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jueves, 18 de septiembre de 2014

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EN LAS ENCANTADAS RIBERAS


“En el estado de Wisconsin, en las encantadas riberas del lago Michigan, el espíritu de las gentes tiene ese ímpetu de apostolado que ponen las razas protestantes en todas sus empresas y que se parece tanto al fanatismo.
Entusiasmados con el señuelo de una raza perfecta, los wisconsineses decidieron, por medio de sabias leyes, poner todo género de trabas a los matrimonios que no reunieran las condiciones más apetecibles de belleza, salud e inteligencia.
«Dentro de veinte años --se dijeron—tendremos la mejor raza del mundo. De toda la redondez del planeta vendrán a ver a nuestras mujeres, Venus de Milo, en lo físico; 'en la discreción', Lucrecias; en el saber, sor Juanas; y a nuestros hombres: Alcibíades en la hermosura, Hércules en la fuerza y Newtons en la sabiduría».
¿Y sabéis lo que ha sucedido? Pues ha sucedido que, por una parte, con las taxativas y dificultades, los matrimonios disminuyen de un modo alarmante (y claro, la población también), y por otra, que los famosos frutos eugenésicos, los hijos habidos en las perfectas condiciones requeridas, por padres «estatuarios» de nariz griega y músculos de acero, salud perfecta y costumbres puras, han resultado inválidos, defectuosos... o idiotas.
Recuerda uno, ante lo imprevisto de tales resultados, la frase de Víctor Hugo: «L'homme seme les causes et Dieu fait  múrir les effets!».
Los feos, los pobres feos, incasables gracias a la eugenesia, han emigrado de Wisconsin... y no será difícil que en otra parte procreen una raza inteligente y bella.
Y es que en la «receta» hombre hay muchos ingredientes ignorados que la eugenesia no puede tener en cuenta, y que no son solamente belleza, fuerza, salud..., trinidad deseable, pero que, sin otros componentes misteriosos, no produce más que imbéciles, habiéndose producido sin ella, en cambio, algunos de los tipos supremos que son honra de la especie.”


Amado Nervo.Crónica. Biblioteca Ayacucho.