sábado, 13 de julio de 2019

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






BLUES DE LOS PEQUEÑOS DESHOLLINADORES


¿Te acuerdas de los turcos vendedores de
madapolán
y de los muñecos de trapo quemados en la
noche de San Juan?

¿Te acuerdas de los pequeños deshollinadores
y de los negros candomberos
y de mí que en las tardes de lluvia
detrás de los vidrios
miraba el paisaje caído en la zanja?

¿Te acuerdas del muro del día escalado, ardido
mordido como una
fruta?

¿Te acuerdas de María Celeste?
Pues hoy María Celeste es una
prostituta.

¿Te acuerdas de la tienda fresca, violeta, rosa
y el torcido y verde farol?
¿Te acuerdas de Juan el Broncero?
Pues Juan el Broncero es hoy
un ladrón.

¿Te acuerdas de los pequeños deshollinadores
oscuros, oscuros?
Pues hoy los pequeños deshollinadores son hombres
maduros
que chillan en las cantinas,
escupen polvo en las negras fábricas
y aguardan las putas fugaces
en los baldíos y las esquinas.


                           Raúl González Tuñón

jueves, 11 de julio de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE









DRESDE 1883


        "Mi preciosa amada:
        En el sosiego de hoy puedo al fin contarte más cosas acerca de Dresde, pues nada te he dicho sobre la impresión más grata que allí tuve. Cerca del castillo descubrimos una catedral maravillosa, más allá un teatro y finalmente, una espacioso edificio cuadrado, con un amplio patio y una torre en cada una de sus esquinas, construido al estilo de nuestro Belvedere— y Philipp se empeñó en que tenía que ser el castillo dada la belleza de sus líneas. Se trataba, sin embargo, del llamado Zwinger, que alberga todos los museos y tesoros artísticos de Dresde. Hallamos, no sin esfuerzo, la galería pictórica donde estuvimos aproximadamente una hora, los viejos para descansar y yo para traerme conmigo unas cuantas impresiones rápidas de estas famosas obras de arte. Opino que extraje de aquella visita un beneficio que habrá de perdurar, pues ahora había sospechado siempre que quienes visitaban los museos y se extasiaban ante las grandes obras de arte tenían contraído el mutuo compromiso tácito de no delatar su respectiva incomprensión pictórica. Allí me despojé de este vandálico concepto y comencé a admirar sinceramente la obra de los grandes maestros. En el Zwinger hay cosas magníficas. Reconocí algunas fotografías y reproducciones que había visto anteriormente…"


Sigmund Freud. 
Epistolario. 
Plaza y Janés.

lunes, 8 de julio de 2019

OBITER DICTUM







"Nuestra época sería excelente para un Cervantes; los tiempos están, pero Cervantes no. Están los locos, falta la férula."


Georg C. Lichtenberg

viernes, 5 de julio de 2019

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





PATIO HÚMEDO


Las arañas
iban por los laureles.

La casualidad
se va tornando en nieve,
y los años dormidos
ya se atreven
a clavar los telares
del siempre.

La quietud hecha esfinge
se ríe de la Muerte
que canta melancólica
en un grupo
de lejanos cipreses.

La yedra de las gotas
tapiza las paredes
empapadas de arcaicos
misereres.

¡Oh torre vieja! Llora
tus lágrimas mudéjares
sobre este grave patio
que no tiene fuente.

Las arañas
iban por los laureles.


Federico García Lorca

miércoles, 3 de julio de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EL NUEVA YORK DE LAS MIL Y UNA NOCHES


         "En ningún país del mundo se ha hecho tanto como aquí para suprimir las distancias y para sustituir con el vapor y la electricidad el trabajo físico de las gentes. Muy rara es la casa que no tenga máquina elevadora movida por vapor, para evitar a las personas el trabajo de subir por las escaleras; y una vez instalada aquella fuerza motriz en los edificios, se valen de ella para casi todas las funciones mecánicas del servicio doméstico. Hay casa en donde la máquina de vapor, a más de subir a los dueños y visitantes desde el portal hasta el décimo o duodécimo piso, eleva y distribuye el agua, le da la temperatura que se desea, muele el café y lo hierve, barre y friega los pisos, limpia las botas, despierta a los que duermen, prepara, cuece y distribuye la comida, mueve la máquina eléctrica para producir la luz Edison, desempeña otras muchas labores y hasta pide socorro cuando es preciso, atrayendo hacia la casa en un instante médicos, bomberos, mandaderos, agentes de policía o representantes de la autoridad.
         Con tal abundancia se emplean en Nueva York las comunicaciones eléctricas para el alumbrado, el telégrafo, el teléfono y otros muchos servicios de esta índole, que está toda la ciudad materialmente entretejida de alambres, y no se puede ver desde ella el cielo sino a través de una tupida red metálica, semejante a la tela de un cedazo.
         Las casas en general son grandes, amplias, elevadas y de mucha solidez. Más que casas son verdaderos palacios. Hay mansiones suntuosísimas, que llenarían de orgullo a cualquier monarca de Oriente, y se destinan, por ejemplo, a la venta de colchones o de zapatos, al hospedaje de mozos o mozas de comercio o a la construcción y depósito de máquinas de coser. Muchos de estos edificios son de mármol blanco o gris; otros están construidos con grandes sillares de granito o de una hermosa piedra rojiza que abunda mucho en los Estados Unidos, y también se emplea con frecuencia el hierro en estas construcciones, ya solo o en combinación con mármol, ladrillos u otros materiales."



