sábado, 27 de octubre de 2012
viernes, 26 de octubre de 2012
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
STALKY EN CHINA
“En agosto de 1900
mi esposa había soportado tres temporadas de calor
tórrido en Peshawar, Delhi y Jhansi y se había mudado de casa cinco veces,
había sufrido fiebre tifoidea y contribuido con su primer artículo al
importante periódico The Jhansi Herald.
Tras empezar con tal mal pie en la India , a esas alturas debería odiarla; pero no
hay quien entienda a las mujeres, y la vida de calor y polvo, de incomodidades
y agitaciones, la llenó de amor al país. Fue mala suerte, porque el destino nos
deparaba una sexta mudanza, en esa ocasión fuera de la India.
A principios de mes mi regimiento fue enviado a China para
participar en la expedición contra los bóxers. Mi esposa viajó a Inglaterra,
mientras yo me incorporé al regimiento en un barco que esperaba en Calcuta.
Tuvimos una travesía malísima y nos sorprendió un tifón cerca de
Hong-Kong, horrible para todos, especialmente para los soldados, muy pocos de
los cuales habían visto el mar antes.
Desembarcamos en Weihaiwei, donde estuvimos una semana. Todo nos
pareció bastante tranquilo, aunque nos ordenaron realizar marchas por el campo
para impresionar a los nativos.
Lo primero que observamos fue que estábamos en una tierra de
cerdos. Nunca vi tantos cerdos en mi vida, ni antes ni después.
En la India
apenas veíamos cerdos, excepto jabalíes, si bien de vez en cuando degustábamos
jamón en el comedor de oficiales, importado de Inglaterra.
En los países mahometanos hay que tener mucho cuidado con los
cerdos, porque los seguidores del Profeta no sólo consideran impuro el cerdo, sino
que el mero hecho de verlo o de pensar en él les afecta. ¡Qué raros somos los
humanos! Recuerdo una ocasión en un atestado vagón de segunda; un hermano
oficial intento evitar que entrase un caballero mahometano enseñándole un
cerdito de plata que colgaba de la cadena de su reloj. Y lo consiguió.
¡Y cómo sufrían nuestros pobres mahometanos en China! El país
estaba lleno de cerdos. Sus gruñidos se oían en los patios de todas las casas,
trotaban por los caminos, los chinos llevaban lechones vivos o muertos en
cestos, y no les importaba lo más mínimo que sus animales tropezasen con los
transeúntes.
En nuestra primera marcha la compañía de cabeza se situó de repente
en el lado izquierdo de la carretera sin órdenes previas para evitar a dos de
esos monstruos que trotaba pacíficamente por el lado derecho. Pero al retirarse
estuvieron a punto de chocar con un chino que llevaba medio cerdo a cuestas. Se
desplazaron entonces al medio de la carretera, donde se encontraron con un
sonriente chino que portaba cuatro lechones en cestas colgadas de un yugo.
La fuerte impresión produjo una reacción natural, y en muy poco
tiempo los hombres dejaron de preocuparse por los cerdos y empezaron a verlos
como unos animales más. También nuestros hindúes, educados en el sistema de
castas, sufrieron al verse en un país de trescientos cincuenta millones de
habitantes donde no había ninguna casta.
Uno de los principales inconvenientes de las castas se relaciona
con la comida. En la India
hay miles de castas distintas, y ninguna puede comer alimentos de otra casta o
que hayan sido tocados por otra casta.
Cuando nos dispusimos a comer en mitad de la primera marcha, un
sonriente chino se agachó a nuestro lado y aceptó muy contento los huesos de
pollo que tirábamos después de roerlos a conciencia. En aquel país de gente
espabiladísima no se desperdiciaba nada.
Un oficial indio me dijo indignado: «No me extraña que aquí no haya
cuervos ni buitres. Los chinos no les dejan nada que comer».”
Lionel C.
Dunsterville. Las aventuras de Stalky. Ediciones del Viento.
jueves, 25 de octubre de 2012
martes, 23 de octubre de 2012
lunes, 22 de octubre de 2012
OBITER DICTUM
“La diferencia entre la vanidad y el
orgullo está en que el orgullo es un convencimiento absoluto de nuestra
superioridad en todas las cosas. Por el contrario, la vanidad es el deseo de
despertar en los demás esa persuasión, con una secreta esperanza de dejarse a
la larga convencer a sí mismo. El orgullo tiene, pues, origen en un
convencimiento interior y directo que se tiene de su propia valía. Por el
contrario la vanidad busca apoyo en la opinión ajena para llegar a la propia
estimación. La vanidad hace parlanchín; el orgullo hace silencioso.”
