martes, 27 de noviembre de 2018
domingo, 25 de noviembre de 2018
viernes, 23 de noviembre de 2018
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
LIED DE LA NOCHE
La nuit vient sur un char conduit par le
silence
La
Fontaine
Y, de repente,
llega la noche
como un aceite
de silencio y pena.
A su corriente me rindo
armado apenas
con la precaria red
de truncados recuerdos y nostalgias
que siguen insistiendo
en recobrar el perdido
territorio de su reino.
Como ebrios anzuelos
giran en la noche
nombres, quintas,
ciertas esquinas y plazas,
alcobas de la infancia,
rostros del colegio,
potreros, ríos
y muchachas
giran en vano
en el fresco silencio de la noche
y nadie acude a su reclamo.
Quebrantado y vencido
me rescatan los primeros
ruidos del alba,
cotidianos e insípidos
como la rutina de los días
que no serán ya
la febril primavera
que un día nos prometimos.
Álvaro Mutis
jueves, 22 de noviembre de 2018
OBITER DICTUM
Fui ver a casa onde passei um dos anos cruciais da
minha vida de menino. E nem as portas, nem as janelas, nem o panorama em frente
me disseram nada. Tinha cá dentro, é certo, uma nebulosa sentimental de tudo
aquilo. Mas o concreto, o real, o número de degraus da escada, a cara da
senhoria, a significação terrena de tudo aquilo, desaparecera.
Miguel Torga
miércoles, 21 de noviembre de 2018
martes, 20 de noviembre de 2018
lunes, 19 de noviembre de 2018
ALLA EN LAS INDIAS
MUJERES
Que las indias de Yucatán son en general de mejor disposición que las
españolas y más grandes y bien hechas, que no son de tantos riñones como las
negras. Précianse de hermosas las que lo son y a una mano no son feas; no son
blancas sino de color moreno causado más por el sol y del continuo bañarse, que
de su natural. No se adoban los rostros como nuestra nación, que eso lo tienen
por liviandad. Tenían por costumbre aserrarse los dientes dejándolos como
dientes de sierra y esto tenían por galantería y hacían este oficio unas viejas
limándolos con ciertas piedras y agua. Agujerábanse las narices por la ternilla
que divide las ventanas por enmedio, para ponerse en el agujero una piedra de ámbar
y teníanlo por gala. Horadábanse las orejas para ponerse zarcillos al modo de
sus maridos; labrábanse el cuerpo de la cintura para arriba -salvo los pechos
por el criar-, de labores más delicadas y hermosas que los hombres. Bañábanse
muy a menudo con agua fría, como los hombres, y no lo hacían con sobrada
honestidad porque acaecía desnudarse en cueros en el pozo donde iban por agua
para ello. Acostumbraban, además, bañarse con agua caliente y fuego y de éste
poco, y más por causa de salud que por limpieza. Acostumbraban untarse, como
sus maridos, con cierto ungüento colorado, y las que tenían posibilidad,
echábanse cierta confección de una goma olorosa y muy pegajosa que creo que es
liquidámbar que en su lengua llaman iztah-te y con esta confección untaban
cierto ladrillo como de jabón que tenían labrado de galanas labores y con aquel
se untaban los pechos y brazos y espaldas y quedaban galanas y olorosas según
les parecía; y durábales mucho sin quitarse según era bueno el ungüento. Traían
cabellos muy largos y hacían y hacen de ellos muy galán tocado partido en dos
partes y trenzábanselos para otro modo de tocado. A las mozas por casar, suelen
las madres curiosas curárselos con tanto cuidado que he visto muchas indias de
tan curiosos cabellos como curiosas españolas. A las muchachas hasta que son
grandecitas se los trenzan en cuatro cuernos y en dos, que les parecen muy
bien. Las indias de la costa y de las provincias de Bacalar y Campeche son muy
honestas en su traje, porque allende de la cobertura que traían de la mitad
para abajo, se cubrían los pechos atándoselo. Por debajo de los sobacos con una
manta doblada; todas las demás no traían de vestidura más que un como saco
largo y ancho, abierto por ambas partes y metidas en él hasta los cuadriles
donde se los apretaban con el mismo anchor y no tenían más vestidura salvo que
la manta con que siempre duermen que, cuando iban en camino, usaban llevar
cubierta, doblada o enrollada, y así andaban.
