miércoles, 9 de noviembre de 2016

OBITER DICTUM





“Mi padre no llevaba un yármulke como los demás judíos, sino un sombrero redondo de terciopelo. No calzaba botas altas sino botas de media caña. No era comerciante ni dueño de un negocio, sino que se pasaba todo el día ante su pupitre, estudiando libros voluminosos y escribiendo con una letra pequeña en un cauderno escolar. Una vez, cuando le pregunté qué escribía, respondió: «Comentarios», y cuando quise saber de qué clase de comentarios se trataba dijo: «La Torá es un pozo sin fondo. Por mucho que uno la estudie, nunca podrá abarcarla en su totalidad. Cuanto más profundizas, más tesoros descubres. Sin la Torá el mundo no existiría. Con las letras de la Torá, Dios creó el Cielo y la Tierra.»”

Isaac Bashevis Singer.

martes, 8 de noviembre de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE

 





SOBRE ALGUNOS DESCEREBRADOS


«Pero, para lo sucedido en el barco alemán, dejo la palabra al hidalgo español que relata el asunto en un número de diciembre de 1936 del diario carlista de Pamplona El Pensamiento Navarro . He aquí lo que refiere: ...

Nos enteramos de que Clara Campoamor estaba a bordo del barco... Aquella misma noche, cuatro otros falangistas y yo mismo nos decidimos a echarla por la borda. pero habiendo consultado al capitán del barco éste nos hizo renunciar a nuestro proyecto que podía tener molestas consecuencias para él. Buscamos entonces lo que podríamos hacer para no dejar sin sangriento castigo a la introductora del divorcio en España, y nos resolvimos a mandar un radiograma a Génova para alertar el comité español fascista y la policía italiana... Al llegar a Génova la policía subió a bordo para buscar a Clara Campoamor y conducirla a la cárcel. Aquella noche festejamos alegremente nuestro triunfo y cuando dejamos Italia, al principio de octubre, estaba todavía en prisión, donde podría meditar a gusto sus proyectos de ley para la próxima vez que fuese diputada…”.»


Clara Campoamor.

La revolución española vista por una republicana.

Editorial Espuela de Plata.


domingo, 6 de noviembre de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA







      ASESINADOS JÓVENES


Asesinados jóvenes nacimos cierta vez
insistiendo sobre las guardagujas de los lagos
los vestigios de turbas de viejos profesores sin voz
y que hasta nosotros llegaban
hablándonos de la nada que nos rodea
a los tranvías azules.

***

Asesinados jóvenes caminamos por las calles
entramos en los cines y en los bares
incendiamos los rostros con ceniza y con sombra
y mientras dragones ciegos surgen
de las bocas húmedas de los metros
anhelando asaltar los cables telegráficos
nosotros sorprendidos vampiros
auscultamos el corazón de las tiernas existentes.

***

Asesinados jóvenes ansiamos perdernos en el naufragio
que cubre las aceras y los parques
de futbolistas ahogados en la sangre de sus besos
y desnudos marchando al bronce nocturno
de las playas desiertas
con ojos de caballos robados por sonrisa
acuciar el sentido total de los planetas
sobre las ropas usadas
de hambrientos transeúntes con reúma.

***

Asesinados jóvenes no amamos
el gesto de hastío del domingo
ni comprendemos el súbito crecer de las lecciones
bajo la trampa prodigiosa de la hierba
y así atónitos salvajes de vaticinios
intentamos aprender lo que hay de purísimo
en la faz con presagios de las charcas podridas.

***

En la esquina de enfrente
un hermoso niño miserable
medita sobre el final que tendrán las inmensas ciudades
cuando las aguas cubran sus horrendos campanarios de zinc.