Arthur Schopenhauer
viernes, 19 de octubre de 2012
OBITER DICTUM
Casi todos mis artículos provocan alguna indignación. Pero
no la que yo espero, sino otra absolutamente imprevisible. Esto termina por
alterar demasiado los nervios. En España existe una porción de personas a las
que no conozco, en las que nunca he pensado, en cuyas vidas jamás creo poder
cruzarme. Pues bien, de repente, hoy una, otra mañana, se sienten galvanizadas,
impelidas por una fuerza superior que provoco, yo no sé cómo, y me escriben
cartas comentando artículos que no son míos o afirmaciones que nunca formulé.
Estas cartas me aburren, porque todas son iguales. Se reducen a algunos
insultos de la mayor vulgaridad y a hacer conjeturas acerca de la cantidad de
billetes que me pagan en ABC por cada crónica. Es extraordinaria la unanimidad
con que esa diseminada muchedumbre cree que cada noche el propio Juan Ignacio
Luca de Tena me llama a su despacho y, jugando al desgaire con un billete de
cinco duros, me dice:
–Bueno, Wenceslao, ¿quiere usted decir hoy tal o cual cosa?
–¡No! –rujo, echando chispas por los ojos.
–Sea usted amable –insiste el director, sustituyendo el
billete de 25 por otro de 50.
–Jamás –bramo.
–Medítelo usted,
amigo mío –aconseja, mostrando otro papelito de 20 duros.
–Pero mire usted que…
–¿Por qué no se convence? (Dos billetes más).
Hasta que llega a un punto en que me precipito sobre los
vales con alegres gritos de “¡Tiene usted más razón que un santo!”, y corro a
pergeñar la crónica.
Wenceslao
Fernández Flórez.
jueves, 18 de octubre de 2012
miércoles, 17 de octubre de 2012
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
EN EL SILENCIO DE LA BIBLIOTECA
Bajo el sol de la tarde de
verano,
ciega el albor de estas casonas
viejas,
mientras que en sus estancias
silenciosas
la penumbra nos baña y nos
consuela.
Y, como un moscardón, zumba el
silencio;
un pregón que se arrastra, es una
queja...
Duerme un profundo sueño la
ciudad
en estas lentas horas de la
siesta.
Y yo, sin dormir, sueño
en la paz que hay aquí, en la
Biblioteca
municipal, donde se oyen las
plumas
correr sobre el papel, cansadas,
lentas...
Algún adolescente,
acodado sobre una antigua mesa,
lee los Episodios Nacionales,
o
novelas de Verne, o de Pereda.
Y hay unos hombres calvos
consultando
el Diccionario de jurisprudencia.
De los libros vetustos hay un
vago
perfume a cosas muertas;
en los viejos estantes empolvados
parece que bostezan
de tedio y de cansancio, ellos
que dicen
las añoradas vidas de otras
épocas,
como abuelos que cuentan su
pasado
y que hoy contemplan esta vida
quieta...
Y delante de mí, abierto un tomo,
que no sé de qué trata, lo
contemplan
mis ojos que soñando ven ahora
al abuelo de nívea guedeja;
y escucho el desgranar de sus
palabras
con un sonoro ritmo de leyenda...
Y la paz es profunda;
no llegan los rumores desde
fuera.
Los empolvados libros
quedamente bostezan...
Y delante de mí, abierto un tomo,
que sin verlo mis ojos lo
contemplan.
Fernando Fortún.
Fernando Fortún.
lunes, 15 de octubre de 2012
sábado, 13 de octubre de 2012
OBITER DICTUM
“Há muito tempo que não escrevo. Têm passado meses sem que viva, e
vou durando, entre o escritório e a fisiologia, numa estagnaçao íntima de
pensar e de sentir. Isto, infelizmente, não repousa: no apodrecimento há
fermentação.
Há muito tempo que não só não escrevo, mas nem sequer existo. Creio
que mal sonho. As ruas são ruas para min. Faço o trabalho do escritório com
consciência só para ele, mas não direi bem sem me distrair: por tras estou, em
vez de meditando, dormindo, porém estou sempre outro por trás do trabalho.
