viernes, 16 de noviembre de 2018
jueves, 15 de noviembre de 2018
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL MIGUELITO
“Colocado en medio de la acera, con el
sombrero hasta las cejas y la capa hasta los ojos, mintiendo buen cuerpo y
airoso talle, se vé á un hombre en actitud observadora y reposada. Si tiene cédula de vecindad, cosa bastante problemática, es seguro
que no se marcará en ella la profesion que ejerce. Y, sin embargo, el tipo que
analizamos ejerce una industria que debe
ser lucrativa, porque hace una docena de años que vendía arena de mármol de San
Isidro, y hoy luce sortijas en la mano y una cadena colosal en el chaleco, que
á no ser de rico dublé podría tomarse por de oro finísimo de Arabia.
El sitio predilecto del mismo es la acera
comprendida entre la calle de Carretas y la Carrera de San Jerónimo; las horas á que puede
vérsele desde la una de la tarde á las diez de la noche; suele hacer frecuentes
desapariciones; pero no es dudoso que ninguna pasará de un cuarto de hora. El
hombre llena sin duda una obligacion, así durante su guardia como en su
ausencia.
Al pasar junto á él otro embozado, en el momento
que hemos elejido para estudiarle
le ha llamado Miguelito. Ya es una noticia
biográfica: sepamos esperar y acaso conoceremos toda su vida y milagros.
Pero trascurre un cuarto de hora, y nuestro
hombre sigue en su primitiva actitud, examinando atentamente á todos los transeuntes,
como si esperase á alguno. Al cabo de
este tiempo sonrie
imperceptiblemente: sin duda tiene ya lo que buscaba.
Y lo que buscaba no es otra cosa que un
jóven, que mira en todas dirécciones como embobado; que se pára observando la
altura del surtidor de la fuente que ocupa el centro de la plaza; que
admira tímidamente á las beldades que pasean sus venales
atractivos por entre la multitud, y que
luce un cigarro de tres cuartos en una
boquilla con cabos de plata.
Nuestro jóven, colocado en una antesala y
á media luz podría confundirse con un cuelgacapas; tal es la gracia con que
lleva sus ropas , cuyo brillo denuncia que son nuevas y cuyo corte no
desdeñaría algun sastre de fama, si una
imprudente etiqueta cosida á uno de los fal
dones
del gaban no dijera con toda elocuencia. Tienda
del leon rapante, cálle de la
Cruz , núm. 99.
Al pasar nuestro forastero, --pues sin
duda lo es--junto al industrial que le marcado por suyo, siente que le posan
una mano sobre el hombro, al mismo
tiempo que escucha una voz que le dice:
--¡Vaya V. con Dios!
Párase
el jóven balbuceando algunas frases, con las que quiere dar á entender á su interlocutor que nunca le ha
conocido; pero este continúa:
--Poca
memoria tiene V. para estudiante. ¿No va V. hoy á casa del duque?
--Sin duda está V. equivocado. Yo no conozco
á ningun duque.
--¡Qué!¿No estuvo V. ayer en la calle de la Victoria ?
--Ni sé dónde está.
--Dispense V., amigo mio; pero se parece V. al que yo buscaba
como un huevo á otro.
--Está V. dispensado.
--Pero no ha de ser inútil mi equivocacion
involuntaria, y si quiere Y. acompa
ñarme
á casa del duque le presentaré á los
amigos.
--¿Pero, qué amigos?
--Gente alegre y campechana, que tira las
onzas por pasar el rato. V. tiene cara de hombre de suerte, y capaz de dar siete
golpes á un duro.
El jóven ha oido referir en su pueblo que
en Madrid se pueden ganar miles y miles con un poco de suerte; se ha gastado
acaso en ocho días el dinero que debia durarle un mes, y comprendiendo que le
invitan á entrar en una casa de juego,
cae en el lazo y aprovecha la feliz coyuntura
que le ofrece su parecido con otra persona para aceptar el ofrecimiento
de su franco interlocutor.
Si, por el contrario, recuerda los
consejos de su padre, que compromete y gasta la hacienda de sus abuelos para hacerle
abogado, y que pueda ser el mejor dia diputado
por el distrito ó juez municipal del pueblo; si está todavía bajo el
influjo de la santa bendicion de su
madre, desprecia el ofrecimiento que le
hacia el cazador de víctimas y sigue su
camino.

