miércoles, 14 de diciembre de 2022

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE

 



EL OTRO MERCADO DE MOSCÚ


«Y siempre damos la espalda al mercado oficial. Porque en el mercado oficial no hay lo que buscamos. Y nos fundimos en el mercado negro. Aquí hay de todo. Unos hombres jóvenes, con las manos cubiertas de callos, nos ofrecen infiernillos eléctricos: son obreros de una fábrica de material eléctrico; aquí un señor de unos sesenta años, con sombrero hongo, gabán negro, camisa blanca que ya es casi negra no sé si por el sol o por la falta de agua, y cuello duro, restos de otra época, nos ofrece una cucharilla de plata, de metal blanco; aquí es una mujer joven, prematuramente envejecida, que pretende vendernos tres caramelos sin envoltura, que descansan en una mano ennegrecida; aquí un chiquillo envuelto en un montón de harapos mete la mano en el bolsillo de una ciudadana bien vestida; ahora es un horrible mendigo que nos pide por San Nicolás unos copeks. Aquí se venden cerraduras; aquí vodka del mejor; en este otro lugar, relojes de todas las marcas, y medias de seda, y uniformes de soldado. Y botones viejos… tres agujas oxidadas… varios clavos torcidos… una taza a la que falta el asa… botellas… tacones de goma usados… cartillas de racionamiento… linternas… piedras para los mecheros… mecheros… cordones para los zapatos… y por fin encontramos lo que buscábamos: tabaco. Compramos cada uno un paquete «Volga». Cada paquete, treinta rublos; los dos paquetes, el salario medio semanal de cualquier obrero soviético. Damos otra vuelta: ya no queremos comprar más, sólo queremos ver. Aquí se encuentran todos los tipos que se quieran: todas las especies de delincuentes confundidos con los restos del ayer y con el hoy; funcionarios del nuevo Estado, no menos delincuentes que los otros; obreros que venden lo que roban donde trabajan, para poder vivir; mujeres que venden los objetos más inverosímiles; el hombre con hongo, que fue un alto funcionario del zar. Y a milicianos de todos los tipos y todas las edades, paseando por entre este pequeño mundo de una Rusia eterna.»


Enrique Castro Delgado.

Mi fé se perdió en Moscú.

Editorial Caralt.






domingo, 11 de diciembre de 2022

OBITER DICTUM

 




«Los cristianos creen que la victoria del cristianismo sobre el maniqueísmo fue beneficiosa para la humanidad, pero si no aceptamos el punto de vista cristiano no hay ninguna razón para estar de acuerdo con ellos. Los musulmanes creen que la caída del Imperio sasánida en manos musulmanas fue beneficiosa para la humanidad. Pero estos beneficios solo son evidentes si aceptamos la visión del mundo que tienen los musulmanes. Bien pudiera ser que todos estuviéramos mucho mejor si el cristianismo y el islamismo hubieran caído en el olvido o hubiesen sido derrotados.»



Yuval Noah Harari.


jueves, 8 de diciembre de 2022

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






ÓMNIBUS CREACIONISTA

A Gerardo Diego



Al fondo de las aulas, mientras el sol se marcha,

silba un tren silencioso que no vemos pasar.

Tristemente en el mapa se derrama la escarcha,

la penumbra en los valles, la brisa en el pinar.



¿Es éste el paraíso y el pupitre de escuela

donde aprendimos, niños, el divino parlar?

El corazón se empaña igual que una gacela.

Mi libro, en la ribera se abre como un cantar.



La espuma, verde espuma, rota espuma vibrante,

contra peñasco y musgo sonando sin cesar,

tersamente derriba la tristeza distante,

limpia de golondrinas, siempre a medio pintar.



