lunes, 13 de agosto de 2018

OBITER DICTUM






«Las noticias de los periódicos son harto confusas, pero a través de este caos presiento el triunfo del Gobierno Federal. El general Obregón está llamado a grandes cosas en América. Su valor, su ánimo sereno, su conocimiento del tablero militar, su intuitiva estrategia, y su buena estrella de predestinado, le aseguran el triunfo. A más que la revolución de México es la revolución latente en toda la América Latina. Una revolución por·la independencia, que no puede reducirse a un cambio de visorreyes, sino a la superación cultural de la raza india, a la plenitud de sus derechos, y a la expulsión de judíos y moriscos gachupines. Mejor, claro está, sería el degüello.»


Ramón María del Valle-Inclán.

jueves, 9 de agosto de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




A GUANTAZOS


“Recuerdo, de mi época de médico rural en Sussex, un día en que fui a hacer un reconocimiento por cuestiones relacionadas con el seguro. Era un labriego de espíritu deportivo y jovial. Era sábado, y disfruté de su hospitalidad hasta el lunes. Después del desayuno, se acercaron por la casa varios vecinos, uno de ellos un joven atlético, aficionado al boxeo. La conversación pronto derivó sobre este deporte, al que yo era también aficionado. Lo que ocurrió después es fácil de adivinar. Se mandó a buscar dos pares de guantes en el fondo de un arca, y unos minutos después estábamos peleando, suave al principio pero soltando el brazo según nos calentábamos. Pronto quedó patente que no había sitio dentro de la casa para dos pesos pesados, por lo que decidimos pasar a la hierba. La carretera pasaba al final, separada por una tapia suficientemente baja para que los lugareños se sentaran sobre ella  para disfrutar del espectáculo. Disputamos varios asaltos muy reñidos, sin ventaja final para ninguno. Pero aquella pelea quedará grabada en mi recuerdo por el entorno tan típico en que se desarrolló.”


Arthur Conan Doyle. 
Memorias y aventuras. 
Valdemar.

domingo, 5 de agosto de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






Naixença
Infància
Adolescència
Joventut
Virilitat
Edat madura
Vellesa
Mort
I...


               Joan Brossa

miércoles, 1 de agosto de 2018

OBITER DICTUM






«Las plantas superiores del museo celebraban el bolchevismo con una colección que ya era historia en sí misma. Era como recorrer la iglesia de una religión muerta: maquetas doradas a tamaño natural de episodios históricos canonizados y vitrinas con cartas facsímiles y documentos, todo cuidadosamente expuesto como si fueran originales. Pero en realidad allí no había nada: sólo el recuerdo de la propaganda. Los bustos de sus dioses y santos proletarios parecían mirar desde siglos atrás. Pronto se los llevarían de allí.»


Colin Thubron

viernes, 27 de julio de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EN ABU DHABI

            “Media hora después salió un árabe de barba canosa, nos hizo unas cuantas preguntas y volvió a entrar en el castillo. Apareció de nuevo un poco más tarde y nos invitó a entrar. Nos condujo por unas escaleras hasta una pequeña habitación alfombrada donde estaban sentados Shakhbut, el gobernante de Abu Dhabi, y sus hermanos Hiza y Khalid. Vestían al estilo saudí, largas túnicas blancas, capas bordadas en oro y turbantes blancos que caían alrededor de sus rostros y se sujetaban con cordones de lana negros. La daga de Shakhbut llevaba ornamentos de oro. Se levantaron al entrar nosotros, y una vez les hubimos saludado y estrechado las manos, Shakhbut nos invitó a tomar asiento. Era un hombre de tez pálida y complexión ligera, rasgos menudos y regulares, una barba negra cuidadosamente recortada y grandes ojos oscuros. Se mostró cortés, casi amistoso, pero distante. Hablaba con suavidad, se movía despacio y con deliberación y parecía imponer una rígida contención a un temperamento excitable por naturaleza. Supuse que desconfiaba de todos los hombres, y razones no le faltaban, ya que de los catorce gobernantes anteriores de Abu Dhabi sólo dos habían muerto en el poder. Ocho habían sido asesinados y a cuatro los habían apartado del poder rebeliones instigadas por sus familias. Hiza era muy diferente a Shakhbut. Era grande y jovial, con una tupida barba negra que le cubría la mitad del pecho, mientras que Khalid se hacía notar sobre todo por un diente incisivo suelto que se hurgaba con la lengua.
         Shakhbut pidió café, que trajo un asistente vestido con una camisa de color azafrán. Cuando lo hubimos tomado acompañado de unos dátiles, se interesó por nuestro viaje. Más tarde mencioné que había estado en los alrededores de Liwa el año anterior, al oír lo cual Hiza comentó:
         --Algunos awamir trajeron el rumor de que había estado allí un cristiano, pero no les creímos. No podíamos creer que un europeo hubiera podido ir y venir sin ser visto. Las noticias de los bedu, como bien sabes, no siempre son de fiar. Pensamos que debían de referirse a Thomas, que atravesó las Arenas hace dieciséis años.
         Shakhbut habló a continuación sobre la guerra en Palestina y terminó con una diatriba contra los judíos. Bin Kabina estaba claramente perplejo y me susurró:
         --¿Quiénes son los judíos? ¿Son árabes?
         Mas tarde los jeques nos escoltaron a una enorme y destartalada casa cerca del mercado. Subimos por una desvencijada escalera hasta una habitación desnuda, alfombrada justo para nuestra llegada. Shakhbut ordenó a dos de sus asistentes que nos atendieran, y añadió que nos dejaba ahora porque debíamos de estar cansados, pero que volvería a vernos por la mañana. Cuando le preguntamos por nuestros camellos dijo que los llevarían al desierto, donde había pasto, y los volverían a traer cuando los necesitáramos; pero eso, añadió, no sucedería hasta dentro de muchos días, porque veníamos de muy lejos ya ahora debíamos descansar allí cómodamente. Me sonrió y dijo:
         --Éste es tu hogar mientras estés entre nosotros.
         Cuando oscureció, aparecieron unos criados que traían una gran bandeja repleta de arroz y cordero, y muchos platos pequeños llenos de dátiles y varias clases de dulces. Cuando terminamos de comer se sentaron entre nosotros con despreocupada informalidad y conversamos. En Arabia los criados de la casa cuentan como parte de la familia. No hay distinción social entre ellos y sus señores.
         Comerciantes del mercado y bedu que estaban de visita en la ciudad vinieron a oír nuestras noticias. Un quinqué humeaba a través de un cristal roto, pero daba un poco de luz. Era una atmósfera acogedora y muy amistosa, resultaba francamente agradable sentir que por un tiempo no nos impedía la necesidad de viajar, que podíamos comer y dormir a voluntad. Me pregunté por qué la gente llenaba siempre sus habitaciones de muebles, pues esta desnuda simplicidad me parecía infinitamente preferible.”

