sábado, 24 de septiembre de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE







AS FOLHAS CAEM NO PASSEIO


        «Quando ponho de parte os meus [...] e arrumo a um canto, com um cuidado cheio de carinho — com vontade de lhes dar beijos — os meus brinquedos, as palavras, as imagens, as frases — fico tão pequeno e inofensivo, tão só num quarto tão grande e tão triste, tão profundamente triste!...

        Afinal eu quem sou, quando não brinco? Um pobre órfão abandonado nas ruas das sensações, tiritando de frio às esquinas da Realidade, tendo que dormir nos degraus da Tristeza e comer o pão dado da Fantasia. De um pai sei o nome; disseram-me que se chamava Deus, mas o nome não me dá idéia de nada. Às vezes, na noite, quando me sinto só, chamo por ele e choro, e faço-me uma idéia dele a quem possa amar... Mas depois penso que o não conheço, que talvez ele não seja assim, que talvez não seja nunca esse o pai da minha alma...

        Quando acabará isto tudo, estas ruas onde arrasto a minha miséria, e estes degraus onde encolho o meu frio e sinto as mãos da noite por entre os meus farrapos? Se um dia Deus me viesse buscar e me levasse para sua casa e me desse calor e afeição... Às vezes penso isto e choro com alegria a pensar que o posso pensar... Mas o vento arrasta-se pela rua fora e as folhas caem no passeio... Ergo os olhos e vejo as estrelas que não têm sentido nenhum... E de tudo isto fico apenas eu, uma pobre criança abandonada, que nenhum Amor quis para seu filho adotivo, nem nenhuma Amizade para seu companheiro de brinquedos.

        Tenho frio demais. Estou tão cansado no meu abandono. Vai buscar, ó Vento, a minha Mãe. Leva-me na Noite para a casa que não conheci... Torna a dar-me ó Silêncio [...], a minha ama e o meu berço e a minha canção com que eu dormia.»


Fernando Pessoa. Livro do desassossego. Editora Brasiliense.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

OBITER DICTUM





“El hombre pretende la libertad donde ésta lo hará desdichado, es decir, en la vida política, pero se desprende de ella donde más dichoso se haría, disfrazándose con las opiniones tomadas de los demás. Los despotismos religiosos y de los sistemas políticos son los más espantosos. El inglés que protesta contra el ministro es un esclavo de la oposición, un esclavo de la moda, de las costumbres imbéciles y de la etiqueta.”

Georg C. Lichtenberg.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






            ANTIGUO PRESENTE


Tengo un niño olvidado en la memoria
juvenilmente antiguo como un río;
regresa de un remoto tiempo mío
tan lejano y azul como la gloria.

Inconcretas noticias de mi historia
me trae hasta la puerta un viento frío;
volviendo están vilanos de otro estío
y agua pasada muévese en la noria.

El porvenir de ayer es ya recuerdo
y el niño nunca sabe dónde empieza
el día de mañana cada día.

Niño que se perdió como me pierdo,
pensando que no es buena mi tristeza
y no vale la pena mi alegría.


Manuel Alcántara

lunes, 12 de septiembre de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA







IL PARADISO SUI TETTI


Sarà un giorno tranquillo, di luce fredda
come il sole che nasce o che muore, e il vetro
chuiderà l’aria sudicia fuori del cielo.

Ci si sveglia un mattino, una volta per sempre,
nel tepore dell’ultimo sonno: l’ombra
sarà como il tepore. Empirà la stanza
per la grande finestra un cielo piú grande.
Dalla scala salita un giorno per sempre
non veranno piú voci, né visi morti.

Non sarà necessario lasciare il letto.
Solo l’alba entrerà nella stanza vuota.
Basterà la finestra a vestire ogni cosa
di un chiarore tranquillo, quasi una luce.
Poserà un’ombra scarna sul volto supino.
I ricordi saranno dei grumi d’ombra
appiattati cosí como vecchia brace
nel camino. Il ricordo sarà la vampa

che ancor ieri mordeva negli occhi spenti.
            
