domingo, 17 de julio de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EL TUTEO DE LOS SAPOS


«Parece un miliciano de la tristemente célebre Columna de Hierro. Aquella que, después de haber saqueado a los maños, bajó de Teruel a Valencia a cerrar comercios. El tipo es idéntico a uno de aquellos facinerosos. Su aspecto físico es repugnante. Tiene los ojos como de pez de las grandes profundidades: salientes. Es de baja estatura, linfático. Cuando me da la mano siento como si tocara a un sapo; la tiene húmeda y blanda. Habla con pausas. Meticulosamente
¿Eres tú el piloto que viene a llevarse el «Mosca»?
Me molesta que me tutee.
Sí, yo soy.
¿Eres del Partido? —dice, muy serio.
¿A usted qué le importa?
Pregunto si es necesario que le cuente mi vida para llevarme de su feudo el avión. Insiste.
Es que no se lo voy a entregar a cualquier tipo que se presente aquí diciendo que es el que ha designado la Escuadra.
Mi paciencia se agota. Pienso en la pérdida de tiempo que hay que sufrir por culpa de mentecatos de esta clase, y me apeo de la burra. Con tono más mesurado, pero enérgico, le invito a que indague por teléfono.»

Francisco Tarazona.
Yo fui piloto de caza rojo.
Editorial San Martin.

viernes, 15 de julio de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





RECUERDA


Hermosa vida que pasó y parece
ya no pasar...
Desde este instante, ahondo
sueños en la memoria: se estremece
la eternidad del tiempo allá en el fondo.
Y de repente un remolino crece
que me arrastra sorbido hacia un trasfondo
de sima, donde va, precipitado,
para siempre sumiéndose el pasado.


Jaime Gil de Biedma.

jueves, 14 de julio de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



MODESTO


«Modesto me puso al corriente de los detalles de organización y me dio toda una serie de indicaciones que me fueron muy valiosas. Con muchos defectos y muchas cualidades, Modesto, el antiguo carpintero, era un jefe militar de verdad, y no una figura decorativa prefabricada por los servicios de propaganda. Contaba además, con el apoyo de la dirección del Partido Comunista, que, por su disciplina, lo consideraba el cuadro militar de más confianza, por esto lo habían incorporado al Comité Central. Es cierto que los comunistas llegaron a tener tanta fuerza en nuestra guerra, que podían anular a cualquier jefe militar si lo consideraban conveniente, pero no podían crear un mando militar que respondiera de verdad, en los combates frente al enemigo, si el elegido no poseía cualidades para ello. Sin embargo, Modesto no era hombre que supiera atraerse a los que tenían que colaborar con él. Era sarcástico, poco franco, despótico y, a veces, brutal. Contaba, naturalmente, con el grupo de incondicionales que inevitablemente siempre rodean a un jefe civil o militar; pero este grupo fue siempre reducido. Nunca simpatizamos, pero durante el tiempo que estuve bajo su mando, su trato conmigo fue siempre correcto, aparte de sus inevitables ironías.»


Manuel Tagüeña.

Testimonio de dos guerras.

Editorial Planeta.


lunes, 11 de julio de 2016

OBITER DICTUM




“Si el optimista tiene un temperamento exaltado y, si por desdicha, se halla armado de un gran poder que le permite realizar el ideal que se ha forjado, puede conducir a su país a las peores catástrofes. No tarda mucho en reconocer, en efecto, que las transformaciones sociales no se realizan con la sencillez que había imaginado. Culpa de sus sinsabores a sus contemporáneos, en vez de explicar la marcha de las cosas por las necesidades históricas. Se siente dispuesto a hacer desaparecer a las gentes cuya mala voluntad le parece peligrosa para la felicidad de todos. Durante el Terror, los hombres que hicieron correr más sangre fueron aquellos que tenían el más vivo deseo de hacer gozar a sus semejantes de la edad de oro que habían soñado, y que demostraban una enorme simpatía por las miserias humanas: optimistas, idealistas y sensibles, se mostraban tanto más inexorables cuanta mayor sed de felicidad universal tenían en sí.”


