viernes, 24 de agosto de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






LA CRUELDAD DE LA VIDA

Al final de la vida llega un momento en que todo, todo lo que uno ha experimentado durante tantos años, todo lo que esperaba, todo en lo que confiaba, de repente queda sin perspectiva ni sentido. Tal es la fase que me toca vivir ahora. Estar cada día junto a esta mujer maravillosa, amada y noble, que conocía mi vida desde la otra orilla, desde el lado personal, y presenciar su declive lento y silencioso: no esperar nada, no oponerse al dolor, aceptar la impotencia, conducir a la mujer más querida hacia la salida de la vida, tambaleándome en esta oscuridad permanente. Y no sé cómo será, pero ya no le doy más vueltas, me limito a continuar día a día y noche a noche mi camino por los infiernos. Tal vez existan los milagros (digo «tal vez» porque en el universo todo lo que el hombre piensa y espera es posible), pero la cruel realidad en sí ya se manifiesta como un milagro, un milagro infame. Llega el tiempo en que uno ya no espera respuestas, no discute con el destino, lo abraza. Hay que aceptar el destino. No existe otro modo de soportar la crueldad de la vida.

Sándor Márai.
Diarios 1984-89.
Editorial Salamandra.

martes, 21 de agosto de 2018

ALLÁ EN LAS INDIAS



LA DERROTA, EL DOLOR Y LA ESPERANZA


«Esta es la memoria de las cosas que sucedieron y que hicieron. Ya todo pasó. Ellos hablan con sus propias palabras y así acaso no todo se entienda en su significado; pero, derechamente, tal como pasó todo, así está escrito. Ya será otra vez muy bien explicado todo. Y tal vez no será malo. No es malo todo cuanto está escrito. No mucho hay escrito a cuenta de sus traiciones y de sus alianzas. Así el pueblo de los divinos Itzáes, así los de la gran Itzmal, los de la gran Aké, los de la gran Uxmal, así los de la gran Ichcaansihó. Así los nombrados Couoh también. Verdaderamente muchos eran sus “Verdaderos Hombres” . No para vender traiciones gustaban de unirse unos con otros; pero no está a la vista todo lo que hay dentro de esto, ni cuánto ha de ser explicado. Los que lo saben vienen del gran linaje de nosotros, los hombres mayas. Esos sabrán el significado de lo que hay aquí cuando lo lean. Y entonces lo verán y entonces lo explicarán y entonces serán claros los oscuros signos del Katún. Porque ellos son los sacerdotes. Los sacerdotes se acabaron, pero no se acabó su nombre, antiguo como ellos. Solamente por el tiempo loco, por los locos sacerdotes, fue que entró a nosotros la tristeza, que entró a nosotros el “Cristianismo” . Porque los “muy cristianos” llegaron aquí con el verdadero Dios; pero ese fue el principio de la miseria nuestra, el principio del tributo, el principio de la “limosna” , la causa de que saliera la discordia oculta, el principio de las peleas con armas de fuego, el principio de los atropellos, el principio de los despojos de todo, el principio de la esclavitud por las deudas, el principio de las deudas pegadas a las espaldas, el principio de la continua reyerta, el principio del padecimiento. Fue el principio de la obra de los españoles y de los “padres”, el principio de usarse los caciques, los maestros de escuela y los fiscales. ¡Que porque eran niños pequeños los muchachos de los pueblos, y mientras, se les martirizaba! ¡Infelices los pobrecitos! Los pobrecitos no protestaban contra el que a su sabor los esclavizaba, el Anticristo sobre la tierra, tigre de los pueblos, gato montés de los pueblos, chupador del pobre indio. Pero llegará el día en que lleguen hasta Dios las lágrimas de sus ojos y baje la justicia de Dios de un golpe sobre el mundo. ¡Verdaderamente es la voluntad de Dios que regresen Ah-Kantenal e Ix-Pucyolá, para roerlos de la superficie de la tierra!»


Juan José Hoil. 
Chilam Balam de Chumayel.

viernes, 17 de agosto de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






       INQUIETUD


¿Dónde se guarda la estrella mía,
mi cristal de amor?

La noche me niega su torso de aurora
y vamos extrañas, desprendidas,
sin coincidir jamás.

¿Para qué, si a nada le soy amor
soy yo amor en lo desconocido mío?

Y esta ternura que ciñe mis hombros,
que entolda el oro de mi corazón,
¿Para qué, si estoy buscando el agua
y sólo conozco el eco de la fuente?