Cesare Pavese

miércoles, 7 de septiembre de 2016

OBITER DICTUM





“¿Qué es el hombre? Débil por su fuerza física; pequeño como un humilde átomo en presencia de las montañas y los mares; nulo delante de la inconmensurable majestad del cielo y de los mundos que lo pueblan; nacido con la herencia del dolor; perecedero en su forma como todo lo que existe en el mundo físico –el hombre ha recibido sin embargo una potencia que no tienen las montañas, el océano, las tempestades ni los astros: el ESPÍRITU. Y esa sola potencia, que es el soplo de Dios, que es la fuerza suprema, que es más que la luz y que la vida, porque es la esencia creadora, inmortal y divina, le ha bastado para descomponer y analizar y someter la luz, guiar la electricidad, esclavizar los vientos, poner a sus servicio el fuego y la explosión, domar los furores del océano, escudriñar los secretos del cielo y de la tierra, producir la fuerza hasta el infinito y suprimirla a su antojo.”


José María Samper.





viernes, 2 de septiembre de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





UNA FRANCESA EN BERLíN


“--El alemán de dieciocho años es como un dios joven; a los treinta y cinco años el alemán es como un cerdo --me dice madame mientras contemplamos maravillados el magnífico espectáculo del Wellenbad.
Este baño de ola artificial del Luna Park de Berlín --como no hay otro igual en Europa-- es sorprendente. En el fondo de una enorme piscina, dispuesto en forma de rampa, una potente maquinaria agita constantemente el agua lanzándola en oleadas hacia la parte más elevada de la rampa, que forma una especie de playa. En torno a esta gran piscina, todo está dispuesto como en un cabaret. El público se acomoda en las mesitas que rodean la playa artificial y cena o bebe champán en compañía de los bañistas. Al lado del caballero de esmoquin, la señorita en maillot exhibiendo casi absolutamente desnudo su cuerpo irreprochable.
Dentro del agua, hombres y mujeres fraternizan con una libertad de movimientos que un latino no comprenderá nunca. Esta indiferencia, por lo menos aparente, que el tipo germánico tiene ante las sugestiones eróticas, le permite entregarse limpiamente, graciosamente, a toda clase de juegos y escarceos sensuales entre individuos de los dos sexos.
Una muchachita adolescente está metiendo poco a poco sus piececillos en el agua, temerosa del frío.
Erguido el cuerpecillo frágil bajo el somero maillot, mira con sus ojos claros el fondo de la piscina, en la que no se atreve todavía a meterse. De improviso, un mocetón de pelo en pecho la levanta en vilo y la zambulle en el agua. La muchachita da un grito de espanto e intenta ganar la orilla, pero el mocetón vuelve a cogerla entre sus brazos musculosos y tira de ella hacia dentro. Resbalando entre los brazos de él como una anguila, la adolescente escapa una vez y otra riendo, gritando. Más ágil, logra zafarse y arriba a la playa, chorreando agua, sofocada. Entonces son dos, tres mocetones los que se precipitan sobre ella y, cogiéndola por los pies y la cabeza, la sumergen una y otra vez en el agua, hasta que se cansan y la abandonan medio asfixiada. La chica se levanta entonces, se estira cuidadosamente el maillot y se lanza impetuosa contra los muchachos, sonriendo enardecida. Esta lucha se repite una y mil veces con gran alborozo de hembras y varones.
Pero una vez, uno de aquellos bárbaros ha levantado en alto a una adolescente como un nardo, y al dejarla caer en el agua le ha dado un golpe contra el borde de la piscina. La muchachita se levanta renqueando y, como un animalillo herido, se va a un rincón a curarse su patita mientas los demás siguen indiferentes su algazara.