                                                                    Miguel  Labordeta

viernes, 4 de noviembre de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




A ORILLAS DEL MÁRMARA


“Comemos en un restaurante típico. Allí solamente llegan turcos, quietos en sus grandes vestidos negros, severos bajo sus turbantes blancos o verdes. Se lavan las manos y la boca con jabón, en el aguamanos de mármol, y el dueño se evade de sus hornillos para ofrecerles un paño. Inspeccionan las ollas, deciden su elección, luego vienen a sentarse con gravedad. No hablan. En este pequeño local donde se amontonan cinco mesas de cuatro personas, hay un silencio que no pesa nada. Tenemos la impresión de estar entre una compañía muy distinguida. Toda una pared del local cuadrado está hecho con ventanas que dan a la calle; los hornillos se apoyan en ella y las grandes aberturas dejan escapar aromas que expanden por toda la calle el renombre del cafetín. Al lado de los hornillos hay una gran losa de mármol espeso que sirve de aparador, sobre el cual se muestran víveres, tomates, pepinos, judías, melones y sandías –en resumen, todas las cucurbitáceas que enloquecen a los turcos. Se nos sirve una sopa de pasta bien pesada con limón, después unas pequeñas sandías rellenas y arroz apenas reventado, salteado en aceite. Los turcos casi no comen carne. Ciñéndonos al régimen vegetariano, no tienen necesidad de cuchillos; así el cuchillo de mesa es desconocido. A este menú muy rico se añaden siempre algunas tazas de zumos de ruta, zumo de cereza, de pera, de manzana o de uva, que se bebe con cuchara, el vino esta vedado por Mahoma. Los turcos aristocráticos del antiguo régimen, para comer, usan sólo los dedos y un pedazo de pan; se desenvuelven con gran distinción. En todo momento, un chiquillo provisto de un fez, ceñido con un cinturón de lana que le hace parecer tan ancho como alto, corre de uno a otro comensal blandiendo un bastón largo coronado con una enorme crin de papel blanco. Ante el alboroto producido y en medio de la perturbación atmosférica provocada por su artefacto, las moscas se alejan por millares… pero, muy desengañadas, y pronto repuestas de su terror, reinician al poco su ensordecedora ronda.
         Antes de poner pie en tierra de Bizancio, tuve la oportunidad de saborear en Rodosto, pequeño puerto exquisito acostado en la ladera de un cerro a orillas del Mármara, un toque muy turco, pero turco nuevo-régimen.
         Invitado a cenar en casa de unos comerciantes conocidos al azar de un encuentro, pasé la velada con ellos en su jardín. El triunfo de esos señores fue el hacer descender de las tinieblas de un gran árbol una colosal lámpara de gas incandescente, tan grande como una lámpara de arco de la Potzdame Platz en la Brandenburs Thor. “ochocientas velas”, así se proclamó, ¡y se dio la luz! Lo teníamos encima de la nariz, a un metro sobre la mesa. Y hablamos de progreso, de nueva constitución, de civilización. Terminamos con la música y esos señores siempre amables subieron a buscar su instrumento –una mandolina y una guitarra. Un criado llenó la mesa de cuadernos de música. Después se me exigió que dijera mi amor por la música seria, o por la música frívola, por el vals, o por el madrigal. Y como yo no llegara a declararme tan categóricamente, diciendo que me gustaba toda la música, parecieron descontentos, y después de haber afinado los instrumentos durante más de una hora y haber arrugado los innumerables cuadernos de música, tocaron para mí en dos minutos un fragmento que representaba el toque de retreta en un cuartel --¡es decir un son de trompeta y después tambores que poco a poco mueren a lo lejos! Después quisieron llevarme al “Club”, al Club tout court (pronúnciese “Klab”, por favor). Se trataba de una terraza muy hermosa que dominaba el mar. La luna ahogaba en azul las húmedas llanuras… y, de las ventanas abiertas y honradas de luces del Club, estallaba una fanfarria estruendosa, triunfante. Era la fanfarria de los empleados de comercio fundada a raíz del advenimiento de la Constitución.”


