lunes, 11 de septiembre de 2017

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



CAMUS, NIETZSCHE Y EL CRISTIANISMO



         Si ataca al cristianismo en particular lo hace solamente como moral. Deja siempre intactos la persona de Jesús, por una parte, y los aspectos cínicos de la Iglesia, por la otra. Se sabe que admiraba a los jesuitas como conocedor. “En el fondo –escribe—sólo el Dios moral es refutado”. Cristo para Nietzsche como para Tolstoi, no es un rebelde. Lo esencial de su doctrina se resume en el asentimiento total, la no resistencia al mal. No hay que matar, ni siquiera para impedir que se mate, hay que aceptar al mundo tal como es, negarse a aumentar su desdicha, pero consentir en sufrir personalmente el mal que contiene. El reino de los cielos se halla inmediatamente a nuestro alcance. No es sino una disposición interior que nos permite poner nuestros actos en relación con estos principios y que puede darnos la beatitud inmediata. El mensaje de Cristo, según Nietzsche, es: no la fe, sino las obras. Desde entonces, la historia del cristianismo no es sino una larga traición a este mensaje. El Nuevo Testamento está ya corrompido y, desde Pablo hasta los Concilios, el servicio de la fe hace olvidar las obras.
         ¿Cuál es la corrupción profunda que el cristianismo agrega al mensaje de su maestro? La idea del juicio, ajena a la enseñanza de Cristo, y las nociones correlativas de castigo y recompensa. Desde ese instante la naturaleza se convierte en historia, e historia significativa; nace la idea de la totalidad humana. Desde la buena nueva hasta el juicio final de la humanidad no tiene otra tarea que la de ajustarse a los fines expresamente morales de un relato escrito de antemano. La única diferencia consiste en que los personajes en el epílogo, se dividen por sí mismos en buenos y malos. En tanto que el único juicio de Cristo consiste en decir que el pecado natural no tiene importancia, el cristianismo histórico hará de toda la naturaleza la fuente del pecado. “¿Qué es lo que niega Cristo? Todo lo que lleva al presente el nombre de cristiano”. El cristianismo cree luchar contra el nihilismo, porque da una dirección al mundo, pero él mismo es nihilista en la medida en que, imponiendo un sentido imaginario a la vida, impide que se descubra su verdadero sentido: “Toda la Iglesia es la piedra colocada sobre el sepulcro de un hombre-dios; que trata, por la fuerza, de impedir que resucite” La conclusión paradójica, pero significativa, de Nietzsche es que Dios ha muerto a causa del cristianismo, en la medida en que éste ha secularizado lo sagrado. Se refiere aquí al cristianismo histórico y a “su duplicidad profunda y despreciable”.
El mismo razonamiento hace Nietzsche ante el socialismo y todas las formas de humanitarismo. El socialismo no es sino un cristianismo degenerado. Mantiene, en efecto, esa creencia en la finalidad de la historia que traiciona a la vida y a la naturaleza, que substituye a los fines reales con fines ideales y contribuye a enervar las voluntades y las imaginaciones. El socialismo es nihilista, en el sentido en adelante preciso que confiere Nietzsche a esa palabra. El nihilista no es quien no cree en nada, sino quien no cree en lo que es. En ese sentido, todas las formas de socialismo son manifestaciones todavía degradadas de la decadencia cristiana. Para el cristianismo, recompensa y castigo suponían una historia. Pero, en virtud de una lógica inevitable, la historia entera termina por significar recompensa y castigo: ese día nace el mesianismo colectivista. Así, la igualdad de las almas ante Dios lleva, habiendo muerto Dios, a la igualdad simplemente. Nietzsche combate también las doctrinas socialistas como doctrinas morales. El nihilismo, ya se manifieste en la religión o en la predicación socialista, es el resultado lógico de nuestros valores llamados superiores. El espíritu libre destruirá esos valores, denunciando las ilusiones en que se basan, el regateo que suponen y el crimen que cometen al impedir que la inteligencia lúcida cumpla su misión: transformar el nihilismo pasivo en nihilismo activo.


Albert Camus. 
El hombre rebelde. 
Editorial Losada.

domingo, 10 de septiembre de 2017

OBITER DICTUM


 




«El pequeño Lindberg, aterrorizado desde el principio de la ofensiva y que no había dejado de llorar de miedo o de reír de esperanza, cogió el subfusil de Kraus, agonizante, y empujó a dos bolcheviques hacia un embudo de obús. Los dos infelices, bastante mayores, suplicaron sin parar compasión al muchacho.

