miércoles, 17 de octubre de 2018
martes, 16 de octubre de 2018
lunes, 15 de octubre de 2018
OBITER DICTUM
«El atrio enverjado del costado poniente dejaba ver un jardín
lateral con el mercado de flores, anexo sobre la calle de las Escalerillas.
Ramos de claveles, manojos de rosas recién abiertas, refrescadas con finas
gotas de agua que semejan el rocío; gardenias de carne blanca y aroma intenso,
violetas fragantes, amapolas como llamas, lirios de rojo y gualda o de azul
violáceo, begonias en macetas, tulipanes vistosos, pensamientos aterciopelados,
dalias cárdenas, crisantemos y azucenas; flora de todos los climas gracias a la
meseta sin estaciones y a la inexhausta fecundidad de la costa inmediata.»
José
Vasconcelos.
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
Han instalado
el cinematógrafo en cubierta. Pasan un film musical en colores. Están los
españoles de la orquesta, el borracho hablando de cummings y de su novia en
Teherán, creo que el de las llaves.
El cocinero
dijo: “el Adana pasará entre las ensalada y el postre”.
Se dijeron
adiós mientras tocaban el himno. Quedó el olor de los pasteles quemados.
Se me hizo
tarde.
Severo Sarduy.
domingo, 14 de octubre de 2018
viernes, 12 de octubre de 2018
OBITER DICTUM
Recordé el consejo que
me había dado el alcalde de Bruchsal, y en cuanto llegué a aquel pueblecito
busqué al Bürgermeister («burgomaestre»). Le encontré en el Gemeindeamt
(«oficina municipal»), donde redactó una nota. La presenté en la hostería: me
daba derecho a una cena y una jarra de cerveza, una cama para pasar la noche,
pan y un tazón de café por la mañana, todo ello a cuenta de la parroquia. Ahora
me parece asombroso, pero tal era el trato que me daban, y nunca lo hacían
rezongando; siempre era objeto de una bienvenida amistosa. No sé cuántas veces
me aproveché de esa costumbre generosa y, al parecer, muy antigua, que se
mantenía en Alemania y Austria, tal vez superviviente de una añeja prestación
caritativa de ayuda a estudiantes errantes y peregrinos, ahora extendida a
todos los viajeros pobres.
Patrick
Leigh Fermor.
jueves, 11 de octubre de 2018
miércoles, 10 de octubre de 2018
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
AZULES PAPELILLOS
“Todas las noches contemplo en un extremo de la mesa
donde se juega más fuerte a un fantasma blanco e inmóvil. Es un jeque de Argel.
Pálido con una palidez de hostia, entre la blancura de sus tocas y la orla
nevada de su barba, el viejo jeque parece una figura de cera. Sus ojos brillan,
inmóviles, como si fuesen de vidrio, fijos en las manos del banquero. Esa
frialdad musulmana, desdeñosa y altiva, que permite a los árabes contemplar
impasibles las mayores grandezas de nuestra civilización, mantiene al venerable
moro inmóvil y sin pestañear. Pierde, pierde siempre, y su vida parece
concentrarse en sus manos, que se ocultan bajo las blancas vestiduras,
escarabajean en el sitio donde la Legión de Honor se marca como una gota de
sangre sobre el nítido albornoz, y vuelven a crujir, estrujando azules papelillos
que arrojan ante ellas.
¡Pobre jeque!... Veo praderas abrasadas
por el sol junto a un riachuelo africano casi seco. Los grupos de palmeras se
destacan en negro sobre el horizonte rojo y oro de la tarde. Los perros flacos
y lanudos ladran y corretean en torno de las tiendas; las mujeres, con el
rostro cubierto por un trapo blanco, van y vienen, llevando sobre su cabeza un
cántaro derecho o hunden sus brazos gordos y tostados en la harina amasada,
preparando el pan para el día siguiente y haciendo sonar a cada movimiento los
pesados brazaletes de cobre. Los pequeñuelos panzudos, de color de ladrillo,
con la cabeza rapada y un pincel de pelos en el cogote, corren persiguiendo a
los saltamontes. El jefe está ausente; el amo se fue, y una tristeza de orfandad
pesa sobre la tribu. El médico del inmediato puesto militar le recomendó unas
aguas maravillosas de la lejana Francia, país de maravillas, y allá vive el
gran jefe, mientras el campamento parece más solo, más triste. ¡Están lejos los
días en que los hombres de la tribu hacían galopar sus caballos y disparaban
sus fusiles en alborozada fantasía, para recibir al personaje de quepis rojo,
que en nombre del gobernador general de Argel colocó sobre el pecho del jefe la
cinta encarnada con la estrella de cinco puntas, motivo de envidia y respeto
para las demás tribus del contorno!...”
Vicente Blasco Ibáñez.
Oriente.
Sempere y Compañía Editores.
Oriente.
