lunes, 13 de junio de 2011

OBITER DICTUM





Sí; te conozco. Yo te he visto atravesar las calles de mi pueblo, en Galicia. Tras de ti marchaba un aldeano venido de Abegondo o de Altamira. Sobre tus lomos, tres sacos enormes repletos de piñas, te abrumaban. Te reconozco. Tú eres el auténtico «caballo de las piñas». Quizá naciste en Vimianzo y alguien te compró en la feria de Payosaco. Tú estás aquí traído por ese espíritu aventurero, emigratorio, de la raza gallega; estás aquí ganando tu pan como don Eduardo Dato, como el criminalista Doval, como yo mismo… Te reconozco caballo de mi tierra…
Y como el animal hiciese remiso su paso, le grité:
 ¡Ei, besta!
Y él reanudó su andar, su trepar más bien, por la montaña. Y dio un relincho, un ligero y riente relincho, lleno de «saudade».


Wenceslao Fernández Flórez.

sábado, 11 de junio de 2011

OBITER DICTUM






       “Al Secretario General del Partido I. V. Stalin, al Presidente del Comité M. I. Kalinin, al jefe del Servicio de Bellas de Artes A. I. Sviderski, a Alexei Maksimovich Gorki.

        Del escritor
Mijail Afanásievich Bulgákov´

        […]

        Al cabo de diez años mis fuerzas se han agotado; no tengo ánimos suficientes para vivir más tiempo acorralado, sabiendo que no puedo publicar, ni representar mis obras en la URSS. Llevado hasta la depresión nerviosa, me dirijo a Usted y le pido que interceda ante el gobierno de la URSS para que me expulse de la URSS, junto con mi esposa L. E. Bulgakova, que se suma a esta petición.

M. Bulgákov
Moscú Julio de 1929”


Mijail Bulgákov

viernes, 10 de junio de 2011

OBITER DICTUM





“Naturalmente, a la lengua, como fenómeno social, le es propio lo común en todos los fenómenos sociales, comprendidas la base y la superestructura, a saber: está al servicio de la sociedad, como todos los demás fenómenos sociales, incluyendo la base y la superestructura. Pero aquí termina, propiamente hablando, lo común a todos los fenómenos sociales. A partir de aquí empiezan diferencias importantes entre los fenómenos sociales.
La cuestión estriba en que los fenómenos sociales, además de ese rasgo común, tienen sus particularidades específicas, que los diferencian a unos de otros y que tienen para la ciencia una importancia primordial. Las particularidades específicas de la base consisten en que ésta sirve a la sociedad desde el punto de vista económico. Las particularidades específicas de la superestructura consisten en que pone al servicio de la sociedad ideas políticas, jurídicas, estéticas y otras, crea para la sociedad las correspondientes instituciones políticas, jurídicas, etc., etc. ¿En qué consisten las particularidades específicas de la lengua, que la diferencian de los demás fenómenos sociales? Consisten en que la lengua sirve a la sociedad como medio de relación entre los hombres, como medio de intercambio de ideas en la sociedad, como medio que permite a los hombres entenderse mutuamente y organizar el trabajo conjunto en todas las esferas de la actividad humana, tanto en la esfera de la producción como en la esfera de las relaciones económicas, tanto en la esfera de la política como en la esfera de la cultura, tanto en la vida social como en la vida privada. Estas particularidades son exclusivas de la lengua, y precisamente porque son exclusivas de la lengua, ésta es objeto de estudio por una ciencia independiente: la lingüística. Si la lengua no tuviera esas particularidades, la lingüística perdería el derecho a una existencia independiente.
En pocas palabras: no puede incluirse a la lengua ni en la categoría de las bases ni en la categoría de las superestructuras.
Tampoco puede incluírsela en la categoría de los fenómenos «intermedios» entre la base y la superestructura, pues tales fenómenos «intermedios» no existen.
Pero ¿quizá puede incluirse la lengua en la categoría de las fuerzas productivas de la sociedad, por ejemplo, en la categoría de los instrumentos de producción? En efecto, entre la lengua y los instrumentos de producción hay cierta analogía: los instrumentos de producción, lo mismo que la lengua manifiestan cierta indiferencia hacia las clases y pueden servir por igual a las diversas clases de la sociedad, tanto a las viejas como a las nuevas. ¿Ofrece esta circunstancia fundamento para incluir la lengua en la categoría de los instrumentos de producción? No, no lo ofrece.
Hubo un tiempo en que N. Y. Marr, viendo que su fórmula «la lengua es una superestructura de la base» encontraba objeciones, decidió «reorientarse» y declaro que «la lengua es un instrumento de producción». ¿Tenía razón N. Y. Marr al incluir la lengua en la categoría de los instrumentos de producción? No, no tenía ninguna razón.
La cuestión estriba en que la semejanza entre la lengua y los instrumentos de producción no va más allá de la analogía que acabo de mencionar. Pero, en cambio, entre la lengua y los instrumentos de producción hay una diferencia esencial. Esa diferencia consiste en que los instrumentos de producción producen bienes materiales, mientras que la lengua no produce nada o sólo «produce» palabras. Más exactamente dicho: si poseen instrumentos de producción, los hombres pueden producir bienes materiales, pero si carecen de ellos, no pueden producir bienes materiales aunque dispongan de una lengua. No es difícil comprender que si la lengua pudiera producir bienes materiales, los charlatanes serían los hombres más ricos de la tierra.”