Seguiré oyendo mucho tiempo sus:


Pomoch ! Pomoch !


Pero el niño, empujado por su ira incontrolada e incontrolable, disparó sin parar hasta que los dos ejecutados se callaron para siempre.»


Guy Sajer.


Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






TO A CHILD


Child do not go
Into the dark places of soul
For there the grey wolves whine,
The lean grey wolves.
I have been down
Among the unholy ones who tear
Beauty’s white robe and clothe her
In rags of prayer.
Child there is light somewhere
Under a star,
Sometime it will be for you
A window that looks
Inward to God.


Patrick Kavanagh

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






           Tu lengua, tu sabia lengua que inventa mi piel, 
           tu lengua de fuego que me incendia,
           tu lengua que crea el instante de demencia, el delirio del cuerpo enamorado,
           tu lengua, látigo sagrado, brasa dulce,
           invocación de los incendios que me saca de mí, que me transforma,
           tu lengua de carne sin pudores,
           tu lengua de entrega que me demanda todo, tu muy mía lengua,
           tu bella lengua que electriza mis labios, que vuelve tuyo mi cuerpo por                                               [ti purificado,
           tu lengua que me explora y me descubre,
           tu hermosa lengua que también sabe decir que me ama.

                                                                                   Darío Jaramillo




martes, 5 de septiembre de 2017

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EL QUE MIRA



“Hará siete u ocho años. El director de un periódico donde yo trabajaba me metió algunos billetes en el bolsillo y me mandó a París. Mis artículos de entonces, como los que más tarde escribí desde otras capitales, tenían la pretensión de estudiar experimentalmente el carácter nacional, pero el único sujeto experimentación que había en ellos era yo mismo. Yo estoy en mis colecciones de crónicas extranjeras como una rana que estuviese en un frasco de alcohol. El lector puede verme girar los ojos y estirar o encoger las patas a cada momento. Lo que parecen críticas o comentarios no son más que reacciones contra el ambiente extraño y hostil. Yo he ido a París, y a Londres, y a Berlín, y a Nueva York con una ingenuidad y una buena fe de verdadero batracio. Y si lo que quería mi director era observar el efecto directo de la civilización europea sobre un español de nuestros días, ahí tiene el resultado: una serie constante de movimientos absurdos de actitudes grotescas.
Ahora el poeta vuelve a su tierra, es decir, la rana torna a la charca. Pero, y sin que haya llegado a criar pelo, ya no es la misma rana de antes. Con un poco de imaginación nos la podríamos representar menos ingenua y algo más instruida—que no en balde se ha pasado tanto tiempo en los laboratorios--, muy tiesa sobre sus zancas y hasta provista de gafas. ¿Qué efecto le producirán las otras ranas a esta rana que está transformada de tal modo? ¿Cómo encontrará su charca la rana viajera, después de una ausencia de tantos años? Mientras he estado en el extranjero, yo he tenido un punto de referencia para juzgar los hombres y las cosas: España. Pero esto era únicamente porque yo soy español y no porque España me parezca la medida ideal de todos los valores. Ahora, y para hablar de España, me falta este punto de referencia. Forzosamente haré comparaciones con otros países.
Y no sólo resultará que España no puede ser un modelo para las otras gentes, sino que no sirve apenas para los mismos españoles. La rana encontrará su charca muy poco confortable.”

Julio Camba. 

La rana viajera. 

Espasa-Calpe

sábado, 2 de septiembre de 2017

OBITER DICTUM






      "Lanka (es el mono de Ting), está encerrado en una jaula de pollos. Responde a su nombre, que es el antiguo nombre de Ceilán, y devora bananas, naranjas y bizcochos. Da la mano muy amablemente a través del enrejado y la aprieta con sus deditos negros. Kassim había fabricado para él una caja verde con barrotes de madera, para el viaje en ferrocarril. Pero nos dio mucha pena que Ting le cortara la cola al pobre Lanka hasta el final de la espalda. «The he shall be just like a man», decía Ting.”


