martes, 12 de septiembre de 2017
lunes, 11 de septiembre de 2017
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
CAMUS, NIETZSCHE Y EL CRISTIANISMO
Si ataca al cristianismo en particular lo hace
solamente como moral. Deja siempre intactos la persona de Jesús, por una parte,
y los aspectos cínicos de la
Iglesia, por la otra. Se sabe que admiraba a los jesuitas
como conocedor. “En el fondo –escribe—sólo el Dios moral es refutado”. Cristo
para Nietzsche como para Tolstoi, no es un rebelde. Lo esencial de su doctrina
se resume en el asentimiento total, la no resistencia al mal. No hay que matar,
ni siquiera para impedir que se mate, hay que aceptar al mundo tal como es,
negarse a aumentar su desdicha, pero consentir en sufrir personalmente el mal
que contiene. El reino de los cielos se halla inmediatamente a nuestro alcance.
No es sino una disposición interior que nos permite poner nuestros actos en
relación con estos principios y que puede darnos la beatitud inmediata. El
mensaje de Cristo, según Nietzsche, es: no la fe, sino las obras. Desde
entonces, la historia del cristianismo no es sino una larga traición a este mensaje.
El Nuevo Testamento está ya corrompido y, desde Pablo hasta los Concilios, el
servicio de la fe hace olvidar las obras.
¿Cuál
es la corrupción profunda que el cristianismo agrega al mensaje de su maestro?
La idea del juicio, ajena a la enseñanza de Cristo, y las nociones correlativas
de castigo y recompensa. Desde ese instante la naturaleza se convierte en
historia, e historia significativa; nace la idea de la totalidad humana. Desde
la buena nueva hasta el juicio final de la humanidad no tiene otra tarea que la
de ajustarse a los fines expresamente morales de un relato escrito de antemano.
La única diferencia consiste en que los personajes en el epílogo, se dividen
por sí mismos en buenos y malos. En tanto que el único juicio de Cristo
consiste en decir que el pecado natural no tiene importancia, el cristianismo
histórico hará de toda la naturaleza la fuente del pecado. “¿Qué es lo que
niega Cristo? Todo lo que lleva al presente el nombre de cristiano”. El
cristianismo cree luchar contra el nihilismo, porque da una dirección al mundo,
pero él mismo es nihilista en la medida en que, imponiendo un sentido
imaginario a la vida, impide que se descubra su verdadero sentido: “Toda la Iglesia es la piedra
colocada sobre el sepulcro de un hombre-dios; que trata, por la fuerza, de
impedir que resucite” La conclusión paradójica, pero significativa, de
Nietzsche es que Dios ha muerto a causa del cristianismo, en la medida en que
éste ha secularizado lo sagrado. Se refiere aquí al cristianismo histórico y a
“su duplicidad profunda y despreciable”.
El mismo razonamiento hace Nietzsche ante el
socialismo y todas las formas de humanitarismo. El socialismo no es sino un
cristianismo degenerado. Mantiene, en efecto, esa creencia en la finalidad de
la historia que traiciona a la vida y a la naturaleza, que substituye a los
fines reales con fines ideales y contribuye a enervar las voluntades y las
imaginaciones. El socialismo es nihilista, en el sentido en adelante preciso
que confiere Nietzsche a esa palabra. El nihilista no es quien no cree en nada,
sino quien no cree en lo que es. En ese sentido, todas las formas de socialismo
son manifestaciones todavía degradadas de la decadencia cristiana. Para el
cristianismo, recompensa y castigo suponían una historia. Pero, en virtud de
una lógica inevitable, la historia entera termina por significar recompensa y
castigo: ese día nace el mesianismo colectivista. Así, la igualdad de las almas
ante Dios lleva, habiendo muerto Dios, a la igualdad simplemente. Nietzsche
combate también las doctrinas socialistas como doctrinas morales. El nihilismo,
ya se manifieste en la religión o en la predicación socialista, es el resultado
lógico de nuestros valores llamados superiores. El espíritu libre destruirá
esos valores, denunciando las ilusiones en que se basan, el regateo que suponen
y el crimen que cometen al impedir que la inteligencia lúcida cumpla su misión:
transformar el nihilismo pasivo en nihilismo activo.
Albert
Camus.
El hombre rebelde.
Editorial Losada.
El hombre rebelde.
Editorial Losada.
domingo, 10 de septiembre de 2017
OBITER DICTUM
«El pequeño Lindberg, aterrorizado desde el principio de la ofensiva y que no había dejado de llorar de miedo o de reír de esperanza, cogió el subfusil de Kraus, agonizante, y empujó a dos bolcheviques hacia un embudo de obús. Los dos infelices, bastante mayores, suplicaron sin parar compasión al muchacho.
