lunes, 16 de noviembre de 2015

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




SEMPRE COM FOME


“Pobres-diabos sempre com fome — ou com fome de almoço, ou com fome de celebridade, ou com fome das sobremesas da vida. Quem os ouve, e os não conhece, julga estar escutando os mestres de Napoleão e os instrutores de Shakespeare.

Há os que vencem no amor, há os que vencem na política, há os que vencem na arte. Os primeiros têm a vantagem da narrativa, pois se pode vencer largamente no amor sem haver conhecimento célebre do que sucedeu. É certo que, ao ouvir contar a qualquer desses indivíduos as suas Maratonas sexuais, uma vaga suspeita nos invade, pela altura do sétimo desfloramento. Os que são amantes de senhoras de título, ou muito conhecidas (são, aliás, quase todos), fazem um tal gasto de condessas que uma estatística das suas conquistas não deixaria sérias e comedidas nem as bisavós dos títulos presentes.


Outros especializam no conflito físico, e mataram os campeões de box da Europa numa noite de pândega, á esquina do Chiado. Uns são influentes junto de todos os ministros de todos os ministérios, e estes são aqueles de que menos há que duvidar, pois não repugna.

Uns são grandes sádicos, outros são grandes pederastas, outros confessam, com uma tristeza de voz alta, que são brutais com mulheres. Trouxeram-nas ali, a chicote, pelos caminhos da vida. No fim ficam a dever o café.

Há os poetas, há os (...)”


Fernando Pessoa. Livro do desassossego. Editora Brasiliense.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





FUMÉE

Là-bas, sous les arbres s'abrite
Une chaumière au dos bossu ;
Le toit penche, le mur s'effrite,
Le seuil de la porte est moussu.

La fenêtre, un volet la bouche ;
Mais du taudis, comme au temps froid
La tiède haleine d'une bouche,
La respiration se voit.

Un tire-bouchon de fumée,
Tournant son mince filet bleu,
De l'âme en ce bouge enfermée
Porte des nouvelles à Dieu.


Teophile Gautier.

