viernes, 12 de julio de 2019
jueves, 11 de julio de 2019
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
DRESDE 1883
"Mi preciosa amada:
En el sosiego de hoy puedo al fin
contarte más cosas acerca de Dresde, pues nada te he dicho sobre la impresión
más grata que allí tuve. Cerca del castillo descubrimos una catedral
maravillosa, más allá un teatro y finalmente, una espacioso edificio —cuadrado, con un amplio patio y una torre en cada una de sus esquinas,
construido al estilo de nuestro Belvedere— y Philipp se empeñó en que tenía que
ser el castillo dada la belleza de sus líneas. Se trataba, sin embargo, del
llamado Zwinger, que alberga todos los museos y tesoros artísticos de Dresde.
Hallamos, no sin esfuerzo, la galería pictórica donde estuvimos aproximadamente
una hora, los viejos para descansar y yo para traerme conmigo unas cuantas impresiones
rápidas de estas famosas obras de arte. Opino que extraje de aquella visita un
beneficio que habrá de perdurar, pues ahora había sospechado siempre que
quienes visitaban los museos y se extasiaban ante las grandes obras de arte
tenían contraído el mutuo compromiso tácito de no delatar su respectiva
incomprensión pictórica. Allí me despojé de este vandálico concepto y comencé a
admirar sinceramente la obra de los grandes maestros. En el Zwinger hay cosas
magníficas. Reconocí algunas fotografías y reproducciones que había visto
anteriormente…"
Sigmund Freud.
Epistolario.
Plaza y Janés.
Epistolario.
Plaza y Janés.
martes, 9 de julio de 2019
lunes, 8 de julio de 2019
OBITER DICTUM
"Nuestra época sería excelente para un Cervantes; los tiempos están, pero Cervantes no. Están los locos, falta la férula."
Georg C. Lichtenberg
sábado, 6 de julio de 2019
viernes, 5 de julio de 2019
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
PATIO HÚMEDO
Las arañas
iban por los laureles.
La casualidad
se va tornando en nieve,
y los años dormidos
ya se atreven
a clavar los telares
del siempre.
La quietud hecha esfinge
se ríe de la Muerte
que canta melancólica
en un grupo
de lejanos cipreses.
La yedra de las gotas
tapiza las paredes
empapadas de arcaicos
misereres.
¡Oh torre vieja! Llora
tus lágrimas mudéjares
sobre este grave patio
que no tiene fuente.
Las arañas
iban por los laureles.
Federico García Lorca
jueves, 4 de julio de 2019
miércoles, 3 de julio de 2019
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL NUEVA YORK DE LAS MIL Y UNA NOCHES
"En
ningún país del mundo se ha hecho tanto como aquí para suprimir las distancias
y para sustituir con el vapor y la electricidad el trabajo físico de las
gentes. Muy rara es la casa que no tenga máquina elevadora movida por vapor,
para evitar a las personas el trabajo de subir por las escaleras; y una vez
instalada aquella fuerza motriz en los edificios, se valen de ella para casi
todas las funciones mecánicas del servicio doméstico. Hay casa en donde la
máquina de vapor, a más de subir a los dueños y visitantes desde el portal hasta
el décimo o duodécimo piso, eleva y distribuye el agua, le da la temperatura que
se desea, muele el café y lo hierve, barre y friega los pisos, limpia las
botas, despierta a los que duermen, prepara, cuece y distribuye la comida,
mueve la máquina eléctrica para producir la luz Edison, desempeña otras muchas
labores y hasta pide socorro cuando es preciso, atrayendo hacia la casa en un
instante médicos, bomberos, mandaderos, agentes de policía o representantes de
la autoridad.
Con tal
abundancia se emplean en Nueva York las comunicaciones eléctricas para el
alumbrado, el telégrafo, el teléfono y otros muchos servicios de esta índole, que
está toda la ciudad materialmente entretejida de alambres, y no se puede ver desde
ella el cielo sino a través de una tupida red metálica, semejante a la tela de un
cedazo.
