jueves, 9 de mayo de 2019
martes, 7 de mayo de 2019
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
MAÑANA
Me
tenderé a la sombra
de
tu sombra
un
día ya no lejano.
Me
tenderé en tu sombra
y
en la sombra
creeré
sentir tu mano.
Te
buscaré, los ojos muy abiertos
mirando
hacia el pasado
y
al oído me dirás:
«Fue todo un sueño
y ya hemos despertado».
Y comprenderé entonces que estoy muerta
que estoy muerta a tu lado.
Elisabeth Mulder
domingo, 5 de mayo de 2019
sábado, 4 de mayo de 2019
viernes, 3 de mayo de 2019
OBITER DICTUM
"A ninguna ciudad le
gusta tanto el teatro como Nueva York; posee
más de dos mil salas de espectáculos. Es el centro dramático de los
Estados Unidos (aunque en estos últimos meses los mejores actores se hayan
marchado a Los Angeles, atraídos por el cine sonoro). Casi siempre las comedias
de menos de ocho o diez personas terminan en un espectáculo; la mayoría de los
cabarés de noche presentan verdaderas revistas. Desde hace un año o dos han empezado
a dar, en muchos sitios y con el mayor éxito, a partir de medianoche, una
segunda representación que dura hasta las tres de la madrugada."
Paul Morand
jueves, 2 de mayo de 2019
miércoles, 1 de mayo de 2019
martes, 30 de abril de 2019
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
LA LLUVIA
Bruscamente la tarde se ha aclarado
porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
que sin duda sucede en el pasado.
Quien la oye caer ha recobrado
el tiempo en que la suerte venturosa
le reveló una flor llamada rosa
y el curioso color del colorado.
Esta lluvia que ciega los cristales
alegrará en perdidos arrabales
las negras uvas de una parra en cierto
patio que ya no existe. La mojada
tarde me trae la voz, la voz deseada,
de mi padre que vuelve y que no ha
muerto.
Jorge Luis Borges
lunes, 29 de abril de 2019
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL JARDÍN DE SAN CARLOS
"El pintor Kaydeda y yo dimos toda la clara mañana de un domingo a un jardín romántico, al jardín de San Carlos. Don Ramón Otero Pedrayo, recordando a Shelley, convocaba para presidirlo la muerte y la poesía. Cipreses, mirto y rosas, son la corona del héroe que allí yace: rosas, porque ya lo dijo Omar Jayam, nacen más rojas donde están los Césares enterrados. Pero de todo el jardín coruñés de San Carlos, yo amo más que nadie las enrejadas ventanas, ventanas de convento de clarisas abiertas, de pronto, a la enorme y dudosa luz del día. Me gustaría una pintura, en la que lady Stanhope, como un gran manto negro que el viento arremolina –concretamente el viento de la oda al salvaje viento del Oeste, de Shelley--, volase desde el mar hasta las altas ventajas por ver el perfil helénico, fino y traslúcido como un verso de Keats, de Sir John Moore. Hay toda una generación de héroes británicos decimonónicos, cuyo perfil es un verso de Keats: son los héroes que los dioses contemplan, libres, hermosos y serenos, pero patéticos en el “agon” como los caballos que galopan en el friso de los tesoros de Delofs. “Cumplieron la tarea mercenaria, cobraron la soldada, y están muertos”. Esto es lo que un poeta dijo de ellos, añadiendo: “Lo que Dios olvidara, defendieron, y lo salvaron todo por la paga”. Hay batallas que tienen nombre de flor: Elviña es una de ellas, y en estas batallas me imagino al héroe deshojando, pensativo, el destino, en el espectro de la rosa…Una rosa blanca, si queréis, marfil y sueño, como lady Stanhope. Allá en la melodiosa Hama, al borde del desierto siriaco, viendo volar pichones en las terrazas o contemplando como gira, se desliza, regresa a la mano y se va para siempre una flor de jazmín en un laberinto de agua, lady Stanhope añoraba únicamente de su vieja Inglaterra las hojas secas del otoño, arremolinadas en la solana de la “manor” natal. Una solana, quizás, con enrejadas ventanas como las del jardín de San Carlos, ventanas para las despedidas románticas, ventanas del amor deshabitadas. (Lytton Strachey estudió la nariz de los Pitt: lady Stanhope era una Pitt. Todavía su nariz no se ha lanzado al gran vuelo de los últimos Pitt, que adquirieron narices italianas, esas grandes narices de las sepulturas etruscas; todavía la nariz de lady Stanhope es una hermosas, fina nariz, que al respirar la bella aletea, flor de dos pálidos pétalos gemelos)."
Alvaro Cunqueiro.
100 artigos.
La Voz
de Galicia.
100 artigos.
sábado, 27 de abril de 2019
jueves, 25 de abril de 2019
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
HISTORIA DE UNA LÁGRIMA
II
La memoria abandona sus lugares de
otoño
y el sol cuajado que se fue y no ha vuelto,
la recibe en su pecho,
la
levanta en su brazos,
la hace copa de oro que recoge la
sangre
de las otras edades que transporta
en la noche
cual navío que surca, por detrás de
las sombras,
la única luz posible.