Pero el primer fracaso no le desanima al
buen Miguelito, y despues de encender una tagarnina vuelve á ponerse en expectación…”
Manuel Ossorio.
De la Puerta del Sol.
Imprenta de los Sres. Rojas.
De
Imprenta de los Sres. Rojas.
martes, 13 de noviembre de 2018
lunes, 12 de noviembre de 2018
OBITER DICTUM
Las escenas otoñales
poseen un inevitable carácter moral: esas hojas que caen como nuestros años,
esas flores que se marchitan como nuestras horas, esas nubes que se esfuman
como nuestras ilusiones, esa luz que se debilita como nuestra inteligencia, ese
sol que se enfría como nuestros amores, esos ríos que se hielan como nuestra
vida tienen relaciones secretas con nuestro destino.
François-René
de Chateaubriand
domingo, 11 de noviembre de 2018
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
NOCHE DE VERANO
Es una hermosa noche de verano.
Tienen las altas casas
abiertos los balcones
del viejo pueblo a la
anchurosa plaza.
En el amplio rectángulo
desierto,
bancos de piedra, evónimos
y acacias
simétricos dibujan
sus negras sombras en la
arena blanca.
En el cenit, la luna, y en
la torre
la esfera del reloj
iluminada.
Yo en este viejo pueblo
paseando
solo, como un fantasma.
Antonio Machado.
viernes, 9 de noviembre de 2018
miércoles, 7 de noviembre de 2018
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EN EL DANUBIO
“El Orient Express no se retrasa.
Atraviesa los países, mugiendo, resoplando unos minutos apenas en la triste
parada de las grandes estaciones –insensible a las bellezas naturales que pasan
a su lado o a las que molesta. Hay que resignarse incluso, con él, a la ida
como a la vuelta, a no ver nunca en la llanura donde discurre la Maritza, elevarse sobre la
colina de Andrinopla, el Gloria Deo de sus tres incomparables mezquitas.
Renunciamos al Orient Express.
Sobre
el mapa, un río colosal discurre desde los Alpes hasta el Mar Negro, circula
durante días a través de llanuras que se nos dicen casi desiertas y que siempre
inunda. Sobre el mapa, los trazos rojos de las vías férreas no se acercan a los
azules meandros salvo aquí o allá donde los atraviesan. Para asegurar sobre el
recorrido del Danubio el tráfico de viajeros y de mercancías, se han construido
grandes barcos blancos, con ruedas; descienden y remontan el río, durante el
verano diariamente, más raramente en invierno. A bordo la instalación resulta
muy confortable. La parte delantera constituida por una cala, donde dormitorio
y restaurante se juntan en uno, hace las veces de segunda clase, completado por
un fumadero y un puente descubierto, barrido por los terribles vientos. La
maquinaria separa de la primera clase. En esas exhalaciones fétidas de aceites
quemados se amontonan los campesinos con sus fardos inconcebibles: hombres
rústicos, vestidos a la manera ancestral, disfrutan de esta manera las
primicias de una civilización europea ornada a sus ojos de tantos alicientes
que les fascina y les trastornará. Veremos cambiar su modo de emperifollarse con
las fronteras –Austria, Hungría, Serbia, Bulgaria, Rumania.
Eso
variará de los bordados brillantes de la “Puszta” (llanura húngara) a los
oscuros y ásperos de Serbia, de las pieles blancas a las pieles negras, de las
lanas blancas guarnecidas de negro hasta esas otras de un moreno natural tal
como las que proporcionan los millares de manadas que pueblan los Balcanes. A
veces se ven hombres salvajes, cubiertos con pedazos de ropa mantenidos sobre el cuerpo por una
red de bramantes: el cotidiano desnudarse les resultaría penoso; ellos son los
que yacen con los corderos y los caballos bajo las estrellas, en la gris Puszta
o sobre el árido Balcan. La primera clase de nuestros grandes barcos está
bastante bien. Terciopelos rojos por todas partes, buen gusto, flores en las
mesas del fumador. Y sobre el muy amplio puente, agrupados, bancos
confortables, mecedoras, bajo una gran tienda protectora. Se come, se bebe a
buenos precios. El precio del trayecto, insignificante; por diez francos
pagamos un billete de estudiante, de Viena a Belgrado en segunda clase. Pero,
tan rico como un mendigo de España, difícilmente nos resignamos al inconfort de
proa. Cada vez que subiremos a un barco, contaremos esta sencilla historia el
hombre con galones que ejerce el mando: “Disculpe, capitán, la primera clase es
injuriosamente más chic que la segunda; nos parece que como estudiantes…” Y así
les parecerá también, a esos gentleman con galones, ya vienés, ya magiar, ya rumano.