Madame dice que no le es grato este espectáculo. A madame no le es grato, en general, el espectáculo de Alemania. Me fue de un valor inapreciable durante mi estancia en Alemania el tener frecuentemente a mi lado esta piedra de toque de la sensibilidad latina que es esta señora parisién de treinta y cinco años, tan en sazón, tan ponderada y aguda, que en cada momento de estupor producido en mí por las sugestiones germánicas, sabía poner el contrapeso de su ironía francesa.
Madame vive hace mucho tiempo en Alemania y conoce bien a los alemanes. Sigue siendo, sin embargo, absolutamente francesa; es más, creo que su aguda sensibilidad latina se ha exacerbado en vez de embotarse al contacto con estas grandes masas de humanidad que forman Alemania, y así, madame es el fiel contraste más implacable que yo podría encontrar aquí.
Tengo por esta señora francesa, espiritual, aguda, hipersensible, que vive en Alemania, una conmiseración sin límites. Si se sienta a la mesa madame, con su fino paladar francés, no podrá soportar las grasas y la harina de la cocina alemana; si sale a pasear, sus ojos, acostumbrados al tono discreto de los bulevares, a esa pátina encantadora de París, se sentirán heridos por estos colores radiantes que tanto gustan en Alemania, donde todo está recién pintado, barnizado y pulido; hasta en sus momentos de alegría, después de unas copas de Burdeos, se sentirá agredida por la alegría estruendosa, llena de risotadas y manotazos de estas espléndidas mujeres germánicas ahítas de cerveza y de kirsch.
Esta sensación de estar siempre dominada, vencida por una fuerza superior a la de su fina espiritualidad latina, debe pesar dolorosamente sobre el ánimo de madame. Sus gracias francesas, tan de boudoir, su esprit, su chic de mujer ya un poco pasada que acendra su feminidad y quintaesencia sus encantos, se borran por completo ante la aparición de cualquier alemanita adolescente que, cándidamente desnuda, ofrece en el Wellenbad el maravilloso espectáculo de su carne joven y fresca.
No importa que madame finja ojeras como lirios y manos como nardos. Esta Fräulein de diecisiete años, que tiene la cara curtida por el viento frío de los lagos y las manos bastas por el deporte, sabe dejarse besar tan limpiamente, que, más bien que caricia de mujer, parece merced de diosa su abandono.
La luz cruda de Berlín es fatal a madame. En estos parajes desnudos, desolados, de ciudad a medio construir que tiene Berlín, se ve netamente el artificio de madame, su maquillaje, el punto vulnerable de su silueta.
Pero madame se venga fácilmente.
--Vea usted --me dice señalándome una masa gigantesca de carne que en este momento sale de la piscina con la cara enrojecida, los ojos ribeteados, resoplando, gruñendo--. Todas son así --agrega --; tienen un momento maravilloso en la vida: el de la pubertad; la gracia que les da la Providencia. Después, como no saben, como no tienen espíritu, se convierten en esa cosa monstruosa que sale bufando de la piscina en este momento, incapaz de comprender que debía ahorrar a la humanidad el espectáculo de su cuerpo grasiento y deforme.
Yo no comparto en absoluto la opinión de madame. No soy, como español, el antípoda espiritual del alemán que es el francés, y advierto netamente, a través de lo que madame llama la barbarie germánica, ese fondo de blanda humanidad tan cálido, tan emocionado que hay en la gente alemana.
Y, sobre todo: ¡Es tan grato el espectáculo de esta pujante juventud!”

