viernes, 14 de noviembre de 2014
miércoles, 12 de noviembre de 2014
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
UN HOMBRE SIN VICIOS
“Yo
conocía a Harold desde sus primeros días como auxiliar forestal. Era
sudafricano de nacimiento y un hombre con un físico esplendido, con hombros
anchos y caderas estrechas, ojos de un azul escandinavo, y pelo por todas
partes, como un gorila. Tras su llegada a Birmania se hallaba en la jungla como
pato en el agua, y jamás le importó la soledad de aquella vida, de hecho, lo
habitual es que prefiriera estar solo, incluso cuando se hallaba de permiso,
aunque en otros momentos participaba en desenfrenadas fiestas y se entretenía a
lo grande. Era un hombre sin vicios, aunque algunas de sus características casi
podrían considerarse como tales. Una de ellas era hacer siempre una declaración
más alta de su mano en el bridge o en el póquer, otra su desmesurada pasión por
los crucigramas, y la tercera que era un bromista impenitente. Recuerdo que en
un baile de gala en Maymyo introdujo unos sándwiches de sardina en los bolsos
de todas las mujeres que estaban bailando, y tuvo el atrevimiento de
compadecerse de varias chicas que los descubrieron al hacer una pausa para
empolvarse la nariz después de acabar ese baile. Incluso iba por ahí diciendo:
«Algún impresentable sinvergüenza debe de andar suelto». No obstante, cometió el
error de meter uno en el bolso de mi mujer; ella reconoció enseguida su autoría
y lo puso de manifiesto. En una ocasión similar soltó un enorme número de grillos
reales, de los de tamaño más grande, en el cuarto de las damas y en la pista de
baile. De golpe se echaron a volar y se posaron por todas partes, mostrando una
particular querencia por buscar refugio para sus cuerpos sedosos en los pechos
y por debajo de las espaldas de las chicas que llevaban los vestidos ligeros
más escotados. Cundió el pánico y se perdió el decoro, mientras los
acompañantes de las chicas trataban de ayudar, con dedos nerviosos, a localizar
a los insectos más atrevidos y esforzados. Sin embargo, Harold no se quedó a
contemplar los resultados de su tropelía, se había marchado para darse un
solitario baño a la luz de la luna.”
J. H. Williams.
Bill de los elefantes.
Ediciones del viento.
Bill de los elefantes.
Ediciones del viento.
lunes, 10 de noviembre de 2014
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
MERIGGIARE PALIDO E ABSORTO
Meriggiare
pallido e assorto
presso un rovente muro d' orto,
ascoltare tra i pruni e gli sterpi
schiocchi di merli, frusci di serpi.
presso un rovente muro d' orto,
ascoltare tra i pruni e gli sterpi
schiocchi di merli, frusci di serpi.
Nelle crepe
del suolo o su la veccia
spiar le file di rosse formiche
ch' ora si rompono ed ora s'intrecciano
a sommo di minuscole biche.
spiar le file di rosse formiche
ch' ora si rompono ed ora s'intrecciano
a sommo di minuscole biche.
Osservare
tra frondi il palpitare
lontano di scaglie di mare
mentre si levano tremuli scricchi
di cicale dai calvi picchi.
lontano di scaglie di mare
mentre si levano tremuli scricchi
di cicale dai calvi picchi.
E andando
nel sole che abbaglia
sentire con triste meraviglia
com'è tutta la vita e il suo travaglio
in questo seguitare una muraglia
che ha in cima cocci aguzzi di bottiglia.
sentire con triste meraviglia
com'è tutta la vita e il suo travaglio
in questo seguitare una muraglia
che ha in cima cocci aguzzi di bottiglia.
Eugenio Montale.
sábado, 8 de noviembre de 2014
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
LA MENOS ESTIMADA
En aquel tiempo estudié con bastante método las literaturas francesa e
italiana de los orígenes, pero la que más me atrajo fue la menos conocida, la
menos estimada: la española. Ya, tiempo antes, había estudiado el hermoso
castellano en una gramática íntima y había traducido algunas escenas del Mágico
Prodigioso de Calderón, pero entonces tomé como guía los libros de Amador de
los Ríos y de Ticknor, cogí los primitivos textos, del Fuero de Avila hasta los
más viejos romances, fantaseé en torno al Mysterio de los Reyes Magos, me
enamoré del Poema del Cid, me hice especialista en Fray Gonzalo de Berceo y me
adentré en la sabrosa argucia del arcipreste de Hita. Y no me paré aquí: vi y
leí en parte todos los volúmenes de la biblioteca Rivadeneyra; escudriñé
manuscritos catalanes, castellanos y portugueses, aprendí casi a fondo el
español antiguo; medité ediciones críticas; copié, no pudiendo comprarme los
libros, obras enteras y finalmente —conclusión eterna y nueva derrota— decidí
dejar a un lado la historia comparada de las literaturas romanas para hacer un
perfecto manual de historia de la literatura española.