Le Corbusier. El viaje de Oriente. Artes Gráficas Soler.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






He vivido entre los arrabales, pareciendo
un mono, he vivido en la alcantarilla
transportando las heces,
he vivido dos años en el Pueblo de las Moscas
y aprendido a nutrirme de lo que suelto.
Fui una culebra deslizándose
por la ruina del hombre, gritando
aforismos en pie sobre los muertos,
atravesando mares de carne desconocida
con mis logaritmos.
Y sólo pude pensar que de niño me secuestraron para una alucinante batalla
y que mis padres me sedujeron para
ejecutar el sacrilegio, entre ancianos y muertos.
He enseñado a moverse a las larvas
sobre los cuerpos, y a las mujeres a oír
cómo cantan los árboles al crepúsculo, y lloran.
Y los hombres manchaban mi cara con cieno, al hablar,
y decían con los ojos «fuera de la vida», o bien «no hay nada que pueda
ser menos todavía que tu alma», o bien «cómo te llamas»
y «qué oscuro es tu nombre».
He vivido los blancos de la vida,
sus equivocaciones, sus olvidos, su
torpeza incesante y recuerdo su
misterio brutal, y el tentáculo
suyo acariciarme el vientre y las nalgas y los pies
frenéticos de huida.
He vivido su tentación, y he vivido el pecado
del que nadie cabe nunca nos absuelva.


                                     Leopoldo María Panero

martes, 1 de noviembre de 2016

ALLÁ EN LAS INDIAS



LOS HOMBRES DE MADERA


         “Y esto fue para castigarlos porque no habían pensado en su madre, ni en su padre, el Corazón del Cielo, llamado Huracán. Y por este motivo se oscureció la faz de la tierra y comenzó una lluvia negra, una lluvia de día, una lluvia de noche.
         Llegaron entonces los animales pequeños, los animales grandes, y los palos y las piedras les golpearon las caras. Y se pusieron todos a hablar; sus tinajas, sus comales, sus platos, sus ollas, sus perros, sus piedras de moler, todos se levantaron y les golpearon las caras.
         —Mucho mal nos hacíais; nos comíais, y nosotros ahora os morderemos, les dijeron sus perros y sus aves de corral.
         Y las piedras de moler: —Eramos atormentadas por vosotros; cada día, cada día, de noche, al amanecer, todo el tiempo hacían holi, holi huqui, huqui nuestras caras, a causa de vosotros. Este era el tributo que os pagábamos. Pero ahora que habéis dejado de ser hombres probaréis nuestras fuerzas. Moleremos y reduciremos a polvo vuestras carnes, les dijeron sus piedras de moler.
         Y he aquí que sus perros hablaron y les dijeron: —¿Por qué no nos dabais nuestra comida? Apenas estábamos mirando y ya nos arrojabais de vuestro lado y nos echabais fuera. Siempre teníais listo un palo para pegarnos mientras comíais.
         Así era como nos tratabais. Nosotros no podíamos hablar. Quizás no os diéramos muerte ahora; pero ¿por qué no reflexionabais, por qué no pensabais en vosotros mismos? Ahora nosotros os destruiremos, ahora probaréis vosotros los dientes que hay en nuestra boca: os devoraremos, dijeron los perros, y luego les destrozaron las caras.
         Y a su vez sus comales, sus ollas les hablaron así: —Dolor y sufrimiento nos causabais. Nuestra boca y nuestras caras estaban tiznadas, siempre estábamos puestos sobre el fuego y nos quemabais como si no sintiéramos dolor.
         Ahora probaréis vosotros, os quemaremos, dijeron sus ollas, y todos les destrozaron las caras. Las piedras del hogar, que estaban amontonadas, se arrojaron directamente desde el fuego contra sus cabezas causándoles dolor.
         Desesperados corrían de un lado para otro; querían subirse sobre las casas y las casas se caían y los arrojaban al suelo; querían subirse sobre los árboles y los árboles los lanzaban a lo lejos; querían entrar en las cavernas y las cavernas se cerraban ante ellos.
         Así fue la ruina de los hombres que habían sido creados y formados, de los hombres hechos para ser destruidos y aniquilados: a todos les fueron destrozadas las bocas y las caras.
         Y dicen que la descendencia de aquéllos son los monos que existen ahora en los bosques; éstos son la muestra de aquéllos, porque sólo de palo fue hecha su carne por el Creador y el Formador.
         Y por esta razón el mono se parece al hombre, es la muestra de una generación de hombres creados, los hombres formados que eran solamente muñecos y hechos solamente de madera.”