¡Y así es como descendemos el Danubio por unos pocos francos, en mecedora bajo
una tienda protectora, y sobre los terciopelos del fumadero!”
Le Corbusier.
El viaje de Oriente.
Artes Gráficas Soler.
El viaje de Oriente.
Artes Gráficas Soler.
lunes, 5 de noviembre de 2018
domingo, 4 de noviembre de 2018
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
CADÁVERES DEL HOTEL MEMORIA
Algunas veces, los cadáveres desvanecidos en un hotel de
aquel lejano tiempo de cenizas atónitas retornan de su pudridero, desconcertados,
para reclamarne la liquidación de madrugadas perezosas y amaneceres renqueantes
por acantilados atronadores.
Ayer regresaron: lánguidos, grotescos, desmantelados e
inconcebibles. Mi voluntad, cocodrilo lóbrego, niña extraviada por los
polvorientos rumores que propaga la pólvora bastarda se llena de bandadas de
vocablos encapotados por pájaros taciturnos; frases de un mar precoz y
amenazante.
Ese paisaje de miradas acusadoras y días que nadie vivió es
el puente que nunca cruzo, siempre quebrado, siempre ciego, siempre plomizo, siempre
crónico, siempre atropellado, siempre esteril, siempre mudo, en las playas de
tu cama siempre en penumbra. Siempre entre la nada.
Baldomero
Dreira.
sábado, 3 de noviembre de 2018
OBITER DICTUM
"A pesar del importante papel que la guerra jugó en la construcción de los estados
europeos, los viejos estados nacionales de Europa casi nunca experimentaron la
gran desproporción entre la organización militar y el resto de formas de organización
que parecen destinados a soportar los estados satélite por todo el mundo
contemporáneo. Hace un siglo, los europeos deberían haberse felicitado por la
propagación de los gobiernos civiles por todo el mundo. En la actualidad, la
analogía entre la guerra y la construcción del estado, por un lado, y el crimen
organizado, por otro, se está convirtiendo en una trágica tendencia.”
Charles
Tilly
viernes, 2 de noviembre de 2018
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
Miro mi desnudez. Contemplo
la aparición de las heridas blancas.
Envuelto en sábanas mortales,
bebo en las aguas femeninas
la dulzura y la sombra.
Antonio
Gamoneda.
jueves, 1 de noviembre de 2018
martes, 30 de octubre de 2018
ALLÁ EN LAS INDIAS
LAMPUNAS Y CHONOS
“Saliendo,
pues, de la ciudad de Guayaquil para la mar en una marea o poco más, menguante,
se llega a la isla Lampuna, cuyo nombre corrompido llaman la Puna, cuyos indios
fueron belicosos mucho; comían carne humana; era bastantemente poblada. Produce
oro y mucha comida; toda su costa es abundantísima de pescado. Produce también
cantidad de sabandijas ponzoñosas, culebras, víboras y otros animales; por la
costa della, particular la que mira la tierra, se ven muchos caimanes; dista de
la tierra firme poco más de ocho leguas. Estos indios se comieron al primer
obispo que hobo en estos reynos, llamado Fray Vicente de Valverde, religioso de
nuestra sagrada Orden, con otros españoles; fue obispo de más tierra que ha
habido en el mundo, porque desde Panamá hasta Chile se prolongaba por mar y por
tierra su obispado. Era fama en aquella isla haber un tesoro riquísimo que los
indios tenían escondido; despachóle el Marqués Pizarro desde la ciudad de Los
Reyes con poca gente para que lo descubriese y sacase; los indios eran recién
conquistados; los cuales, recibiendo a nuestro obispo y a los que con él iban,
de paz, y sabiendo a lo que venían, los descuidaron, y descuidados dan en
ellos, mátanlos y cómenselos; por esto son afrentados de los indios comarcanos,
llamándoles perros Lampuna, come obispo. Estos indios son grandes marineros,
tienen balsas grandes de madera liviana, con las cuales navegan y se meten en
la mar a pescar muchas leguas; vienen a Guayaquil con ellas cargadas de
pescado, lizas, tollos, camarones, etc., y suben al desembarcadero que dejamos
dicho del rio de Guayaquil; cuando en este rio se encuentran estos indios con
los Chonos, se afrentan los unos a los otros; los Chonos dícenles; «¡ah!, perro
Lampuna, come obispo!» Los Lampunas: «¡ah!, perro Chono, cocotarro!»;
notándolos del vicio nefando; ésto vi y oí.”