Las casas en
general son grandes, amplias, elevadas y de mucha solidez. Más que casas son
verdaderos palacios. Hay mansiones suntuosísimas, que llenarían de orgullo a
cualquier monarca de Oriente, y se destinan, por ejemplo, a la venta de
colchones o de zapatos, al hospedaje de mozos o mozas de comercio o a la
construcción y depósito de máquinas de coser. Muchos de estos edificios son de
mármol blanco o gris; otros están construidos con grandes sillares de granito o
de una hermosa piedra rojiza que abunda mucho en los Estados Unidos, y también
se emplea con frecuencia el hierro en estas construcciones, ya solo o en
combinación con mármol, ladrillos u otros materiales."
Manuel Fernández Juncos.
De Puertorrico a Madrid.
Tipografía de José González.
De Puertorrico a Madrid.
Tipografía de José González.
martes, 2 de julio de 2019
lunes, 1 de julio de 2019
ALLÁ EN LAS INDIAS
LOS VIEJOS DIOSES
"Desde a poco tiempo vinieron a decir a los frailes, cómo
escondían los indios los ídolos y los ponían en los pies de las cruces, o en
aquellas gradas debajo de las piedras, para allí hacer que adoraban la cruz y
adorar al demonio, y querían allí guarecer la vida de su idolatría. Los ídolos
que los indios tenían eran muy muchos y en muchas partes, en especial en los
templos de sus demonios, y en los patios, y en los lugares eminentes, así como
bosques, grandes cerrejones, y en los puertos y mogotes altos, adonde quiera
que se hacía algún alto, o lugar gracioso, o dispuesto para descansar; y los
que pasaban echaban sangre de las orejas o de la lengua, o echaban un poco de
incienso del que hay en aquella tierra, que llaman copalli; otros rosas que cogían
por el camino, y cuando otra cosa no tenían, echaban un poco de yerba verde o
unas pajas; allí descansaban, en especial los que iban cargados, porque ellos
se echan buenas y grandes cargas."
Historia de los indios de la Nueva España.
sábado, 29 de junio de 2019
viernes, 28 de junio de 2019
OBITER DICTUM
"Una cosa me humilla: la memoria es a menudo un rasgo distintivo
de la necedad; es propia generalmente de los espíritus lerdos, a los que vuelve
más pesados aún por el bagaje con que los sobrecarga. Y ello no obstante, ¿qué
seriamos sin la memoria? Olvidaríamos nuestras amistades, nuestros amores,
nuestros placeres, nuestras ocupaciones; el genio no podría reunir sus ideas;
el corazón más afectuoso perdería su ternura si dejara de recordar; nuestra
existencia se vería reducida a los momentos sucesivos de un presente que
discurre sin cesar; no habría ya pasado. ¡Oh, miserables de nosotros! Tan vana
es nuestra vida que no es más que un reflejo de nuestra memoria."
François-René
de Chateaubriand
jueves, 27 de junio de 2019
miércoles, 26 de junio de 2019
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EN LONDRES
“Pasé la noche en el tren, camino de Londres, en un
compartimiento para mí solo, un compartimiento con aire acondicionado, agua
caliente, una cama como Dios manda y té por la mañana, cosas que, en general,
no se encuentran en Norteamérica.
El aspecto exterior de Londres no me
sorprendió. Mis amigos que habían presenciado los bombardeos de la batalla de
Inglaterra me lo habían descrito repetidas veces, de modo que sabía muy bien lo
que iba a encontrar: iglesias despanzurradas e hileras de casas semidestruidas,
tremendas cicatrices que estaban siendo curadas. Pero interiormente, Londres,
su ambiente y su ritmo de actividad, me asombraron. Los autobuses iban rápidamente
durante el apagón reglamentario, ateniéndose al horario. El correo se distribuía
tres o cuatro veces al día. Cogí un taxi para ir a Westminster, y en una hora
reuní todos os documentos de tiempo de guerra necesarios para vivir en
Inglaterra: cartilla de racionamiento, documento de identidad (más unos cuantos
cupones extra por haber llegado en avión) y certificado de residencia. No había
colas, no había que esperar, no había prisas. Estas cosas se resolvían
normalmente, formaban parte de un sistema rutinario, continuo y preciso.