Seguiré oyendo mucho tiempo sus:
—Pomoch ! Pomoch !
Pero el niño, empujado por su ira incontrolada e incontrolable, disparó sin parar hasta que los dos ejecutados se callaron para siempre.»
Guy Sajer.
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
TO A CHILD
Child do not go
Into the dark places of soul
For there the grey wolves whine,
The lean grey wolves.
I have been down
Among the unholy ones who tear
Beauty’s white robe and clothe her
In rags of prayer.
Child there is light somewhere
Under a star,
Sometime it will be for you
A window that looks
Inward to God.
Patrick
Kavanagh
viernes, 8 de septiembre de 2017
miércoles, 6 de septiembre de 2017
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
Tu
lengua, tu sabia lengua que inventa mi piel,
tu
lengua de fuego que me incendia,
tu
lengua que crea el instante de demencia, el delirio del cuerpo enamorado,
tu
lengua, látigo sagrado, brasa dulce,
invocación
de los incendios que me saca de mí, que me transforma,
tu
lengua de carne sin pudores,
tu
lengua de entrega que me demanda todo, tu muy mía lengua,
tu
bella lengua que electriza mis labios, que vuelve tuyo mi cuerpo por [ti purificado,
tu
lengua que me explora y me descubre,
tu
hermosa lengua que también sabe decir que me ama.
Darío
Jaramillo
martes, 5 de septiembre de 2017
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL QUE MIRA
“Hará siete u ocho años. El director de un periódico
donde yo trabajaba me metió algunos billetes en el bolsillo y me mandó a París.
Mis artículos de entonces, como los que más tarde escribí desde otras
capitales, tenían la pretensión de estudiar experimentalmente el carácter
nacional, pero el único sujeto experimentación que había en ellos era yo mismo.
Yo estoy en mis colecciones de crónicas extranjeras como una rana que estuviese
en un frasco de alcohol. El lector puede verme girar los ojos y estirar o
encoger las patas a cada momento. Lo que parecen críticas o comentarios no son
más que reacciones contra el ambiente extraño y hostil. Yo he ido a París, y a
Londres, y a Berlín, y a Nueva York con una ingenuidad y una buena fe de
verdadero batracio. Y si lo que quería mi director era observar el efecto
directo de la civilización europea sobre un español de nuestros días, ahí tiene
el resultado: una serie constante de movimientos absurdos de actitudes
grotescas.
Ahora el poeta vuelve a su tierra, es decir, la rana
torna a la charca. Pero, y sin que haya llegado a criar pelo, ya no es la misma
rana de antes. Con un poco de imaginación nos la podríamos representar menos
ingenua y algo más instruida—que no en balde se ha pasado tanto tiempo en los
laboratorios--, muy tiesa sobre sus zancas y hasta provista de gafas. ¿Qué
efecto le producirán las otras ranas a esta rana que está transformada de tal
modo? ¿Cómo encontrará su charca la rana viajera, después de una ausencia de
tantos años? Mientras he estado en el extranjero, yo he tenido un punto de
referencia para juzgar los hombres y las cosas: España. Pero esto era
únicamente porque yo soy español y no porque España me parezca la medida ideal
de todos los valores. Ahora, y para hablar de España, me falta este punto de
referencia. Forzosamente haré comparaciones con otros países.
Y no sólo resultará que España no puede ser un
modelo para las otras gentes, sino que no sirve apenas para los mismos
españoles. La rana encontrará su charca muy poco confortable.”
Julio Camba.
La rana viajera.
Espasa-Calpe
lunes, 4 de septiembre de 2017
sábado, 2 de septiembre de 2017
OBITER DICTUM
"Lanka (es el mono de Ting), está encerrado en una jaula de pollos.
Responde a su nombre, que es el antiguo nombre de Ceilán, y devora bananas,
naranjas y bizcochos. Da la mano muy amablemente a través del enrejado y la
aprieta con sus deditos negros. Kassim había fabricado para él una caja verde
con barrotes de madera, para el viaje en ferrocarril. Pero nos dio mucha pena
que Ting le cortara la cola al pobre Lanka hasta el final de la espalda. «The he shall be just like a man», decía Ting.”
