martes, 1 de marzo de 2016
lunes, 29 de febrero de 2016
ALLÁ EN LAS INDIAS
ZONAS
TÓRRIDAS
“A
los que afirman que de las cinco partes del mundo que llaman zonas no son
habitables más de las dos templadas, y que la del medio por su excesivo calor y
las dos de los cabos por el demasiado frío son inhabitables, y que de la una
zona habitable no se puede pasar a la otra habitable por el calor demasiado que
hay en medio, puedo afirmar, demás de lo que todos saben, que yo nací en la
tórrida zona, que es en el Cuzco, y me crié en ella hasta los veinte años, y he
estado en la otra zona templada de la otra parte del Trópico de Capricornio, a
la parte del sur, en los últimos términos de los Charcas, que son los Chichas,
y, para venir a esta otra templada de la parte del norte, donde escribo esto,
pasé por la tórrida zona y la atravesé toda y estuve tres días naturales debajo
de la línea equinoccial, donde dicen que pasa perpendicularmente, que es en el
cabo de Pasau, por todo lo cual digo que es habitable la tórrida también como
las templadas. De las zonas frías quisiera poder decir por vista de ojos como
de las otras tres. Remítome a los que saben de ellas más que yo. A los que
dicen que por su mucha frialdad son inhabitables, osaré decir, con los que
tienen lo contrario, que también son habitables como las demás, porque en buena
consideración no es de imaginar, cuanto más de creer, que partes tan grandes
del mundo las hiciese Dios inútiles, habiéndolo criado todo para que lo
habitasen los hombres, y que se engañan los antiguos en lo que dicen de las
zonas frías, también como se engañaron en lo que dijeron de la tórrida, que era
inhabitable por su mucho calor. Antes se debe creer que el Señor, como padre
sabio y poderoso, y la naturaleza, como madre universal y piadosa, hubiesen
remediado los inconvenientes de la frialdad con templanza de calor, como
remediaron el demasiado calor de la tórrida zona con tantas nieves, fuentes,
ríos y lagos como en el Perú se hallan, que la hacen templada de tanta variedad
de temples, unas que declinan a calor y a más calor, hasta llegar a regiones
tan bajas, y por ende tan calientes, que, por su mucho calor, son casi
inhabitables, como dijeron los antiguos de ella “
Inca
Garcilaso de la Vega.
Comentarios Reales.
domingo, 28 de febrero de 2016
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
PRECIO
Toda la vida estaba
en tus pálidos labios...
Toda la noche estaba
en mi trémulo vaso...
Y yo cerca de ti,
con el vino en la mano,
ni bebí ni bese...
Eso pude: Eso valgo.
Dulce María Loynaz
viernes, 26 de febrero de 2016
miércoles, 24 de febrero de 2016
OBITER DICTUM
“Los
envidiosos me tacharon de espía británico y agente secreto afgano, no queriendo
entender que los seres extraños como yo pueden vivir honradamente, satisfechos,
con la idea de que se han reconciliado con Dios y ya no les importan los
miserables humanos. En mi opinión, ésa es la única lección que merece la pena
aprender cuando se viaja mucho."