Iósif Stalin.

jueves, 9 de junio de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






                 LES SOLEILS CHANTEURS


Même si nous ne sommes pas tant que ça à aimer cet auteur...
Les disparitions inexplicables
Les accidents imprévisibles
Les malheurs un peu gros
Les catastrophes de tout ordre
Les cataclysmes qui noient et carbonisent
Le suicide considéré comme un crime
Les dégénérés intraitables
Ceux qui s'entourent la tête d'un tablier de forgeron
Les naïfs de première grandeur
Ceux qui descendent le cercueil de leur mère au fond d'un puits
Les cerveaux incultes
Les cervelles de cuir
Ceux qui hivernent à l'hôpital et que leur linge éclaté enivre encore
La mauve des prisons
L'ortie des prisons
La pariétaire des prisons
Le figuier allaiteur de ruines
Les silencieux incurables
Ceux qui canalisent l'écume du monde souterrain
Les amoureux dans l'extase
Les poètes terrassiers
Les magiciens à l'épi
Régnent température clémente autour des fauves embaumeurs du          [travail.


René Char


miércoles, 8 de junio de 2011

OBITER DICTUM




     Un ciudadano suizo, culpable de un robo verificado en una iglesia de Samen, ha sido condenado a lo siguiente: «Un cuarto de hora de argolla, vigilado por el verdugo, á 60 palos dados públicamente por el ejecutor de la justicia, a tirar durante cinco años de un carretón, á diez años de internación en su distrito natal, a no poder casarse jamás, a la pérdida de sus derechos civiles y políticos, á ejercicios piadosos, a hacer penitencia en la iglesia, con un báculo en la mano, y una cuerda al cuello, á daños y perjuicios y a los gastos del juicio.»