Giovanni Papini.
Un hombre acabado.
Ediciones Calamo.
viernes, 7 de noviembre de 2014
miércoles, 5 de noviembre de 2014
OBITER DICTUM
“Hay dos
versiones del principio antrópico, la débil y la fuerte. El principio antrópico
débil dice que en un universo que es grande o infinito en el espacio y/o en el
tiempo, las condiciones necesarias para el desarrollo de vida inteligente se
darán solamente en ciertas regiones que están limitadas en el tiempo y en el
espacio. Los seres inteligentes de estas regiones no deben, por lo tanto,
sorprenderse si observan que su localización en el universo satisface las
condiciones necesarias para su existencia. Es algo parecido a una persona rica
que vive en un entorno acaudalado sin ver ninguna pobreza.”
Stephen W. Hawking.
lunes, 3 de noviembre de 2014
domingo, 2 de noviembre de 2014
OBITER DICTUM
Su Excelencia me
examina unos instantes y avanza apausado, con lentitud ensayada y efectista; al
llegar a mí me ofrece su diestra pulida y pequeña, y con una languidez al par
amable y fatigada —el ademán de alguien que va cansándose de ser demasiado indulgente,
demasiado bueno— me autoriza a sentarme. Obedezco. Yo ocupo un sillón. Su
Excelencia se ha instalado a mi izquierda, en la sombra, sobre un diván. Su
sitio es superior al mío; es un lugar "estratégico", desde el cual me
observa y escruta mejor que yo a él, puesto que yo estoy en la luz; y un
segundo vuelvo a acordarme de aquellos cancerberos que —según aseguran— desde
las habitaciones y pasillos contiguos al salón apuntan con sus revólveres a los
visitantes. Mas apenas pienso en ello, cuando la visión siniestra se va...
Eduardo
Zamacois
sábado, 1 de noviembre de 2014
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
GHETTO
Denso es el aire aquí. Y tibio. Lo respiro
entre casas que quiebran su fachada en el agua.
Un gato mansamente se me enreda en las piernas
y me retiene inmóvil delante de Yahveh.
María
Victoria Atencia
ALLÁ EN LAS INDIAS
LOS CHAPAPOYAS
”Antes de llegar a esta provincia
de Caxamalca, sale un camino que también fue mandado hacer por los reyes Ingas,
por el cual se iba a las provincias de los chachapoyas. Y pues en la comarca de
ellas está poblada la ciudad de la Frontera, será necesario contar su
fundación, de donde pasaré a tratar lo de Guánuco. Tengo entendido y sabido por
muy cierto, que antes que los españoles ganasen ni entrasen en este reino del
Perú, los Ingas señores naturales que fueron de él tuvieron grandes guerras y
conquistas. Y los indios chachapoyanos fueron por ellos conquistados aunque
primero por defender su libertad y vivir con tranquilidad y sosiego pelearon de
tal manera, que se dice poder tanto que el Inga huyó feamente. Mas como la
potencia de los Ingas fuese tanta, y los chachapoyas tuviesen pocos favores, hubieron
de quedar por siervos del que quería ser de todos monarca. Y así después que
tuvieron sobre sí el mando real del Inga, fueron muchos al Cuzco por su
mandado, adonde les dio tierras para labrar, y lugares para casas, no muy lejos
de un collado que está pegado a la ciudad llamada Carmenga. Y porque del todo
no estaban pacíficas las provincias de la serranía confinantes a los
chachapoyas, los Ingas mandaron con ellos y con algunos orejones del Cuzco
hacer frontera y guarnición, para tenerlo todo seguro. Y por esta causa tenían
gran proveimiento de armas de todas las que ellos usan, para estar apercibidos
a lo que sucediese. Son estos indios naturales de las chachapoyas los más
blancos y agraciados de todos cuantos yo he visto en las Indias que he andado,
y sus mujeres fueron tan hermosas, que por sólo su gentileza muchas de ellas
merecieron serlo de los Ingas, y ser llevadas a los templos del Sol. Y así
vemos hoy día que las indias que han quedado de este linaje son en extremo
hermosas, porque son blancas y muchas muy dispuestas. Andan vestidas ellas y
sus maridos con ropa de lana, y por las cabezas usan ponerse sus llautos, que
son la señal que traen para ser conocidos en toda parte. Después que fueron
sujetados por los Ingas, tomaron de ellos leyes y costumbres con que vivían, y
adoraban al sol, y a otros dioses, como los demás y allí debían hablar con el
demonio, y enterrar sus difuntos como ellos, y les imitaban en otras
costumbres.”