Manuel Fernández Juncos. 
De Puertorrico a Madrid. 
Tipografía de José González.

lunes, 1 de julio de 2019

ALLÁ EN LAS INDIAS




LOS VIEJOS DIOSES


"Desde a poco tiempo vinieron a decir a los frailes, cómo escondían los indios los ídolos y los ponían en los pies de las cruces, o en aquellas gradas debajo de las piedras, para allí hacer que adoraban la cruz y adorar al demonio, y querían allí guarecer la vida de su idolatría. Los ídolos que los indios tenían eran muy muchos y en muchas partes, en especial en los templos de sus demonios, y en los patios, y en los lugares eminentes, así como bosques, grandes cerrejones, y en los puertos y mogotes altos, adonde quiera que se hacía algún alto, o lugar gracioso, o dispuesto para descansar; y los que pasaban echaban sangre de las orejas o de la lengua, o echaban un poco de incienso del que hay en aquella tierra, que llaman copalli; otros rosas que cogían por el camino, y cuando otra cosa no tenían, echaban un poco de yerba verde o unas pajas; allí descansaban, en especial los que iban cargados, porque ellos se echan buenas y grandes cargas."

Toribio de Motolinía. 
Historia de los indios de la Nueva España.

viernes, 28 de junio de 2019

OBITER DICTUM





"Una cosa me humilla: la memoria es a menudo un rasgo distintivo de la necedad; es propia generalmente de los espíritus lerdos, a los que vuelve más pesados aún por el bagaje con que los sobrecarga. Y ello no obstante, ¿qué seriamos sin la memoria? Olvidaríamos nuestras amistades, nuestros amores, nuestros placeres, nuestras ocupaciones; el genio no podría reunir sus ideas; el corazón más afectuoso perdería su ternura si dejara de recordar; nuestra existencia se vería reducida a los momentos sucesivos de un presente que discurre sin cesar; no habría ya pasado. ¡Oh, miserables de nosotros! Tan vana es nuestra vida que no es más que un reflejo de nuestra memoria."