                                                Carmen Conde.

jueves, 16 de agosto de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



 ATENAS Y EL FENICIO


«Tan lleno de confianza en sus dotes accedió a la cátedra de retórica de Atenas, que le sirvió de proemio de sus palabras ante ellos no la sabiduría de los atenienses, sino la suya propia, pues comenzó del siguiente modo: «De nuevo llegan letras desde Fenicia ». Proemio tal era propio de quien respiraba superioridad sobre los atenienses y les otorgaba un bien mayor del que recibía. Desempeñaba sus funciones en la cátedra de Atenas con relumbrante boato, vestía ropajes costosísimos y llevaba sobre sí maravillosas piedras preciosas, acudía a sus clases en un carruaje provisto de frenos de plata y, tras impartirlas, volvía a su morada suscitando envidia con su séquito de estudiantes de retórica procedentes de todas partes, que lo veneraban ya, como las gentes de Eleusis al hierofante cuando oficia los ritos más solemnes. Los atraía con diversiones, reuniones en que ofrecía vino, partidas de caza y asistiendo, en su compañía, a las fiestas helénicas. Se comportaba, en cualquier ocasión, lo mismo que los jóvenes, por lo que se sentían ante él como hijos delante de un padre bondadoso y afable, y llevaba el paso con ellos en las danzas griegas. Yo sé bien que algunos de estos lloran cuando lo recuerdan y que imitan el tono de su voz, su modo de andar, la distinción de su atuendo.»



Adriano, el fenicio.



Filóstrato de Atenas.

Vidas de los sofistas.

Editorial Gredos.





lunes, 13 de agosto de 2018

OBITER DICTUM






«Las noticias de los periódicos son harto confusas, pero a través de este caos presiento el triunfo del Gobierno Federal. El general Obregón está llamado a grandes cosas en América. Su valor, su ánimo sereno, su conocimiento del tablero militar, su intuitiva estrategia, y su buena estrella de predestinado, le aseguran el triunfo. A más que la revolución de México es la revolución latente en toda la América Latina. Una revolución por·la independencia, que no puede reducirse a un cambio de visorreyes, sino a la superación cultural de la raza india, a la plenitud de sus derechos, y a la expulsión de judíos y moriscos gachupines. Mejor, claro está, sería el degüello.»


Ramón María del Valle-Inclán.

jueves, 9 de agosto de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




A GUANTAZOS


“Recuerdo, de mi época de médico rural en Sussex, un día en que fui a hacer un reconocimiento por cuestiones relacionadas con el seguro. Era un labriego de espíritu deportivo y jovial. Era sábado, y disfruté de su hospitalidad hasta el lunes. Después del desayuno, se acercaron por la casa varios vecinos, uno de ellos un joven atlético, aficionado al boxeo. La conversación pronto derivó sobre este deporte, al que yo era también aficionado. Lo que ocurrió después es fácil de adivinar. Se mandó a buscar dos pares de guantes en el fondo de un arca, y unos minutos después estábamos peleando, suave al principio pero soltando el brazo según nos calentábamos. Pronto quedó patente que no había sitio dentro de la casa para dos pesos pesados, por lo que decidimos pasar a la hierba. La carretera pasaba al final, separada por una tapia suficientemente baja para que los lugareños se sentaran sobre ella  para disfrutar del espectáculo. Disputamos varios asaltos muy reñidos, sin ventaja final para ninguno. Pero aquella pelea quedará grabada en mi recuerdo por el entorno tan típico en que se desarrolló.”


Arthur Conan Doyle. 
Memorias y aventuras. 
Valdemar.

domingo, 5 de agosto de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






Naixença
Infància
Adolescència
Joventut
Virilitat
Edat madura
Vellesa
Mort
I...


               Joan Brossa

miércoles, 1 de agosto de 2018

OBITER DICTUM






«Las plantas superiores del museo celebraban el bolchevismo con una colección que ya era historia en sí misma. Era como recorrer la iglesia de una religión muerta: maquetas doradas a tamaño natural de episodios históricos canonizados y vitrinas con cartas facsímiles y documentos, todo cuidadosamente expuesto como si fueran originales. Pero en realidad allí no había nada: sólo el recuerdo de la propaganda. Los bustos de sus dioses y santos proletarios parecían mirar desde siglos atrás. Pronto se los llevarían de allí.»


