miércoles, 25 de junio de 2014

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA







Y el llanto del Rey cayó
al Lago, y éste creció.
Creció de tal forma
que anego la ciudad,
el Reino y el país entero,
hasta más allá de las lindes
donde Gudú había pisado.
Y tanto él como su Reino,
como cuantos con él vivieron,
desaparecieron en el Olvido.

Ana María Matute.

domingo, 22 de junio de 2014

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE









REEDUCACIÓN DE BURGUESES


   “En los alrededores de Pekín, se alza un gran edificio blanco. El visitante no puede dejar de sorprenderse, cuando se le informa que se trata del Instituto para la Reeducación de Burgueses. Allí, los miembros de las viejas clases dominantes que han decidido quedarse en China se asimilan a la doctrina de la nueva sociedad. También se practican experiencias de «reeducación» con los intelectuales que incurren en desviaciones: el individualismo, el idealismo burgués, no se pagan con la vida, al menos en un sentido literal; la solución es otra: el intelectual que ha errado la ruta, desaparece de circulación por un tiempo, es enviado a las comunas populares para limpiarse la cabeza de malas ideas, por medio del rudo trabajo de la tierra, la vida sana y largas sesiones de crítica y autocrítica. El caso más resonante de los últimos tiempos, ha sido el de Tieng Ling, la mejor novelista china, premio Lenin y ex presidente de la Unión de Escritores. Se conocen diversas versiones acerca de su destino. El poeta Ai Chin, por otra parte, ya «reeducado», ha sido readmitido en las filas comunistas.”


Eduardo Galeano. 
Nosotros decimos no: Crónicas (1963/1988).
Siglo XXI.

viernes, 20 de junio de 2014

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






CONVERSACIÓN

Cada vez que te hablo, otras palabras
escapan de mi boca, otras palabras.
No son mías. Proceden de otro sitio.
Me muerden en la lengua. Me hacen daño.
Tienen, como las lanzas de los héroes,
doble filo, y los labios se me rompen
a su contacto, y cada vez que surgen
de dentro o de muy lejos, o de nunca-,
me fluye de la boca un hilo tibio
de sangre que resbala por mi cuerpo
Cada vez que te hablo, otras palabras
hablan por mí, como si ya no hubiese
nada mío en el mundo, nada mío
en el agotamiento interminable
de amarte y de sentirme desamado.


Luis Alberto de Cuenca.

miércoles, 18 de junio de 2014

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




LAS VOCALES PORTUGUESAS


Años atrás vino a Barcelona una compañía de declamación portuguesa. Nuestra adorable burguesía llenó el teatro y se dispuso, confiadísima, a ver y escuchar la obra. Ante la primera escena todos quedaron sorprendidos. Imposible comprender ni una jota de lo que se formulaba en escena. Quienes aguzaban el oído torciendo el gesto miraban, desolados, a los espectadores inmediatos.
         --Pero ¿qué es lo que hablan estos cómicos? –se preguntaban con un punto de indignación.
Los cómicos hablaban quizás un portugués muy correcto o quizás un portugués no tan correcto: lo cierto es que nadie los entendió.
         A todo eso se produjo un fenómeno insospechado. Cuando parecía que todo estaba a punto de caer en la más completa indiferencia –por no decir en la hostilidad--, el nerviosismo se fue calmando y la extrañeza que siempre produce el escuchar una lengua ininteligible pareció menguar. El público se quedó como adormilado, blandamente embelesado por la matización dulcísima de la lengua portuguesa. La flauta de las vocales fue penetrando en el auditorio, y la función acabó admirablemente.
Don Joan Maragall decía que el portugués es una lengua oscura –quería decir de color oscuro--. Más que oscura, yo diría que es una lengua aterciopelada, sombreada, con vocales que parecen musgo húmedo. Las vocales portuguesas son de un color verde sombrío, espeso, suavísimas al oído, con inflexiones y curvaturas untuosas y sensuales. Cosa exquisita.
Paseando por las calles comprendidas entre la plaza del Comercio y Rocío con la intención de captar los matices más delicados y característicos de la lengua, quizás no obedecía con la debida fidelidad los consejos de los lingüistas. Quizás no sea ése de los lugares más puros para oír el portugués. En estas cuestiones siempre hay personas que conocen los sitios donde se habla mejor una lengua –que generalmente se encuentran a doscientos o trescientos kilómetros del punto en el que uno se encuentra--. Es igual; pese a la corrupción imperante en aquellas calles, me pareció que la fonética del portugués tenía el perfume y el color de las violetas. Comprendí que con una materia prima tan densa, tan sedosa y ondulante se pueden hacer muchas cosas. Incluso tal vez demasiadas. La fecha de este viaje mío a Portugal se sitúa en 1921. Sobre Europa se proyecta el poso de dureza dejado por la guerra mundial. Esa dureza no ha podido destruir todavía la suavidad de las vocales portuguesas. Gracias a esta fonética, las señoritas de aquí parecen las más femeninas del continente y los jóvenes aparentan tener una dulce y resignada propensión al suicidio. Al suicidio por amor, claro. Por poco ondulado que tengan el cabello hacen pensar en Antero de Quental, que se eliminó en virtud de un movimiento de triste delicadeza, que se diluyó prácticamente en la fonética. Sobre el terreno se ve muy bien que la fonética es anterior a la saudade. No es que la saudade haya sido su medio de expresión más adecuado. Es al revés. La saudade es uno de los efectos últimos --a menudo dramáticos-- de la fonética.”

