sábado, 9 de febrero de 2013

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






VERANO


Frutales
cargados.
Dorados
trigales…

Cristales
ahumados.
Quemados
jarales…

Umbría
sequía,
solano…

Paleta
completa:
verano.


       Manuel Machado

jueves, 7 de febrero de 2013

OBITER DICTUM





   “Me pregunta usted qué opino de la vida sencilla. Sencillamente, a mí me produce más alegría dar que recibir en todos los aspectos, no concedo demasiada importancia a mi persona ni a lo que hace la muchedumbre, no me avergüenzo de mis debilidades ni de mis vicios, y por naturaleza acepto las cosas con humor y con calma. Hay muchos como yo, y no acierto a comprender en absoluto por qué han hecho de mí una especie de ídolo.”


Albert Einstein.

lunes, 4 de febrero de 2013

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE


ARISTÁGORAS, SU SUEGRO Y EL MAR



“Aristágoras, gobernador de Mileto, abrigaba la idea de separarse de Persia, llevado por una serie de temores. Y su decisión se vio reforzada por cierto suceso. Precisamente en aquellos días, llegó de Susa un mensajero de Histieo, con una misiva tatuada en su cuero cabelludo, en la que se le indicaba la necesidad de sublevarse contra Darío.
Como todos los caminos estaban estrechamente vigilados e Histieo no había encontrado otra manera más segura de comunicarse con Mileto, rapó a su más fiel criado, le marcó el mensaje en la piel de la cabeza y esperó a que volviera a crecerle el pelo. Sólo entonces le dejó partir para Mileto, encargándole simplemente esto: que a su llegada pidiera al propio Aristágoras que le rapara el pelo y le mirara la cabeza. Las palabras escritas, como ya hemos dicho, le invitaban al levantamiento.
Histieo actuó así porque la forzada permanencia en Susa le hacía sentirse desgraciado, y confiaba en que, si se producía una revolución, podría volver a la costa. De no decidirse Mileto a un alzamiento, contaba con que nunca más vería el mar.”

Werner Keller. El asombro de Herodoto. Bruguera. 1973.

domingo, 3 de febrero de 2013

ALLÁ EN LAS INDIAS



TERREMOTO


«Al fin deste mesmo año de 1575 estando la ciudad de Valdivia en la mayor prosperidad que jamás había estado y la jente a los principios de su quietud y contento, quiso nuestro Señor que les durasen poco los solaces acumulando nuevos infortunios a los pasados. Sucedió pues en 16 de diciembre viernes de las cuatro témporas de Santa Lucía, día de apisicion de luna hora y media antes de la noche que todos descuidados de tal desastre, comenzó a temblar la tierra con gran rumor y estruendo yendo siempre el terremoto en crecimiento sin cesar de hacer daño derribando tejados, techumbres y paredes, con tanto espanto de la jente que estaban atónitas y fuera de sí de ver un caso tan extraordinario. No se puede pintar ni describir la manera de esta furiosa tempestad que parecía ser el fin del mundo, cuya priesa fue tal, que no dio lugar a muchas personas a salir de sus casas y así perecieron enterradas en vida cayendo sobre ellas las grandes machinas de los edificios. Era cosa que erizaba los cabellos, y ponía los rostros amarillos, el ver menearse la tierra tan apriesa, y con tanta furia que no solamente caían los edificios, sino también las personas sin poderse detener en pié, aunque se asían unos de otros para afirmarse en el suelo. Demás desto mientras la tierra estaba temblando por espacio de un cuarto de hora se vio en el caudaloso rio, por donde las naos suelen subir sin riesgo una cosa notabilísima, y fuer que en cierta parte del se dividió el agua corriendo la una parte de ella hacia la mar, y la otra parte rio arriba quedando en aquel lugar el suelo descubierto de suerte, que se vian las piedras como las vio don Pedro de Lovera, de quien saqué esta historia, el afirma haberlo visto con sus ojos. Ultra desto salió la mar de sus límites y linderos corriendo con tanta velocidad por la tierra adentro como el rio del mayor ímpetu del mundo. Y fue tanto su furor y braveza, que entró tres leguas por la tierra adentro, donde dejó gran suma de peces muertos, de cuyas especies nunca se habían visto otras en este reino. Y entre borrascas y remolinos se perdieron dos naos, que estaban en el puerto, y la ciudad quedo arrasada por tierra sin quedar pared en ella que no se arruinase,


Pedro Mariño de Lovera. Historia de la conquista de Chile.

viernes, 1 de febrero de 2013

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




LUCIERNAGAS


            “Estaba muy calmo, verdadera suerte para los insectos nocturnos. Pero lo que vi frente a mí era tan sorprendente que olvidé todos los mosquitos y me entregué encantado al espectáculo que se me ofrecía. El aire entero estaba invadido por un parpadeo de chispas azuladas: eran luciérnagas, y su luz intermitente duraba un solo instante. Observando estas chispas una por una, se podía seguir el vuelo de todas las luciérnagas. No llegaban de una vez, sino que aparecían aisladamente, una tras otra. Me aseguraron que colonos rusos, encontrándose por primera vez en presencia de estos fulgores intermitentes, habían disparado contra ellos huyendo después con espanto. Aquella noche, no se trataba de algunos bichos de luz aislados; se trataba de millones. Había por todas partes, en la hierba, entre las zarzas y por encima de los árboles. A estas chispas vivientes, venía a responder desde el cielo la reverberación de las estrellas. Era una verdadera danza luminosa.
            Pero, de repente, un rayo vino a aclarar toda la tierra. Era un meteorito enorme que dejaba una larga estela luminosa a través del cielo. Un instante que dejaba una larga estela luminosa través del cielo. Un instante después, el bólido se quebró en mil chispas y cayó más allá de la montañas. La luz se extinguió. Como por un toque de varita mágica, los insectos fosforescentes desaparecieron. Pero dos o tres minutos más tarde, una chispa se volvió a iluminar en una zarza; a continuación, una segunda y después otras, hasta que el aire se llenó de nuevo, al cabo de treinta segundos, de millares de luces remolinantes.