Sirdar Ikbal Ali Shah
lunes, 22 de febrero de 2016
viernes, 19 de febrero de 2016
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
Y LA EDUCACIÓN
“El paso de la niñez a la pubertad y la misteriosa metamorfosis que
da como resultado ese monstruo que es un adolescente podrían muy bien resumirse
en un pequeño detalle, el de las antiguas mayúsculas del alfabeto griego: la
gran zeta, una esfera atravesada por un aro como Saturno, o la gran épsilon,
como un esbelto cáliz curvado, conservan todavía para mí un encanto y un
misterio indescriptibles, como si fueran signos de calurosa bienvenida trazados
sobre el amanecer del Edén. Las minúsculas griegas corrientes, aunque ahora me
resultan mucho más familiares, me parecen cositas bastante desagradables, como
una nube de mosquitos. En cuanto a los acentos griegos, logré con éxito, a lo
largo de una larga serie de trimestres escolares, evitar aprendérmelos; jamás
me he sentido tan satisfecho como cuando, tiempo después, descubrí que los
griegos tampoco se los aprendieron nunca. Sentía un claro orgullo de ser tan
ignorante como Platón y Tucídides. Al menos, los griegos que escribieron la
prosa y la poesía que merecían la pena estudiarse, no los conocían; según creo,
los acentos fueron un invento de los gramáticos renacentistas. Pero es un hecho
psicológico que la contemplación de una mayúscula griega aún me llena de
felicidad; la de una minúscula, de indiferencia teñida de disgusto y la de los
acentos, de una santa indignación rayana en la irreverencia. Pienso que la
explicación radica en que aprendí las mayúsculas griegas, como las mayúsculas
inglesas, en casa; me las enseñaron como un juego cuando aún era pequeño, mientras
que las otras las aprendí durante el período que llamamos educación, ese
período en el que un desconocido me instruía sobre cosas que no deseaba saber.
Cuento esto sólo para
mostrar que yo era mucho más sabio y abierto a los seis años que a los
dieciséis. Dios no permita que esto me sirva de base para una teoría
pedagógica. En ciertos aspectos, este trabajo no puede dejar de ser teórico,
pero no es necesario rizar el rizo y que además sea pedagógico. Desde luego, no
adoptaré esa elegante actitud moderna de revolverme e insultar a mis maestros
porque decidí no aprender lo que ellos estaban dispuestos a enseñar. Puede ser
que en las renovadas escuelas de hoy, al niño le enseñen de tal forma que grite
de placer a la vista de un acento griego. Pero me temo que es mucho más
probable que las escuelas modernas se hayan librado del acento librándose del
griego. Y en este punto, como suele ocurrir, estoy sin lugar a dudas del lado
de mis maestros y en contra mía. Me alegro mucho de que mis denodados esfuerzos
por no aprender latín se vieran frustrados en cierta medida y de no haber conseguido
siquiera escapar de la contaminación de la lengua de Aristóteles y Demóstenes.
Al menos sé el suficiente griego para coger el chiste cuando alguien dice (como
sucedió el otro día) que el estudio de esa lengua no es propio de una época
democrática. No sé de qué lengua pensaba él que procedía la democracia, y eso
que hemos de admitir que esa palabra parece haberse convertido hoy en día en
parte de la jerga periodística. Pero de momento lo que me interesa es el
aspecto personal o psicológico, mi propio testimonio íntimo ante el hecho que,
por un motivo u otro, un muchacho pasa, con toda seguridad, de un primer
estadio en el que desea aprender casi todo aun estadio posterior en el que
apenas desea saber nada. Un viajero muy pragmático, con mucha experiencia y
poca mística, me soltó en cierta ocasión: «Debe de haber algo en la educación
totalmente equivocado. Hay mucha gente con niños maravillosos y los adultos son
todos unos inútiles.» Se muy bien a qué se refería; aunque tengo dudas de si mi
inutilidad actual es fruto de mi educación o si tiene algún otro motivo más misterioso
y profundo.”
G. K.
Chesterton. Autobiografía.
Acantilado.
jueves, 18 de febrero de 2016
miércoles, 17 de febrero de 2016
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
[…]
Dile al pájaro que vuelva,
dile que deje en el alféizar
una pluma parda,
para que yo sepa que hay
posibilidad de regreso,
para que me cubra de mansedumbre
antes de que la niebla
inicie la ceremonia del olvido.