Georges Sorel.

miércoles, 6 de julio de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EL MIEDO AL MAR


“En poco tiempo nos encontramos con un banco de rorcuales comunes, unos ocho o diez, acompañados por un gran número de delfines. Bandas de pardelas volaban por encima. Para nuestro asombro y disfrute, tanto los rorcuales como los delfines viraron para acompañar a la goleta. Los delfines se apiñaron a ambos lados de la proa, juntos como las estacas de una cerca, subiendo y bajando, mostrando sus brillos plateados, y los rorcuales cruzaban por proa y popa. Tres de ellos se sumergieron muy cerca del barco, elevando su enorme aleta caudal en el aire, arrancándonos gritos de alegría a todos. En total vimos a seis de ellos realizar ese acto tan bonito y majestuoso. Yo estaba deseando fotografiar a un delfín o a un rorcual saltando claramente, pero se limitaron a nadar a ras de superficie. Después de unos minutos, los rorcuales nos dejaron, pero los delfines siguieron con nosotros durante media hora más, como si fueran dóciles y juguetones gatitos.
Hacia el ocaso el viento refrescó y aumentó hasta convertirse en un medio temporal. La noche llegó con el cielo despejado y la luna muy blanca. Junto con el viento se levantó un fuerte oleaje. Variamos ligeramente el rumbo del barco para beneficiarnos por completo de una corriente de dos nudos, del fuerte viento y del mar que lo acompañaba. Y entonces la Fisherman nos demostró que había sido construida para navegar a vela.
Pasé mucho tiempo inclinado sobre la barandilla de proa, mirando hacia arriba y hacia atrás, a aquellas enormes velas curvadas, a través de las que brillaba la luna; y hacia abajo, a aquella marca rugiente y cremosa que se alejaba rodando del barco. Una enorme superficie de agitada, hirviente, silbante y bramante espuma blanca se extendía sobre las aguas oscuras, en las que se reflejaba la luna. ¡Con qué suavidad nos deslizábamos! Me fascinaba el tremendo tumulto, la elevación lenta y firme de la proa, arriba, más arriba, hasta que me sentía casi en el aire. Y entonces bajaba, no dando una cabezada, sino deslizándose lentamente hacia aquel abismo negro.
Desde popa, el efecto causado por las velas y el movimiento, por el tumultuoso mar, resultaba aun más sorprendente. Unas olas inmensas retaban a la goleta, ondeando, subiendo y bajando, alcanzándola y escalando hasta la batayola, sólo para elevarla con elegancia y sobrepasarla con un bramido amenazador, profundo, derrotado. En la distancia sobre las aguas oscuras y picadas, unos destellos plateados se elevaban, se propagaban y se desvanecían. La estela de la luna brillaba resplandeciente, hasta donde el ojo alcanzaba. La goleta semejaba estar llena de vida y alma, ya que lucía una belleza casi espectral. Las enormes velas la mantenían firme como una roca. Se elevaba y volvía a caer con facilidad, pero no había movimiento lateral; y todo el tiempo continuaba avanzando. Los motores estaban apagados. No había sonido alguno en el barco. Pero a su alrededor, el viejo mar bramaba y se estrellaba, y el viento silbaba al pasar. La noche era tan suave y fragante, el cielo iluminado por la luna tan hermoso, la enorme extensión de las olas tan grandiosa y rítmica que a punto estuve de perderle el miedo al mar.”


Zane Grey. Relatos de pesca en mares vírgenes. Ediciones del Viento.

viernes, 1 de julio de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






Ni me entiendo ni me entienden;
ni me sirve alma ni sangre;
lo que veo con mis ojos
no lo quiero para nadie.