Marcel Schwob

lunes, 28 de agosto de 2017

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE







EN NOCHES DE FIEBRE


Uno de los síntomas de la enfermedad que me consume es la fiebre, constante y agotadora. Sube mucho por la noche, y entonces se tiene la impresión de que son nuestros huesos los que la irradian. Como si alguien nos colocase en la médula espirales metálicas y las conectase a la corriente eléctrica. Las espirales se calientan hasta volverse blancas y todo nuestro esqueleto, abrasado por un invisible incendio interior, arde en llamas.
         Uno no puede conciliar el sueño. En noches así, permanezco tumbado en mi habitación de Dar es Salam y miro cómo cazan las lagartijas. Las que habitualmente deambulan por el piso son pequeñas, tienen la piel de un color gris claro o de ladrillo y se mueven mucho. Ágiles y vivarachas, corren con facilidad por las paredes y el techo.
Nunca se mueven a un paso normal, tranquilo. Primero permanecen inmóviles, como paralizadas, y de repente se lanzan en una carrera enloquecida persiguiendo un objetivo que sólo ellas conocen y vuelven a quedarse quietas. Sólo por su tronco palpitante vemos que ese sprint, este lanzarse sobre una cinta de meta invisible, las ha agotado tanto que ahora realmente tienen que descansar, recuperar el resuello y las fuerzas antes de la siguiente acometida veloz.
         La caza empieza por la noche, cuando en la habitación arde la luz eléctrica. Su interés se centra en toda clase de insectos: moscas, escarabajos, polillas, mariposas nocturnas, libélulas y, sobre todo, mosquitos. Las lagartijas aparecen de repente, como si alguien las hubiese catapultado, pegándolas a las paredes. Miran a su alrededor sin mover la cabeza: tienen los ojos colocados en unos cojinetes independientes, como telescopios astronómicos, gracias a lo cual ven todo lo que está delante y detrás de ellas.
Y de pronto la lagartija divisa a un mosquito y se lanza en su persecución. El mosquito, dándose cuenta del peligro, empieza a huir. Lo curioso es que nunca huye hacia abajo, hacia el abismo cuyo fondo está forrado arriba, allí, nervioso y furioso, da vueltas y más vueltas hasta que, a fuerza de seguir subiendo, acaba aterrizando en el techo. Todavía no sabe, ni siquiera presiente, que tal decisión tendrá para él consecuencias mortales. Una vez enganchado al techo, con la cabeza hacia abajo, pierde la orientación el sentido de las direcciones y se le confunden los puntos cardinales. Como resultado, en vez de salir pitando del lugar del peligro, que es para él ahora el techo, se comporta de tal manera como si se resignase a haber caído en una trampa sin salida.
         A partir de este momento, la lagartija, que ya tiene al mosquito en el techo, puede mostrarse contenta y relamerse el hociquito: la victoria está cerca. Sin embargo, no se duerme en los laureles: sigue concentrada, alerta y llena de determinación. Se lanza al techo y, sin dejar de correr, empieza a dibujar alrededor del mosquito círculos cada vez más pequeños. Debe de producirse en este momento algún fenómeno mágico, un hechizo o hipnosis, puesto que el mosquito, a pesar de poder salvarse con una huida hacia el espacio donde ningún agresor conseguiría alcanzarlo, permite que la lagartija, que sigue haciendo sus rítmicos movimientos –salto, reposo, salto, reposo--, lo cerque y acose cada vez más. En un momento dado el mosquito se da cuenta con horror de que ya no le queda Ningún espacio para maniobrar, que la lagartija está al lado mismo y esta idea lo aturde y paraliza tanto que, vencido y resignado, se deja engullir sin oponer resistencia alguna.
         Todo intento de hacerse amigo de una lagartija invariablemente termina en fracaso. Se trata de unos seres muy desconfiados y asustadizos que andan (o más bien corren) por sus propios caminos Este fracaso nuestro también tiene un sentido metafórico: confirma que se puede vivir bajo el mismo techo y, sin embargo, no conseguir comprenderse, no lograr encontrar una lengua común.


Ryszard Kapuscinski. 
Ebano
Editorial Anagrama.

jueves, 24 de agosto de 2017

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






EN MEDIO DE LA NOCHE

…el fuego salvaje
que quema millones de niños
Che Lan Vien

De pronto, en medio de la noche, sientes
un terror que no entiendes. Y es
el hambre en vilo de los lobos
aullando silenciosamente
bajo una luna ya abolida
en lo profundo de tu sangre.
                         O bien

el estupor ante el murmullo ajeno
de un río indiferente: ¿no se acaba
el destierro jamás bajo los muros
de eternos azulejos? Babilonia
brama en lo oculto de tu corazón
como una res agónica. Y el ciento
de lo perdido se renueva

en medio de tu sangre, y crece
junto a las novedades del horror.