Clara Janés.
lunes, 15 de febrero de 2016
viernes, 12 de febrero de 2016
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
CARNAVAL PERPETUO
“Estos alemanes que van vestidos a la inglesa o que llevan los
bigotes recortados a la americana, estos alemanes correctos, finos, amables,
ceremoniosos, me parecen que están disfrazados. Yo no comprendo completamente a
un alemán mas que vestido de militar. Es entonces cuando tiene verdaderamente
tipo alemán. Sus movimientos, sus actitudes, su mirada, todo se armoniza con su
traje. Dijérase que ha nacido con el casco adherido a la cabeza, y que por las
noches deja la cabeza y el casco a la puerta de su dormitorio para que el
asistente se lo bruña todo con la misma pasta y con el mismo cepillo.
Un civil alemán es como un militar vestido de paisano. Sus saludos
más atentos tienen algo de militar. Sus pasos son perfectamente militares. Es civil toda la
vida como podía serlo por un par de horas. Cuando se saca el sombrero parece
que va a mostrar la cabeza cubierta de un casco imperial. A veces, los alemanes
son calvos, y al descubrirse estas calvas esféricas y casi metálicas, brillan
como cascos.
Los movimientos del alemán no son nunca esos movimientos fáciles y
.espontáneos del hombre civil. Cada alemán parece obedecer siempre a una
disciplina invisible, y, en realidad, los alemanes no hacen con verdadera
soltura y con verdadera espontaneidad nada más que esos movimientos rígidos y
uniformes de los militares. Yo hablaba el otro día de la civilización alemana.
Aquí no hay civilización. Todo es militarismo.
El mismo socialismo alemán es militar. Toda su fuerza es militar.
Todas sus cualidades son militares: orden, disciplina, organización. Un
socialista de fila en Alemania no tiene más libertad dentro del partido que la
que un pobre soldado pueda tener en el Ejército. Una manifestación socialista
es como un batallón en marcha.
Por los demás casi todos los alemanes que no son militares están
afiliados al partido socialista. Se es socialista como se pudiera ser soldado.
Se pertenece a un ejército; se obedece unas órdenes; se tiene una disciplina.
Un alemán sin disciplina no se siente completamente libre ni dueño de sí mismo.
Toda la población alemana es ejército. Unos alemanes van vestidos de militares
y otros van vestidos de paisanos; pero todos son militares.”
Julio Camba. Alemania. Editorial Renacimiento.
miércoles, 10 de febrero de 2016
lunes, 8 de febrero de 2016
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
LA COMPAGNE DU VANNIER
Je t'aimais.
J'aimais ton visage de source ravine par l'orage et le
chiffre de ton domaine enserrant mon baiser. Certains se confient à une
imagination toute ronde. Aller me suffit. J'ai rapporté du
désespoir un panier si petit, mon amour, qu'on a pu le tresser en osier.
René Char.
domingo, 7 de febrero de 2016
viernes, 5 de febrero de 2016
miércoles, 3 de febrero de 2016
OBITER DICTUM
“Mientras te escribo, el viento del sudeste imprime al Polynésien un
movimiento de cabeceo y balanceo combinados: es un movimiento temido incluso
por los mismo marinos y que se denomina «el golpe de cacerola». M. Bourge,
admirable hombre de mar, me dijo que podía considerarme muy afortunado por
haber visto el horrible y sublime espectáculo de la puesta de sol en el puerto
de Djibouti. Él ha pasado dieciocho veces por Djibouti, y sólo lo vio una vez;
me dijo que de todo lo que ha visto en el mar, es lo más bello. Sin embargo,
parece ser que la bahía de Sídney, si entramos en ella por la mañana, sólo va a
la zaga de la de Río de Janeiro.”
