miércoles, 17 de febrero de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





[…]

Dile al pájaro que vuelva,
dile que deje en el alféizar
una pluma parda,
para que yo sepa que hay
posibilidad de regreso,
para que me cubra de mansedumbre
antes de que la niebla
inicie la ceremonia del olvido.


Clara Janés.

viernes, 12 de febrero de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





CARNAVAL PERPETUO


“Estos alemanes que van vestidos a la inglesa o que llevan los bigotes recortados a la americana, estos alemanes correctos, finos, amables, ceremoniosos, me parecen que están disfrazados. Yo no comprendo completamente a un alemán mas que vestido de militar. Es entonces cuando tiene verdaderamente tipo alemán. Sus movimientos, sus actitudes, su mirada, todo se armoniza con su traje. Dijérase que ha nacido con el casco adherido a la cabeza, y que por las noches deja la cabeza y el casco a la puerta de su dormitorio para que el asistente se lo bruña todo con la misma pasta y con el mismo cepillo.
Un civil alemán es como un militar vestido de paisano. Sus saludos más atentos tienen algo de militar. Sus pasos son  perfectamente militares. Es civil toda la vida como podía serlo por un par de horas. Cuando se saca el sombrero parece que va a mostrar la cabeza cubierta de un casco imperial. A veces, los alemanes son calvos, y al descubrirse estas calvas esféricas y casi metálicas, brillan como cascos.
Los movimientos del alemán no son nunca esos movimientos fáciles y .espontáneos del hombre civil. Cada alemán parece obedecer siempre a una disciplina invisible, y, en realidad, los alemanes no hacen con verdadera soltura y con verdadera espontaneidad nada más que esos movimientos rígidos y uniformes de los militares. Yo hablaba el otro día de la civilización alemana. Aquí no hay civilización. Todo es militarismo.
El mismo socialismo alemán es militar. Toda su fuerza es militar. Todas sus cualidades son militares: orden, disciplina, organización. Un socialista de fila en Alemania no tiene más libertad dentro del partido que la que un pobre soldado pueda tener en el Ejército. Una manifestación socialista es como un batallón en marcha.
Por los demás casi todos los alemanes que no son militares están afiliados al partido socialista. Se es socialista como se pudiera ser soldado. Se pertenece a un ejército; se obedece unas órdenes; se tiene una disciplina. Un alemán sin disciplina no se siente completamente libre ni dueño de sí mismo. Toda la población alemana es ejército. Unos alemanes van vestidos de militares y otros van vestidos de paisanos; pero todos son militares.”


Julio Camba. Alemania. Editorial Renacimiento.

lunes, 8 de febrero de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





LA COMPAGNE DU VANNIER


    Je t'aimais. J'aimais ton visage de source ravine par l'orage et le chiffre de ton domaine enserrant mon baiser. Certains se confient à une imagination toute ronde. Aller me suffit. J'ai rapporté du désespoir un panier si petit, mon amour, qu'on a pu le tresser en osier.


René Char.

miércoles, 3 de febrero de 2016

OBITER DICTUM






“Mientras te escribo, el viento del sudeste imprime al Polynésien un movimiento de cabeceo y balanceo combinados: es un movimiento temido incluso por los mismo marinos y que se denomina «el golpe de cacerola». M. Bourge, admirable hombre de mar, me dijo que podía considerarme muy afortunado por haber visto el horrible y sublime espectáculo de la puesta de sol en el puerto de Djibouti. Él ha pasado dieciocho veces por Djibouti, y sólo lo vio una vez; me dijo que de todo lo que ha visto en el mar, es lo más bello. Sin embargo, parece ser que la bahía de Sídney, si entramos en ella por la mañana, sólo va a la zaga de la de Río de Janeiro.”


