miércoles, 15 de agosto de 2018
lunes, 13 de agosto de 2018
OBITER DICTUM
«Las noticias de los periódicos son harto confusas,
pero a través de este caos presiento el triunfo del Gobierno Federal. El
general Obregón está llamado a grandes cosas en América. Su valor, su ánimo
sereno, su conocimiento del tablero militar, su intuitiva estrategia, y su
buena estrella de predestinado, le aseguran el triunfo. A más que la revolución
de México es la revolución latente en toda la América Latina. Una revolución
por·la independencia, que no puede reducirse a un cambio de visorreyes, sino a
la superación cultural de la raza india, a la plenitud de sus derechos, y a la
expulsión de judíos y moriscos gachupines. Mejor, claro está, sería el
degüello.»
Ramón María del Valle-Inclán.
sábado, 11 de agosto de 2018
jueves, 9 de agosto de 2018
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
A GUANTAZOS
“Recuerdo, de mi época de médico rural en Sussex,
un día en que fui a hacer un reconocimiento por cuestiones relacionadas con el
seguro. Era un labriego de espíritu deportivo y jovial. Era sábado, y disfruté
de su hospitalidad hasta el lunes. Después del desayuno, se acercaron por la
casa varios vecinos, uno de ellos un joven atlético, aficionado al boxeo. La
conversación pronto derivó sobre este deporte, al que yo era también aficionado.
Lo que ocurrió después es fácil de adivinar. Se mandó a buscar dos pares de
guantes en el fondo de un arca, y unos minutos después estábamos peleando,
suave al principio pero soltando el brazo según nos calentábamos. Pronto quedó
patente que no había sitio dentro de la casa para dos pesos pesados, por lo que
decidimos pasar a la hierba. La carretera pasaba al final, separada por una
tapia suficientemente baja para que los lugareños se sentaran sobre ella para disfrutar del espectáculo. Disputamos
varios asaltos muy reñidos, sin ventaja final para ninguno. Pero aquella pelea
quedará grabada en mi recuerdo por el entorno tan típico en que se desarrolló.”
Arthur Conan Doyle.
Memorias y aventuras.
Valdemar.
Memorias y aventuras.
Valdemar.
martes, 7 de agosto de 2018
domingo, 5 de agosto de 2018
viernes, 3 de agosto de 2018
miércoles, 1 de agosto de 2018
OBITER DICTUM
«Las plantas superiores del museo celebraban
el bolchevismo con una colección que ya era historia en sí misma. Era como
recorrer la iglesia de una religión muerta: maquetas doradas a tamaño natural
de episodios históricos canonizados y vitrinas con cartas facsímiles y
documentos, todo cuidadosamente expuesto como si fueran originales. Pero en
realidad allí no había nada: sólo el recuerdo de la propaganda. Los bustos de
sus dioses y santos proletarios parecían mirar desde siglos atrás. Pronto se
los llevarían de allí.»
Colin Thubron
domingo, 29 de julio de 2018
sábado, 28 de julio de 2018
viernes, 27 de julio de 2018
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EN ABU DHABI
“Media hora después salió un árabe de
barba canosa, nos hizo unas cuantas preguntas y volvió a entrar en el castillo.
Apareció de nuevo un poco más tarde y nos invitó a entrar. Nos condujo por unas
escaleras hasta una pequeña habitación alfombrada donde estaban sentados
Shakhbut, el gobernante de Abu Dhabi, y sus hermanos Hiza y Khalid. Vestían al
estilo saudí, largas túnicas blancas, capas bordadas en oro y turbantes blancos
que caían alrededor de sus rostros y se sujetaban con cordones de lana negros.
La daga de Shakhbut llevaba ornamentos de oro. Se levantaron al entrar
nosotros, y una vez les hubimos saludado y estrechado las manos, Shakhbut nos
invitó a tomar asiento. Era un hombre de tez pálida y complexión ligera, rasgos
menudos y regulares, una barba negra cuidadosamente recortada y grandes ojos
oscuros. Se mostró cortés, casi amistoso, pero distante. Hablaba con suavidad,
se movía despacio y con deliberación y parecía imponer una rígida contención a
un temperamento excitable por naturaleza. Supuse que desconfiaba de todos los
hombres, y razones no le faltaban, ya que de los catorce gobernantes anteriores
de Abu Dhabi sólo dos habían muerto en el poder. Ocho habían sido asesinados y
a cuatro los habían apartado del poder rebeliones instigadas por sus familias.
Hiza era muy diferente a Shakhbut. Era grande y jovial, con una tupida barba
negra que le cubría la mitad del pecho, mientras que Khalid se hacía notar
sobre todo por un diente incisivo suelto que se hurgaba con la lengua.
Shakhbut
pidió café, que trajo un asistente vestido con una camisa de color azafrán.
Cuando lo hubimos tomado acompañado de unos dátiles, se interesó por nuestro
viaje. Más tarde mencioné que había estado en los alrededores de Liwa el año
anterior, al oír lo cual Hiza comentó:
--Algunos
awamir trajeron el rumor de que había estado allí un cristiano, pero no les
creímos. No podíamos creer que un europeo hubiera podido ir y venir sin ser
visto. Las noticias de los bedu, como bien sabes, no siempre son de fiar.
Pensamos que debían de referirse a Thomas, que atravesó las Arenas hace
dieciséis años.
Shakhbut
habló a continuación sobre la guerra en Palestina y terminó con una diatriba
contra los judíos. Bin Kabina estaba claramente perplejo y me susurró:
--¿Quiénes
son los judíos? ¿Son árabes?