Marcel Schowb.
martes, 2 de febrero de 2016
lunes, 1 de febrero de 2016
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
CHINOS EN EL TREN
“De todas las emociones estúpidas, el resentimiento que sentían los
viajeros blancos para con nuestros compañeros del vagón de los chinos, era la
más estúpida y la peor. Parecían no haberles mirado ni escuchado nunca, ni
haber pensado en ellos, sino que los odiaban a priori. Los mongoles eran sus
enemigos en ese cruel campo de batalla del dinero. Podían trabajar mejor y por
salarios más bajos en cincuenta industrias, por lo tanto, no había ninguna
calumnia contra ellos que fuera demasiado fútil para que los blancos la
repitieran, o aun llegaran a creer. Los consideraban insectos dañinos y fingían
sentir una especie de ahogo cuando los veían. Ahora bien, en realidad, las
chinas jóvenes se parecen tanto a una clase de mujeres europeas, que al
levantar la vista y ver a una de ellas desde cierta distancia, me he sentido muchas
veces engañado durante un momento por la semejanza. No diré que se trata de la
clase más atractiva de nuestras mujeres, pero muchas esposas están menos
dotadas de encantos que ellas. Por otra parte, los inmigrantes afirmaban que
los chinos eran muy sucios. No diré que fueran limpios, pues ello resultaba
imposible durante el viaje; pero en sus esfuerzos por lograr un poco de higiene
los demás no podíamos hacer otra cosa sino avergonzarnos de nosotros mismos.
Todos vivíamos como cochinos y nos volcábamos en el mismo cieno, diariamente
nos humedecíamos las manos y la cara durante un minuto y no sentíamos ninguna
vergüenza. Pero los chinos no perdían nunca la oportunidad de efectuar una
higiene más completa, y se les podía ver lavándose los pies (algo que ni
siquiera soñábamos hacer nosotros) y llegando tan lejos como lo permitía la
decencia para lavar todo su cuerpo. De paso podría comentar que cuanto más
descuidadas son las personas en su higiene personal, tanto más delicado es su
sentido del pudor. Un hombre limpio se desnuda frente a sus compañeros del club
de remo; pero el que está sucio se desliza de la cama sin descubrir un solo
centímetro de su piel. Finalmente, los sucios y malolientes blancos habían
concebido la sorprendente idea de que era el vagón de los chinos solamente el
que tenía mal olor. Ya he afirmado que era la excepción y, además, el más
fresco de los tres.
Estos juicios son el ejemplo del sentimiento que predomina en toda la América occidental. Se
considera que los chinos son estúpidos debido a su poca familiaridad con el
idioma inglés. Se les desprecia porque su destreza y frugalidad les permite
trabajar por menos paga que los holgazanes y pretenciosos caucásicos. Se dice
que son ladrones; estoy seguro de que no tienen el monopolio de ese pecado. Se
les llama crueles; los anglosajones y los alegres irlandeses deberían
reflexionar un poco antes de pronunciar esa acusación. También se me dice que
son una raza de piratas de río y que pertenecen a la clase más despreciada y
peligrosa del Celeste Imperio. Mas, si eso es cierto ¡qué piratas más
extraordinarios son! ¡Y cuáles serán las virtudes, la industria, la educación y
la inteligencia de las clases superiores que permanecieron en su tierra!
Poco antes era a los irlandeses a quienes se combatía ahora son los
chinos los que deben alejarse. Tal es el grito del pueblo. Al fin y al cabo,
parece que ningún país se somete de buen grado a la inmigración, como tampoco
quieren someterse a la invasión; cada una es una guerra a sangre y fuego, y la
resistencia a cualquiera de las dos no es otra cosa que legítima defensa. Sin
embargo, así las cosas podemos lamentar la tradición libre de la república que
gusta representarse a sí misma con los brazos abiertos, dando la bienvenida a
todos los infortunados. Y seguramente que, siendo hombre amante de la libertad,
se me excusará si demuestro amargura al ver su sagrado nombre pisoteado en la
contienda. Hace muy pocos días, oí a un individuo vulgar en el Sand-Lot, la
tribuna popular de San Francisco, pidiendo a gritos armas y matanza.
-- Al llamamiento de Abraham Lincoln— decía el orador—se levantaron
ustedes en nombre de la libertad para libertar a los negros. ¿No pueden
levantarse ahora y libertarse ustedes mismos de unos pocos mongoles sucios?”
Robert L. Stevenson. De praderas y
bosques. Ediciones Península.
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