Eliseo Diego

lunes, 21 de agosto de 2017

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




LA TOSCANA


        “La Toscana es todo aquello que podrían ser los Apeninos según expliqué antes. Estando como está situada muy por debajo de éstos, el viejo mar ha cumplido muy bien su con su obligación acumulando una honda capa de terreno arcilloso. El color de éste es amarillo claro y trabajarlo no supone ningún esfuerzo. Lo aran muy profundamente, pero de una manera primitiva en extremo: sus arados non tienen ruedas, y la reja no se puede mover. Así, el labrador marcha penosamente curvado detrás de los bueyes y remueve la tierra, que se ara hasta cinco veces, mientras se esparcen en ella pequeñas cantidades de estiércol con las manos. Por último se siembra el trigo y se hacen una especie de surcos de tierra en forma de parcelas profundas, todo dispuesto de manera que circule por ellas el agua de lluvia. El cereal crece sobre estas fajas de tierra, y los labradores van y vienen por los surcos para escardar. Este procedimiento es comprensible allí donde acecha la humedad, pero no entiendo que lo sigan en los terrenos más bellos. Hice esta reflexión cerca de Arezzo, donde se abre una llanura magnifica. Es imposible que exista un campo más limpio que éste, ni siquiera había terrones, daba la impresión de que todo había sido pasado por un tamiz. El trigo crece aquí muy hermoso, y se diría que encuentra en este lugar todas las condiciones que su naturaleza necesita. El segundo año se siembran habas para los caballos, puesto que aquí no comen avena. Asimismo se cultivan altramuces, que ya tienen un color verde magnífico y darán su cosecha en marzo. También el lino ha germinado, pasa el invierno a la intemperie, y las heladas lo hacen más resistente.”


Johann W. Goethe. 

Viaje a Italia. 

Ediciones B.

domingo, 20 de agosto de 2017

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





    CATACLISMO

El sol se ha rajado
y cae un chorro de oro
sobre mi corazón.
Es un oro ardiente
que salta sobre las nubes
roto en chispas,
que muerde mi pecho
con muchos dientecillos encendidos.
El sol se ha rajado
y se desangra en luz
y me está ahogando...
¡Yo me muero del sol!


                             Dulce María Loynaz

miércoles, 16 de agosto de 2017

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






RESPUESTA


Lo cretino, en ti,
No excluye lo ruin.

Lo ruin, en tu sino,
No excluye lo cretino.

Así que eres, en fin,
Tan cretino como ruin.


Luis Cernuda

martes, 15 de agosto de 2017

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EL BIGOTE Y LAS CACHIPORRAS


Tan pronto como llegué a mi camerino, Quinn, el empresario, entró apresuradamente echando chispas.

        —Oye, muchacho —dijo—. La semana pasada actuaste en el Palace, ¿no es verdad?
        Siempre actor, respondí:
        —Sí, y he de confesar que tuvimos un gran éxito. De hecho, nos preguntaron cuándo podríamos volver. Y bien, ¿qué se le ofrece?
        —¿Qué se me ofrece? —repitió—. ¡Ya te diré yo lo que se me ofrece! Te estoy pagando a ti y a tus compinches el mismo salario que cobrabais en el Palace, ¿no es verdad? Bueno, pues, quiero que lleves el mismo bigote que llevabas en el Palace. ¿De acuerdo?
        Yo dije:
        —Oiga usted, huno invernal, ¿qué diferencia hay en la clase de bigote que lleve? El público se ha reído esta noche de un modo exactamente tan ruidoso como lo hicieron la semana pasada los espectadores del Palace. Eso es todo lo que usted puede exigir. Ahora, pues, ¡lárguese!
        Estuve especialmente valiente aquella noche, algo fuera de lo normal. ¿Por qué razón? Mis tres hermanos permanecían de pie junto a mí, balanceando como por azar sus cachiporras, como un anuncio de que alguien iba a ser mutilado.

Groucho Marx.

Groucho y yo.