lunes, 5 de noviembre de 2018
domingo, 4 de noviembre de 2018
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
CADÁVERES DEL HOTEL MEMORIA
Algunas veces, los cadáveres desvanecidos en un hotel de
aquel lejano tiempo de cenizas atónitas retornan de su pudridero, desconcertados,
para reclamarne la liquidación de madrugadas perezosas y amaneceres renqueantes
por acantilados atronadores.
Ayer regresaron: lánguidos, grotescos, desmantelados e
inconcebibles. Mi voluntad, cocodrilo lóbrego, niña extraviada por los
polvorientos rumores que propaga la pólvora bastarda se llena de bandadas de
vocablos encapotados por pájaros taciturnos; frases de un mar precoz y
amenazante.
Ese paisaje de miradas acusadoras y días que nadie vivió es
el puente que nunca cruzo, siempre quebrado, siempre ciego, siempre plomizo, siempre
crónico, siempre atropellado, siempre esteril, siempre mudo, en las playas de
tu cama siempre en penumbra. Siempre entre la nada.
Baldomero
Dreira.
sábado, 3 de noviembre de 2018
OBITER DICTUM
"A pesar del importante papel que la guerra jugó en la construcción de los estados
europeos, los viejos estados nacionales de Europa casi nunca experimentaron la
gran desproporción entre la organización militar y el resto de formas de organización
que parecen destinados a soportar los estados satélite por todo el mundo
contemporáneo. Hace un siglo, los europeos deberían haberse felicitado por la
propagación de los gobiernos civiles por todo el mundo. En la actualidad, la
analogía entre la guerra y la construcción del estado, por un lado, y el crimen
organizado, por otro, se está convirtiendo en una trágica tendencia.”
Charles
Tilly
viernes, 2 de noviembre de 2018
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
Miro mi desnudez. Contemplo
la aparición de las heridas blancas.
Envuelto en sábanas mortales,
bebo en las aguas femeninas
la dulzura y la sombra.
Antonio
Gamoneda.
jueves, 1 de noviembre de 2018
martes, 30 de octubre de 2018
ALLÁ EN LAS INDIAS
LAMPUNAS Y CHONOS
“Saliendo,
pues, de la ciudad de Guayaquil para la mar en una marea o poco más, menguante,
se llega a la isla Lampuna, cuyo nombre corrompido llaman la Puna, cuyos indios
fueron belicosos mucho; comían carne humana; era bastantemente poblada. Produce
oro y mucha comida; toda su costa es abundantísima de pescado. Produce también
cantidad de sabandijas ponzoñosas, culebras, víboras y otros animales; por la
costa della, particular la que mira la tierra, se ven muchos caimanes; dista de
la tierra firme poco más de ocho leguas. Estos indios se comieron al primer
obispo que hobo en estos reynos, llamado Fray Vicente de Valverde, religioso de
nuestra sagrada Orden, con otros españoles; fue obispo de más tierra que ha
habido en el mundo, porque desde Panamá hasta Chile se prolongaba por mar y por
tierra su obispado. Era fama en aquella isla haber un tesoro riquísimo que los
indios tenían escondido; despachóle el Marqués Pizarro desde la ciudad de Los
Reyes con poca gente para que lo descubriese y sacase; los indios eran recién
conquistados; los cuales, recibiendo a nuestro obispo y a los que con él iban,
de paz, y sabiendo a lo que venían, los descuidaron, y descuidados dan en
ellos, mátanlos y cómenselos; por esto son afrentados de los indios comarcanos,
llamándoles perros Lampuna, come obispo. Estos indios son grandes marineros,
tienen balsas grandes de madera liviana, con las cuales navegan y se meten en
la mar a pescar muchas leguas; vienen a Guayaquil con ellas cargadas de
pescado, lizas, tollos, camarones, etc., y suben al desembarcadero que dejamos
dicho del rio de Guayaquil; cuando en este rio se encuentran estos indios con
los Chonos, se afrentan los unos a los otros; los Chonos dícenles; «¡ah!, perro
Lampuna, come obispo!» Los Lampunas: «¡ah!, perro Chono, cocotarro!»;
notándolos del vicio nefando; ésto vi y oí.”
Reginaldo
Lizárraga.
Descripción Colonial.
Descripción Colonial.
domingo, 28 de octubre de 2018
sábado, 27 de octubre de 2018
viernes, 26 de octubre de 2018
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
EN UN CAFÉ
He vuelto
ahora sin saber por qué
a estar triste
más triste que un tintero
Triste no soy
o si lo soy no sé
la maldita
razón porque no quiero
He vuelto
ahora sin saber por qué
a estar triste
en las calles de mi raza
He vuelto a
estar más triste que un quinqué
más triste que
una taza
Estoy sentado
ahora en un café
y mi alma late
late
de sed de no
sé qué
tal vez de
chocolate
No quiero esta
tristeza medular
que nos da un
golpe traidor en una tarde
Pide cerveza y
basta de pensar
El cerebro
está oscuro cuando arde.