Marcel
Schwob
miércoles, 30 de agosto de 2017
lunes, 28 de agosto de 2017
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EN NOCHES DE FIEBRE
Uno de los síntomas de la enfermedad que me consume
es la fiebre, constante y agotadora. Sube mucho por la noche, y entonces se
tiene la impresión de que son nuestros huesos los que la irradian. Como si
alguien nos colocase en la médula espirales metálicas y las conectase a la
corriente eléctrica. Las espirales se calientan hasta volverse blancas y todo
nuestro esqueleto, abrasado por un invisible incendio interior, arde en llamas.
Uno no
puede conciliar el sueño. En noches así, permanezco tumbado en mi habitación de
Dar es Salam y miro cómo cazan las lagartijas. Las que habitualmente deambulan
por el piso son pequeñas, tienen la piel de un color gris claro o de ladrillo y
se mueven mucho. Ágiles y vivarachas, corren con facilidad por las paredes y el
techo.
Nunca se mueven a un paso normal, tranquilo. Primero
permanecen inmóviles, como paralizadas, y de repente se lanzan en una carrera
enloquecida persiguiendo un objetivo que sólo ellas conocen y vuelven a
quedarse quietas. Sólo por su tronco palpitante vemos que ese sprint, este
lanzarse sobre una cinta de meta invisible, las ha agotado tanto que ahora
realmente tienen que descansar, recuperar el resuello y las fuerzas antes de la
siguiente acometida veloz.
La
caza empieza por la noche, cuando en la habitación arde la luz eléctrica. Su
interés se centra en toda clase de insectos: moscas, escarabajos, polillas,
mariposas nocturnas, libélulas y, sobre todo, mosquitos. Las lagartijas
aparecen de repente, como si alguien las hubiese catapultado, pegándolas a las
paredes. Miran a su alrededor sin mover la cabeza: tienen los ojos colocados en
unos cojinetes independientes, como telescopios astronómicos, gracias a lo cual
ven todo lo que está delante y detrás de ellas.
Y de pronto la lagartija divisa a un mosquito y se
lanza en su persecución. El mosquito, dándose cuenta del peligro, empieza a huir.
Lo curioso es que nunca huye hacia abajo, hacia el abismo cuyo fondo está
forrado arriba, allí, nervioso y furioso, da vueltas y más vueltas hasta que, a
fuerza de seguir subiendo, acaba aterrizando en el techo. Todavía no sabe, ni
siquiera presiente, que tal decisión tendrá para él consecuencias mortales. Una
vez enganchado al techo, con la cabeza hacia abajo, pierde la orientación el
sentido de las direcciones y se le confunden los puntos cardinales. Como
resultado, en vez de salir pitando del lugar del peligro, que es para él ahora
el techo, se comporta de tal manera como si se resignase a haber caído en una
trampa sin salida.
A
partir de este momento, la lagartija, que ya tiene al mosquito en el techo,
puede mostrarse contenta y relamerse el hociquito: la victoria está cerca. Sin
embargo, no se duerme en los laureles: sigue concentrada, alerta y llena de
determinación. Se lanza al techo y, sin dejar de correr, empieza a dibujar
alrededor del mosquito círculos cada vez más pequeños. Debe de producirse en
este momento algún fenómeno mágico, un hechizo o hipnosis, puesto que el
mosquito, a pesar de poder salvarse con una huida hacia el espacio donde ningún
agresor conseguiría alcanzarlo, permite que la lagartija, que sigue haciendo
sus rítmicos movimientos –salto, reposo, salto, reposo--, lo cerque y acose
cada vez más. En un momento dado el mosquito se da cuenta con horror de que ya
no le queda Ningún espacio para maniobrar, que la lagartija está al lado mismo
y esta idea lo aturde y paraliza tanto que, vencido y resignado, se deja
engullir sin oponer resistencia alguna.
Todo
intento de hacerse amigo de una lagartija invariablemente termina en fracaso.
Se trata de unos seres muy desconfiados y asustadizos que andan (o más bien
corren) por sus propios caminos Este fracaso nuestro también tiene un sentido
metafórico: confirma que se puede vivir bajo el mismo techo y, sin embargo, no
conseguir comprenderse, no lograr encontrar una lengua común.
Ryszard Kapuscinski.
Ebano.
Editorial Anagrama.
Ebano.
Editorial Anagrama.
domingo, 27 de agosto de 2017
jueves, 24 de agosto de 2017
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
EN MEDIO DE LA NOCHE
…el fuego salvaje
que quema millones de niños
Che Lan Vien
De pronto, en medio de la noche, sientes
un terror que no entiendes. Y es
el hambre en vilo de los lobos
aullando silenciosamente
bajo una luna ya abolida
en lo profundo de tu sangre.