            Por muy bella que me pareciese aquella noche y por imponentes que fueran esos fenómenos de insectos luminosos y de un bólido en plena caída, no pude quedarme mucho tiempo sobre el prado. Los mosquitos me habían cubierto el cuello, las manos, el rostro y acababan de penetrar en mis cabellos. Así que volví a la casa para acostarme sobre el kang. La fatiga ganó, y me dormí.

Vladimir Arseniev. Dersu Uzala. Editorial Mondadori.

lunes, 28 de enero de 2013

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





          MOMENTO


Yo fuerte, yo exaltado, yo anhelante,
opreso en la urna del día,
engreído en mi corazón,
ebrio de mi fantasía,
y la Eternidad adelante...
         adelante...
         adelante...


                              Porfirio Barba Jacob

jueves, 24 de enero de 2013

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






Ancho es el mar; él ha de separamos;
quedarán nuestras almas enlazadas.
Como un último retrato, en nuestros ojos
impresas lucirán nuestras miradas.

El barco en que he de ir está en el puerto;
a éste seguirá otro en que tú vayas.
Te esperarán mis brazos, no se en dónde...
tal vez en algún puerto... en una playa..!

Concha Méndez.


miércoles, 23 de enero de 2013

OBITER DICTUM





“Es el primero, que la limosna se haga con intención de manifestar el amor que tenemos a solo Dios; porque, si las riquezas son la condición e instrumento para mantener la vida del cuerpo, el que de ellas se desposee voluntariamente, es porque no teme a la muerte, sino que la desea para unirse con Dios.”


                                                      Miguel Asín Palacios.

jueves, 17 de enero de 2013

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




     PARARRAYOS


Un vuelo de miradas acribilla la noche

Cada relámpago
es un ojo de Argos
El viento nos golpea con sus puños
La tempestad dispara sus pistolas automáticas
Las estrellas tocan a rebato

La noche se extravía
y tactea los cuatro puntos cardinales del horizonte
Los tejados inundan sus lagrimales
Descarrila el tren de las horas
La tormenta enciende sus carteles eléctricos

Todos los transeúntes
cambian sus reflejos
se encienden y se apagan simultáneamente
En la pizarra atmosférica
se dibujan los guarismos relámpagos

Epilepsia de las alturas
Dios deposita sus injurias en los pararrayos
Cuándo
el pirotécnico celeste
agotará su stock de cohetes?

           Guillermo de Torre

miércoles, 16 de enero de 2013

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EL NIÑO EN LA ESTANCIA

                      
En aquella época, el retrato, a todo color, del gran hombre ocupaba un lugar de honor sobre la repisa de la chimenea de nuestra sala o salón. La imagen de un hombre de rasgos finos y bien perfilados, pelo y patillas castaño-rojizas y ojos azules; algunos lo llamaban “el inglés”, debido a sus rasgos regulares y a su tez sonrosada. Aquel retrato de rostro severo y apuesto, con las armas de la república—las banderas, los cañones y las ramas de olivo—en el pesado marco dorado, era uno de los adornos principales de la habitación, y mi padre estaba orgulloso de él, porque era, por razones que luego diré, un gran admirador de Rosas, un “rosista” de tomo y lomo, como llamaban a sus leales. El retrato estaba flanqueado por otros dos: uno era el de doña Encarnación, la mujer de Rosas, fallecida hacía mucho tiempo, una mujer hermosa, joven y de aspecto orgulloso, con una gran mata de pelo negro y un fantasioso peinado, rematado por una gran peineta de concha de tortuga. Recuerdo que, de niños, solíamos contemplar aquel rostro bajo la mata de pelo negro con extrañeza, casi con inquietud, pues a pesar de su hermosura, no había en él dulzura ni amabilidad y, aunque hacía mucho que había muerto, cuando la mirábamos era como si estuviese viva y sus ojos negros y fríos nos devolvieran directamente la mirada. La razón por la que aquellos ojos, necesariamente inmóviles, seguían clavándose siempre en los nuestros, aunque estuviésemos en diferentes lugares de la habitación, fue un continuo motivo de extrañeza para nuestros cerebros inexpertos e infantiles.
Al otro lado, estaba el semblante truculento y repulsivo del capitán general Urquiza, la mano derecha del Dictador, un matarife feroz como ninguno, que durante años había mantenido su autoridad en las rebeldes provincias del norte pero ahora acababa del volverse contra él y, poco tiempo después, con la ayuda del ejército brasileño, conseguiría echarlo del poder.

W.H. Hudson. Allá lejos y tiempo atrás. Acantilado. 


lunes, 14 de enero de 2013

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






                       AUTOBIOGRAFÍA


Como el náufrago metódico que contase las olas que le   
      bastan para morir;
y las contase, y las volviese a contar, para evitar errores,
hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño y le
     cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de caballo de     
     cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.


Luis Rosales.

viernes, 11 de enero de 2013

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






     EL CIPRÉS DE SILOS


Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño;
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi, señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.


             Gerardo Diego