lunes, 8 de marzo de 2021

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EN LENGUA MÁGICA

Fue a parar en el destierro al castillo un lord, en Escocia. El castillo estaba siempre solo y Garfias, andaluz inquieto, iba cada día a la taberna del condado y silenciosamente, pues no hablaba el inglés, sino apenas un español gitano que yo mismo no le entendía, bebía melancólicamente su solitaria cerveza. Este parroquiano mudo llamó la atención del tabernero. Una noche, cuando ya todos los bebedores se habían marchado, el tabernero le rogó que se quedara y continuaron ellos bebiendo en silencio, junto al fuego de la chimenea que chisporroteaba y hablaba por los dos. Se hizo un rito esta invitación. Cada noche Garfias era acogido por el tabernero, solitario como él, sin mujer y sin familia. Poco a poco sus lenguas se desataron. Garfias le contaba toda la guerra de España, con interjecciones, cojuramentos, con imprecaciones muy andaluzas. El tabernero lo escuchaba en religioso silencio, sin entender naturalmente una sola palabra. A su vez, el escocés comenzó a contar sus desventuras, probablemente la historia de su mujer que lo abandonó, probablemente las hazañas de sus hijos cuyos retratos de uniforme militar adornaban la chimenea. Digo probablemente porque, durante los largos meses que duraron estas extrañas conversaciones, Garfias tampoco entendió una palabra. Sin embargo, la amistad de los dos hombres solitarios que hablaban apasionadamente cada uno de sus asuntos y en su idioma, inaccesible para el otro, se fue acrecentando y el verse cada noche y hablarse hasta el amanecer se convirtió en una necesidad para ambos. Cuando Garfias debió partir para México se despidieron bebiendo y hablando, abrazándose y llorando. La emoción que los unía tan profundamente era la separación de sus soledades.
—Pedro —le dije muchas veces al poeta—, ¿qué crees tú que te contaba?
—Nunca entendí una palabra, Pablo, pero cuando lo escuchaba tuve siempre la sensación, la certeza de comprenderlo. Y cuando yo hablaba, estaba seguro de que él también me comprendía a mí.

Pablo Neruda.
Confieso que he vivido.
Editorial Seix Barral.

jueves, 4 de marzo de 2021

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






Toute l’âme résumée
Quand lente nous l’expirons
Dans plusieurs ronds de fumée
Aboli en autres ronds

Atteste quelque cigare
Brûlant savamment pour peu
Que la cendre se sépare
De son clair baiser de feu

Ainsi le chœur des romances
A ta lèvre vole-t-il
Exclus-en si tu commences
Le réel parce que vil

Le sens trop précis rature
Ta vague littérature

Stephane Mallarmé.

miércoles, 3 de marzo de 2021

ALLÁ EN LAS INDIAS




VIDA, HONRA, HACIENDA Y SEÑORÍO


Comenzaron los indios de Paulo a descargar sus hondas y varas con mucha grita. Fue a ellos Castro con sus arcabuceros, y retrájolos. Socorrióles Marticote, capitán de arcabucería, y comenzóse la escaramuza. Comenzaron a subir a lo alto y llano los escuadrones de Vaca de Castro al son de unos atambores. Disparó en ellos la artillería y llevó una hilera entera, y los hizo abrir y aun ciar; mas los capitanes los hicieron cerrar y caminar delante con las espadas desnudas, y por romper fueran rompidos, si Francisco de Caravajal, que regía las haces, no los detuviera hasta que acabase de tirar la artillería. Mataron en esto los arcabuceros de don Diego a Perálvarez Holguín y derribaron a Gómez de Tordoya, por lo cual, y por el daño que los tiros hacían en la infantería, dio voces Pedro de Vergara, que también herido estaba, a los de caballo que arremetiesen. Sonó la trompeta, y corrieron para los enemigos. Don Diego salió al encuentro con gran furia. Cayeron muchos de cada parte con los primeros golpes de lanza y muchos más con los de espada y hacha. Estuvo en peso buen rato la batalla sin declarar victoria por ninguna de las partes, aunque los peones de Vaca de Castro habían ganado la artillería y los de don Diego habían muerto muchos contrarios y tenían dos banderas enteras. Anochecía ya y cada uno quería dormir con victoria; y así peleaban como leones, y mejor hablando como españoles, ca el vencido había de perder la vida, la honra, la hacienda y señorío de la tierra, y el vencedor ganarlo.