Popol Vuh

lunes, 31 de octubre de 2016

OBITER DICTUM





       “Si hubo un momento funesto en el declive de la Ruta de la Seda, puede que este no fuera la captura de Constantinopla, el aislamiento de los Ming, o el descubrimiento de Colón. Quizá fuera el día, en algún momento del siglo X, en que un chino anónimo descubrió la brújula marítima.”


Colin Thubron.


sábado, 29 de octubre de 2016

OBITER DICTUM






Una circunstancia indispensable para el extranjero que visita la capital de Baviera y quiere sacar todo el partido posible, es… la de saber sepultar en su estómago una docena por lo menos de vasos de cerveza, por día se entiende, si puede beber mas tanto mejor. No es broma lo que acabo de apuntar, es exacto, se bebe cerveza todo el día y en todas partes, con ella se entablan las ilustradas polémicas literarias que forman la vida de Múnich; ella según parece facilita el uso de la palabra; discútense artes, literatura, historia, todos los días, siempre…


Gorgonio Petano

viernes, 28 de octubre de 2016

ALLÁ EN LAS INDIAS



LAS PAJAS, LOS OJOS Y LAS AMISTADES


         «Yo me maravillo cómo vuestra majestad y los de vuestros Consejos han podido sufrir tanto tiempo a un hombre tan pesado, inquieto e importuno y bullicioso y pleitista, en hábito de religión, tan desasosegado, tan malcriado y tan injuriador y perjudicial y tan sin reposo. Yo, ha que conozco al de Las Casas quince años, primero que a esta tierra viniese, y él iba a la tierra del Perú, y no pudiendo allá pasar, estuvo en Nicaragua, y no sosegó allí mucho tiempo, y de allí vino a Guatemala y menos paró allí, y después estuvo en la nación de Guaxaca, y tan poco reposo tuvo allí como en las otras partes y después que aportó a México estuvo en el monasterio de Santo domingo, y en él luego se hartó, y tornó a vaguear y andar en sus bulliciosos y desasosiegos, y siempre escribiendo procesos y vidas ajenas buscando los males y delitos que por toda esta tierra habían cometido los españoles, para agraviar y encarecer los males y pecados que han acontecido. Y en esto parece que tomaba el oficio de nuestro adversario, aunque él pensaba ser más celoso y más justo que los otros cristianos, y más que los religiosos. Y él acá, apenas tuvo cosa de religión.
         Una vez estaba él hablando con unos frailes y decíales que era poco lo que hacía, que no había resistido ni derramado su sangre. Como quiera que el menor de ellos era más siervo de Dios y le servían más y velaban más las ánimas y la religión y virtudes que no él, con muchos quilates; porque todos sus negocios han sido con algunos desasosegados, para que le digan cosas que escriba conformes a su apasionado espíritu contra los españoles mostrándose que ama mucho a los indios y que él sólo los quiere defender y favorecer más que nadie. En lo cual, acá, muy poco tiempo se ocupó, si no fue cargándolos y fatigándolos. Vino el de las Las Casas siendo fraile simple y aportó a la ciudad de Tlascala, e traía tras de sí, cargados 27 o 37 indios que acá se llaman tamemes; y en aquel tiempo estaban ciertos obispos y prelados examinando una bula del Papa Paulo, que habla de los matrimonios y baptismo, y en este tiempo pusiéronnos silencio que no baptizásemos a los indios adultos, y había venido un indio, de tres o cuatro jornadas, a se baptizar, y había demandado el baptismo muchas veces, y estaba bien aparejado, catequizado y enseñado. Entonces yo, con otros frailes, rogamos mucho al de Las Casas que baptizase aquel indio, porque venía de lejos, y después de muchos ruegos demando muchas condiciones de aparejos para el baptismo, como si él sólo supiera más que todos, y ciertamente aquel indio estaba bien aparejado. Y ya que dijo que lo baptizaría, vistióse una sobrepelliz con su estola, y fuimos con él tres o cuatro religiosos a la puerta de la iglesia do el indio, y dejónos y fuese. Yo entonces dije al de Las Casas: “¿cómo?, padre, ¿todos vuestros celos y amor que decís que tenéis a los indios, se acaba en traerlos cargados y andar escribiendo vidas de españoles y fatigando los indios, que sólo vuestra caridad traéis cargados más indios que treinta  frailes? Y pues un indio no bautizáis ni doctrináis, bien sería que pagásedes a cuantos traéis cargados y fatigados.”»