Sempere y Compañía Editores.
martes, 9 de octubre de 2018
lunes, 8 de octubre de 2018
domingo, 7 de octubre de 2018
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
το διπλανό tραπέζι
Θάναι μόλις είκοσι δυο ετών.
Κι όμως εγώ είμαι βέβαιος που, σχεδόν τα ίσα
χρόνια προτήτερα, το ίδιο σώμα αυτό το απήλαυσα.
Δεν είναι διόλου έξαψις ερωτισμού.
Και μοναχά προ ολίγου μπήκα στο καζίνο·
δεν είχα ούτε ώρα για να πιώ πολύ.
Το ίδιο σώμα εγώ το απήλαυσα.
Κι αν δεν θυμούμαι, πού — ένα ξέχασμά μου δεν σημαίνει.
A τώρα, να, που κάθησε στο διπλανό τραπέζι
γνωρίζω κάθε κίνησι που κάμνει — κι απ’ τα ρούχα κάτω
γυμνά τ’ αγαπημένα μέλη ξαναβλέπω.
Konstantino
Kavafis.
sábado, 6 de octubre de 2018
OBITER DICTUM
«Otro foco activo de antisemitismo es Rumania. Este país contiene igualmente
una fuerte minoría israelita. Las persecuciones han causado un éxodo. Una gran
parte de los inmigrantes que afluyen a Palestina proceden de Rumania. El número
de israelitas que quedan en Rumania se acerca, sin embargo, a 755,000. Como en
toda Europa, los hebreos componen en Rumania un estrato urbano. Y, en Rumania
como en otras naciones de Europa Oriental, la legislación y la administración
se inspiran principalmente en los intereses de las clases rurales. No por esto
los judíos son menos combatidos dentro de las ciudades, demasiado saturadas
naturalmente de sentimiento campesino. El nacionalismo y el conservantismo
rumanos no pueden perdonarles la adquisición del derecho de ciudadanía, el
acceso a las profesiones liberales. El odio antisemita monta su guardia en las
universidades. Se encarniza contra los estudiantes israelitas. Reclama la
adopción del Numerus Clausus, que consiste en la restricción al mínimo de la
admisión de israelitas en los estudios universitarios.»
José
Carlos Mariategui
jueves, 4 de octubre de 2018
martes, 2 de octubre de 2018
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
PEQUEÑO POEMA INFINITO
Equivocar el
camino
es llegar a la
nieve
y llegar a la
nieve
es pacer
durante veinte siglos las hierbas de los cementerios.
Equivocar el
camino
es llegar a la
mujer,
la mujer que
no teme la luz,
la mujer que
no mata dos gallos en un segundo
la luz que no
teme a los gallos
y los gallos
que no saben cantar sobre la nieve.
Pero si la
nieve se equivoca de corazón
puede llegar
el viento Austro
y como el aire
no hace caso de los gemidos
tendremos que
pacer otra vez las hierbas de los cementerios.
Yo vi dos
dolorosas espigas de cera
que enterraban
un paisaje de volcanes
y vi dos niños
locos que empujaban llorando las pupilas de un asesino.
Pero el dos no
ha sido nunca un número
porque es una
angustia y su sombra,
porque es la
guitarra donde el amor se desespera,
porque es la
demostración de otro infinito que no es suyo
y es las
murallas del muerto
y el castigo de
la nueva resurrección sin finales.
Los muertos
odian el número dos,
pero el número
dos adormece a las mujeres
y como la
mujer teme la luz
la luz tiembla
delante de los gallos
y los gallos
sólo saben volar sobre la nieve
tendremos que
pacer sin descanso las hierbas de los cementerios.
Federico García Lorca
domingo, 30 de septiembre de 2018
sábado, 29 de septiembre de 2018
OBITER DICTUM
«Triunfan aquellos que: saben cuándo luchar y cuándo
no. Saben discernir cuándo utilizar muchas o pocas tropas. Tienen tropas cuyos
rangos superiores e inferiores tienen el mismo objetivo. Se enfrentan con
preparativos a enemigos desprevenidos. Tienen generales competentes y no
limitados por sus gobiernos civiles.»
.
viernes, 28 de septiembre de 2018
ALLÁ EN LAS INDIAS
HUNAHPÚ E IXBALANQUÉ
“Habiendo sido prevenidos de
todos los sufrimientos que les querían imponer, no murieron de los tormentos de
Xibalbá, ni fueron vencidos por todos los animales feroces que había en
Xibalbá.