François-René de Chateaubriand

miércoles, 26 de junio de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



EN LONDRES


            “Pasé la noche en el tren, camino de Londres, en un compartimiento para mí solo, un compartimiento con aire acondicionado, agua caliente, una cama como Dios manda y té por la mañana, cosas que, en general, no se encuentran en Norteamérica.
El aspecto exterior de Londres no me sorprendió. Mis amigos que habían presenciado los bombardeos de la batalla de Inglaterra me lo habían descrito repetidas veces, de modo que sabía muy bien lo que iba a encontrar: iglesias despanzurradas e hileras de casas semidestruidas, tremendas cicatrices que estaban siendo curadas. Pero interiormente, Londres, su ambiente y su ritmo de actividad, me asombraron. Los autobuses iban rápidamente durante el apagón reglamentario, ateniéndose al horario. El correo se distribuía tres o cuatro veces al día. Cogí un taxi para ir a Westminster, y en una hora reuní todos os documentos de tiempo de guerra necesarios para vivir en Inglaterra: cartilla de racionamiento, documento de identidad (más unos cuantos cupones extra por haber llegado en avión) y certificado de residencia. No había colas, no había que esperar, no había prisas. Estas cosas se resolvían normalmente, formaban parte de un sistema rutinario, continuo y preciso.
         Aquella noche se nos echó encima en el valle del Támesis la niebla más densa desde hacía muchos años. Yo había aceptado dos invitaciones, una a cenar, en Battersea, y otra para una reunión nocturna en Kensington, sin saber que la mayoría de los londinenses, ahora en invierno, no salía de noche, porque era casi imposible encontrar medios de transporte. Pero, en mi ignorancia, me lancé al exterior. Mi taxi llegó hasta el río, allí se le acabó la gasolina y tuve que subirme a un autobús que iba más o menos en la dirección de mi cita, hendiendo la oscuridad impenetrable. Del autobús pasé a un tranvía, que descarriló en una esquina; los viajeros salieron todos a una y volvieron a encarrilarlo.
         Durante la cena –vino, pescado y fruta--, la conversación, muy interesante, no versó sobre la guerra. El doctor Temple, arzobispo de Canterbury, había pronunciado otro discurso insistiendo en que la Iglesia debería intervenir en los asuntos del Gobierno, que los Bancos deberían ser nacionalizados y que después de la guerra habría que proceder a una más justa distribución de la riqueza y de la tierra. Más parecía una nueva edición del Manifiesto Comunista que el discurso de un primado de la Iglesia de Inglaterra, pero, era una realidad. Y había más aún: en el informe de Sir William Beveridge presentado al Parlamento, se exponía un plan que, de ser aprobado, garantizaría que en adelante nadie pasaría nunca hambre en Inglaterra, ni caería enfermo sin asistencia médica, ni se vería privado de un entierro decente cuando muriera. Más parecía una profecía fantástica que un documento del partido conservador.
         Todo el mundo, en tabernas y fábricas, estaba discutiendo estas cosas. Produciendo municiones, entrenándose en los campamentos, o volando de noche en misiones de la RAF, todos pensaban en ello. El programa más popular de la radio era uno en que había que adivinar nombres de gente y lugares; parecía un milagro, porque todos se sabían de memoria los nombres de los más insignificantes campos de batalla del desierto.
         Tuve la suerte de conseguir un taxi que me llevara a través de la niebla, e invitamos al taxista a subir antes a tomar una copa junto al fuego. Era un cockney de unos sesenta años, bajito y arrugado, con la bufanda al cuello y la gorra puesta. Había peleado en Palestina y Mesopotamia en la guerra anterior, y en seguida se puso a describirnos de nuevo las batallas, en el suelo, con botellas de cerveza vacías, comparando esas campañas con las actuales, y la estrategia de Allenby con la de Alejandro de Macedonia.
         No había niebla que pudiera con este veterano, que tenía un hijo en el Ejército y dos hijas trabajando en fábricas de municiones. De camino para Kensington tuve que ir yo delante de él, con mi linterna encendida, para cruzar los trechos más densos, o subido a su lado, mientra él, conduciendo, exponía sus teoría sobre las ventajas de hacer la guerra con largas líneas de comunicaciones.”



Alan Moorehead. 

Trilogía africana. 

Inédita Editores.

martes, 25 de junio de 2019

OBITUR DICTUM






«No haber querido o no haber sabido elegir constituyó un grave error, como lo fué ofrecer a determinadas clases sociales más de lo que en la hora del triunfo podía darse. De haber procedido con mayor cautela, la República hubiera llegado igualmente, ya que el espíritu público, desde algún tiempo, venía desviándose de la Monarquía; sin embargo, hubiera llegado sin un lastre enojoso, que ha sido foco de dificultades para el nuevo régimen e incluso, en algunos momentos lo ha puesto en peligro.»

Emilio Mola.

lunes, 24 de junio de 2019

OBITER DICTUM







«En Europa Occidental el antisemitismo no tiene la misma violencia. El clima moral, el medio histórico, son diversos. El problema judío reviste formas menos agudas. El antisemitismo, además, es menos potente y extenso. En Francia se encuentra casi localizado en el reducido aunque vocinglero sector de la extrema derecha. Su hogar es L'Action Française. Su sumo pontífice, Charles Maurras. En Alemania, donde la revolución suscitó una acre fermentación antijudía, el antisemitismo no domina sino en dos partidos: el Deutsche national y el fascista. El racismo que tiene en Luddendorf su más alto condottiere mira en el socialismo una diabólica elaboración del judaísmo. Pero en la misma derecha un vasto sector no toma en serio estas supersticiones. En el Volks Partei milita casi toda la plutocracia, industrial y financiera, israelita.»


José Carlos Mariategui

viernes, 21 de junio de 2019

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





                ROBIN SON


I am the hunted King
     Of the frost and big icicles
             An the bogey cold
             With its wind boots.

I am the uncrowned
     Of the rainworld
             Hunted by lightning and thunder
             And rivers.

I am the lost child
     Of the wind
             Who goes through me looking for
                    something else
             Who can´t recognize me though I cry.

I am the maker
     Of the world
             That rolls to crush
             And silence my knowledge.


                       Ted Hugues