Todo es extraño a mí misma,
hasta la luz, hasta el aire,
porque ni acierto a mirarla;
ni sé cómo respirarle.

Y si miro hacia la sombra
donde la luz se deshace,
temo también deshacerme
y entre la sombra quedarme
confundida para siempre
en ese misterio grande.

Concha Méndez.

ARPILLERA Y POLVO

EMILIANO DI CAVALCANTI









jueves, 30 de junio de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




                             MAR


Bajo mi cama estáis, conchas, algas, arenas:
comienza vuestro frío donde acaban mis sábanas.
Rozaría una jábega con descolgar los brazos
y su red tendería del palo de mesana
de este lecho flotante entre ataúd y tina.
Cuando cierro los ojos se me cubren de escamas.

Cuando cierro los ojos, el viento del Estrecho
pone olor de Guinea en la ropa mojada,
pone sal en un cesto de flores y racimos
de uvas verdes y negras encima de mi almohada,
pone henchido el insomnio, y en un larguero entonces
me siento con mi sueño a ver pasar el agua.


                     María Victora Atencia

lunes, 27 de junio de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





Pensar em Deus é desobedecer a Deus,
Porque Deus quis que o não conhecêssemos,
Por isso se nos não mostrou...

Sejamos simples e calmos,
Como os regatos e as árvores,
E Deus amar-nos-á fazendo de nós
Belos como as árvores e os regatos,
E dar-nos-á verdor na sua primavera,
E um rio aonde ir ter quando acabemos!...

                                                                  Alberto Caeiro

sábado, 25 de junio de 2016

OBITER DICTUM






“Mi amiga la novelista Tieng Ling fue acusada de haber tenido relaciones amorosas con un soldado de Chiang Kai Shek. Era una verdad que había sucedido antes del gran movimiento revolucionario. Por la revolución ella rechazó a su amante, y desde Yenan, con un hijo recién nacido en los brazos, hizo toda la gran marcha de los años heroicos. Pero esto no le valió de nada. Fue destituida de su cargo de presidente de la Unión de Escritores y condenada a servir la comida como mesera del restaurant de la misma Unión de Escritores que había presidido tantos años. Pero hacía su trabajo de mesera con tanta altivez o dignidad que fue enviada luego a trabajar en la cocina de una remota comuna campesina. Esta es la última noticia que tuve de la gran escritora comunista, primera figura de la literatura china.
   No sé lo que pasó con Emi Siao. En cuanto a M Ching, el poeta que nos acompañaba a todas partes, su destino fue muy triste. Primero se le mandó al desierto de Gobi. Luego se le autorizó a escribir, siempre que nunca más firmara sus escritos con su verdadero nombre, un nombre ya famoso dentro y fuera de China. Así se le condenó al suicidio literario.”


Pablo Neruda.

viernes, 24 de junio de 2016

Y ELÓBOLO BAJO LA LENGUA





                       CARTA DEL SUICIDA


Juro que esta mujer me ha partido los sesos.
Porque ella sale y entra como una bala loca,
y abre mis parietales, y nunca cicatriza,
así sople el verano o el invierno,
así viva feliz sentado sobre el triunfo
y el estómago lleno, como un cóndor saciado,
así padezca el látigo del hambre, así me acueste
o me levante, y me hunda de cabeza en el día
como una piedra bajo la corriente cambiante,
así toque mi cítara para engañarme, así
se abra una puerta y entren diez mujeres desnudas,
marcadas sus espaldas con mi letra, y se arrojen
unas sobre otras hasta consumirse,
juro que ella perdura, porque ella sale y entra
como una bala loca, me sigue adonde voy y me sirve de hada,
me besa con lujuria
tratando de escaparse de la muerte,
y cuando caigo al sueño, se hospeda en mi columna
vertebral, y me grita pidiéndome socorro,
me arrebata a los cielos, como un cóndor sin madre
empollado en la muerte.


Gonzalo Rojas.