lunes, 9 de noviembre de 2015

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EN FASHODA


“En algunas tribus, de Fazoql, el rey tenía que administrar justicia diariamente a la sombra de cierto árbol; si por enfermedad u otra causa se incapacitaba para cumplir este deber por tres días consecutivos, le colgaban del árbol con un nudo corredizo que tenía dos navajas dispuestas de tal modo que al cerrarse el nudo por la tirantez del peso del cuerpo del rey le cortaban el cuello. La costumbre de matar a sus reyes divinos a las primeras señales de flaqueza o de vejez ha prevalecido hasta hace poco, si bien es verdad que está extinguida y no sólo latente, entre los shiíluk del Nilo Blanco; en recientes años ha sido cuidadosamente investigada por el Dr. C. G. Seligman. La reverencia que prestan los shiíluk a su rey parece surgir de la convicción de que es la encarnación del espíritu de Nyakang, el héroe semidivino que fundó la dinastía y estableció la tribu en su territorio actual. Es un artículo fundamental del credo shiíluk que el espíritu del divino o semidivino Nyakang está encarnado en el rey gobernante y que, de acuerdo con, esto, está investido en algún modo con el carácter de una deidad. Pero aunque los shiíluk tienen a sus reyes en gran predicamento, tributándoles reverencia religiosa y tomando toda clase de precauciones contra su muerte accidental, no obstante acarician "la convicción de que al rey no se le puede consentir que enferme o envejezca, temiendo que al disminuir su vigor, los ganados enfermarán y dejarán de reproducirse, las cosechas se pudrirán en los campos y los hombres, atacados de enfermedades, morirán en creciente número". Para prevenir estas calamidades se practicaba como regla consuetudinaria general, matar al rey en cuanto mostraba señales de mala salud o debilidad. Uno de los síntomas fatales de su decadencia se veía en la incapacidad de satisfacer las pasiones sexuales de sus mujeres, de las que tenía muchísimas distribuidas en un gran número de casas en Fashoda. Cuando esta debilidad de mal agüero se presentaba, las mujeres se lo comunicaban a los jefes, los que, según decían, intimaban al rey su sentencia de muerte extendiendo una tela blanca sobre su cara y rodillas cuando dormía la siesta en el bochorno del mediodía. La ejecución seguía pronto a la sentencia de muerte; construían al efecto una choza, y a ella conducían  al rey, tendiéndole sobre el regazo de una núbil virgen, y después emparedaban la puerta dejando a la pareja sin alimento, agua ni fuego, para que murieran de hambre y de sofocación. Tal era la antigua costumbre que fue abolida hace unas cinco generaciones en consideración a los excesivos sufrimientos de uno de sus reyes que pereció de este modo. Se dice que ahora los jefes anuncian su destino al rey y poco después lo estrangulan en una choza expresamente construida para esa ocasión.
De las investigaciones del Dr. Scligman se deduce que no sólo estaba sujeto a terminar de muerte violenta y con la adecuada ceremonia a los primeros signos de decadencia física, sino que también en el auge de salud y fuerza era atacado alguna vez por un rival y tenía que defender su corona en un combate a muerte. De acuerdo con la tradición vulgar shilluk, cualquier hijo de rey tenía derecho a luchar así con el monarca reinante, y si conseguía matarle reinaba en su lugar. Como cada rey tenía un gran harén y muchos hijos, el número de posibles candidatos al trono no solía escasear y el monarca reinante tenía que estar siempre pendiente de un ataque; pero éste sólo podía tener lugar con alguna probabilidad de éxito por la noche, pues durante el día el rey estaba rodeado de sus amigos y guardias reales, siendo difícil para un aspirante al trono abrirse paso y llegar hasta él. Por la noche era distinto; entonces los guardias eran despachados y el rey quedaba solo con sus mujeres favoritas en su recinto y no había por allí cerca nadie que le defendiera excepto algunos pastores cuyas chozas estaban emplazadas en las cercanías. Las horas de obscuridad eran por esto los momentos peligrosos para el rey. Se cuenta que pasaba la noche en constante vigilancia, rondando el grupo de sus cabañas completamente armado, atisbando entre las sombras o silenciosamente alerta y quieto, como un centinela en su guardia, en algún sombrío rincón. Cuando al fin aparecía un rival, la lucha se entablaría en un silencio torvo, roto solamente por el choque de las azagayas y escudos, pues era cuestión de honor para el rey no llamar en su auxilio a los pastores cercanos.
De igual manera que el fundador Nyakang, cada uno de los reyes shilluk era adorado después de muerto en una capilla que se le erigía sobre la tumba y estas tumbas estaban siempre en el poblado natal del rey. La tumba-capilla de cualquier rey se parecía a la capilla de Nyakang, consistiendo en algunas chozas rodeadas de una empalizada; una de las chozas estaba erigida sobre la tumba del rey y las otras las ocupaban los guardianes de la capilla. Es difícil, en realidad, distinguir las capillas de Nyakang de las de los reyes, y los rituales religiosos observados en todas son idénticos en la forma y sólo varían en materia de detalles, variaciones que evidentemente se deben a la mayor santidad que se atribuye a las capillas de Nyakang. Las tumbas de los reyes son atendidas por ciertos viejos o viejas, que corresponden a los guardianes de las capillas de Nyakang; suelen ser viudas o antiguos servidores del rey difunto, y cuando alguno de ellos muere lo sustituye alguno de sus descendientes. Además, ofrendan ganado en las capillas-tumbas de los reyes y los sacrificios que ofrecen son los mismos que se celebran en las capillas de Nyakang.”

James G. Frazer. La rama dorada. Fondo de Cultura Económica.

sábado, 7 de noviembre de 2015

OBITER DICTUM





La dialéctica marxista es un método que permite a un idiota parecer notablemente inteligente, descubrimiento que, ay, pronto olvidé.


Arthur Koestler.

jueves, 5 de noviembre de 2015

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE

 




ARAÑAR EL SUELO



«Mientras algunos fusileros mantenían un pausado fuego de protección, el resto se enterraba. El tipo de suelo no lo hacía un trabajo fácil, y no dejaban de caernos encima ramas y hojas. Súbitamente escuchamos disparos desde una nueva dirección y a retaguardia. Las balas impactaban a mí alrededor, lanzándome polvo a la cara. El hombre a mi izquierda de repente soltó un gritó y rodó por el suelo gritando de dolor. Le habían atravesado limpiamente de un disparo. Enloquecido de dolor gritaba:



¡Ayuda! ¡Sanitario! ¡Me estoy muriendo desangrado!


Repté hasta el hombre herido, pero ya nada se podía hacer. Su rostro estaba deformado por el dolor y sus manos arañaron el suelo hasta que un espasmo lo sacudió de la cabeza a los pies; así habíamos perdido a otro valeroso soldado.»



