sábado, 4 de abril de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE


 



EL GRAN DICTADOR


«No satisfecho con los decretos que garantizaban la autoridad suprema de Bonaparte; no satisfecho con la esclavitud a la que estaba sometida la prensa ni con los sofismas que continuamente aparecían en los periódicos y que cada mañana atacaban con mentiras al espíritu tanto de los que leían como de los que no lo hacían, es decir, de los que eran incapaces de reflexionar sobre un libro y se divertían con un folletín; no satisfecho, digo, con todas esas medidas destinadas a ofuscar el juicio del pueblo, se preocupó de la educación, esto es, de los medios para preparar a la generación que en el futuro le sería servil, como si no fuera suficiente para ello el ejemplo que les daban sus padres. La revolución, que raramente ha producido instituciones perdurables, fundó para tal fin una escuela politécnica de la que han salido la mayoría de los hombres íntegros e independientes sobre los que Francia puede todavía fundar su esperanza. Un consejero de Estado encargado de supervisar la educación aseguró que en el futuro sólo habrían mentes sensatas, es decir, en términos de hoy en día, hombres que supieran someterse a la fuerza y amoldarse en todos los aspectos a las maniobras del interés.»


Madame de Staël.

Diez años de destierro.

Penguin Clásicos.


viernes, 3 de abril de 2020

OBITER DICTUM





“Alguno de los delegados ha traído el libro de André Gide, ya su segundo libro acerca de la URSS. Lo he hojeado: eso ya son injurias y calumnias de corte abiertamente trotskista. Gide no lo disimula, cita abiertamente los nombres de trotskistas y antisoviéticos destacados que, «con mucha amabilidad», le han facilitado materiales. Y estos materiales constituyen una mezcla de recortes de periódico dogmáticamente seleccionados y de viejas anécdotas contrarrevolucionarias.”


Mijail Koltsov

lunes, 30 de marzo de 2020

ALLÁ EN LAS INDIAS





EL EJERCITO INCA


El modo que se tenía en elegir los hombres para la milicia, era éste: en cada pueblo había maestros de enseñar la manera de pelear y ejercitarse en las armas. Estos tenían cargo de tomar todos los niños de diez hasta diez y ocho años, en cierta hora o horas del día, e dábanles forma de reñir de burlas o de veras entre sí e [que] se ejercitasen como quiera en las armas; y los que destos salían de más fuerzas y más valientes, más ligeros y aptos para la guerra, y feroces, aquellos mandaba el Rey que los señalasen y fuesen dedicados al ejercicio bélico, y desde adelante cada día más usasen a pelear de burlas o de veras, hasta que fuesen de edad para servirse dellos en las guerras. Mandábales dar sueldo conveniente de que comiesen y se criasen, y que gozasen de sus privilegios.
Tenían otra manera de probar los niños y cognoscer lo que después de grandes harían en las peleas. Después de llegados a los diez y ocho años, poníanlos delante del capitán general o de aquel maestro que tenía cargo deste ejercicio, y mandaba a uno que tenía una porra o alguna otra arma en la mano, «ven acá, mátame aquél», [e] iba y alzaba la porra como que le quería dar; y si el mozo rehuía la cara de miedo, apartábalo y dejábalo para que toda su vida fuese labrador, y su oficio y ocupación fuesen obras serviles; pero al que no huía la cara, dedicábanlo para el arte militar, mandándole que siempre se ocupase en ella; y desde luego era hidalgo, y gozaba de los militares privilegios. Por estas vías tenían los Reyes de aquellos reinos de señalados hombres muchas grandes guarniciones.

Bartolomé de las Casas.

De las antiguas gentes del Perú.

viernes, 27 de marzo de 2020

OBITER DITUM




Hombre, Herráiz, dense ustedes una vueltecita por el Ampurdán con su tabor. Aunque no quede una gallina, Herráiz, aunque nos dejen sin una sola gallina...


Josep Pla.


jueves, 26 de marzo de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





A Carlos o a Vicente. Incluso a ambos.

In memoriam. Supongo. 



AGUADORES, SERENOS Y MOZOS DE CUERDA


—Los gallegos andan constantemente con almadreñas por sus calles embaldosadas, lo que produce tanto ruido, que allí a todo el mundo le duele la cabeza. Podemos dividirlos en dos grandes grupos: uno, el de los serenos de comercio, y otro, el de los aguadores. Los serenos se ganan la vida abriéndoles las puertas a los aguadores; y los aguadores, llevándoles agua a los serenos. Cuando se desequilibra por exceso de personal una de las dos clases y hay más serenos que aguadores o más aguadores que serenos, se envía el remanente a Madrid. Debe considerarse también la existencia de un numeroso grupo de mozos de cuerda. Se reconoce asimismo la realidad de una pequeña minoría que pasa sus años bailando incesantemente la «muiñeira».
—Es maravilloso.
—¡Oh! —protestó modestamente—; no tiene importancia nada de lo que digo. Todo el mundo lo sabe. Añadiré que dentro de esa ley general que abarca a todos los gallegos, hay que abrir una subdivisión para los coruñeses; más que a otro oficio, se consagran al cultivo y a la fabricación del pescado, en lo que han hecho notables progresos. Es preciso imaginarse a los pobladores de La Coruña como hombres pensativamente inclinados sobre las retortas de donde han de salir los salmonetes, o sobre los alambiques donde se hace la destilación de la tinta de calamar, o bien regando amorosamente la bien abonada tierra en la que tienen las plantaciones de sardinas, harto preocupados del sol y de las lluvias, porque según sean éstas abundantes o no, así salen sardinas o salen boquerones…

Wenceslao Fernández Flórez.
Las gafas del diablo.