Pedro de
Cieza de León. Crónica del Perú.
viernes, 31 de octubre de 2014
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
MEXICO
1901
1º DE ENERO.
“En el preciso instante en que
cohetes, dianas, repiques de templos y silbatos de máquinas atruenan los aires
saludando a este primer año del siglo XX; cuando vibra todavía la campanada
última de las doce de la noche que ha muerto, mi mujer y mi hermana hanse
prosternado a rezar las viejas plegarias de las casas católicas, que desde niño
uno, viene escuchando en las fechas memorables y sacras… Las beso a las dos, y
me llego a la cama de mi hijo, que, sin dársele un ardite dentro de sus
diecisiete meses de vida el que los siglos vayan y vengan, duerme apacible y
filosóficamente. Cuidando de no despertarlo, bésolo también, y lo bendigo,
convencido de que las bendiciones o maldiciones de los padres, alcanzan a los
hijos...
¡Cuánto bien le deseo; cómo
anhelaría acumular sobre su rubia cabecita, dicha, dicha, siempre dicha, la que
a muy duras penas disfrutan los afortunados de veras!
¡Dios sólo sabe lo que será de
este pedazo de mi alma!
Yo apetezco que, así sufra
mucho, sea ante todo ca
ballero, caballero a toda costa, aun a
costa de la muerte. Pero no caballero del cuño corriente, no; caballero a la
antigua, a la antiquísima, de los que ya nada más van quedando borrosos y vagos
en el recuerdo de los descendientes de las familias linajudas, y en los cuadros
vetustos de los museos y catedrales. Que
su propia conciencia ¡lo único insobornable! sea su juez y su guía; y que el día que se considere
irrevocablemente honorable y honrado, cuando
crezca y llegue a hombre, si yo estoy muerto, piense en mí, y mis
flaquezas, a él en fortalezas se le tornen, y escarmiente en mis penalidades, y
no incurra en mis defectos e imperfecciones; y en compensación de lo que yo he
sufrido y luchado, él luche y sufra lo menos posible. Si estoy vivo para
entonces, que me pague estos besos que a modo de aguinaldo y de préstamo
deposito en su frente inmaculada de ángel que ignora el pecado, las pasiones y
los vicios, con réditos de réditos, como deudor de una inmensa deuda usuraria y
sin saldo... Luego, me acuesto; y a obscuras me río de lo que anhelaba desde
muchacho alcanzar esta vigésima centuria. ¡Ya sucedió! ¿Y qué?... pues, nada;
.lo mismo que cualquiera otra noche de cualquier mes y de cualquier año. ¡La
transición ha sido meramente subjetiva!”
Federico Gamboa. Mi
diario. Eusebio Gómez, editor.
jueves, 30 de octubre de 2014
miércoles, 29 de octubre de 2014
OBITER DICTUM
“Desde
el más grande de los libros, la
Odisea , la literatura
es un viaje por la vida. La literatura moderna no es un viaje por mar, sino a
través del polvo y la desolación, como el de don Quijote; a través del
desierto, hacia una Tierra Prometida en la que, como Moisés, no llegaremos
nunca a poner un pie. Ninguna religión, ninguna filosofía o política que
proclame haber llegado ya a la Tierra Prometida o estar próxima a llegar, con
todos sus seguidores detrás, puede enrolar en sus filas a la literatura. La
literatura, el arte, indican sin embargo el camino hacia la Tierra Prometida ,
la dirección adecuada. Es comprensible que se expulse a los poetas de la República , como
inmigrantes furtivos y clandestinos. Pero estos vagabundos, como los nómadas
del desierto, son guías que indican las pistas para atravesarlo.”
