jueves, 19 de noviembre de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





II

Sigo una voz, desconcierta;
si una huella, me revela
que la mansión más incierta
no es la que de noche vela.

Banal idea no recela
de la nube, la incierta,
fácil onda no se hiela
porque busque boca yerta.

Paradoja sonreída:
la pasión hecha jauría
quiere ser siempre vencida.

La serpiente es mano alzada.
Corona del desvarío,
Mano en la mano ocultada.

José Lezama Lima.

domingo, 15 de noviembre de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






Ahora que este mustélido hambriento, atroz y diminuto, ávido y vulgar, inagotable, que recorre mis venas para engendrar, arrasar o devorar cada neurona de mi cerebro con incansable parsimonia os veo por primera vez, os veo sin el maquillaje de nuestra ruina, os veo grotescos, vanos e innecesarios, aunque intuyo el posible espejismo, la alucinación, tras ella, codiciosa cazadora, que se burla de nosotros vistiéndonos a todos con el mismo rostro cojitranco antes de arrojarnos a la escombrera del trapero con una sonrisa por despedida.


Baldomero Dreira.


miércoles, 11 de noviembre de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




POSESIÓN


Caías en mí.
Eco de tu pesantez mi vida
era una canción precipitándose
en la eternidad.

Inmerso en mi silencio
eres el cielo que sostiene un arroyo,
que levanta un árbol.
En que un lucero corta su voz
de eternidad.

                              Carmen Conde.

sábado, 7 de noviembre de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






Los horizontes
fluían de sus ojos

Traía rumor de selvas en el pecho
y un haz de sueños rotos
sobre sus hombros trémulos

La montaña y el mar          sus dos lebreles
le saltaban al paso

La montaña asombrada
y el mar encabritado

Pedro Garfias.

martes, 3 de noviembre de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA







SONETO PARA EMPEZAR UN AMOR

Ocurre que el olvido, antes de serlo,
fue grande amor, dorado cataclismo;
muchacha en el umbral de mi egoísmo,
¿qué va a pasar? mejor es no saberlo.

Muchacha con amor, ¿dónde ponerlo?
Amar son cercanías de uno mismo.
Como siempre, rodando en el abismo,
se irá el amor, sin verlo ni beberlo.

Tumbarse a ver qué pasa, eso es lo mío;
cumpliendo años irás en mi memoria,
viviendo para ayer, como una brasa,

porque no llegará la sangre al río,
porque un día seremos sólo historia
y lo de uno es tumbarse a ver qué pasa.

Manuel Alcántara.

sábado, 31 de octubre de 2020

OBITER DICTUM

 



«Recuerdo que un día de verano, quizá allá por el año 1985, fui a visitar en su casa de Itzea a don Julio Caro Baroja, llevado por el entonces amigo mío Luis Pancorbo, con quien el sobrino de don Pío tenía cierta relación. Don Julio andaba esa época cabreado en grado sumo con los abertzales vascos y no se cortaba un pelo en ponerles a parir en cualquier momento: 

    —Dedican todas sus energías a exaltar la patria vasca y a decir barbaridades en sus discursos…, como Mussolini. Sólo que Mussolini los pronunciaba en la Piazza Venezia y estos en medio de las vacas, los borricos y las mulas… Ellos mismos son mulas…, mulas que ergotizan.»


Javier Reverte.


jueves, 29 de octubre de 2020

ALLÁ EN LAS INDIAS






UN LANSQUENETE EN LAS INDIAS

En el año que se cuenta después de nacido Cristo nuestro amado Señor y Redentor 1534, yo Ulerich Schmídel de Straubing he visto las siguientes naciones y tierras, partiendo de Andorff (Amberes) por mar, a saber: Hispaniam (España), Indiam (Indias), y muchas islas; con peligros varios por lances de guerra las he visitado y recorrido; y este viaje (que ha durado desde el susodicho año hasta el de 1554 en que Dios el Todopoderoso me ayudó a llegar otra vez a mi tierra) juntamente con lo que a mí, y a los mismos mis compañeros aconteció y nos tocó sufrir, lo he descripto yo aquí con la brevedad posible.

Ulrich Schmídel.
Viaje al Río de la Plata.

lunes, 26 de octubre de 2020

OBITER DICTUM






Aquí están las figuras mismas de Hokusai, deambulando con sus impermeables de paja, sus inmensos sombreros de paja en forma de seta, y sus sandalias del mismo material; campesinos descalzos, profundamente curtidos por el viento y el sol; y madres de rostro paciente que llevan a la espalda niños calvos y sonrientes, y dan pasitos con sus geta (unos altos y ruidosos zuecos de madera), y comerciantes con túnica, acuclillados, fumando sus pequeñas pipas de bronce entre los innumerables acertijos de sus tiendas.

Lafcadio Hearn.