Toribio de Benavente, “Motolinía”. 
Carta al emperador Carlos V.

lunes, 24 de octubre de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





   Losses


I have love
And a child,
A banjo
And shadows.
(Losses of God,
All will go
And one day
We will hold
Only the shadows.)


Carl Sanburg.

miércoles, 19 de octubre de 2016

OBITER DICTUM





“Esto nos revela una diferencia fundamental entre Alemania e Inglaterra: en Alemania, donde la democracia aún no ha tenido tiempo suficiente para echar verdaderas raíces (y esto lo olvidan a menudo los ingleses), la vida pública fue siempre, por lo general, asunto de los funcionarios públicos, de los expertos en la materia; el alemán era un indiviudalista mucho mayor que el inglés, y sólo aspiraba a vivir tranquilo. Y es por esto, más que por la docilidad con que obedecen los alemanes, por lo que es necesario recurrir a la fuerza para obligarles a participar en la política y para mantenerlos unidos.”


Hedwig Born.

viernes, 14 de octubre de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






WILDE


“Yo hacía mis obligatorias visitas a la Exposición. Fue para mí un deslumbramiento miliunanochesco, y me sentí más de una vez en una pieza, Simbad y Marco Polo, Aladino y Salomón, mandarín y dalmio, siamés y cowboy, gitano y mujick; y en ciertas noches, contemplaba en las cercanías  de la torre  Eiffel, con mis ojos despiertos, panoramas que sólo había visto en las misteriosas regiones de los sueños.
Había un bar en los grandes bulevares que se llamaba Calisaya. Carrillo y su amigo Ernesto Lejeunesse me presentaron allí a un caballero un tanto robusto, afeitado, con algo de abacial, muy fino de trato y que hablaba el francés con marcado acento de ultratumba. Era el gran poeta desgraciado Oscar Wilde. Rara vez he encontrado una distinción mayor, una cultura más elegante y una urbanidad más gentil. Hacía poco que había salido de la prisión. Sus viejos amigos franceses que le habían adulado y mimado en tiempo de riqueza y de triunfo, no le hacían caso. Le quedaban apenas dos o tres fieles, de segundo orden. Él había cambiado hasta de nombre en el hotel donde vivía. Se llamaba con un nombre balzaciano, Sebastián Melmoth. En la Inglaterra le habían embargado todas sus obras. Vivía de la ayuda de algunos amigos de Londres. Por razones de salud, necesitó hacer un viaje a Italia, y con todo respeto, le ofreció el dinero necesario un barman de nombre John, que es una de las curiosidades que yo enseño cuando voy con algún amigo a la Bodega, que está en la calle de Rivoli, esquina a la de Castiglione. Unos cuantos meses después moría el pobre Wilde y yo no pude ir a su entierro porque cuando lo supe, ya estaba el desventurado bajo la tierra. Y ahora, en Inglaterra y en todas partes, recomienza su gloria...”


Rubén Darío. La vida de Rubén Darío…