gruñones; pero nos queremos mucho, y al poco volvemos a buscarnos, risueños, zalameros, mostrándonos lo dientes.
Después del abrazo ya no hablamos hasta llegar al comedio de la calle Atocha. Él quebranta nuestro silencio:
— ¿Cuánto dinero, Manolo?
— ¡Cuarenta y un duros y seis reales!
Estanislao dilata de asombro sus ojos saltones; se quita el sombrerete de recogidas alas, y pasándose los dedos por sus largos cabellos, grises e inflexibles, abre la boca y vuelve a cerrarla.
— ¡No! — murmura luego y poniéndose reflexiva su frente marchita, — ¡hay que ser prudentes!... ¡Con cuarenta y un duros me comprometo a hacer muchas cosas!

Y continuamos silenciosos nuestro camino: él, mirando su arrogante figura proyectada en las vagas lunas de los escaparates; yo, mirando al suelo, o viendo cómo pasan veloces y fantásticos los tranvías de chispeantes luces.

Manuel Ciges Aparicio.
Del periódico y de la política.
Editorial Mundo Latino.