Marcel Schowb.

lunes, 1 de febrero de 2016

EN EL TRASTERO OCULTO

RODNEY SMITH









OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





CHINOS EN EL TREN


“De todas las emociones estúpidas, el resentimiento que sentían los viajeros blancos para con nuestros compañeros del vagón de los chinos, era la más estúpida y la peor. Parecían no haberles mirado ni escuchado nunca, ni haber pensado en ellos, sino que los odiaban a priori. Los mongoles eran sus enemigos en ese cruel campo de batalla del dinero. Podían trabajar mejor y por salarios más bajos en cincuenta industrias, por lo tanto, no había ninguna calumnia contra ellos que fuera demasiado fútil para que los blancos la repitieran, o aun llegaran a creer. Los consideraban insectos dañinos y fingían sentir una especie de ahogo cuando los veían. Ahora bien, en realidad, las chinas jóvenes se parecen tanto a una clase de mujeres europeas, que al levantar la vista y ver a una de ellas desde cierta distancia, me he sentido muchas veces engañado durante un momento por la semejanza. No diré que se trata de la clase más atractiva de nuestras mujeres, pero muchas esposas están menos dotadas de encantos que ellas. Por otra parte, los inmigrantes afirmaban que los chinos eran muy sucios. No diré que fueran limpios, pues ello resultaba imposible durante el viaje; pero en sus esfuerzos por lograr un poco de higiene los demás no podíamos hacer otra cosa sino avergonzarnos de nosotros mismos. Todos vivíamos como cochinos y nos volcábamos en el mismo cieno, diariamente nos humedecíamos las manos y la cara durante un minuto y no sentíamos ninguna vergüenza. Pero los chinos no perdían nunca la oportunidad de efectuar una higiene más completa, y se les podía ver lavándose los pies (algo que ni siquiera soñábamos hacer nosotros) y llegando tan lejos como lo permitía la decencia para lavar todo su cuerpo. De paso podría comentar que cuanto más descuidadas son las personas en su higiene personal, tanto más delicado es su sentido del pudor. Un hombre limpio se desnuda frente a sus compañeros del club de remo; pero el que está sucio se desliza de la cama sin descubrir un solo centímetro de su piel. Finalmente, los sucios y malolientes blancos habían concebido la sorprendente idea de que era el vagón de los chinos solamente el que tenía mal olor. Ya he afirmado que era la excepción y, además, el más fresco de los tres.
Estos juicios son el ejemplo del sentimiento que predomina en toda la América occidental. Se considera que los chinos son estúpidos debido a su poca familiaridad con el idioma inglés. Se les desprecia porque su destreza y frugalidad les permite trabajar por menos paga que los holgazanes y pretenciosos caucásicos. Se dice que son ladrones; estoy seguro de que no tienen el monopolio de ese pecado. Se les llama crueles; los anglosajones y los alegres irlandeses deberían reflexionar un poco antes de pronunciar esa acusación. También se me dice que son una raza de piratas de río y que pertenecen a la clase más despreciada y peligrosa del Celeste Imperio. Mas, si eso es cierto ¡qué piratas más extraordinarios son! ¡Y cuáles serán las virtudes, la industria, la educación y la inteligencia de las clases superiores que permanecieron en su tierra!
Poco antes era a los irlandeses a quienes se combatía ahora son los chinos los que deben alejarse. Tal es el grito del pueblo. Al fin y al cabo, parece que ningún país se somete de buen grado a la inmigración, como tampoco quieren someterse a la invasión; cada una es una guerra a sangre y fuego, y la resistencia a cualquiera de las dos no es otra cosa que legítima defensa. Sin embargo, así las cosas podemos lamentar la tradición libre de la república que gusta representarse a sí misma con los brazos abiertos, dando la bienvenida a todos los infortunados. Y seguramente que, siendo hombre amante de la libertad, se me excusará si demuestro amargura al ver su sagrado nombre pisoteado en la contienda. Hace muy pocos días, oí a un individuo vulgar en el Sand-Lot, la tribuna popular de San Francisco, pidiendo a gritos armas y matanza.
-- Al llamamiento de Abraham Lincoln— decía el orador—se levantaron ustedes en nombre de la libertad para libertar a los negros. ¿No pueden levantarse ahora y libertarse ustedes mismos de unos pocos mongoles sucios?”


Robert L. Stevenson. De praderas y bosques. Ediciones Península.

sábado, 30 de enero de 2016

OBITER DICTUM






«Un día de trabajo casi sin interrupciones, excepto por una pequeña caminata al correo por la mañana y otros pequeños encargos. Lezama Lima telefoneó para decir que el diálogo no va a aparecer hasta el tercer número, así es que seguiremos con las pruebas de la antología del verso cubano en 1936. Corregimos veinticuatro páginas por la mañana y veinticuatro páginas por la tarde. Esto es absurdo. J. R., que regula las horas del día como un monje, no tiene la menor idea para organizar su vida provechosamente, ni de una manera ideal, ni en un sentido material. Él descarta inconscientemente todas las oportunidades de hacer dinero, y pierde su tiempo corrigiendo pruebas para poetas cubanos o tirando periódicos después de observaciones minuciosas.»