Francisco López de Gomara.
Historia general de las Indias.

viernes, 26 de febrero de 2021

OBITER DICTUM





             Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla.


Sun Tzu.

lunes, 22 de febrero de 2021

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





JUEVES SANTO



Todas las mujeres llevaban pañuelos atados bajo el mentón. Los hombres, calzados con botas hasta las rodillas, o mocasines de piel sin curtir y con jarreteras hasta media pierna, sujetaban anchos sombreros de fieltro o conos de lana. De los hombros de un par de pastores colgaban pesadas capas blancas de frisa, de confección casera. A pesar del calor y el gentío, uno de ellos estaba enfundado en un manto de piel de oveja sin curtir, con el lado lanudo hacia afuera, que llegaba a las losas del suelo. La rusticidad había aumentado mucho en los últimos ciento cincuenta kilómetros. Los rostros tenían un aspecto áspero y bravío: eran labradores y hombres del campo hasta la médula. Los cirios, colocados en una rejilla triangular, iluminaban aquellas máscaras rústicas y poblaban la nave, a sus espaldas, con una multitud de sombras. Durante una pausa del canto llano, comprendí de repente que era Jueves Santo. Estaban cantando Tenebrae , y lo hacían muy bien. Los versos de los salmos penitenciales recibían su respuesta desde el otro lado del coro, y las lentas recapitulaciones y expresiones en otra forma de los responsorios desarrollaban la historia de la traición. Tan convincente era la atmósfera que los sombríos acontecimientos podrían haber tenido lugar aquella misma noche. Las palabras cantadas avanzaban paso a paso a través de las fases del drama. De vez en cuando, tomaban un nuevo cirio del candelero y lo apagaban. Al otro lado de la puerta la oscuridad era total, y con la extinción de cada llama las sombras del interior se aproximaban más. Realzaba el claroscuro de aquellos ásperos rostros campesinos e intensificaba el brillo del arrobamiento en innumerables ojos; y en la iglesia, a medida que aunmentaba el calor, flotaba el olor de la cera fundida, la piel de oveja, la cuajada, el sudor y la infinidad de alientos. Había en el fondo un espectro de incienso antiguo y un hedor a chamusquina a medida que los pabilos, apagados uno tras otro, expiraban y producían madejas de humo ascendente. Seniores populi consilium fecerunt —cantaban las voces—, ut Jesus dolo tenerent et occiderent ; y uno imaginaba un grupo de ancianos malignos que estaban en un rincón, miraban de soslayo y susurraban moviendo la bocas desdentadas, las barbas oscilando mientras maquinaban la traición y el asesinato. Cum gladiis et fustibus exierunt tamquam ad latronem … Algo en los rostros medio iluminados y en los ojos parpadeantes proporcionaba una siniestra inmediatez a las palabras. Estas evocaban unas sombras apremiantes bajo los muros de una ciudad y los ásperos gritos de la muchedumbre deseosa de linchar. Había un parpadeo de faroles, torpes tropezones en el empinado olivar y sombras frenéticas de antorchas entre los árboles: un forcejeo, palabras, golpes, un destello, faroles caídos y pisoteados, una prenda de vestir arrebatada, alguien corriendo bajo las ramas. Por un momento nosotros, la congregación, nos convertimos en los villanos con las espadas y los garrotes. Unos hechos rápidos y abominables se sucedían en la ambigüedad de la cuesta boscosa. ¡La sugerencia duró una fracción de segundo! Cuando se llevaron la última de las velas, la oscuridad era tan profunda que apenas se distinguía rasgo alguno. La sensación del cambio de papeles se había evaporado, y los congregados salimos al polvo. Empezaron a encenderse las luces en las ventanas del pueblo, y un atisbo de luna brillaba en el otro extremo de la llanura.