Mandaron llamar después a dos
adivinos que eran como profetas; llamábanse Xulú y Pacam y eran sabios, y les
dijeron:
—Se os preguntará por los Señores
de Xibalbá acerca de nuestra muerte, que están concertando y preparando por el
hecho de que no hemos muerto, ni nos han podido vencer, ni hemos perecido en
sus tormentos, ni nos han atacado los animales. Tenemos el presentimiento en
nuestro corazón de que usarán la hoguera para darnos muerte. Todos los de
Xibalbá se han reunido, pero la verdad es que no moriremos. He aquí, pues,
nuestras instrucciones sobre lo que debéis decir:
—Si os vinieren a consultar
acerca de nuestra muerte y que seamos sacrificados, ¿qué diréis entonces
vosotros, Xulú y Pacam? Si os dijeren: “ ¿No será bueno arrojar sus huesos en
el barranco?” “ ¡No conviene —diréis— porque resucitarán después! ” Si os
dijeren: “ ¿No será bueno que los colguemos de los árboles?” , contestaréis:
“De ninguna manera conviene, porque entonces también les volveréis a ver las
caras” . Y cuando por tercera vez os digan: “ ¿Será bueno que arrojemos sus
huesos al río?” , si así os fuere dicho por ellos: “Así conviene que mueran
—diréis—; luego conviene moler sus huesos en la piedra, como se muele la harina
de maíz; que cada uno sea molido [por separado]; en seguida arrojadlos al río,
allí donde brota la fuente, para que se vayan por todos los cerros pequeños y
grandes.” Así les responderéis cuando pongáis en práctica el plan que os hemos
aconsejado, dijeron Hunahpú e Ixbalanqué. Y cuando se despidieron de ellos, ya
tenían conocimiento de su muerte. Hicieron entonces una gran hoguera, una
especie de horno hicieron los de Xibalbá y lo llenaron de ramas gruesas.
Luego llegaron los mensajeros que
habían de acompañarlos, los mensajeros de Hun-Camé y de Vucub-Camé.
— ¡Que vengan! Id a buscar a los
muchachos, id allá para que sepan que los vamos a quemar.” Esto dijeron los
Señores, ¡oh muchachos!, exclamaron los mensajeros.
—Está bien, contestaron. Y
poniéndose rápidamente en camino, llegaron junto a la hoguera. Allí quisieron
obligarlos a divertirse con ellos.
— ¡Tomemos nuestra chicha y
volemos cuatro veces cada uno [encima de la hoguera], muchachos!, les fue dicho
por Hun-Camé.
—No tratéis de engañarnos,
contestaron. ¿Acaso no tenemos conocimiento de nuestra muerte, ¡oh Señores!, y
de que eso es lo que aquí nos espera? Y juntándose frente a frente, extendieron
ambos los brazos, se inclinaron hacia el suelo y se precipitaron en la hoguera,
y así murieron los dos juntos.
Todos los de Xibalbá se llenaron
de alegría y dando muchas voces y silbidos, exclamaban: — ¡Ahora sí los hemos
vencido! ¡Por fin se han entregado!
En seguida llamaron a Xulú y
Pacam, a quienes [los muchachos] habían dejado advertidos, y les preguntaron
qué debían hacer con sus huesos, tal como ellos les habían pronosticado. Los de
Xibalbá molieron entonces sus huesos y fueron a arrojarlos al río. Pero éstos
no fueron muy lejos, pues asentándose al punto en el fondo del agua, se
convirtieron en hermosos muchachos. Y cuando de nuevo se manifestaron, tenían
en verdad sus mismas caras.”
Popol Vuh
jueves, 27 de septiembre de 2018
lunes, 24 de septiembre de 2018
domingo, 23 de septiembre de 2018
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EN LA CARRETERA DEL DELTA
“Poco después del amanecer salimos por
la carretera del Delta hacia El Cairo, con la esperanza de que fuera más
accesible que la del desierto. Aparte de un largo convoy de camiones militares,
la encontramos medio desierta. Al parecer, en medio de la confusión general
nadie se había acordado de la carretera del Delta. Ahora, sólo disponíamos de
un coche, y Buckley, Hill y yo íbamos subidos al techo, como extraños pájaros
posados en un tejado. Hacía fresco y soplaba una brisa matinal, y el largo
camino discurría por entre bosquecillos y campos llenos de colorido. Cruzábamos
muchos canales, donde las barcazas algodoneras flotaban aun pacíficamente.
Incluso en las lejanas aldeas, la gente había comprendido que nos encontrábamos
en una fase dramática de la guerra, porque los alemanes estaban radiando en
árabe que pensaban llegar a Alejandría al día siguiente, y habían tenido el mal
gusto de decir que «las damas de Alejandría deberían ponerse sus vestidos de
noche». A pesar de esto, la gente de los campos corría a la carretera a
vitorearnos al pasar, aunque me figuro que los aldeanos vitorean
automáticamente siempre que pasa por sus calles alguna procesión poco
corriente. Pero aquellos eran amigos, no cabía la menor duda: los niños nos
hacían el signo de la victoria, con el dedo gordo hacia arriba, y nosotros
también a ellos.”
Alan
Moorehead.
Trilogía africana.
Inédita Editores.
Trilogía africana.
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