Gorgonio Petano

lunes, 6 de junio de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



POR LA ROMA IMPERIAL


“Es cierto que el bullicio de las calles de la Roma imperial no invitaba precisamente a pasear. El transeúnte se topaba con los puestos, chocaba con otros peatones, los jinetes le salpicaban de barro, le acosaban los mendigos sentados en las cuestas, bajo las arcadas o sobre los puentes y le magullaban los militares, quienes orgullosos de su uniforme, parecían asolar todo lo que encontraban en su camino y hundían los clavos de sus botas en los pies del civil lo bastante temerario como para no cederles el paso. Pero, antes que un engorro, la visión de este incesante y abigarrado trasiego constituía un placer para el romano. La marea en la que iba inmerso el paseante arrastraba en sí a todas las naciones del mundo conocido: “campesinos tracios y sármatas que se alimentaban de sangre de caballo”, egipcios que se habían bañado en las aguas del Nilo y “exóticos habitantes de Cilicia que se rociaban con azafrán, árabes, sicambros y negros etíopes”. Toda esta multitud, aunque no tuviera nada que vender, seducía con su labia y llamaba la atención, unos mediante su destreza para construir torres y otros, como los encantadores de serpientes, mediante su habilidad. Además, al estar vigente la prohibición del tránsito de carros, el hecho de tener que caminar le brindaba la oportunidad de disfrutar sin peligro con todo este maremágnum. No obstante, el romano podía pasear a lomos de su propia mula o la que amablemente le había prestado un amigo, o bien alquilar por unos denarios una al mulero númida que se encargaba de llevar las bridas; también podía arrellanarse cómodamente en el interior de una litera (lectica) cubierta con “lamina especular”, por la que podía ver y no ser visto, abriéndose paso entre la multitud a hombros de seis u ocho esclavos sirios; otro modo de pasear era salir en la silla portátil (sella) que las matronas utilizaban para ir de visita y en la que era posible leer o escribir en marcha; y, por último, había quienes salían con un carretón de mano (chiramaxium) semejante al que Trimalción había regalado a su favorito. Pero para escapar del barullo callejero los romanos no tenían más que dirigirse a las zonas tranquilas o “paseos” de la ciudad: los foros y sus basílicas, desde que las audiencias judiciales desaparecieron de ellas; los jardines de los emperadores que éstos ponían a disposición del público, si bien no todos llegaban a ceder su propiedad como hiciera César, para que los ciudadanos pudieran deleitarse cuando en primavera “Flora perfumaba el aire y colgaba en guirnaldas de rosas la gloria púrpura de los campos de Paestrum”; la explanada del Campo de  Marte, con sus cercados de mármol (Saepta Iulia), sus zonas sagradas y sus pórticos, abrigos contra el sol, asilos contra la lluvia y en toda estación, como dijo Séneca, delicia del más inmundo de los desocupados: “cum vilissimus Quisque in campo otium suum oblectet”.
         De estos pórticos aún se conserva la entrada del que Augusto consagrara al nombre de su hermana Octavia, que albergaba entre las columnas de mármol el recinto de los templos gemelos de Júpiter y Juno, con una superficie de 118 metros de longitud y 135 metros de profundidad. Pero existían otros muchos al norte de este pórtico, enumerados por Marcial al seguir el itinerario de su personaje gorrón Selius cuando va en busca de algún amigo que le invite a cenar: el pórtico de Europa, el de los Argonautas, el de las Cien Columnas, con su avenida de plátanos, o el de Pompeyo, rodeado de bosquecillos. Estos monumentos no sólo brindaban en sus recintos lugares agradables por la vegetación y las sombras, sino que también estaban llenos de obras de arte, como los frescos que adornan algunos de sus muros de fondo o las estatuas que decoraban las columnatas y los patios interiores. Solamente en el pórtico de Octavia, según testimonio del Plinio el Viejo, se encontraban un gran número de obras ejecutadas por Pasiteles y su alumno Dionisio, el grupo escultórico de Alejandro y sus generales en la batalla de Gránico realizado por Lisipo, una Venus de Fidias, una Venus de Praxiteles y el Amor que este mismo escultor realizara para la ciudad Thespiae.
         Al parecer, el callejeo del pueblo-rey estaba alentado por un prodigioso botín circundante. Sin embargo, aunque hubiera algunos romanos que se detuvieran a contemplar estas obras, la mayoría de ellos las miraba como se observa a objetos familiares. Marcial nos cuenta una anécdota que apoya nuestra opinión. Una osa de bronce, situada en medio de otras esculturas de animales del pórtico de las Cien Columnas, servía de entretenimiento a los paseantes. Un día que el jovencito Hylas se divertía midiéndose con este animal como si hubiese estado vivo, “metió en la boca del oso su delicada mano. Pero una víbora perversa se había enroscado en el interior del bronce y en ella respiraba un alma más feroz que la del inmenso oso. El niño no se dio cuenta hasta que fue demasiado tarde y, cuando sintió el dolor de la picadura, ya estaba expirando”. Ésta es la anécdota de unos chiquillos, pero veremos que no sólo ellos jugaban en los pórticos, jardines, foros y basílicas.”

Jérôme Carcopino. La vida cotidiana en Roma… Ediciones Temas de Hoy.

viernes, 3 de junio de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUEROTE


 


LA REVELACION DEL VERBO


«La asamblea de constitución de la Sociedad de Estuquistas se celebró en el local cedido por las Escuelas Pías de San Antón, en un aula donde yo comencé a deletrear el Catón. Pablo Iglesias pronunció un discurso exponiendo las ventajas de la organización obrera. Era la primera vez que oía al fundador del Partido Socialista y de la Unión General de Trabajadores. Excuso decir con el interés y atención que escuché la palabra sencilla, pero de una lógica y una dialéctica irresistibles del apóstol de las ideas marxistas en nuestro país. Sus palabras produjeron en mi inteligencia el mismo efecto que la luz en las tinieblas. Me parecía increíble que los trabajadores consintiéramos en seguir siendo víctimas de la explotación capitalista, cuando nuestra unión podía dar al traste con esa ignominia; después comprendí lo difícil que es esa unión donde el capitalismo directa o indirectamente usufructúa el poder político y económico, y el obrero, sea intelectual o manual, se ve obligado a vender su fuerza de trabajo por lo que le quieran dar.»


Francisco Largo Caballero.

Mis recuerdos.