Wilfred Thesiger. 
Arenas de Arabia
Ediciones Península.

lunes, 23 de julio de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






POEMAS DO FARO


   Hai un faro
   Petando n-as trebas
c´un matinar sonámbulo
tres lóstregos
          Silenzo.

   Hai un faro
   Por antre a noite morta
fai ronseles n-o mar
que naufragan decote
              Silenzo.

   Hai un faro
   E agarda pol-o ninguén
que adiviñe a chamada
do irremediabel solagado lonxe.

   Hai un faro
          Alén.


                                    Manuel Antonio

viernes, 20 de julio de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EL CANTO DE UN MOSQUITO

       Como andaluza criada entre patios de cal y jardines, mi madre cultivaba las flores, sabía del injerto y la poda de los rosales, conocía las leyendas mil veces reinventadas de los narcisos, las pasionarias, las anémonas, las siemprevivas...; recordaba por centenares los nombres de las florecillas silvestres, que ella me enseñaba en la práctica cuando los domingos salíamos al campo: la flor del candil, los zapatitos de la Virgen, varitas de San José, rabos de zorra, la palabra del hombre...; le gustaba, durante las noches de agosto, adormecerse junto a los jazmineros y en compañía del canto de un mosquito, gusto éste para mí incomprensible, pero que he comprobado luego en otros andaluces. Era, por todo esto, una mujer rara y delicada, que tanto como a sus santos y sus vírgenes amaba las plantas y las fuentes, las canciones de Schubert, que tocaba al piano, las coplas y romances del sur, que a mí solo me trasmitía quizá por ser el único de la casa que le atrayeran sus cultos y aficiones.


Rafael Alberti. 
La arboleda perdida. 
Alianza Editorial.

miércoles, 18 de julio de 2018

OBITER DICTUM






A las siete el cielo está teñido de oro y rosa, pero apenas salimos hacia Rocca, llegan los nubarrones desde el Campidoglio: relámpagos, truenos, lluvia torrencial. Estoy asustado, me preocupa tener que conducir, pero doy un trago a la botella de whisky y me siento mejor. Me falta la risa de la vida, me digo al volver del estanco. Entonces pienso en la oración: «Prepáranos para la aventura, pero no nos ahorres los peligros.»


John Cheever

domingo, 15 de julio de 2018

ALLÁ EN LA INDIAS




EL ORO


«A seis de febrero, lloviendo, embié setenta hombres la tierra adentro y a las cinco leguas fallaron muchas minas. Los indios que iban con ellos, los llevaron en un cerro muy alto y de allí les mostraron hazia toda parte cuanto los ojos alcançavan, diziendo que en todo cabo avía minas de oro y que hazia el Poniente hazían veinte jornadas, y anombravan las villas y lugares y a donde avía de ello más o menos. Después supe yo que el Quivía, que avía dado estos indios, les avía mandado que fueren a mostrar las minas lexos y de otro Quivía, su contrario, y que adentro de su pueblo coxían, cuando él quería, un hombre en diez días una almozada de oro. Los indios, sus criados y testigos desto traigo conmigo. A donde él tiene el pueblo, llegan las barcas. El vulgo es que el oro se engendra en tierras estériles y a donde el sol tenga fuerza. En la Española y en Veragua se ha hallado la mayor cantidad en el monte, adonde son los árboles gordos como toneles y espesos, nacidos desque Dios crió el primer hombre. Y adonde el sol no llega a la tierra, por la sombra, allí se ha fallado grano en la Española de setenta marcos, como vuestras altezas bien saben.»


Cristobal Colón. 
Segundo viaje.