Manuel Chaves Nogales.

La vuelta a Europa en avión. 

Editorial Mundo Latino.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






La vie, c'est comme une dent
D'abord on y a pas pensé
On s'est contenté de mâcher
Ça vous fait mal, et on y tient
Et on la soigne et les soucis
Et pour qu'on soit vraiment guéri
Il faut vous l'arracher, la vie.

Boris Vian.

lunes, 29 de agosto de 2016

ALLÁ EN LAS INDIAS





DE LAS NACIONES Y LENGUAS


“También quiero contar sus naciones y lenguas, que desde la isla de Mal Hado hasta los últimos hay. En la isla de Mal Hado hay dos lenguas: a los unos llaman de Caoques y a los otros llaman de Han. En la Tierra Firme, enfrente de la isla, hay otros que se llaman de Chorruco, y toman el nombre de los montes donde viven.
Adelante, en la costa del mar, habitan otros que se llaman Doguenes, y enfrente de ellos otros que tienen por nombre los de Mendica. Más adelante, en la costa, están los quevenes, y enfrente de ellos, dentro de la Tierra Firme, los mariames; y yendo por la costa adelante, están otros que se llaman guaycones, y enfrente de éstos, dentro en la Tierra Firme, los iguaces. Cabo de éstos están otros que se llaman atayos, y detrás de éstos, otros, acubadaos, y de éstos hay muchos por esta vereda adelante. En la costa viven otros llamados quitoles, y enfrente de éstos, dentro en la Tierra Firme, los avavares. Con éstos se juntan los maliacones, y otros cutalchiches, y otros que se llaman susolas, y otros que se llaman comos, y adelante en la costa están los camoles, y en la misma costa adelante, otros a quien nosotros llamamos los de los higos. Todas estas gentes tienen habitaciones y pueblos y lenguas diversas. Entre éstos hay una lengua en que llaman a los hombres por mira acá; arre acá; a los perros, xo; en toda la tierra se emborrachan con un humo, y dan cuanto tienen por él. Beben también otra cosa que sacan de las hojas de los árboles, como de encina, y tuéstanla en unos botes al fuego, y después que la tienen tostada hinchan el bote de agua, y así lo tienen sobre el fuego, y cuando ha hervido dos veces, échanlo en una vasija y están enfriándola con media calabaza, y cuando está con mucha espuma bébenla tan caliente cuanto pueden sufrir, y desde que la sacan del bote hasta que la beben están dando voces, diciendo que ¿quién quiere beber? Y cuando las mujeres oyen estas voces, luego se paran sin osarse mudar, y aunque estén mucho cargadas, no osan hacer otra cosa, y si acaso alguna de ellas se mueve, la deshonran y la dan de palos, y con muy gran enojo derraman el agua que tienen para beber, y la que han bebido la tornan a lanzar, lo cual ellos hacen muy ligeramente y sin pena alguna. La razón de la costumbre dan ellos, y dicen que si cuando ellos quieren beber aquella agua las mujeres se mueven de donde les toma la voz, que en aquella agua se les mete en el cuerpo una cosa mala y que dende a poco les hace morir, y todo el tiempo que el agua está cociendo ha de estar el bote tapado, y si acaso está destapado y alguna mujer pasa, lo derraman y no beben más de aquella agua; es amarilla y están bebiéndola tres días sin comer, y cada día bebe cada uno una arroba y media de ella, y cuando las mujeres están en su costumbre no buscan de comer más de para sí solas, porque ninguna otra persona come de lo que ellas traen. En el tiempo que así estaba, entre éstos vi una diablura, y es que vi un hombre casado con otro, y éstos son unos hombres amarionados, impotentes, y andan tapados como mujeres y hacen oficio de mujeres, y tiran arco y llevan muy gran carga, y entre éstos vimos muchos de ellos así amarionados como digo, y son más membrudos que los otros hombres y más altos; sufren muy grandes cargas.”

Alvar Núñez Cabeza de Vaca.
Naufragios y comentarios.
Espasa Calpe.

sábado, 27 de agosto de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA



              VIAJE A ITALIA


Y ahora qué haré, si tú no estás.

En el espejo te desvaneciste.

Qué haré, si ya no estás. Cómo encontrarte.
Fui a la agencia de viajes.
Dije: «Un billete». «¿Para dónde?»
«Para dónde ha de ser». (Me comprendieron enseguida).
«Mucho tiempo esperó», dijeron enigmáticos.
Volví a casa cantando, recobrada
la vida. Me miré al espejo.
Tú ya no estabas. Comprendí.

Ahora qué voy a hacer. Sin ti quién puede
recobrar lo soñado, lo perdido: Venecia
de vidrio rosa, Roma con cabellos de fuentes.
Florencia y Siena, Nápoles y Pisa,
Botticelli, Giotto, Tiziano, cipreses y palacios,
canales, Miguel Angel, frutos, palomas, Donatello
qué van a ser sin ti, si eras tú quien les dabas
vida, sentido, magia.

Llegaré —a veces gusto
imaginar que en el crepúsculo—
a no sé que ciudad. Consultaré la Guide Blue

y, ...Esta es la prueba. ¿Quién puede acercarse
después de tanto amor, a un gran amor,
sin alma, sin amor, es decir, solo con los ojos?

«Un billete» diré. Preguntarán para dónde.
«Para un lugar que yo invente
y tal vez ya no existe. Par mirarme en un espejo
que reflejo mi vida cuando no estaba yo
y al que me acerco ahora
cuando no puede devolver mi imagen».

Y entenderán por qué lo digo.


                                                José Hierro

jueves, 25 de agosto de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA PUERTA





TU CROIS AU MARC DE CAFÉ


Tu crois au marc de café,
Aux présages, aux grands jeux :
Moi je ne crois qu'en tes grands yeux.

Tu crois aux contes de fées,
Aux jours néfastes, aux songes.
Moi je ne crois qu'en tes mensonges.

Tu crois en un vague Dieu,
En quelque saint spécial,
En tel Ave contre tel mal.

Je ne crois qu'aux heures bleues
Et roses que tu m'épanches
Dans la volupté des nuits blanches !

Et si profonde est ma foi
Envers tout ce que je crois
Que je ne vis plus que pour toi.


Paul Verlaine.