Claudio Magris.
martes, 28 de octubre de 2014
domingo, 26 de octubre de 2014
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EN HELICÓPTERO
“Un ataque en helicóptero a una zona de
aterrizaje crítica crea tensiones emocionales mucho más intensas que un ataque
terrestre. Ello se debe al espacio cerrado, al ruido, a la velocidad y, sobre
todo, a la sensación desamparo total. Provoca cierta excitación la primera vez
pero después es una de las aventuras más desagradables que ofrece la guerra
moderna. En tierra, un infante tiene cierto control sobre su destino, o al
menos la ilusión de que lo posee. En un helicóptero que se encuentra bajo el
fuego ni siquiera tiene esa ilusión. Enfrentado a las indiferentes fuerzas de
la gravedad, la balística y la tecnología, es impulsado simultáneamente en
varias direcciones por un amplio espectro de emociones extremas y
contradictorias. Lo acosa la claustrofobia; es insoportable la sensación de
estar atrapado y ser impotente en una máquina pero ha de sobrellevarla. Al
hacerlo, comienza a sentir una ciega ira por las fuerzas que le han vuelto
impotente, pero tiene que controlar su ira hasta salir del helicóptero y estar
en terreno firme otra vez. Ansía estar en tierra firme pero su deseo se ve
contrarrestado por el peligro que sabe le acecha allí. Al mismo tiempo se
siente atraído por el peligro, ya que sabe que sólo puede superar su temor sobreponiéndose
a él. Entonces su ira ciega comienza a centrarse en los hombres que son la
fuente del peligro… y de su miedo. Se concentra en su interior y mediante algún
proceso químico se transforma en feroz resolución de luchar hasta que cese el
peligro. Pero esa resolución, que en algunas ocasiones se denomina coraje, no
puede separarse del temor que la ha despertado. Su magnitud es igual que la
magnitud del temor. En realidad, se trata de una poderosa necesidad de no tener
más miedo, de liberarse del temor eliminado la fuente que lo produce. Esta
enconada lucha interior de emociones contrapuestas produce una tensión casi
sexual en su intensidad. Es demasiado dolorosa para soportarla mucho tiempo. En
lo único que puede pensar un soldado es en el momento de escapar a su impotente
confinamiento y de liberar esa tensión. Todas las demás consideraciones –-lo
propio o impropio de lo que está haciendo, las posibilidades de triunfo o de
derrota en la batalla, el propósito o despropósito de la misma—se vuelven tan
absurdas como para ser menos que insignificantes. Nada importa excepto el
instante crítico y final de lanzarse a la violenta catarsis que anhela y teme.”
Philip
Caputo.
Un rumor de guerra.
Inédita Editores.
Un rumor de guerra.
Inédita Editores.
viernes, 24 de octubre de 2014
miércoles, 22 de octubre de 2014
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
CARRUAJE A ZAMORA
“Zamora conserva, a semejanza de Toledo, un extraño carácter de
Edad Media. No han abandonado aún sus habitantes el sayo, la caperuza y las
abarcas del villano antiguo, ni sus lindas mujeres salen a la calle sin la
característica mantilla sayagüesa, de vivos y ricos colores. Cuando digo que
las zamoranas son lindas, no hago poesía, sino que consigno una gran verdad;
blancas, pelinegras, con ojos de azabache y sonrosadas mejillas, forman un tipo
en que el Norte y el Mediodía se han combinado harmoniosamente y lucen a
competencia. Realza su gentileza la mantilla que he citado, que cubre desde la
cabeza hasta los muslos, y en la cual se embozan con soltura; una sarta de
cuentas de vidrio asoma por debajo de los poblados rodetes de trenzas negras,
peinado sencillo del país; una saya corta, oscura, ciñe el airoso cuerpo, y un
pulido zapato y una media azul en las solteras, negra en las casadas y viudas,
completa este pintoresco traje.
Como el tren no saldrá hasta las ocho de la noche, tenemos tiempo
de ver con detención Zamora. En consecuencia, henos aquí, después de haber
almorzado y reparado el desorden que dos largos días de carruaje ocasionan en
la toilette, recorriendo la vieja ciudad en todos sentidos, no sin que los
chicos abran tamaña boca al ver que nos paramos ante algún vetusto edificio, y
nos tomen por franceses, ingleses o cómicos, cosas que por lo visto tienen para
ellos muchos puntos de contacto.