Erwin Rommel.

La infantería al ataque.

Editorial Tempus.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

OBITER DICTUM






Desde el final de estos viajes hasta la guerra, viví, con un solo año de interrupción, en Europa oriental, entre amigos a los que debo llamar liberales anticuados. Odiaban a la Alemania nazi, pero era imposible mirar al este en busca de inspiración y esperanza, tal como sus equivalentes occidentales, quienes miraban desde lejos e inquietos por la pesadilla de una sola clase de totalitarismo, se sentían capaces de hacer. Y es que Rusia comenzaba a unos pocos campos de distancia, al otro lado de un río, y allí, como sabían todos sus vecinos, se estaban cometiendo grandes tropelías y había un peligro terrible. Todos sus temores resultaron fundados. Al vivir entre ellos compartí esos temores, los cuales hicieron el suelo pedregoso para que pudieran fructificar ciertas semillas.


Patrick Leigh Fermor

lunes, 2 de noviembre de 2015

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






                                   LLORAR


Queriendo abrir mis ojos, cerre mis ojos,
no sabía qué era qué.
Me tenía ocupado el sentimiento.

Es modo mecánico y viejo de decir que se le salen a uno
        [las lagrimas
Me pasaba;
casi no pude contenerlas
pues aunque dijera para mí que no
lo otro decía dentro de mí que sí, que llorara,

que la triste vida sólo se comprende el día que se está
        [viviendo
y si el día entero quiere llorar, que llore;

Se dira que se ha vivido una vida de lágrimas,
y punto.


Alejandro Aura

viernes, 30 de octubre de 2015

OBITER DICTUM






        “Con frecuencia, desde que he descubierto América, me he dedicado a ser injusto con la vieja Inglaterra. Hoy me arrepiento y escojo, por decirlo así, Washington Square. Si he conseguido penetrar y comprender pronto a Nueva York, ha sido porque tenía sobre mis hombros diez años de allende la Mancha. Todas las bromas que circulan sobre los Estados Unidos e Inglaterra, dos países separados por la lengua y por el Atlántico, etc., etc., han acabado por hacernos olvidar que son madre e hija. La más joven reniega de la mayor como reniega una generación de otra; es decir, en vano.”


Paul Morand.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





LOS HÚNGAROS

                Míralos, Platero, tirados en todo su largor, como tienden los perros cansados el mismo rabo, en el sol de la acera.
                   La muchacha, estatua de fango, derramada su abundante desnudez de cobre entre el desorden de sus andrajos de lanas granas y verdes, arranca la hierbaza seca a que sus manos, negras como el fondo de un puchero, alcanzan. La chiquilla, pelos toda, pinta en la pared, con cisco, alegorías obscenas. El chiquillo se orina en su barriga como una fuente en su taza, llorando por gusto. El hombre y el mono se rascan, aquél la greña, murmurando, y éste las costillas, como si tocase una guitarra.
                   De vez en cuando, el hombre se incorpora, se levanta luego, se va al centro de la calle y golpea con indolente fuerza el pandero, mirando a un balcón. La muchacha, pateada por el chiquillo, canta, mientras jura, desgarradamente, una desentonada monotonía. Y el mono, cuya cadena pesa más que él, fuera de punto, sin razón, da una vuelta de campana y luego se pone a buscar entre los chinos de la cuneta uno más blando.
                   Las tres... El coche de la estación se va, calle Nueva arriba. El sol, solo.

--Ahí tienes, Platero, el ideal de la familia de Amaro... Un hombre como un roble, que se rasca; una mujer, como una parra, que se echa; dos chiquillos, ella y él, para seguir la raza, y un mono pequeño y débil como el mundo, que les da de comer a todos, cogiéndose las pulgas.


Juan Ramón Jiménez

martes, 27 de octubre de 2015

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE

 



LOS C-47


«Durante los dos meses siguientes volamos mucho en aviones de transporte rusos, y hay varias similitudes entre todos ellos, de modo que este avión bien podría describirse como representativo de todos ellos. Todos eran C-47, con pintura marrón de guerra, restos de un préstamo. Había aviones de transporte más nuevos en los campos, una especie de C-47 ruso con tren de aterrizaje de tres ruedas, pero en esos nosotros no viajamos. Los C-47 están un poco abandonados en lo que respecta a tapicería y alfombrado, pero sus motores se mantienen a punto y los pilotos parecen ser bastante buenos. Llevan una tripulación más numerosa que nuestros aviones, pero ya que no accedimos a la cabina de control no sabemos qué hacían. Cuando se abría la puerta, parecía que allí había seis o siete personas todo el tiempo, entre ellas una azafata. Tampoco sabemos qué hacía la azafata. Parecía no tener relación con los pasajeros. El avión no lleva comida para los pasajeros, pero estos lo compensan llevando grandes cantidades de vitualla por su cuenta.»


