sábado, 19 de octubre de 2019

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





EPITAFIO PARA UN POETA


No le faltaron excusas
para ser pobre y valiente.
Supo vivir claramente.
Amó a su amor y a la Musas.

Yace aquí como ha vivido,
en soledad decorosa.
Su gloria cabe en la rosa
que ninguno le ha traído.


Nalé Roxlo

martes, 15 de octubre de 2019

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






          MARINE

Les chars d'argent et de cuivre -
Les proues d'acier et d'argent -
Battent l'écume, -
Soulèvent les souches des ronces -
Les courants de la lande,
Et les ornières immenses du reflux,
Filent circulairement vers l'est,
Vers les piliers de la forêt, -
Vers les fûts de la jetée,
Dont l'angle est heurté par des
tourbillons de lumière.


Arthur Rimbaud.

ALLÁ EN LAS INDIAS





DESDE LA CUNA


«Los hijos criaban extrañamente, así los Incas como la gente común, ricos y pobres, sin distinción alguna, con el menos regalo que les podían dar. Luego que nacía la criatura la bañaban con agua fría para envolverla en sus mantillas, y cada mañana que lo envolvían la habían de llevar con agua fría, y las más veces puesta al sereno. Y cuando la madre le hacía mucho regalo, tomaba el agua en la boca y le lavaba todo el cuerpo, salvo la cabeza, particularmente la mollera, que nunca le llegaban a ella. Decían que hacían esto por acostumbrarlos al frío y al trabajo, y también porque los miembros se fortaleciesen. No les soltaban los brazos de las envolturas por más de tres meses porque decían, que soltándoselos antes, los hacían flojos de brazos. Teníanlos siempre echados en sus cunas, que era un banquillo mal aliñado de cuatro pies, y el un pie era más corto que los otros para que se pudiese mecer. El asiento o lecho donde echaban al niño era de una red gruesa, porque no fuese tan dura si fuese de tabla, y con la misma red lo abrazaban por un lado y otro de la cuna y lo liaban, por que no se cayese de ella. Al darles la leche ni en otro tiempo alguno no los tomaban en el regazo ni en brazos, porque decían que haciéndose a ellos se hacían llorones y no querían estar en la cuna, sino siempre en brazos. La madre se recostaba sobre el niño y le daba el pecho, y el dárselo era tres veces al día: por la mañana y al mediodía y a la tarde. Y fuera de estas horas no les daban leche, aunque llorasen, porque decían que se habituaban a mamar todo el día y se criaban sucios con vómitos y cámaras, y que cuando hombres eran comilones y glotones: decían que los animales no estaban dando leche a sus hijos todo el día ni toda la noche, sino a ciertas horas. La madre propia criaba su hijo; no se permitía darlo a criar, por gran señora que fuese, si no era por enfermedad. Mientras criaban se abstenían del coito, porque decían que era malo para la leche y encanijaba la criatura.»

Inca Garcilaso de la Vega.

Comentarios Reales.

lunes, 14 de octubre de 2019

OBITER DICTUM






«Se puede escribir un libro entero sobre las mujeres en la caballería del Ejército Rojo. Escuadrones en combate, polvo, confusión, sables desenvainados, continuas blasfemias, mientras ellas galopan delante con las faldas arremangadas, polvorientas, con sus grandes pechos, todas putas pero camaradas, y putas porque son camaradas, y esto es lo más importante, sirven a todos, con lo que pueden, son heroínas, y al mismo tiempo se las desprecia, dan de beber a los caballos, llevan la paja, limpian los arneses; roban en las iglesias, y a la población.»

Isaak Bábel.

lunes, 7 de octubre de 2019

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA







    CENIZAS


La noche se astilló de estrellas
mirándome alucinada
el aire arroja odio
embellecido su rostro
con música.

Pronto nos iremos

Arcano sueño
antepasado de mi sonrisa
el mundo está demacrado
y hay candado pero no llaves
y hay pavor pero no lágrimas.

¿Qué haré conmigo?

Porque a Ti te debo lo que soy

Pero no tengo mañana

Porque a Ti te...

La noche sufre.


Alejandra Pizarnik

jueves, 3 de octubre de 2019

OBITER DICTUM





«Lo cierto es que, en el mundo administrado y organizado a escala planetaria, la aventura y el misterio del viaje parecen acabados; los viajeros de Baudelaire, que partían a la búsqueda de lo inaudito y estaban dispuestos a naufragar durante el viaje, encuentran en lo ignoto, pese a cualquier desastre imprevisto, el mismo tedio que han dejado en casa. De todos modos, moverse es mejor que nada: se mira por la ventanilla del tren que se precipita en el paisaje, se ofrece la cara al escaso frescor que desciende de los árboles del paseo mientras uno se mezcla con la gente, y algo corre y pasa a través del cuerpo, el aire se mete dentro de la ropa, el yo se dilata y se contrae como una medusa, un poco de tinta sale del tintero y se diluye en un mar color tinta. Pero esta blanda relajación de los nexos, que sustituye el uniforme por un pijama, equivale sobre todo a la hora del recreo en el programa escolar, más que a la promesa de la gran disolución, del loco vuelo en que se supera el confín.»