O bien
el estupor ante el murmullo ajeno
de un río indiferente: ¿no se acaba
el destierro jamás bajo los muros
de eternos azulejos? Babilonia
brama en lo oculto de tu corazón
como una res agónica. Y el ciento
de lo perdido se renueva
en medio de tu sangre, y crece
junto a las novedades del horror.
Eliseo
Diego
martes, 22 de agosto de 2017
lunes, 21 de agosto de 2017
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
LA TOSCANA
“La Toscana es todo aquello que podrían ser los Apeninos
según expliqué antes. Estando como está situada muy por debajo de éstos, el
viejo mar ha cumplido muy bien su con su obligación acumulando una honda capa
de terreno arcilloso. El color de éste es amarillo claro y trabajarlo no supone
ningún esfuerzo. Lo aran muy profundamente, pero de una manera primitiva en
extremo: sus arados non tienen ruedas, y la reja no se puede mover. Así, el
labrador marcha penosamente curvado detrás de los bueyes y remueve la tierra,
que se ara hasta cinco veces, mientras se esparcen en ella pequeñas cantidades
de estiércol con las manos. Por último se siembra el trigo y se hacen una
especie de surcos de tierra en forma de parcelas profundas, todo dispuesto de
manera que circule por ellas el agua de lluvia. El cereal crece sobre estas
fajas de tierra, y los labradores van y vienen por los surcos para escardar.
Este procedimiento es comprensible allí donde acecha la humedad, pero no
entiendo que lo sigan en los terrenos más bellos. Hice esta reflexión cerca de
Arezzo, donde se abre una llanura magnifica. Es imposible que exista un campo
más limpio que éste, ni siquiera había terrones, daba la impresión de que todo
había sido pasado por un tamiz. El trigo crece aquí muy hermoso, y se diría que
encuentra en este lugar todas las condiciones que su naturaleza necesita. El
segundo año se siembran habas para los caballos, puesto que aquí no comen
avena. Asimismo se cultivan altramuces, que ya tienen un color verde magnífico
y darán su cosecha en marzo. También el lino ha germinado, pasa el invierno a
la intemperie, y las heladas lo hacen más resistente.”
Johann W. Goethe.
Viaje a Italia.
Ediciones B.
domingo, 20 de agosto de 2017
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
CATACLISMO
El sol se ha rajado
y cae un chorro de oro
sobre mi corazón.
Es un oro ardiente
que salta sobre las
nubes
roto en chispas,
que muerde mi pecho
con muchos dientecillos
encendidos.
El sol se ha rajado
y se desangra en luz
y me está ahogando...
¡Yo me muero del sol!
Dulce
María Loynaz
sábado, 19 de agosto de 2017
viernes, 18 de agosto de 2017
miércoles, 16 de agosto de 2017
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
RESPUESTA
Lo cretino, en ti,
No excluye lo ruin.
Lo ruin, en tu sino,
No excluye lo cretino.
Así que eres, en fin,
Tan cretino como ruin.
Luis Cernuda
martes, 15 de agosto de 2017
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL BIGOTE Y LAS CACHIPORRAS
Tan pronto como llegué a mi camerino, Quinn, el empresario, entró
apresuradamente echando chispas.
—Oye, muchacho —dijo—. La
semana pasada actuaste en el Palace, ¿no es verdad?
Siempre actor, respondí:
—Sí, y he de confesar que
tuvimos un gran éxito. De hecho, nos preguntaron cuándo podríamos volver. Y
bien, ¿qué se le ofrece?
—¿Qué se me ofrece? —repitió—.
¡Ya te diré yo lo que se me ofrece! Te estoy pagando a ti y a tus compinches el
mismo salario que cobrabais en el Palace, ¿no es verdad? Bueno, pues, quiero
que lleves el mismo bigote que llevabas en el Palace. ¿De acuerdo?
Yo dije:
—Oiga usted, huno invernal,
¿qué diferencia hay en la clase de bigote que lleve? El público se ha reído
esta noche de un modo exactamente tan ruidoso como lo hicieron la semana pasada
los espectadores del Palace. Eso es todo lo que usted puede exigir. Ahora,
pues, ¡lárguese!
Estuve especialmente valiente
aquella noche, algo fuera de lo normal. ¿Por qué razón? Mis tres hermanos
permanecían de pie junto a mí, balanceando como por azar sus cachiporras, como
un anuncio de que alguien iba a ser mutilado.
Groucho
Marx.
Groucho
y yo.
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