Carlos Edmundo de Ory
miércoles, 24 de octubre de 2018
lunes, 22 de octubre de 2018
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
LA MUERTE DE MI PADRE
19
de junio de 1897
"Al
llegar a la casa veo a mamá en la calle. Grita:«¡Jules! ¡Oh,
Jules!». Oigo: «¿Por qué se ha encerrado con llave?». Parece una
loca. Un poco más nervioso que antes, trato de abrir la puerta.
Imposible. Llamo: no responde. No adivino nada. Imagino que se
encuentra mal, o que está en el jardín. Doy unos golpes con el
hombro, y la puerta cede.Humo y olor a pólvora. Grito:
--¡Oh!
¡Papá, papá! ¿Qué has hecho? ¡Oh, oh!
Y
sin embargo, aún no me lo creo: ha querido gastarnos una broma. Y no
creo en su rostro blanco, en su boca abierta, en esa mancha negra,
ahí, junto al corazón.
Borneau,
que volvía de Corgigny, y que entró el segundo en la habitación,
me dice:
--¡Hay
que perdonarle! Este hombre sufría demasiado.
¿Perdonar
qué? ¡Vaya idea! Al fin comprendo, pero no siento nada. Voy al
patio y le digo a Marinette, que ha levantado a mamá del suelo:
--¡Se
acabó! ¡Ven!
Entra,
tiesa, toda pálida, y mira de hurtadillas hacia la cama. Se ahoga.
Se suelta el corsé. Puede llorar. Refiriéndose a mi madre, dice:
--No
la dejéis entrar. Está como loca.
Me
quedó a solas con él. Está echado sobre la espalda, las piernas
extendidas, el busto inclinado, la cabeza caída, la boca y los ojos
abiertos. La escopeta entre las piernas y el bastón entre la cama y
la pared. Las manos, libres, dejaron caer la escopeta y el bastón.
Aún estaban calientes sobre la sábana, no crispadas. Un poco más
arriba de la cintura, una mancha negra, algo como una pequeña
hoguera apagada."
Jules
Renard.
Diario.
Penguin
Random House Grupo Editorial.
sábado, 20 de octubre de 2018
jueves, 18 de octubre de 2018
OBITER DICTUM
“Así se me quedó grabada esa, mi primera visión de
la burguesía durante la Revolución: las orejas, ocultas bajo los gorros, las
almas, ocultas tras los abrigos, las cabezas, ocultas en los cuellos, los ojos,
ocultos tras los cristales. Una enceguecedora – al encenderse la cerilla – visión
del pellejo.”
Marina Tsvietáieva
miércoles, 17 de octubre de 2018
martes, 16 de octubre de 2018
lunes, 15 de octubre de 2018
OBITER DICTUM
«El atrio enverjado del costado poniente dejaba ver un jardín
lateral con el mercado de flores, anexo sobre la calle de las Escalerillas.
Ramos de claveles, manojos de rosas recién abiertas, refrescadas con finas
gotas de agua que semejan el rocío; gardenias de carne blanca y aroma intenso,
violetas fragantes, amapolas como llamas, lirios de rojo y gualda o de azul
violáceo, begonias en macetas, tulipanes vistosos, pensamientos aterciopelados,
dalias cárdenas, crisantemos y azucenas; flora de todos los climas gracias a la
meseta sin estaciones y a la inexhausta fecundidad de la costa inmediata.»
José
Vasconcelos.
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
Han instalado
el cinematógrafo en cubierta. Pasan un film musical en colores. Están los
españoles de la orquesta, el borracho hablando de cummings y de su novia en
Teherán, creo que el de las llaves.
El cocinero
dijo: “el Adana pasará entre las ensalada y el postre”.
Se dijeron
adiós mientras tocaban el himno. Quedó el olor de los pasteles quemados.
Se me hizo
tarde.
Severo Sarduy.
domingo, 14 de octubre de 2018
viernes, 12 de octubre de 2018
OBITER DICTUM
Recordé el consejo que
me había dado el alcalde de Bruchsal, y en cuanto llegué a aquel pueblecito
busqué al Bürgermeister («burgomaestre»). Le encontré en el Gemeindeamt
(«oficina municipal»), donde redactó una nota. La presenté en la hostería: me
daba derecho a una cena y una jarra de cerveza, una cama para pasar la noche,
pan y un tazón de café por la mañana, todo ello a cuenta de la parroquia. Ahora
me parece asombroso, pero tal era el trato que me daban, y nunca lo hacían
rezongando; siempre era objeto de una bienvenida amistosa. No sé cuántas veces
me aproveché de esa costumbre generosa y, al parecer, muy antigua, que se
mantenía en Alemania y Austria, tal vez superviviente de una añeja prestación
caritativa de ayuda a estudiantes errantes y peregrinos, ahora extendida a
todos los viajeros pobres.
Patrick
Leigh Fermor.
jueves, 11 de octubre de 2018
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