Mas
tarde los jeques nos escoltaron a una enorme y destartalada casa cerca del
mercado. Subimos por una desvencijada escalera hasta una habitación desnuda,
alfombrada justo para nuestra llegada. Shakhbut ordenó a dos de sus asistentes
que nos atendieran, y añadió que nos dejaba ahora porque debíamos de estar
cansados, pero que volvería a vernos por la mañana. Cuando le preguntamos por
nuestros camellos dijo que los llevarían al desierto, donde había pasto, y los
volverían a traer cuando los necesitáramos; pero eso, añadió, no sucedería
hasta dentro de muchos días, porque veníamos de muy lejos ya ahora debíamos
descansar allí cómodamente. Me sonrió y dijo:
--Éste
es tu hogar mientras estés entre nosotros.
Cuando
oscureció, aparecieron unos criados que traían una gran bandeja repleta de
arroz y cordero, y muchos platos pequeños llenos de dátiles y varias clases de
dulces. Cuando terminamos de comer se sentaron entre nosotros con despreocupada
informalidad y conversamos. En Arabia los criados de la casa cuentan como parte
de la familia. No hay distinción social entre ellos y sus señores.
Comerciantes
del mercado y bedu que estaban de visita en la ciudad vinieron a oír nuestras
noticias. Un quinqué humeaba a través de un cristal roto, pero daba un poco de
luz. Era una atmósfera acogedora y muy amistosa, resultaba francamente
agradable sentir que por un tiempo no nos impedía la necesidad de viajar, que
podíamos comer y dormir a voluntad. Me pregunté por qué la gente llenaba
siempre sus habitaciones de muebles, pues esta desnuda simplicidad me parecía
infinitamente preferible.”
Wilfred Thesiger.
Arenas de Arabia.
Ediciones Península.
Arenas de Arabia.
Ediciones Península.
miércoles, 25 de julio de 2018
lunes, 23 de julio de 2018
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
POEMAS DO FARO
Hai un faro
Petando
n-as trebas
c´un matinar sonámbulo
tres lóstregos
Silenzo.
Hai un faro
Por antre a noite morta
fai ronseles n-o mar
que naufragan decote
Silenzo.
Hai un faro
E agarda pol-o ninguén
que adiviñe a chamada
do irremediabel solagado
lonxe.
Hai un faro
Alén.
Manuel Antonio
sábado, 21 de julio de 2018
viernes, 20 de julio de 2018
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL CANTO DE UN MOSQUITO
Como andaluza
criada entre patios de cal y jardines, mi madre cultivaba las flores, sabía del
injerto y la poda de los rosales, conocía las leyendas mil veces reinventadas
de los narcisos, las pasionarias, las anémonas, las siemprevivas...; recordaba
por centenares los nombres de las florecillas silvestres, que ella me enseñaba
en la práctica cuando los domingos salíamos al campo: la flor del candil, los
zapatitos de la Virgen, varitas de San José, rabos de zorra, la palabra del hombre...;
le gustaba, durante las noches de agosto, adormecerse junto a los jazmineros y
en compañía del canto de un mosquito, gusto éste para mí incomprensible, pero
que he comprobado luego en otros andaluces. Era, por todo esto, una mujer rara
y delicada, que tanto como a sus santos y sus vírgenes amaba las plantas y las
fuentes, las canciones de Schubert, que tocaba al piano, las coplas y romances
del sur, que a mí solo me trasmitía quizá por ser el único de la casa que le
atrayeran sus cultos y aficiones.
Rafael Alberti.
La arboleda perdida.
Alianza Editorial.
La arboleda perdida.
Alianza Editorial.
jueves, 19 de julio de 2018
miércoles, 18 de julio de 2018
OBITER DICTUM
A las siete el cielo está
teñido de oro y rosa, pero apenas salimos hacia Rocca, llegan los nubarrones
desde el Campidoglio: relámpagos, truenos, lluvia torrencial. Estoy asustado,
me preocupa tener que conducir, pero doy un trago a la botella de whisky y me
siento mejor. Me falta la risa de la vida, me digo al volver del estanco.
Entonces pienso en la oración: «Prepáranos
para la aventura, pero no nos ahorres los peligros.»
John Cheever
martes, 17 de julio de 2018
domingo, 15 de julio de 2018
ALLÁ EN LA INDIAS
EL ORO
«A seis de febrero, lloviendo, embié setenta
hombres la tierra adentro y a las cinco leguas fallaron muchas minas. Los
indios que iban con ellos, los llevaron en un cerro muy alto y de allí les
mostraron hazia toda parte cuanto los ojos alcançavan, diziendo que en todo
cabo avía minas de oro y que hazia el Poniente hazían veinte jornadas, y
anombravan las villas y lugares y a donde avía de ello más o menos. Después
supe yo que el Quivía, que avía dado estos indios, les avía mandado que fueren a
mostrar las minas lexos y de otro Quivía, su contrario, y que adentro de su
pueblo coxían, cuando él quería, un hombre en diez días una almozada de oro.
Los indios, sus criados y testigos desto traigo conmigo. A donde él tiene el
pueblo, llegan las barcas. El vulgo es que el oro se engendra en tierras estériles
y a donde el sol tenga fuerza. En la Española y en Veragua se ha hallado la
mayor cantidad en el monte, adonde son los árboles gordos como toneles y
espesos, nacidos desque Dios crió el primer hombre. Y adonde el sol no llega a
la tierra, por la sombra, allí se ha fallado grano en la Española de setenta marcos,
como vuestras altezas bien saben.»
Cristobal Colón.
Segundo viaje.
Segundo viaje.
sábado, 14 de julio de 2018
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