Hay ciudades que se condensan en un hecho, en un recuerdo, en un
nombre. Toledo en Carlos V, La
Coruña en María Pita, Valencia en el Cid, Zamora en doña
Urraca. Hay el arco de doña Urraca, el alcázar de doña Urraca, el busto de doña
Urraca. En cuanto a Vellido Dolfos, por un castigo digno del Dante, no ha
quedado del traidor ni aun la memoria, y trabajo me costó que me indicasen el
emplazamiento del portillo en donde clavó al Rey don Sancho el famoso venablo.
En vano busqué también una tumba, una inscripción que conmemorase a
los Ordóñez de Lara, esos épicos campeones de Zamora, que sostuvieron aquel
terrible reto que alcanzaba «a las aguas, a las piedras, a los aires, a los
muertos y a los que habían de nacer». Sus huesos dormirán en algún polvoriento
rincón de alguna iglesia, y las arañas hilarán sus redes con paciente tenacidad
sobre su olvidada tumba.
En cambio no me costó trabajo hallar el antiguo palacio del obispo
Acuña, aquel prelado díscolo y guerreador que manejaba la espada con tan gentil
talante como llevaba la mitra, y a quien el Alcaide Ronquillo colgó de los
hierros de su prisión por haberse puesto al frente de las Comunidades de
Castilla. He aquí también la gótica fachada de la Inquisición , y el palacio
del Conde de Puñonrostro, que el pueblo, poeta por instinto, llama de las
Golondrinas, sin duda porque estas inocentes avecillas hacen sus nidos en las
bocas de los monstruos de piedra que guarnecen la fachada.
La catedral, fuera de la magnífica cornisa del más puro
Renacimiento, que adorna interiormente el frontis y de la sillería del coro,
cuyas esculturas son de gran mérito, no ofrece nada de notable. Rezaremos un
credo al señor de las Injurias cuya milagrosa imagen se venera allí, y vamos a
ver las orillas del río y el puente.
El puente,
moderno, no me detuvo mucho, y después de haber saludado la cabeza esculpida en
piedra que el pueblo llama «el retrato de doña Urraca» y que corona un arco
antiquísimo, creo haber llenado a conciencia el deber del viajero, de verlo
todo y a destajo.
Solo me falta apuntar una tradición.
Hay en Zamora una fuente que se llama de las Llamas, en donde dicen
que hubo en otro tiempo un volcán, que en un día dado, creo que el de la Natividad del Señor, se
trocó a ruegos del pueblo afligido, en la fuente de agua pura y fresca que
vemos hoy.
Si viene algún sabio geólogo a decirme que el terreno de Zamora no
es plutónico y que por consecuencia, la formación volcánica es imposible, etc.,
etc., le agradeceré la buena intención, pero le daré el consejo de que no se
dedique en su vida a la poesía.
¡Las ocho ya! el ómnibus de la estación va a salir, tomémosle a
toda prisa, o arriesgamos quedarnos un día más con doña Urraca y el obispo
Acuña.
Henos aquí ya en marcha para Burgos, instalados en un cómodo wagon,
en compañía de una porción de caballeros que no se han visto en su vida, pero
que con la genial franqueza española empiezan a charlar.
¿De qué hablaban?, dirá alguien. ¿De qué pueden hablar ocho
españoles reunidos, sino de política?
Imitando el ejemplo del mayoral, los viajeros cortaron un sayo a la
gloriosa, que no había más que pedir; se enzarzó la discusión sobre la cuestión
reformista, y a un pobre ídem que se atrevió a emitir su opinión le trataron (y
pienso que no sin motivo) de mal español, filibustero, y otras lindezas; y a
todo esto el sueño se apoderó de mí, y me dormí sirviéndome de arrullo las
palabras libertad, Congreso, Castelar, Antillas, pronunciamientos, masas
inconscientes, etc., para no despertar sino cuando gritaron con una voz
bastante ronca:
—¡Burgos! ¡veinte minutos!
Y saltando a toda prisa del wagon, nos lanzamos a recoger el
equipaje.
Emilia Pardo Bazán.
Apuntes de un viaje.
Real Academia Galega.
Apuntes de un viaje.
Real Academia Galega.
lunes, 20 de octubre de 2014
domingo, 19 de octubre de 2014
OBITER DICTUM
Unos amigos nos
dejan, otros los suceden; nuestras relaciones varían: siempre hay un tiempo en
el que no poseíamos nada de lo que poseemos, un tiempo en el que no tenemos
nada de lo que tuvimos. El hombre no tiene una sola y única vida; tiene varias
puestas una tras otra, y ésta es su miseria.
François-René
de Chateaubriand
viernes, 17 de octubre de 2014
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