miércoles, 11 de noviembre de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




POSESIÓN


Caías en mí.
Eco de tu pesantez mi vida
era una canción precipitándose
en la eternidad.

Inmerso en mi silencio
eres el cielo que sostiene un arroyo,
que levanta un árbol.
En que un lucero corta su voz
de eternidad.

                              Carmen Conde.

sábado, 7 de noviembre de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






Los horizontes
fluían de sus ojos

Traía rumor de selvas en el pecho
y un haz de sueños rotos
sobre sus hombros trémulos

La montaña y el mar          sus dos lebreles
le saltaban al paso

La montaña asombrada
y el mar encabritado

Pedro Garfias.

martes, 3 de noviembre de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA







SONETO PARA EMPEZAR UN AMOR

Ocurre que el olvido, antes de serlo,
fue grande amor, dorado cataclismo;
muchacha en el umbral de mi egoísmo,
¿qué va a pasar? mejor es no saberlo.

Muchacha con amor, ¿dónde ponerlo?
Amar son cercanías de uno mismo.
Como siempre, rodando en el abismo,
se irá el amor, sin verlo ni beberlo.

Tumbarse a ver qué pasa, eso es lo mío;
cumpliendo años irás en mi memoria,
viviendo para ayer, como una brasa,

porque no llegará la sangre al río,
porque un día seremos sólo historia
y lo de uno es tumbarse a ver qué pasa.

Manuel Alcántara.

sábado, 31 de octubre de 2020

OBITER DICTUM

 



«Recuerdo que un día de verano, quizá allá por el año 1985, fui a visitar en su casa de Itzea a don Julio Caro Baroja, llevado por el entonces amigo mío Luis Pancorbo, con quien el sobrino de don Pío tenía cierta relación. Don Julio andaba esa época cabreado en grado sumo con los abertzales vascos y no se cortaba un pelo en ponerles a parir en cualquier momento: 

    —Dedican todas sus energías a exaltar la patria vasca y a decir barbaridades en sus discursos…, como Mussolini. Sólo que Mussolini los pronunciaba en la Piazza Venezia y estos en medio de las vacas, los borricos y las mulas… Ellos mismos son mulas…, mulas que ergotizan.»


Javier Reverte.


jueves, 29 de octubre de 2020

ALLÁ EN LAS INDIAS






UN LANSQUENETE EN LAS INDIAS

En el año que se cuenta después de nacido Cristo nuestro amado Señor y Redentor 1534, yo Ulerich Schmídel de Straubing he visto las siguientes naciones y tierras, partiendo de Andorff (Amberes) por mar, a saber: Hispaniam (España), Indiam (Indias), y muchas islas; con peligros varios por lances de guerra las he visitado y recorrido; y este viaje (que ha durado desde el susodicho año hasta el de 1554 en que Dios el Todopoderoso me ayudó a llegar otra vez a mi tierra) juntamente con lo que a mí, y a los mismos mis compañeros aconteció y nos tocó sufrir, lo he descripto yo aquí con la brevedad posible.

Ulrich Schmídel.
Viaje al Río de la Plata.

lunes, 26 de octubre de 2020

OBITER DICTUM






Aquí están las figuras mismas de Hokusai, deambulando con sus impermeables de paja, sus inmensos sombreros de paja en forma de seta, y sus sandalias del mismo material; campesinos descalzos, profundamente curtidos por el viento y el sol; y madres de rostro paciente que llevan a la espalda niños calvos y sonrientes, y dan pasitos con sus geta (unos altos y ruidosos zuecos de madera), y comerciantes con túnica, acuclillados, fumando sus pequeñas pipas de bronce entre los innumerables acertijos de sus tiendas.

Lafcadio Hearn.

viernes, 23 de octubre de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






                                      DREIRA


Entre la soledad, el dulce olvido,
el desarraigo y el vino de agujas de oro
me quedo con aquellos que se eligen.

Aquí no se aloja duda alguna.

Es una mínima muestra de respeto.

No. No. A las voces de mis mayores.

Me insinuaron la sombra de un pequeño 
dios alado que está en todas partes
menos en un lugar llamado Dreira.

Lo ignoro, ya no pueden hablarme.
Lo ignoro, pero intuyo que me ronda.

Nunca he deseado morir eternamente.

Martín Dreira.

jueves, 22 de octubre de 2020

OBITER DICTUM





Antes de que se marche el deportado, la Gestapo precinta todo lo que no se lleva. Todo pasa al Estado. Paul Kreidl me trajo anoche unos zapatos exactamente de mi número y que dado el estado terrible de los míos son de lo más oportunos. Y un poco de tabaco que Eva mezcla con hojas de zarzamora y así lía sus cigarrillos. Yo, desde hace muchos días, sólo fumo hojas de zarzamora. Esta mañana especie de visita de pésame a la madre. El convoy consta ahora de doscientas cuarenta personas, parece que entre ellos hay gente vieja, débil y enferma, de forma que apenas pueden llegar vivos.


Victor Klemperer.

domingo, 18 de octubre de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE








Febrero 1978
Chofer de taxi II:

Hoy llevé unos pasajeros a Ezeiza y tuve suerte de levantar en seguida una pareja que venía a Buenos Aires. Era gente bien vestida, que parecía formal. En seguida se pusieron a quejarse de muchas cosas: una conversación a la que estamos acostumbrados. De ahí pasaron a decir que los argentinos éramos mentirosos y ladrones. Yo no sabía qué contestarles y empecé a notar que hablaban con una tonadita, por lo que entré a sospechar que eran extranjeros. Ellos mismos lo confirmaron pronto. Dijeron que ellos, los chilenos, estaban mejor armados que nosotros y que nos iban a aplastar como lo merecíamos, por malos perdedores y fanfarrones. Yo todavía trataba de no enojarme y de ver cómo podía arreglarme para que esas palabras no fueran ofensivas. Pero la pareja insistía y a mí me subía la mostaza. ¿Qué le parece hablar así en la Argentina, que ahora estará un poco pobre y hasta en mala situación económica, pero que siempre fue considerada la Francia de América? Y mire el país que nos va a aplastar: Chile, una playita larga, un país de tercera categoría, o quizá de cuarta. Ellos seguían chumbando y yo juntando rabia, hasta que vi un patrullero, me le puse lado y les dije a los chafes : “llévense presa a esta pareja, que está hablando mal de la Argentina”. Vieran el disgusto que tuvieron los chilenos. Dijeron que ellos no habían hecho nada más que expresar una opinión y que no era posible que los llevaran a la comisaría por eso. En este punto se equivocaron, porque en un santiamén los acomodaron en el patrullero y se los llevaron a la comisaría, sin tan siquiera pedirme que pasara a declarar como testigo. Yo busqué un teléfono público y le hablé a la patrona. Le dije que nos preparara un almuerzo especial, porque me había ganado el día.

Adolfo Bioy Casares.
Descanso de caminantes.

Editorial Sudamericana.