Aquella
noche se nos echó encima en el valle del Támesis la niebla más densa desde hacía
muchos años. Yo había aceptado dos invitaciones, una a cenar, en Battersea, y
otra para una reunión nocturna en Kensington, sin saber que la mayoría de los
londinenses, ahora en invierno, no salía de noche, porque era casi imposible
encontrar medios de transporte. Pero, en mi ignorancia, me lancé al exterior.
Mi taxi llegó hasta el río, allí se le acabó la gasolina y tuve que subirme a
un autobús que iba más o menos en la dirección de mi cita, hendiendo la
oscuridad impenetrable. Del autobús pasé a un tranvía, que descarriló en una
esquina; los viajeros salieron todos a una y volvieron a encarrilarlo.
Durante
la cena –vino, pescado y fruta--, la conversación, muy interesante, no versó
sobre la guerra. El doctor Temple, arzobispo de Canterbury, había pronunciado
otro discurso insistiendo en que la
Iglesia debería intervenir en los asuntos del Gobierno, que
los Bancos deberían ser nacionalizados y que después de la guerra habría que
proceder a una más justa distribución de la riqueza y de la tierra. Más parecía
una nueva edición del Manifiesto Comunista que el discurso de un primado de la Iglesia de Inglaterra,
pero, era una realidad. Y había más aún: en el informe de Sir William Beveridge
presentado al Parlamento, se exponía un plan que, de ser aprobado, garantizaría
que en adelante nadie pasaría nunca hambre en Inglaterra, ni caería enfermo sin
asistencia médica, ni se vería privado de un entierro decente cuando muriera. Más
parecía una profecía fantástica que un documento del partido conservador.
Todo
el mundo, en tabernas y fábricas, estaba discutiendo estas cosas. Produciendo
municiones, entrenándose en los campamentos, o volando de noche en misiones de la RAF , todos pensaban en ello. El
programa más popular de la radio era uno en que había que adivinar nombres de
gente y lugares; parecía un milagro, porque todos se sabían de memoria los
nombres de los más insignificantes campos de batalla del desierto.
Tuve
la suerte de conseguir un taxi que me llevara a través de la niebla, e
invitamos al taxista a subir antes a tomar una copa junto al fuego. Era un cockney
de unos sesenta años, bajito y arrugado, con la bufanda al cuello y la gorra
puesta. Había peleado en Palestina y Mesopotamia en la guerra anterior, y en
seguida se puso a describirnos de nuevo las batallas, en el suelo, con botellas
de cerveza vacías, comparando esas campañas con las actuales, y la estrategia
de Allenby con la de Alejandro de Macedonia.
No
había niebla que pudiera con este veterano, que tenía un hijo en el Ejército y
dos hijas trabajando en fábricas de municiones. De camino para Kensington tuve
que ir yo delante de él, con mi linterna encendida, para cruzar los trechos más
densos, o subido a su lado, mientra él, conduciendo, exponía sus teoría sobre
las ventajas de hacer la guerra con largas líneas de comunicaciones.”
Alan Moorehead.
Trilogía africana.
Inédita Editores.
martes, 25 de junio de 2019
OBITUR DICTUM
«No
haber querido o no haber sabido elegir constituyó un grave error, como lo fué
ofrecer a determinadas clases sociales más de lo que en la hora del triunfo
podía darse. De haber procedido con mayor cautela, la República hubiera llegado
igualmente, ya que el espíritu público, desde algún tiempo, venía desviándose
de la Monarquía; sin embargo, hubiera llegado sin un lastre enojoso, que ha
sido foco de dificultades para el nuevo régimen e incluso, en algunos momentos
lo ha puesto en peligro.»
