lunes, 17 de agosto de 2020
sábado, 15 de agosto de 2020
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
AL PARTIR
jueves, 13 de agosto de 2020
martes, 11 de agosto de 2020
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
AMOR
Salvador Novo.
domingo, 9 de agosto de 2020
viernes, 7 de agosto de 2020
ALLÁ EN LAS INDIAS
DE LA DESTRUCCIÓN DE LOS
ÍDOLOS Y LOS TEMPLOS
Predicación de Evangelio en las Indias.
miércoles, 5 de agosto de 2020
lunes, 3 de agosto de 2020
OBITER DICTUM
sábado, 1 de agosto de 2020
viernes, 31 de julio de 2020
OBITER DICTUM
«¡Salid diciendo que soy un desgraciado! Diréis verdad. ¡Salid diciendo que no merecéis que os trate así! Y diréis la verdad. ¡Salid diciendo que soy un insensato! Y no diréis verdad. ¡Gritad que miento! Y faltaréis a la verdad. Todo lo habéis tenido para ser lo mejor de España: dinero, gente, ayudas, préstamos, ingenios, tiempo, esclavos, y vivís grises en la mediocridad más nebulosa, en la ignorancia del orgullo de lo mediocre. A tal punto que cuando alguien despunta de agudo, se tiene que ir porque tropieza en seguida, al salir de su casa, con el cielo raso del famoso cielo azul claro madrileño. Ya todo el cielo es cielo raso (y de raso si queréis) en este Madrid de hoy hecho a vuestra imagen: bobo, envidioso, necio, ignorante, cerrado de mollera en uno de los lugares más espléndidos de España.»
Max Aub.
jueves, 30 de julio de 2020
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
LA COCINERA O LA PRENSA
miércoles, 29 de julio de 2020
OBITER DICTUM
«No es la distancia lo que mide el alejamiento. La pared de
un jardín doméstico puede encerrar más secretos que la
Muralla China, y el alma de una niña está mejor protegida por
el silencio, que lo están los oasis saharianos por el espesor
de las arenas.»
Antoine de Saint-Exupery.
martes, 28 de julio de 2020
domingo, 26 de julio de 2020
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
PRIVÉ
viernes, 24 de julio de 2020
miércoles, 22 de julio de 2020
ALLÁ EN LAS INDIAS
CONTRA LA LEY DEL OLVIDO
martes, 21 de julio de 2020
lunes, 20 de julio de 2020
domingo, 19 de julio de 2020
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
ANARQUÍA TOLERADA
«Dejé Madrid a principios de septiembre. La anarquía que reinaba en la capital ante la impotencia del gobierno y la absoluta falta de seguridad personal, incluso para los liberales —o quizás sobre todo para ellos— me impusieron esa prudente medida... Si la gran simpatía que uno siente siempre por quienes se defienden puede ir hasta explicar los errores populares, se niega en llegar hasta el sacrificio oscuro e inútil de la propia vida. Se sabe también que los autores de los excesos, o los que han tolerado que se cometan, siempre encuentran excusas aunque sólo consistan en pretender que hay que juzgar las revoluciones en su conjunto y no en sus detalles, por elocuentes que sean. ¡Y yo no quería ser uno de esos detalles sacrificados inútilmente! No quise sin embargo marcharme sin llevar conmigo a mi anciana madre de ochenta años y a una sobrinita, únicas personas a mi cargo. Debíamos dejar España por el puerto de Alicante en un barco argentino. Pero en el último momento órdenes del gobierno español nos lo impidieron y, no teniendo más elección, embarcamos en un barco alemán con destino a Génova.»
Clara Campoamor.
La revolución española vista por una republicana.
Editorial Espuela de Plata.





