Josep Pla. La vida amarga. Ediciones Destino.

viernes, 13 de junio de 2014

OBITER DICTUM







“La sinceridad, expresión de la inadaptabilidad a las ambigüedades esenciales de la vida, deriva de una vitalidad vacilante. Quien la practica no se expone al peligro como se cree comúnmente, sino que ya está en peligro, al igual que todo hombre que separa la verdad de la mentira.
 La inclinación a la sinceridad es un síntoma enfermizo por excelencia, una crítica de la vida. Quien no ha matado en sí mismo al ángel está destinado a la desaparición. Sin yerros no se puede respirar ni tan siquiera un instante.”

E. M. Cioran.

martes, 10 de junio de 2014

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






CANCIONES



“--La ruta comercial es el Trazo de Canción—afirmó Flynn. –Porque el principal medio de intercambio son las canciones, no los objetos. Comerciar con “objetos” es la consecuencia secundaria del intercambio de canciones.
Antes de que llegaran los blancos, añadió, en Australia nadie carecía de tierra, porque todos y todas heredaban, como propiedad privada, un tramo de la Canción del Antepasado  y el tramo de terreno sobre el cual discurría la canción. Los versos de cada individuo eran sus títulos de propiedad sobre el territorio. Podía prestárselos a otro. Podía tomar prestados otros versos en canje. Lo único que no podía hacer era venderlos o deshacerse de ellos.
¿Y si los Ancianos del clan de la Serpiente Pitón resolvían que era hora de cantar su ciclo de canciones desde el comienzo hasta el fin? Se despachaban mensajes, camino arriba y camino abajo, convocando a los dueños de canciones para que se congregaran en el Lugar Grande. Entonces, cada “propietario” cantaba, cuando le llegaba el turno, su tramo de las huellas del Antepasado. ¡Siempre en el orden correcto!
--Cantar un verso fuera de lugar—manifestó Flynn con talante ceñudo, --era un crimen. Generalmente se castigaba con la pena de muerte.
--Lo entiendo—asentí. – Sería el equivalente musical de un terremoto.
--Peor—sentencio con cara torva. –Implicaría “descrear” la Creación.
Allí donde había un Lugar Grande, continuó, existía la posibilidad de que convergieran los otros Ensueños. De modo que en uno de los corroborees podían participar cuatro clanes totémicos distintos, de cualquier cantidad de tribus diferentes, todos los cuales intercambiarían cantos, danzas, hijos e hijas, y se concederían mutuamente “derechos de paso”.
Cuando pase más tiempo aquí—comentó, volviéndose hacia mí, --oirá la expresión “adquirir conocimiento ritual”.
Todo ello significaba que el individuo estaba ampliando su mapa de canciones. Estaba expandiendo sus opciones, explorando el mundo a través de la canción.
--Imagine a dos hermanos negros que se encuentran por primera vez en una taberna de Alice—dijo. –Uno ensayará un Ensueño. El segundo ensayará otro. Entonces es seguro que algo encajará…
--Y ése—intervino Arkadi, --será el comienzo de una hermosa amistad en torno de la botella.
Todos rieron al oírlo, menos Flynn, que continuó hablando.
La clave siguiente, manifestó, consistía en entender que todo ciclo de canciones saltaba a través de las barreras idiomáticas, independientemente de tribus o fronteras. La huella de un Ensueño podía nacer en el Noroeste, cerca de Broome; desovillar su trayecto a través de veinte o más lenguas; y desembocar en el mar cerca de Adelaida.
--Y sin embargo—dije, --es la misma canción.
-- Los nuestros—dictaminó Flynn, --afirman que reconocen una canción por su “sabor” o su “olor”… y a lo que se refieren, por supuesto, es a la “cadencia”. La cadencia sigue siendo siempre la misma, desde los primeros acordes hasta el final.
         --La letra puede cambiar—volvió a interrumpirlo Arkadi, --pero la melodía perdura-
         --¿Eso significa que un joven andariego podría cantar su camino de un extremo a otro de Australia con la única condición de que pudiera tararear la melodía correcta?—inquirí.
         --Teóricamente, sí—asintió Flynn.
         Alrededor de 1900, un habitante de Arnhemland atravesó el continente a pie en busca de esposa. Se casó en la costa sur y volvió caminando con su esposa y su flamante cuñado. Luego el cuñado se casó con una chica de Arnhemland y la llevó andando hasta el sur.
         --Pobres mujeres—comenté.
         --Es la aplicación práctica del tabú del incesto—explico Arkadi. – Si quieres sangre fresca, tienes que caminar para conseguirla.”


Bruce Chatwin. Los trazos de la canción. Muchnik Editores.