Patrick Leigh Fermor.
El tiempo de los regalos.
Peninsula.

jueves, 18 de febrero de 2021

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





La memoria es mortal. Algunas tardes, Billie Holliday pone su rosa enferma en mis oídos.

Algunas tardes me sorprendo

lejos de mí, llorando.


Antonio Gamoneda.

miércoles, 17 de febrero de 2021

OBITER DICTUM

 




«No hay más que violencia en el universo; pero estamos pervertidos por la filosofía moderna, la cual dice que todo está bien, cuando en realidad el mal lo ha contaminado todo, y en un cierto sentido, harto verdadero, todo está mal, puesto que nada se encuentra en el lugar que debiera».



Joseph de Maistre.

domingo, 14 de febrero de 2021

OBITER DICTUM






Lo magnífico y lo cruel no se presta a ser escrito. Existe en nosotros, pero no en nuestras palabras. El sufrimiento es para sufrirlo, no se presta al estudio. Hay más memoria que recuerdos. No dominamos el pasado. Encierra no menos secretos que el futuro. Los álamos altivos crecían junto a la carretera, pero no para mí. Yo sólo los vi, los admiré desde lejos. Las golondrinas mostraban indiferencia. La luna no era estalinista.

Adam Zagajewski.

miércoles, 10 de febrero de 2021

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE










EL CRIADO DE LA MUERTE


Incapaz de conciliar el sueño, salí a dar un paseo. Anduve unas cien yardas, pasando por delante de los burdeles en dirección al rompeolas, y por el camino fui contando los individuos que dormían en la calle. Estaban tumbados sobre la acera, uno al lado del otro. Algunos dormían sobre trozos de cartón, pero la mayoría lo hacían sobre el cemento, sin ropa de cama y sólo con algunas prendas de vestir, con los brazos cruzados debajo de la cabeza. Los niños dormían unos sobre el costado, otros boca arriba. No se veían indicios de que poseyeran bienes. Llegué a la cifran de setenta y tres y doblé la esquina, donde, bajando por la carretera que llegaba hasta el rompeolas había otros centenares de durmientes, sólo cuerpos, sin hatos ni carretillas, ni nada que los distinguiera unos de otros, sin evidencia alguna de vida. A veces se cree que estos durmientes de las calles de Bombay constituyen un fenómeno reciente, pero Mark Twain ya los vio. El escritor se dirigía a una ceremonia de esponsales que se celebraba a medianoche:

Parecía como si avanzásemos a través de una ciudad de muertos. Apenas había ningún indicio de ida en aquellas calles silenciosas y desiertas. Incluso las multitudes estaban silenciosas. Pero por doquier, en el suelo, yacían nativos durmiendo, cientos de cientos. Estaban tendidos todo lo largos que eran, envueltos en mantas, la cabeza y todo. Su posición y su rigidez constituían un trasunto de la muerte.

Eso era en 1896. Hoy son más numerosos, y hay otra diferencia. Los que yo vi no tenían mantas. El hambre es también el criado de la muerte.

Mark Twain.

Paul Theroux.
El gran bazar del ferrocarril.
Plaza & Janés.

martes, 9 de febrero de 2021

OBITER DICTUM





«Se Filipe II não fosse absoluto, jamais teria podido tentar o seu absurdo projecto de conquistar a Inglaterra, não teria feito sepultar nas águas do oceano, com a invencível armada, milhares de vidas e um capital prodigioso inteiramente perdido. Se D. Sebastião não fosse absoluto, não teria ido enterrar em Alcácer Quibir a nação portuguesa, as últimas esperanças da pátria.»



Antero de Quental.


sábado, 6 de febrero de 2021

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






           SCRIBE


The name
never left his lips: he talked himself
into another body: he found his room again
in Babel.

It was written.
A flower
falls from his eye
and blooms in a stranger’s mouth.
A swallow
rhymes with hunger
and cannot leave its egg.

He invents
the orphan in tatters,

he will hold
a small black flag
riddled with winter.

It is spring,
and below his window
he hears a hundred white stones
turn to raging phlox.

Paul Auster.