Há muito tempo que não existo. Estou sossegadísimo. Ninguém me
distingue de quem sou. Senti-me agora respirar como se houvesse praticado uma
cousa nova, ou atrasada. Começo a ter consciência. Talvez amanhã desperte para
mim mesmo, e reate o curso da minha existência própria. Não sei se, com isso,
serei mais feliz ou menos. Não sei nada. Ergo a cabeça | de passeante | e vejo
que, sobre a encosta do Castelo, o poente oposto arde em dezenas de janelas,
num revérbero alto de fogo frio. À roda desses olhos de chama dura toda a
encosta é suave dofim do día. Posso ao menos sentir-me triste, e ter a
consciência de que com esta minha tristeza se cruzou agora -- visto com ouvido
-- o som súbito do eléctrico que passa, a voz casual dos conversadores jovens,
o sussurro esquecido da cidade viva.
Há muito tempo que não sou eu.”
Fernando Pessoa
viernes, 12 de octubre de 2012
miércoles, 10 de octubre de 2012
lunes, 8 de octubre de 2012
OBITER DICTUM
«Pensaba que
cuento y novela no sólo eran dos géneros literarios diferentes sino dos
organismos de naturaleza diversa que sería funesto confundir. Hoy sigo
creyéndolo como entonces, y convencido más que nunca de la supremacía del
cuento sobre la novela.»
Gabriel García Márquez.
domingo, 7 de octubre de 2012
viernes, 5 de octubre de 2012
miércoles, 3 de octubre de 2012
OBITER DICTUM
«El tiempo de la vida humana es un punto, su esencia fluye, su percepción
es oscura, la composición del cuerpo en su conjunto es corruptible, el alma va
y viene, la fortuna es difícil de predecir, la fama no tiene juicio, en una
palabra, todo lo del cuerpo es un río , lo del alma es sueño y un delirio. La
vida es una guerra y un exilio, la fama póstuma es olvido. »
Marco Aurelio.
martes, 2 de octubre de 2012
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
THE TOMB AT AKR CAAR
“I am thy soul, Nikoptis. I have watched
These five millennia, and thy dead eyes
Moved not, nor ever answer my desire,
And thy light limbs, wherethrough I leapt aflame,
Burn not with me nor any saffron thing.
See, the light grass sprang up to pillow thee,
And kissed thee with a myriad grassy tongues;
But not thou me.
I have read out the gold upon the wall,
And wearied out my thought upon the signs.
And there is no new thing in all this place.
I have been kind. See, I have left the jars sealed,
Lest thou shouldst wake and whimper for thy wine.
And all thy robes I have kept smooth on thee.
O thou unmindful ! How should I forget!
--Even the river many days ago,
The river? thou wast over young.
And three souls came upon Thee--
And I came.
And I flowed in upon thee, beat them off;
I have been intimate with thee, known thy ways.
Have I not touched thy palms and finger-tips,
Flowed in, and through thee and about thy heels?
How 'came I in'? Was I not thee and Thee?
And no sun comes to rest me in this place,
And I am torn against the jagged dark,
And no light beats upon me, and you say
No word, day after day.
Oh! I could get me out, despite the marks
And all their crafty work upon the door,
Out through the glass-green fields...
Yet it is quiet here:
I do not go?”
These five millennia, and thy dead eyes
Moved not, nor ever answer my desire,
And thy light limbs, wherethrough I leapt aflame,
Burn not with me nor any saffron thing.
See, the light grass sprang up to pillow thee,
And kissed thee with a myriad grassy tongues;
But not thou me.
I have read out the gold upon the wall,
And wearied out my thought upon the signs.
And there is no new thing in all this place.
I have been kind. See, I have left the jars sealed,
Lest thou shouldst wake and whimper for thy wine.
And all thy robes I have kept smooth on thee.
O thou unmindful ! How should I forget!
--Even the river many days ago,
The river? thou wast over young.
And three souls came upon Thee--
And I came.
And I flowed in upon thee, beat them off;
I have been intimate with thee, known thy ways.
Have I not touched thy palms and finger-tips,
Flowed in, and through thee and about thy heels?
How 'came I in'? Was I not thee and Thee?
And no sun comes to rest me in this place,
And I am torn against the jagged dark,
And no light beats upon me, and you say
No word, day after day.
Oh! I could get me out, despite the marks
And all their crafty work upon the door,
Out through the glass-green fields...
Yet it is quiet here:
I do not go?”
Ezra Pound
lunes, 1 de octubre de 2012
OBITER DICTUM
No estamos nunca concentrados en nosotros mismos, siempre
permanecemos más allá: el temor, el deseo, la esperanza nos empujan hacia lo
venidero y nos alejan de la consideración de los hechos actuales, para
llevarnos a reflexionar sobre lo que acontecerá, a veces hasta después de
nuestra vida.
Calamitosus est animus futuri anxius.
domingo, 30 de septiembre de 2012
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