Claudio Magris

lunes, 30 de septiembre de 2019

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





       DERNIER POÈME


J’ai rêvé tellement fort de toi,
J’ai tellement marché, tellement parlé,
Tellement aimé ton ombre,
Qu’il ne me reste plus rien de toi.

Il me reste d’être l’ombre parmi les ombres
D’être cent fois plus ombre que l’ombre
D’être l’ombre qui viendra et reviendra dans ta vie       [ensoleillée


                                                                 Robert Desnos

viernes, 27 de septiembre de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






ME PARECE QUE NO


«Es la verdad. Te bebes el sol, miras, observas, disfrutas de la vida, todo lo que Dios ha hecho te parece bien hecho. Te interesan las lagartijas, y las libélulas, que, plantadas la una sobre el cuello de la otra, vuelan de ramita en ramita, y se posan, la una tiesa, la otra en línea quebrada, con la punta de la cola en el agua. Te dices: antes de escribir, hay que observar. Pasearse es trabajar. Hay que aprender a verlo todo, la hoja de hierba, las ocas que gritan en los establos , el sol poniente, la cola rosada y purpúrea del crepúsculo que se extiende por todo el horizonte como una vela desplegada en la que se posa el arco de la luna. Te atiborras de mirar cuadros, con las manos en los bolsillos. Levantas las compuertas de tu fantasía. Y esta se desborda a derecha e izquierda, sale de su cuenca, se derrama al azar, a la aventura. Incluso se te ocurren ideas tristes. Piensas en la muerte: cuando truena, con miedo, y sin miedo cuando está despejado, cuando la luz difusa se cuela por todas partes, mira por las rendijas de cada ventana y doblega las pesadas espigas, cuando quisieras estar en otra parte, a la sombra, tranquilo, lejos del mundo, y te ves, en absoluto emocionado, con los pies juntos, tumbado, recogido, casi sonriente, un palmo bajo tierra, muy cerca de las flores, de la hierba, de la vida y el ruido. Muy bien. Te escucho. Ya ni siquiera cazas. Te repugna matar un pájaro. ¿Acaso no tienen derecho a vivir? No pescas. Los peces te parecen seres vivos que tienen alas para volar en el agua, que luchan, que se escurren, que existen. Te pones elegíaco. ¡Caramba, si es que lo comprendes todo! Panteízas: ves a Dios por todas partes y en ninguna. Tienes ideas serenas que te hacen sonreír benevolentemente. Degustas el tiempo. Te sientes perfectamente bien, pero te lo repito: «¡No trabajas, puerco!».»


Jules Renard. 
Diario. 
Penguin Random House Grupo Editorial.

lunes, 23 de septiembre de 2019

OBITER DICTUM







«Es verdad que los puritanos afirmaban la libertad de conciencia y de opinión, pero en realidad reivindicaban la libertad de su propia conciencia y opinión, para después ser intolerantes frente a las opiniones y religiones ajenas. Y, por tanto, desafiar a las autoridades constituidas en nombre de la libertad de conciencia no es pluralismo porque lo que reivindicamos para nosotros mismos se niega a los otros.»


Giovanni Sartori

sábado, 21 de septiembre de 2019

ALLÁ EN LAS INDIAS






ENTRE MARIAMES E IGUASES


«Y pues Dios nuestro Señor había sido servido de guardarme entre tantos trabajos y enfermedades, y al cabo traerme en su compañía, que ellos determinaban de huir, que yo los pasaría de los ríos y ancones que topásemos; y avisáronme que en ninguna manera diese a entender a los indios ni conosciesen de que yo quería pasar adelante, porque luego me matarían; y que para esto era menester  que yo me detuviese con ellos seis meses, que era tiempo en que aquellos indios iban a otra tierra a comer tunas. Esta es una fruta que es del tamaño de huevos, y son bermejas y negras y de muy buen gusto. Cómenlas tres meses del año, en los cuales no comen otra cosa alguna, porque al tiempo que ellos las cogían venían a ellos otros indios de adelante, que traían arcos para contratar y cambiar con ellos; y que cuando aquellos se volviesen nos huiríamos de los nuestros, y nos volveríamos con ellos. Con este concierto yo quede allí, y me dieron por esclavo a un indio con quien Dorantes estaba, el cual era tuerto, y su mujer y un hijo que tenía y otro que estaba en su compañía; de manera que todos eran tuertos. Estos se llaman mariames, y Castillo estaba con otros sus vecinos, llamados iguases.»

Alvar Núñez Cabeza de Vaca.
Naufragios y comentarios.

Espasa Calpe.