Espasa-Calpe Argentina.

domingo, 22 de marzo de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





555 EL MUERTO EN INCENDIO

Entramos en un bosque furiosamente quemado,
[violentamente abrasado.
Extraños árboles de pie nos ofrecieron frutos
[llamados ascuas, flores llamadas brasas.
De estos árboles o frutos o flores la quemadura
[es la sustancia, el ojo en llamas:
ascuas florales, quemaduras arbóreas, brasas
[frutales son.
Y había flamencos de carbón que cantaban pavesas.
Sólo al muerto en incendio le es dado ver
[esas canciones.

Óscar Hahn

jueves, 19 de marzo de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



EN EL PATIO DEL PADRECITO


«Por donde quiera que fuéramos en Rusia —en Moscú, en Ucrania, en Stalingrado—, el nombre mágico de Georgia surgía constantemente. Gente que nunca había estado allí, y que posiblemente nunca podría ir, hablaba de Georgia con una especie de nostalgia y gran admiración. Hablaban de los georgianos como superhombres, como grandes bebedores, grandes bailarines, grandes músicos, grandes trabajadores y amantes. Y hablaban del país del Cáucaso y de las orillas del Mar Negro como una especie de segundo cielo. De hecho, empezamos a creer que la mayoría de los rusos esperan que si llevan una vida muy buena y virtuosa, cuando mueran no irán al cielo, sino a Georgia. Es un país privilegiado por el clima, de suelo muy rico, y tiene su pequeño océano. Los grandes servicios al Estado se premian con un viaje a Georgia. Es un lugar de recuperación para la gente que ha estado enferma durante mucho tiempo. E incluso en la Guerra fue un lugar privilegiado, porque los alemanes nunca llegaron allí, ni con aviones ni con tropas. Es uno de los lugares que no sufrieron ningún daño. »


John Steinbeck.

Diario de Rusia.

Editorial Capitan Swing.




miércoles, 18 de marzo de 2020

OBITER DICTUM



5 de julio.

Chaumot. Anochecer de julio. El brillo de Venus, que se acuesta después que el sol, atrae a los murciélagos. Están borrachos y a cada instante caen por el aire como por un agujero, pero no llegan a tocar fondo.
      En el canal un marinero, cuya gabarra está inmovilizada por el desempleo, toca el acordeón. Con la cabeza a ras de agua, las ranas le acompañan como pueden; por más que su mujer le diga al perro: «¡Cállate de una vez!», el perro sigue ladrando lo más fuerte que puede. También muge una vaca, pero solo una vez. Los ratones se suman, silban con la esquina de la boca. Pero toda esta música no enturbia la calma del anochecer. Un soplo de aire ligero solo inclina las hojas de hierba más altas.
      El reflejo de la luna llena ilumina la pared del molino.
      El corazón siente una dulzura infinita.


Jules Renard.

sábado, 14 de marzo de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





PATIO DE LA ACEQUIA


Vi tu rostro en las aguas,
vi en las aguas tu cuerpo
y en cada flor te vi.

Eras. No eras. Canta
el color tu silencio,
la fuente tu perfil.

La inquieta acequia traza
un mocárabe inverso
de estrellas en redil

que una rosa derrama,
que apresa un pensamiento,
que concreta un jazmín.

Quise mirar tu cara,
ver tus labios de besos:
quise beber de ti.

Surtidores y palmas
acunaban mi sueño
sin fin, sin fin, sin fin.


Antonio Carvajal.

martes, 10 de marzo de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





UN HUEVO EN VEZ DE DOS

Los alemanes hicieron uso copioso de toda la gama de sus proyectiles. Ya a las nueve de la noche los incendios empalidecían la luz de la luna sobre el centro de Londres. A las diez algunos incendios estaban dominados, pero otros levantaban sus llamas hasta las nubes. Aún esta tarde los bomberos seguían trabajando en una de las calles más elegantes de Londres, donde un almacén de ropas hechas y una iglesia no son sino cenizas. El humo, el fragor, los aterradores ecos de la noche estaban todavía suspendidos sobre Londres, cuando en pleno día y a la hora en que los obreros y empleados se dirigen al trabajo, cuatro aviones lograron penetrar hasta el centro de la ciudad, repitiéndose la sinfonía de las bombas y las ametralladoras. Las señales que tras sí ha dejado la tormenta en mi hotel, el tercero al que me he mudado desde que regresé de Irlanda, son la falta de agua esta mañana. Estoy escribiendo la presente información con casco y las cortinas cerradas, porque dos bombas de reloj se han aposentado en los alrededores y pueden estallar de un momento a otro. Los trenes de los suburbios han llegado casi todos con retraso. Sin embargo, la película del tráfico continúa corriendo por Londres y ni siquiera durante las horas en que el ataque era más intenso ayer noche se paralizó totalmente. Los periódicos me esperaban a la puerta esta mañana como siempre y mis zapatos habían sido como siempre lustrados. El desayuno en el hotel sigue siendo el ordinario desayuno inglés, con un huevo en vez de dos.

Augusto Assía.
Cuando yunque, yunque.

Editorial Mercedes.