Emilio
Mola.
lunes, 24 de junio de 2019
OBITER DICTUM
«En Europa Occidental el
antisemitismo no tiene la misma violencia. El clima moral, el medio histórico,
son diversos. El problema judío reviste formas menos agudas. El antisemitismo,
además, es menos potente y extenso. En Francia se encuentra casi localizado en
el reducido aunque vocinglero sector de la extrema derecha. Su hogar es
L'Action Française. Su sumo pontífice, Charles Maurras. En Alemania, donde la
revolución suscitó una acre fermentación antijudía, el antisemitismo no domina
sino en dos partidos: el Deutsche national y el fascista. El racismo que tiene
en Luddendorf su más alto condottiere mira en el socialismo una diabólica
elaboración del judaísmo. Pero en la misma derecha un vasto sector no toma en
serio estas supersticiones. En el Volks Partei milita casi toda la plutocracia,
industrial y financiera, israelita.»
José
Carlos Mariategui
domingo, 23 de junio de 2019
viernes, 21 de junio de 2019
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
ROBIN SON
I am the
hunted King
Of the frost and big icicles
An the bogey cold
With its wind boots.
I am the
uncrowned
Of the rainworld
Hunted
by lightning and thunder
And rivers.
I am the
lost child
Of the wind
Who
goes through me looking for
something
else
Who can´t
recognize me though I cry.
I am the
maker
Of the world
That
rolls to crush
And silence
my knowledge.
Ted Hugues
miércoles, 19 de junio de 2019
lunes, 17 de junio de 2019
ALLÁ EN LAS INDIAS
TIERRA DE LAJA
"Yucatán es una tierra la de menos tierra que yo he visto, porque
toda ella es una viva laja, y tiene a maravilla poca tierra, tanto que habrá
pocas partes donde se pueda cavar un estado sin dar en grandes bancos de lajas
muy grandes. La piedra no es muy buena para labores delicadas, porque es dura y
tosca; empero, tal cual es, ha sido para que de ella hayan hecho la muchedumbre
de edificios que en aquella tierra hay; es muy buena para cal, de que hay
mucha, y es cosa maravillosa que sea tanta la fertilidad de esta tierra sobre
las piedras y entre ellas. Todo lo que en ella hay y se da, se da mejor y más
abundantemente entre las piedras que en la tierra, porque sobre la tierra que
acierta a haber en algunas partes ni se dan árboles ni los hay, ni los indios en
ella siembran sus simientes, ni hay sino yerbas; y entre las piedras y sobre
ellas siembran y se dan todas sus semillas y se crían todos los árboles, y
algunos tan grandes y hermosos que maravilla son de ver; la causa de esto creo
que es haber más humedad y conservarse más en las piedras que en la tierra. En
esta tierra no se ha hallado hasta ahora ningún género de metal que ella de
suyo tenga, y espanta (que) no habiendo con qué, se hayan labrado tantos
edificios porque no dan los indios razón de las herramientas con que se
labraron; pero ya que les faltaron metales, proveyólos Dios de una sierra de
(puro) pedernal contigua a la sierra que según dije en el primer capítulo,
atraviesa la tierra, y de la cual sacaron piedras de que hacían los hierros de
las lanzas para la guerra y los navajones para los sacrificios (de los cuales
tenían buen recaudo los sacerdotes); hacían los hierros para las saetas y aun
los hacen, y así les servía el pedernal de metal. Tenían cierto azófar blanco
con alguna poca mezcla de oro, de que hacían las hachuelas de fundición y unos
cascabelazos con que bailaban, y una cierta manera de escoplillos con que
hacían los ídolos y agujeraban las cerbatanas…"
Diego
de Landa.
Relación de cosas del Yucatán.
Relación de cosas del Yucatán.
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