viernes, 13 de noviembre de 2020
miércoles, 11 de noviembre de 2020
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
POSESIÓN
Caías en mí.
Eco de tu pesantez mi vida
era una canción precipitándose
en la eternidad.
Inmerso en mi silencio
eres el cielo que sostiene un arroyo,
que levanta un árbol.
En que un lucero corta su voz
de eternidad.
Carmen Conde.
lunes, 9 de noviembre de 2020
sábado, 7 de noviembre de 2020
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
Los horizontes
fluían de sus
ojos
Traía rumor de
selvas en el pecho
y un haz de
sueños rotos
sobre sus
hombros trémulos
La montaña y el
mar sus dos lebreles
le saltaban al
paso
La montaña
asombrada
y el mar
encabritado
Pedro Garfias.
viernes, 6 de noviembre de 2020
jueves, 5 de noviembre de 2020
martes, 3 de noviembre de 2020
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
SONETO
PARA EMPEZAR UN AMOR
Ocurre que el
olvido, antes de serlo,
fue grande amor,
dorado cataclismo;
muchacha en el
umbral de mi egoísmo,
¿qué va a pasar?
mejor es no saberlo.
Muchacha con amor,
¿dónde ponerlo?
Amar son cercanías
de uno mismo.
Como siempre,
rodando en el abismo,
se irá el amor, sin
verlo ni beberlo.
Tumbarse a ver qué
pasa, eso es lo mío;
cumpliendo años
irás en mi memoria,
viviendo para ayer,
como una brasa,
porque no llegará
la sangre al río,
porque un día
seremos sólo historia
y lo de uno es
tumbarse a ver qué pasa.
Manuel
Alcántara.
domingo, 1 de noviembre de 2020
sábado, 31 de octubre de 2020
OBITER DICTUM
«Recuerdo que un día de verano, quizá allá por el año 1985, fui a visitar en su casa de Itzea a don Julio Caro Baroja, llevado por el entonces amigo mío Luis Pancorbo, con quien el sobrino de don Pío tenía cierta relación. Don Julio andaba esa época cabreado en grado sumo con los abertzales vascos y no se cortaba un pelo en ponerles a parir en cualquier momento:
—Dedican todas sus energías a exaltar la patria vasca y a decir barbaridades en sus discursos…, como Mussolini. Sólo que Mussolini los pronunciaba en la Piazza Venezia y estos en medio de las vacas, los borricos y las mulas… Ellos mismos son mulas…, mulas que ergotizan.»
Javier Reverte.
viernes, 30 de octubre de 2020
jueves, 29 de octubre de 2020
ALLÁ EN LAS INDIAS
UN LANSQUENETE EN LAS INDIAS
En el año que se
cuenta después de nacido Cristo nuestro amado Señor y Redentor 1534, yo Ulerich
Schmídel de Straubing he visto las siguientes naciones y tierras, partiendo de
Andorff (Amberes) por mar, a saber: Hispaniam (España), Indiam (Indias), y
muchas islas; con peligros varios por lances de guerra las he visitado y
recorrido; y este viaje (que ha durado desde el susodicho año hasta el de 1554
en que Dios el Todopoderoso me ayudó a llegar otra vez a mi tierra) juntamente
con lo que a mí, y a los mismos mis compañeros aconteció y nos tocó sufrir, lo
he descripto yo aquí con la brevedad posible.
Ulrich Schmídel.
Viaje al Río de la Plata.
miércoles, 28 de octubre de 2020
lunes, 26 de octubre de 2020
OBITER DICTUM
Aquí están las figuras mismas de Hokusai, deambulando con sus impermeables
de paja, sus inmensos sombreros de paja en forma de seta, y sus sandalias del
mismo material; campesinos descalzos, profundamente curtidos por el viento y el
sol; y madres de rostro paciente que llevan a la espalda niños calvos y
sonrientes, y dan pasitos con sus geta (unos altos y ruidosos zuecos de
madera), y comerciantes con túnica, acuclillados, fumando sus pequeñas pipas de
bronce entre los innumerables acertijos de sus tiendas.
Lafcadio Hearn.
sábado, 24 de octubre de 2020
viernes, 23 de octubre de 2020
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
DREIRA
Entre la soledad, el dulce olvido,
el desarraigo y el vino de agujas de oro
me quedo con aquellos que se eligen.
Aquí no se aloja duda alguna.
Es una mínima muestra de respeto.
No. No. A las voces de mis mayores.
Me insinuaron la sombra de un pequeño
dios alado que está en todas partes
menos en un lugar llamado Dreira.
Lo ignoro, ya no pueden hablarme.
Lo ignoro, pero intuyo que me ronda.
Nunca he deseado morir eternamente.
Martín Dreira.
jueves, 22 de octubre de 2020
OBITER DICTUM
Antes de que se marche
el deportado, la Gestapo precinta todo lo que no se lleva. Todo pasa al Estado.
Paul Kreidl me trajo anoche unos zapatos exactamente de mi número y que dado el
estado terrible de los míos son de lo más oportunos. Y un poco de tabaco que
Eva mezcla con hojas de zarzamora y así lía sus cigarrillos. Yo, desde hace
muchos días, sólo fumo hojas de zarzamora. Esta mañana especie de visita de
pésame a la madre. El convoy consta ahora de doscientas cuarenta personas, parece que entre
ellos hay gente vieja, débil y enferma, de forma que apenas pueden llegar
vivos.
Victor
Klemperer.
martes, 20 de octubre de 2020
domingo, 18 de octubre de 2020
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
Febrero 1978
Chofer de taxi II:
Hoy llevé unos pasajeros a Ezeiza y tuve suerte de levantar
en seguida una pareja que venía a Buenos Aires. Era gente bien vestida, que
parecía formal. En seguida se pusieron a quejarse de muchas cosas: una
conversación a la que estamos acostumbrados. De ahí pasaron a decir que los
argentinos éramos mentirosos y ladrones. Yo no sabía qué contestarles y empecé
a notar que hablaban con una tonadita, por lo que entré a sospechar que eran
extranjeros. Ellos mismos lo confirmaron pronto. Dijeron que ellos, los
chilenos, estaban mejor armados que nosotros y que nos iban a aplastar como lo
merecíamos, por malos perdedores y fanfarrones. Yo todavía trataba de no
enojarme y de ver cómo podía arreglarme para que esas palabras no fueran
ofensivas. Pero la pareja insistía y a mí me subía la mostaza. ¿Qué le parece
hablar así en la Argentina, que ahora estará un poco pobre y hasta en mala
situación económica, pero que siempre fue considerada la Francia de América? Y
mire el país que nos va a aplastar: Chile, una playita larga, un país de
tercera categoría, o quizá de cuarta. Ellos seguían chumbando y yo juntando
rabia, hasta que vi un patrullero, me le puse lado y les dije a los chafes : “llévense
presa a esta pareja, que está hablando mal de la Argentina”. Vieran el disgusto
que tuvieron los chilenos. Dijeron que ellos no habían hecho nada más que
expresar una opinión y que no era posible que los llevaran a la comisaría por
eso. En este punto se equivocaron, porque en un santiamén los acomodaron en el
patrullero y se los llevaron a la comisaría, sin tan siquiera pedirme que
pasara a declarar como testigo. Yo busqué un teléfono público y le hablé a la
patrona. Le dije que nos preparara un almuerzo especial, porque me había ganado
el día.
Adolfo Bioy Casares.
Descanso de caminantes.
Editorial Sudamericana.
viernes, 16 de octubre de 2020
miércoles, 14 de octubre de 2020
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