Colin Thubron

viernes, 27 de julio de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EN ABU DHABI

            “Media hora después salió un árabe de barba canosa, nos hizo unas cuantas preguntas y volvió a entrar en el castillo. Apareció de nuevo un poco más tarde y nos invitó a entrar. Nos condujo por unas escaleras hasta una pequeña habitación alfombrada donde estaban sentados Shakhbut, el gobernante de Abu Dhabi, y sus hermanos Hiza y Khalid. Vestían al estilo saudí, largas túnicas blancas, capas bordadas en oro y turbantes blancos que caían alrededor de sus rostros y se sujetaban con cordones de lana negros. La daga de Shakhbut llevaba ornamentos de oro. Se levantaron al entrar nosotros, y una vez les hubimos saludado y estrechado las manos, Shakhbut nos invitó a tomar asiento. Era un hombre de tez pálida y complexión ligera, rasgos menudos y regulares, una barba negra cuidadosamente recortada y grandes ojos oscuros. Se mostró cortés, casi amistoso, pero distante. Hablaba con suavidad, se movía despacio y con deliberación y parecía imponer una rígida contención a un temperamento excitable por naturaleza. Supuse que desconfiaba de todos los hombres, y razones no le faltaban, ya que de los catorce gobernantes anteriores de Abu Dhabi sólo dos habían muerto en el poder. Ocho habían sido asesinados y a cuatro los habían apartado del poder rebeliones instigadas por sus familias. Hiza era muy diferente a Shakhbut. Era grande y jovial, con una tupida barba negra que le cubría la mitad del pecho, mientras que Khalid se hacía notar sobre todo por un diente incisivo suelto que se hurgaba con la lengua.
         Shakhbut pidió café, que trajo un asistente vestido con una camisa de color azafrán. Cuando lo hubimos tomado acompañado de unos dátiles, se interesó por nuestro viaje. Más tarde mencioné que había estado en los alrededores de Liwa el año anterior, al oír lo cual Hiza comentó:
         --Algunos awamir trajeron el rumor de que había estado allí un cristiano, pero no les creímos. No podíamos creer que un europeo hubiera podido ir y venir sin ser visto. Las noticias de los bedu, como bien sabes, no siempre son de fiar. Pensamos que debían de referirse a Thomas, que atravesó las Arenas hace dieciséis años.
         Shakhbut habló a continuación sobre la guerra en Palestina y terminó con una diatriba contra los judíos. Bin Kabina estaba claramente perplejo y me susurró:
         --¿Quiénes son los judíos? ¿Son árabes?
         Mas tarde los jeques nos escoltaron a una enorme y destartalada casa cerca del mercado. Subimos por una desvencijada escalera hasta una habitación desnuda, alfombrada justo para nuestra llegada. Shakhbut ordenó a dos de sus asistentes que nos atendieran, y añadió que nos dejaba ahora porque debíamos de estar cansados, pero que volvería a vernos por la mañana. Cuando le preguntamos por nuestros camellos dijo que los llevarían al desierto, donde había pasto, y los volverían a traer cuando los necesitáramos; pero eso, añadió, no sucedería hasta dentro de muchos días, porque veníamos de muy lejos ya ahora debíamos descansar allí cómodamente. Me sonrió y dijo:
         --Éste es tu hogar mientras estés entre nosotros.
         Cuando oscureció, aparecieron unos criados que traían una gran bandeja repleta de arroz y cordero, y muchos platos pequeños llenos de dátiles y varias clases de dulces. Cuando terminamos de comer se sentaron entre nosotros con despreocupada informalidad y conversamos. En Arabia los criados de la casa cuentan como parte de la familia. No hay distinción social entre ellos y sus señores.
         Comerciantes del mercado y bedu que estaban de visita en la ciudad vinieron a oír nuestras noticias. Un quinqué humeaba a través de un cristal roto, pero daba un poco de luz. Era una atmósfera acogedora y muy amistosa, resultaba francamente agradable sentir que por un tiempo no nos impedía la necesidad de viajar, que podíamos comer y dormir a voluntad. Me pregunté por qué la gente llenaba siempre sus habitaciones de muebles, pues esta desnuda simplicidad me parecía infinitamente preferible.”

Wilfred Thesiger. 
Arenas de Arabia
Ediciones Península.

lunes, 23 de julio de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






POEMAS DO FARO


   Hai un faro
   Petando n-as trebas
c´un matinar sonámbulo
tres lóstregos
          Silenzo.

   Hai un faro
   Por antre a noite morta
fai ronseles n-o mar
que naufragan decote
              Silenzo.

   Hai un faro
   E agarda pol-o ninguén
que adiviñe a chamada
do irremediabel solagado lonxe.

   Hai un faro
          Alén.


                                    Manuel Antonio