Reginaldo
Lizárraga.
Descripción Colonial.
Descripción Colonial.
domingo, 28 de octubre de 2018
sábado, 27 de octubre de 2018
viernes, 26 de octubre de 2018
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
EN UN CAFÉ
He vuelto
ahora sin saber por qué
a estar triste
más triste que un tintero
Triste no soy
o si lo soy no sé
la maldita
razón porque no quiero
He vuelto
ahora sin saber por qué
a estar triste
en las calles de mi raza
He vuelto a
estar más triste que un quinqué
más triste que
una taza
Estoy sentado
ahora en un café
y mi alma late
late
de sed de no
sé qué
tal vez de
chocolate
No quiero esta
tristeza medular
que nos da un
golpe traidor en una tarde
Pide cerveza y
basta de pensar
El cerebro
está oscuro cuando arde.
Carlos Edmundo de Ory
miércoles, 24 de octubre de 2018
lunes, 22 de octubre de 2018
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
LA MUERTE DE MI PADRE
19
de junio de 1897
"Al
llegar a la casa veo a mamá en la calle. Grita:«¡Jules! ¡Oh,
Jules!». Oigo: «¿Por qué se ha encerrado con llave?». Parece una
loca. Un poco más nervioso que antes, trato de abrir la puerta.
Imposible. Llamo: no responde. No adivino nada. Imagino que se
encuentra mal, o que está en el jardín. Doy unos golpes con el
hombro, y la puerta cede.Humo y olor a pólvora. Grito:
--¡Oh!
¡Papá, papá! ¿Qué has hecho? ¡Oh, oh!
Y
sin embargo, aún no me lo creo: ha querido gastarnos una broma. Y no
creo en su rostro blanco, en su boca abierta, en esa mancha negra,
ahí, junto al corazón.
Borneau,
que volvía de Corgigny, y que entró el segundo en la habitación,
me dice:
--¡Hay
que perdonarle! Este hombre sufría demasiado.
¿Perdonar
qué? ¡Vaya idea! Al fin comprendo, pero no siento nada. Voy al
patio y le digo a Marinette, que ha levantado a mamá del suelo:
--¡Se
acabó! ¡Ven!
Entra,
tiesa, toda pálida, y mira de hurtadillas hacia la cama. Se ahoga.
Se suelta el corsé. Puede llorar. Refiriéndose a mi madre, dice:
--No
la dejéis entrar. Está como loca.
Me
quedó a solas con él. Está echado sobre la espalda, las piernas
extendidas, el busto inclinado, la cabeza caída, la boca y los ojos
abiertos. La escopeta entre las piernas y el bastón entre la cama y
la pared. Las manos, libres, dejaron caer la escopeta y el bastón.
Aún estaban calientes sobre la sábana, no crispadas. Un poco más
arriba de la cintura, una mancha negra, algo como una pequeña
hoguera apagada."
Jules
Renard.
Diario.
Penguin
Random House Grupo Editorial.
sábado, 20 de octubre de 2018
jueves, 18 de octubre de 2018
OBITER DICTUM
“Así se me quedó grabada esa, mi primera visión de
la burguesía durante la Revolución: las orejas, ocultas bajo los gorros, las
almas, ocultas tras los abrigos, las cabezas, ocultas en los cuellos, los ojos,
ocultos tras los cristales. Una enceguecedora – al encenderse la cerilla – visión
del pellejo.”
Marina Tsvietáieva
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