Leopoldo Panero.

domingo, 4 de diciembre de 2022

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE


 


EL PRIMER MUERTO



«Cuatro de nosotros bastaríamos para manejar aquella situación. Informé rápidamente a mis hombres de mi intención de abrir fuego. Quitamos silenciosamente los seguros, salimos de un salto de detrás del edificio, y, permaneciendo en pie, abrimos fuego sobre el enemigo cercano. Algunos resultaron muertos o heridos en el acto, pero la mayoría se cubrió detrás de escaleras, muretes de huertos y montones de leña y respondieron a nuestro fuego. Así, a muy corta distancia, se trabó un tiroteo muy intenso. Yo estaba de pie apuntando junto a un montón de leña. Mi adversario estaba veinte metros delante de mí, bien cubierto, tras las escaleras de una casa. Sólo parte de su cabeza era visible. Ambos apuntamos y disparamos casi al mismo tiempo y fallamos. Su disparo falló mi oreja por poco. Tenía que cargar rápido, apuntar con calma y rapidez, y mantener mi puntería. Esto no era fácil a veinte metros con las alzas graduadas a 400 metros, especialmente cuando no habíamos practicado este tipo de tiro en tiempo de paz. Mi fusil restalló; la cabeza del enemigo se desplomó sobre el escalón. Aún quedaban unos diez franceses contra nosotros, unos pocos estaban completamente a cubierto. Señalé a mis hombres que cargasen sobre ellos. Con un alarido acometimos calle del pueblo abajo. En ese momento aparecieron súbitamente franceses por todas las puertas y ventanas y abrieron fuego. Su superioridad era demasiada; nos replegamos tan rápido como habíamos avanzado y llegamos sin pérdidas hasta el seto donde nuestra sección se estaba preparando para venir en nuestra ayuda.»



Erwin Rommel.

La infantería al ataque.

Editorial Tempus.

miércoles, 30 de noviembre de 2022

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE


 

HUMUS



«Tras varias horas de viaje, el paisaje se vuelve completamente diferente. Subes por pendientes donde la vegetación es más bien un cementerio que un jardín, pues los árboles se elevan por encima de los matorrales aplastados, los bejucos ahogan las flores, la hierba crece tan alta como las espigas y, por doquier, la vida muere y resucita, la putrefacción se transforma en humus, pasta viva para dar calor a otras semillas, y la lucha continúa con espasmos y éxtasis en ese océano de savia. Las plantas aquí se tornan en monstruos, las flores están envenenadas por los cadáveres que les sirvieron de lecho y de origen, la abundancia te deja petrificado pues, tras los millones de organismos que han sobrevivido, adivinas la existencia de otros muchos millones que mueren cada hora, y ese gesto de la naturaleza de arrojar incesantemente vida sin ton ni son, ese gesto de creación por el mero gozo de crear, por la alegría de absorber el sol y de cantar su victoria, te atonta, te abruma.»



Mircea Eliade.

La India.

Editorial Herder.

lunes, 28 de noviembre de 2022

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA


 


TUVE UN AMIGO EN MONTE ALTO


Su lamento, tristeza cincelada por locos centauros de lupanar, casi el rumor de una icónica batalla que tiene olor a rendición, proyecta sobre los débiles muros de mi memoria aullidos de suicidas, semillas de pesadumbre o imágenes delirantes de un lugar,

de un tiempo lacio,

de unas gentes parcas

y de una vida detonada por las fauces metalizadas del paso del tiempo y por la espuma ronca del caótico amanecer que no hace tanto llamábamos, confundidos por los salados salitres de las hormonas o por la culta estupidez, amistad…


Baldomero Dreira.

jueves, 24 de noviembre de 2022

OBITER DICTUM






«Para evitar rozamientos y satisfacer ambiciones de mando y de administración, Cataluña cedió las fábricas de guerra, a excepción de las montadas de nueva planta por la Generalidad, y no todas, porque también parte de las nuevas fábricas fueron cedidas a la Subsecretaría de Armamento, institución creada por Prieto para demostrar cómo se puede sabotear la guerra por exceso de recursos financieros y de facilidades para toda gestión en manos de burócratas ambiciosos, pero incompetentes o traidores.»