Zenobia Camprubí.

miércoles, 27 de enero de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





A la Navidad del 42

La mano gris de la madre de mi padre abre la puerta, me alcanza y fuerza mi cabeza contra el escalón humedecido donde acabo de ceder a la vejiga desesperada: la tibieza sin culpa sube por su pollera hacia rosas blancas y arratonadas hojas negras.
Ahora bate vino dulce y yemas azucaradas mientras en la mesa de los dignos nuestra historia aparece, severamente cernida.
(Durante las oraciones, excesiva en su banco, guarda al hermano débil, lejos de mí.)
Volvemos a la casa en la oscuridad, ella al frente, por el borde del campo recién ahogado; reflejos de sus ojos glaciales se mueven entre sufridas retamas.

Rodolfo Godino.

martes, 26 de enero de 2016

OBITER DICTUM





Também eu acredito que a existência precede a essência. Que tudo começa quando o coração pulsa pela primeira vez, e tudo acaba quando ele desiste de lutar. Que todas as paisagens são cenários do nosso drama pessoal, comentários decorativos da nossa aventura íntima e profunda. E que, por isso, cada homem só se pode salvar ou perder sozinho, e que só ele é o responsável pelos seus passos, que só as suas próprias raízes são raízes, e que está nas suas mãos a grandeza ou a pequenez do seu destino.


Miguel Torga.

lunes, 25 de enero de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





DÍA DE LLUVIA


Nunca más esta lluvia
ni esa mancha de luz
en el peñasco
ni el borde
de esa nube
ni tu inmóvil sonrisa
fugitiva.
Nunca más este instante
que ya me dice adiós
desde tus ojos.

Claribel Alegría.

viernes, 22 de enero de 2016

ALLÁ EN LAS INDIAS






POR HACER LO QUE NUNCA APRENDIERON


       “E por no perder el tiempo ni gastar la comida en balde, acordó el Capitán que luego se pusiese por obra lo que se había de hacer, y así mandó aparejar lo necesario, y los compañeros dijeron que querían encomenzar luego su obra; y hubo entre nosotros dos hombres a los cuales no se debe poco por hacer lo que nunca aprendieron, y parecieron ante el Capitán y le dijeron que ellos, con ayuda de Nuestro Señor, harían los clavos que fuesen menester, que mandasen a otros hacer carbón. Estos dos compañeros se llamaban el uno  Juan de Alcántara, fidalgo natural de la villa de Alcántara, y el otro Sebastián Rodríguez, natural de Galicia; y el Capitán se lo agradeció prometiéndoles el galardón y pago de tan gran obra; y luego mandó facer unos fuelles de borceguíes, y así todas demás herramientas, y los demás compañeros mandó que de tres en tres diesen buena hornada de carbón, lo cual se puso luego por obra, y tomó cada uno su herramienta y se iban al monte a cortar leña y la traer a cuestas desde el monte hasta el pueblo, que habría media legua y hacían sus hoyos, y esto con muy gran trabajo. Como estaban flacos y no diestros en aquel oficio, no podían sufrir la carga, y los demás compañeros que no tenían fuerza para cortar madera, sonaban los fuelles y otros acarreaban agua, y el Capitán trabajaba en todo, de manera que todos teníamos en qué entender. Diose tan buena manera nuestra compañía en este pueblo que la fábrica desta obra, que en veinte días, mediante Dios, se hicieron dos mil clavos muy buenos y otras cosas, y dejó el Capitán la obra del bergantín para donde hallase más oportunidad y mejor aparejo.”


Gaspar del Carvajal. 
Relación del nuevo descubrimiento del Rio Grande por el capitán Francisco de Orellana.

miércoles, 20 de enero de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





WISH FOR A YOUNG WIFE




My lizard, my lively writher

May your limbs never wither

May the eyes in your face

Survive the green ice

of envy`s mean gaze;

May you live out your life

Without hate, without grief,

May your hair ever blaze

In the sun, in the sun

When I am undone

When I am no one.



                 Theodore Roethke.