John Steinbeck.

Diario de Rusia.

Editorial Capitan Swing.


domingo, 25 de octubre de 2015

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





MUCHO TE QUISE Y CON DOLOR TE MIRO...

Mucho te quise y con dolor te miro
cuando aquí pasas con tu sueño a cuestas.
Mas para siempre, desde lejos, hondos
mis ojos te recuerdan.

Aquí en la tarde te contemplo
pasar hostil y sin clemencia.
Vas dura con tu sueño amargo y triste.
Ingrato sueño que el amor te veda.


Carlos Bousoño.

viernes, 23 de octubre de 2015

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




DOS CIUDADES

“Después de la egregia escritora de El Cisne, de alguno que otro coruñés ilustre y de tal cual coruñesa guapa (que las hay como soles, mejorando lo presente), lo más notable de La Coruña es la Torre de Hércules, edificada en la época de los fenicios, un paseo con arboleda y hermosos jardines, y el aspecto panorámico de la ciudad y sus inmediaciones, vistas desde el centro de la bahía. La población urbana que tiende a formar como un semicírculo, siguiendo la configuración de aquella parte de la costa, ofrece un golpe de vista muy agradable a los viajeros marítimos. Sirve como de fondo a tan hermoso cuadro una colina llena de huertos, de eras y de pequeños prados que se hallaban a la sazón en toda la fuerza de su lozanía primaveral. Desde el buque en donde yo estaba se veían por la tarde algunas familias merendando en aquellas agrestes cercanías de la ciudad, y en los días de fiesta daban mayor variedad y animación al paisaje los grandes grupos de aldeanas que pasaban sin cesar, con sus vistosos y pintorescos trajes y sus canastas de frutas y flores, ya por la carretera que hay en la falda de la colina, ya en pequeñas embarcaciones que iban de un lado a otro del puerto, y en las que se amontonaban aquellas de tal modo –formando una gran piña matizada de rojo, amarillo y verde, --que semejaban desde lejos la nave y su contenido una enorme fuente de fresas meciéndose entre las ondas de la bahía.
         La ciudad es agradable, aunque no precisamente bella. Hay cierta irregularidad en su conjunto, cierta desproporción propia de las poblaciones que por algún motivo adquieren más desarrollo del previsto en la época de su fundación. Para satisfacer las crecientes necesidades del comercio, de la industria y del aumento de población se ha ido formando una nueva ciudad al lado de la ciudad vieja, que hoy figura como un barrio distinto de los demás, con su aspecto sombrío, sus calles angostas, su arquitectura sólida y severa, sus escudos nobiliarios, sus templos, sus oratorios, en fin, todo lo que representa y constituye la tradición, enfrente de la ciudad moderna en donde alienta, palpita y se manifiesta de mil diversos modos el espíritu innovador, especulativo y revolucionario de la época presente.
         La hermosa calle Real, gala y orgullo de los coruñeses, sirve como de arteria para el tránsito y la comunicación urbana desde La Coruña del pasado a La Coruña del porvenir…


         Pero es inútil que yo continúe describiendo esta ciudad. ¿Han leído ustedes La Tribuna, preciosa novela naturalista, citada en el capítulo anterior? Pues aquella Marineda tan admirablemente descrita en varios pasajes de dicha obra, es el fiel trasunto de La Coruña.
         Influido por esa alucinación que suelen producir en el ánimo las descripciones artísticas cuando están hechas con exactitud, vigor y riqueza de colorido, más de una vez creí divisar en aquellos lugares la gallarda figura de Amparo, protagonista de la citada obra, o alguno de sus personajes más característicos; de igual modo que al contemplar las torres ennegrecidas y severas de Notre Dame, de Paris, nos parece aun distinguir a través de sus aberturas la sombra de la infeliz Esmeralda o la deforme figura de Cuasimodo.
         Mis principales paseos por La Coruña fueron como un agradable repaso de La Tribuna, un estudio de comparación entre la pintura y el original.”


Manuel Fernández Juncos. 
De Puertorrico a Madrid. 
Tipografía de José González.