martes, 5 de mayo de 2020
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
domingo, 3 de mayo de 2020
viernes, 1 de mayo de 2020
OBITER DICTUM
jueves, 30 de abril de 2020
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
CAUTIVERIO
«Pues los antiguos camaradas de armas, convertidos en compañeros de cautiverio, sentirían lo mismo. Allí estaban, entre otros, algunos de apellidos tan claros como don Francisco de Meneses, capitán apresado cuando la pérdida de La Goleta. Y el caballero Osorio, y el alférez Ríos… Todos se sujetan a la dirección de aquel antiguo subordinado, que en el cautiverio iba a demostrar sus naturales condiciones de mando, como lo que era: un hombre excepcional. De forma que al punto nos surge una idea: que también hubiera podido ser un gran soldado, si los hombres de su tiempo, los que mandaban en la Corte, se hubieran dado cuenta de ello y le hubieran dado la oportunidad que tantas veces pidió; eso sí, una negativa que, si amarga para aquella alma heroica, acabaría siendo afortunada, porque de allí arrancaría, decididamente, el destino del genial escritor.»
Manuel Fernández Álvarez.
Cervantes visto por un historiador.
Editorial Espasa.
miércoles, 29 de abril de 2020
lunes, 27 de abril de 2020
ALLÁ EN LAS INDIAS
EL PERRO CAPITÁN I
sábado, 25 de abril de 2020
viernes, 24 de abril de 2020
jueves, 23 de abril de 2020
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
NO SON RECUERDOS
martes, 21 de abril de 2020
domingo, 19 de abril de 2020
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
RUAS
E SOMBRAS
sábado, 18 de abril de 2020
viernes, 17 de abril de 2020
miércoles, 15 de abril de 2020
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
«SERÁN CENIZA...»
lunes, 13 de abril de 2020
domingo, 12 de abril de 2020
sábado, 11 de abril de 2020
OBITER DICTUM
viernes, 10 de abril de 2020
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
A CARA O CRUZ
«Estábamos a unos mil metros de Gagesti cuando algo entró en la carretera por delante de mi caballo. Levanté la vista y quedé más que sorprendido de ver a una escuadra de exploradores rumana de unos quince hombres con bayonetas caladas justo delante nuestro. Era demasiado tarde para dar la vuelta y escapar al galope, ya que cualquier indicio de un pretendido intento de huída me hubiese supuesto un par de balas. Me decidí rápidamente; avancé trotando hacia la escuadra de exploradores sin cambiar de paso, les saludé de manera amistosa, les di a entender que debían desarmarse, que eran prisioneros, y que debían ponerse en marcha hacia la iglesia en Gagesti, donde cuatrocientos de sus camaradas estaban reunidos. Dudo mucho que alguno de los rumanos entendiese mis palabras. Pero mi donaire y tono de voz calmado y amistoso tuvieron un efecto persuasivo. Los quince hombres dejaron sus armas sobre la carretera y se alejaron a través de los campos en la dirección indicada. Continué mi paseo otros cien metros y después galopé de vuelta a mi compañía por el camino más corto. Probablemente no hubiera encontrado adversarios tan simples una segunda vez.»
Erwin Rommel.
La infanteria al ataque.
Editorial Tempus.



