Julia
Uceda
martes, 23 de abril de 2019
lunes, 22 de abril de 2019
OBITER DICTUM
"Pero si el Ejército Rojo es ineficaz para emprender por sí solo
la lucha con el mundo capitalista, es un formidable instrumento de ataque
contra las nacionalidades vecinas, Polonia, Lituania, Letonia y Estonia, y
sobre todo, es la garantía de la continuación del régimen. Descartado por ahora
el ideal de la revolución mundial, para ayuda de la cual el Ejército Rojo
tampoco serviría por su falta de material moderno, resulta que los bolcheviques
han creado y sostienen un formidable militarismo con todas las lacras morales
del militarismo, y sin más fines que los que se le adjudican en los países
burgueses: la conservación por la fuerza del desorden establecido y la
exaltación del nacionalismo en daño de los nacionalismos limítrofes."
Manuel
Chaves Nogales.
domingo, 21 de abril de 2019
sábado, 20 de abril de 2019
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
CAI CHUVA DO CÉU CINZENTO
Cai
chuva do céu cinzento
Que
não tem razão de ser.
Até
o meu pensamento
Tem
chuva nele a escorrer.
Tenho
uma grande tristeza
Acrescentada
à que sinto.
Quero
dizer-ma mas pesa
O
quanto comigo minto.
Porque
verdadeiramente
Não
sei se estou triste ou não,
E a
chuva cai levemente
(Porque
Verlaine consente)
Dentro do meu coração.
Fernando
Pessoa.
viernes, 19 de abril de 2019
miércoles, 17 de abril de 2019
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EN CONCORD
Después de escardar
o quizá de leer y escribir por la mañana, solía bañarme de nuevo en la laguna,
nadando durante cierto tiempo a través de una de sus caletas, y lavaba de mi
cuerpo el polvo del trabajo o suavizaba la reciente arruga que me había
provocado el estudio y, por la tarde, gozaba de absoluta libertad. Todos los
días, o cada dos, caminaba hasta la aldea para oír algo de la charla que allí
existe incesantemente, circulando ya de boca en boca, ya de diario en diario, y
que, tomada en dosis homeopáticas, era realmente tan refrescante en su curso
como el susurro de las hojas o el croar de las ranas. Como yo paseaba por los
bosques para ver las aves y ardillas, así también paseaba por la aldea para ver
los hombres y muchachos; en lugar del viento entre los pinos, oía el crujido de
los carros. A cierto lado de mi casa había una colonia de ratas almizcleras en
los prados del río; bajo el soto de olmos y plátanos, en dirección opuesta,
encontrábase una aldea de hombres ocupados, tan curiosos para mí como si
hubieran sido perros salvajes, sentado cada cual en la boca de su madriguera, o
corriendo hacia un vecino para charlar. Frecuentemente, fui allá a observar sus
costumbres. La aldea me parecía un gran salón de noticias; y para alimentarla,
como anteriormente en la casa Redding y Compañía de la State Street, aquéllos
guardaban sobre un lado nueces y uvas, o sal y harina y otras vituallas.
Algunos tienen tan pronunciado apetito por el primer artículo, es decir, las
noticias, y órganos digestivos tan robustos que sin vacilar, siempre pueden
sentarse en avenidas públicas, y estarse barbotando y cuchicheando a través de
ellas como los vientos Etesios, o como si inhalaran éter, produciendo ellos
solamente hormigueo e insensibilidad al dolor, de otra manera el escuchar sería doloroso, sin afectar la conciencia.
Cuando deambulaba a través de la aldea rara vez dejé de ver una fila de tales
dignas personas ya fuese sentadas tomando el sol sobre una escalera, los
cuerpos inclinados hacia adelante y los ojos siguiendo la recta del camino, y
ello, de vez en cuando, con voluptuosa expresión, ya con las manos al bolsillo,
apoyándose contra un granero, semejantes a cariátides, como para apuntalarlo.
Ellas, que se encontraban frecuentemente en la calle, oían todo lo que el
viento les llevaba. Esos son los molinos más groseros, en los que toda charla
se digiere o fracciona primero rudamente, antes de que se vacíe en tolvas más
finas y delicadas dentro de las casas. Observé que los lugares vitales de la
aldea eran el almacén, el bar, el correo y el banco; y, como una parte
necesaria del mecanismo, guardaban una campana, un cañón, y una bomba de
incendios en lugares adecuados; y las casas estaban arregladas de manera que
formaban la mayor parte del género humano en callejuelas, enfrentándose unas a
otras, de manera que todo viajero tenía que correr las baquetas y que todo
hombre, mujer y niño podía darle un vergajazo.
Henry D. Thoreau.
Walden, la vida en los bosques.
Espasa-Calpe.
Walden, la vida en los bosques.
Espasa-Calpe.
lunes, 15 de abril de 2019
sábado, 13 de abril de 2019
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
“La Cepa, fogonazo en serrín y sepia, instante
con aroma a vino dulce, renace al abrir un libro viejo por una página marcada
por un papelillo de fumar. Flotan
los recuerdos como plumas de plomo en mis fosas nasales. Unas estanterías de
madera literaria saciadas con el murmullo de conversaciones eléctricas nos cobijaba de la lluvia permanente y salada. Los
techos altos cargados de humos azules, dragones alados, afirmaciones salvajes y equivocadas, versos deshojados y tardes de risas y aguardiente. De aquel cuadro relegado al trastero de las momias
enjutas nada respira, nada, y casi nada permanece. A los amigos allí no
llorados se los llevó un día la vida cercenada, el invierno imparable, la carcoma siempre incansable y el hastío bien cargado de sombras imposibles. Entonces los bares tenían un alma húmeda y nocturna, mirada femenina, dulce y
mohosa. Hoy, en mis santorales, por desgracia, ya invisibles para ojos adolescentes, el olor de la bruma que repta desde la dársena claramente sueña con mundos que no me esperan.”
Baldomero Dreira
jueves, 11 de abril de 2019
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