Diego Abad de Santillán.

domingo, 20 de noviembre de 2022

ALLÁ EN LAS INDIAS



HAMBRE EN EL EDEN


«Y cuando volvimos al real se repartió la gente en soldados y trabajadores, así que no quedase uno sin qué hacer. Y se levantó allí una ciudad con un muro de tierra como de media lanza de alto a la vuelta, y adentro de ella una casa fuerte para nuestro general; el muro de la ciudad tenía de ancho unos tres pies; mas lo que un día se levantaba se nos venía abajo al otro; a esto la gente no tenía qué comer, se moría de hambre, y la miseria era grande; por fin llegó a tal grado que ya ni los caballos servían, ni alcanzaban a prestar servicio alguno. Así aconteció que llegaron a tal punto la necesidad y la miseria que por razón de la hambruna ya no quedaban ni ratas, ni ratones, ni culebras, ni sabandija alguna que nos remediase en nuestra gran necesidad e inaudita miseria; llegamos hasta comernos los zapatos y cueros todos. Y aconteció que tres españoles se robaron un rocín y se lo comieron sin ser sentidos; mas cuando se llegó a saber los mandaron prender e hicieron declarar con tormento; y luego que confesaron el delito los condenaron a muerte en horca, y los ajusticiaron a los tres. Esa misma noche otros españoles se arrimaron a los tres colgados en las horcas y les cortaron los muslos y otros pedazos de carne y cargaron con ellos a sus casas para satisfacer el hambre. También un español se comió al hermano que había muerto en la ciudad de Bonas Ayers.»


Ulrich Schmidel.

Viaje al Río de la Plata

miércoles, 16 de noviembre de 2022

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






FILIPO EL GRANDE



«Ahora bien, llamarle perjuro y desleal sin mostrar sus actos, se podría calificar con toda justicia de vano insulto; pero ir mostrando todo cuanto hasta el momento ha llevado a cabo y probar su culpabilidad en todos esos actos resulta, felizmente, que requiere bien corto discurso, y por dos razones estimo conveniente que tal exposición sea hecha: para que aquél aparezca ante vuestros ojos como despreciable —cosa que precisamente resulta ser, además, cierta—, y para que quienes están aterrorizados, pensando que Filipo es persona incombatible, vean que ya ha recorrido a base de engaños toda la carrera merced a la cual antes de ahora se hizo poderoso, y que ya su política ha llegado a su propio fin. Pues hasta yo mismo, varones atenienses, consideraría a Filipo en sumo grado temible y admirable, si viera que se ha engrandecido a fuerza de ir practicando una política justa; pero la verdad es que cuando examino e investigo el caso, descubro nuestra simpleza al principio, cuando algunos trataban de rechazar de esta tribuna a los olintios, que querían tratar con vosotros, simpleza que él se ganó asegurando una y otra vez que entregaría Anfípolis, y negociando aquel famoso tratado secreto del que antaño se hablaba; luego se granjeó la amistad de los olintios mediante la captura de Potidea, que era vuestra, comportándose, así, injustamente con sus aliados de antes, y entregándosela a aquéllos; y ahora, finalmente, se atrajo a los tesalios bajo promesa de entregarles Magnesia y aceptar la participación en la guerra contra los focidios en defensa de sus intereses. En resumen, no hay nadie de los que trataron con él a quien aquél no haya engañado; pues, engañando una y otra vez a los ingenuos que no le conocían y atrayéndolos, de esa manera se ha hecho poderoso.»



Demóstenes.

Discursos Políticos I.

sábado, 12 de noviembre de 2022

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA









Eu vi a luz em um país perdido. 

A minha alma é lânguida e inerme. 

Oh! Quem pudesse deslizar sem ruído! 

No chão sumir-se, como faz um verme…



Camilo Pessanha.







martes, 8 de noviembre de 2022

OBITER DICTUM




 «Cada vez siento con más fuerza la terrible tragedia de este aprieto —el de la raza alemana—. Me parece indudable que no podemos imponernos a Inglaterra. Los ingleses —la mejor raza del mundo— no pueden perder. Pero nosotros sí podemos perder, y perderemos; si no este año, el próximo. ¡La idea que nuestra raza vaya a ser derrotada me acongoja horriblemente, porque yo soy total y completamente alemán!»


Ludwig Wittgenstein.