Ediciones Unidas.




miércoles, 1 de junio de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






ENTRE TRACTORES Y SOCIALISMO


Las hileras de tractores nuevos, rojos o verdes, seguían alineadas en terraplenes a la orilla del camino. Algunos continuaban adentro de sus embalajes de madera. Filas de máquinas agrícolas amarillas. Al otro lado de la ruta se divisaban las construcciones y los campos de esparcimiento y deporte de un manicomio modelo.
—¿Por qué no usan esas máquinas?
—¡Ah! —mi interlocutor levantaba las manos y me respondía en voz baja, lanzando miradas laterales a las invisibles orejas electrónicas—. Si continuaras aquí un año, observarías su enmohecimiento, su deterioro progresivo…
—En un país capitalista subdesarrollado —en Chile, por ejemplo—, la agricultura está bastante poco mecanizada. Pero si un agricultor compra un tractor, como tiene que invertir en eso sus ahorros, o endeudarse con el Banco del Estado, lo cuida y le saca el jugo.
—¡Ya te darás cuenta! —exclamaba mi interlocutor—. Lo que más caracteriza la economía socialista es el despilfarro. El empleado o el obrero, que no tienen derecho más que a un par de zapatos por año, miran esos tractores y piensan que sus zapatos están ahí, pudriéndose. ¿Comprendes?
—La economía de un determinado socialismo, dirás…
—¡Por supuesto! El socialismo no puede ser así. Lo que sucede es que aquí estamos rodeados de incapaces, ¡de comemierdas! ¡Comemierdas!


Jorge Edwards. 
Persona non grata. 
Alfaguara.

ARPILLERA Y POLVO

LEONETTO CAPPIELLO












lunes, 30 de mayo de 2011

ARPILLERA Y POLVO

 LOVIS CORINTH










ALLÁ EN LAS INDIAS





ENTRE LAGARTOS


         “En los ríos hay gran cantidad de lagartos, que son tan grandes y fieros, que es admiración verlos. En el río del Cenú he yo visto muchos y muy grandes, y comido hartos huevos de los que ponen en las playas. Un lagarto de estos hallamos en seco en el río que dicen de San Jorge, yendo a descubrir con el capitán Alonso de Cáceres las provincias de Urute, tan grande y deforme, que tenía más de veinte y cinco pies en largo, y allí le matamos con las lanzas, y era cosa grande la braveza que tenía, y después de muerto lo comimos con la hambre que llevábamos. Es mala la carne y de un olor muy enhastioso. Estos lagartos o caimanes han comido a muchos españoles, y caballos, y indios, pasando de una parte a otra, atravesando estos ríos. En el término de esta ciudad hay poca gente de los naturales, porque todos se han consumido por malos tratamientos que recibieron de los españoles, y con enfermedades que tuvieron. Toda la más de esta ciudad está poblada, como yo dije, de muchos y muy honrados mercaderes de todas partes, trata en ella y en el Nombre de Dios, porque el trato es tan grande, que casi se puede comparar con la ciudad de Venecia. Porque muchas veces acaece venir navíos por la mar del Sur a desembarcar a esta ciudad cargados de oro y plata, por la mar del Norte es muy grande el número de las flotas que allegan al Nombre de Dios, de las cuales gran parte de las mercaderías viene a este reino por el río que llaman de Chagre [Chagres] en barcos y del que está cinco leguas de Panamá los traen en grandes y muchas recuas que los mercaderes tienen para este efecto. Junto a la ciudad hace la mar un ancón grande, donde cerca del surgen las naos, y con la marea entran en el puerto, que es muy bueno para pequeños navíos. Esta ciudad de Panamá fundó y pobló Pedraria [Pedrarias] de Ávila, gobernador que fue de Tierra Firme en nombre del invictísimo César don Carlos Augusto rey de España nuestro señor, año de mil quinientos y veinte. Y está en ocho grados de la Equinoccial a la parte del Norte. Tiene un buen puerto, donde entran las naos con la menguante, hasta quedar en seco. El flujo y reflujo de esta mar es grande, y mengua tanto, que queda la playa más de media legua descubierta del agua, y con la creciente se torna a henchir. Y quedar tanto creo yo que lo causa tener poco fondo, pues quedan las naos de baja mar en tres brazas, y cuando la mar es crecida están en siete.”


Pedro de Cieza de León. Crónica del Perú.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






HA VENIDO A ESA HORA


No vive en este barrio.
No conoce las tiendas.
No conoce a las gentes
que se afanan en ellas.
No sabe a lo que vino.
No compra aquí la prensa.
Recuerda las esquinas
que los perros recuerdan.

Ventanas encendidas
le agrandan la tristeza.
Corazón traseúnte,
junto a las casas nuevas
camina vacilando,
como un hombre a quien llevan.
El viento del suburbio
se le enreda en las piernas.

La calle como entonces.
Como entonces ajena.
Y el aire oscurecido
la noche que se acerca.
Cuando dobla la esquina
y aprieta el paso, sueña
que el tiempo no ha cambiado,
jugando a que regresa.

Luego pasa de largo,
y piensa: fue una época.

Jaime Gil de Biedma