Diego de Landa.
Relación de las cosas de Yucatán.
Relación de las cosas de Yucatán.
sábado, 17 de noviembre de 2018
viernes, 16 de noviembre de 2018
jueves, 15 de noviembre de 2018
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL MIGUELITO
“Colocado en medio de la acera, con el
sombrero hasta las cejas y la capa hasta los ojos, mintiendo buen cuerpo y
airoso talle, se vé á un hombre en actitud observadora y reposada. Si tiene cédula de vecindad, cosa bastante problemática, es seguro
que no se marcará en ella la profesion que ejerce. Y, sin embargo, el tipo que
analizamos ejerce una industria que debe
ser lucrativa, porque hace una docena de años que vendía arena de mármol de San
Isidro, y hoy luce sortijas en la mano y una cadena colosal en el chaleco, que
á no ser de rico dublé podría tomarse por de oro finísimo de Arabia.
El sitio predilecto del mismo es la acera
comprendida entre la calle de Carretas y la Carrera de San Jerónimo; las horas á que puede
vérsele desde la una de la tarde á las diez de la noche; suele hacer frecuentes
desapariciones; pero no es dudoso que ninguna pasará de un cuarto de hora. El
hombre llena sin duda una obligacion, así durante su guardia como en su
ausencia.
Al pasar junto á él otro embozado, en el momento
que hemos elejido para estudiarle
le ha llamado Miguelito. Ya es una noticia
biográfica: sepamos esperar y acaso conoceremos toda su vida y milagros.
Pero trascurre un cuarto de hora, y nuestro
hombre sigue en su primitiva actitud, examinando atentamente á todos los transeuntes,
como si esperase á alguno. Al cabo de
este tiempo sonrie
imperceptiblemente: sin duda tiene ya lo que buscaba.
Y lo que buscaba no es otra cosa que un
jóven, que mira en todas dirécciones como embobado; que se pára observando la
altura del surtidor de la fuente que ocupa el centro de la plaza; que
admira tímidamente á las beldades que pasean sus venales
atractivos por entre la multitud, y que
luce un cigarro de tres cuartos en una
boquilla con cabos de plata.
Nuestro jóven, colocado en una antesala y
á media luz podría confundirse con un cuelgacapas; tal es la gracia con que
lleva sus ropas , cuyo brillo denuncia que son nuevas y cuyo corte no
desdeñaría algun sastre de fama, si una
imprudente etiqueta cosida á uno de los fal
dones
del gaban no dijera con toda elocuencia. Tienda
del leon rapante, cálle de la
Cruz , núm. 99.
Al pasar nuestro forastero, --pues sin
duda lo es--junto al industrial que le marcado por suyo, siente que le posan
una mano sobre el hombro, al mismo
tiempo que escucha una voz que le dice:
--¡Vaya V. con Dios!
Párase
el jóven balbuceando algunas frases, con las que quiere dar á entender á su interlocutor que nunca le ha
conocido; pero este continúa:
--Poca
memoria tiene V. para estudiante. ¿No va V. hoy á casa del duque?
--Sin duda está V. equivocado. Yo no conozco
á ningun duque.
--¡Qué!¿No estuvo V. ayer en la calle de la Victoria ?
--Ni sé dónde está.
--Dispense V., amigo mio; pero se parece V. al que yo buscaba
como un huevo á otro.
--Está V. dispensado.
--Pero no ha de ser inútil mi equivocacion
involuntaria, y si quiere Y. acompa
ñarme
á casa del duque le presentaré á los
amigos.
--¿Pero, qué amigos?
--Gente alegre y campechana, que tira las
onzas por pasar el rato. V. tiene cara de hombre de suerte, y capaz de dar siete
golpes á un duro.
El jóven ha oido referir en su pueblo que
en Madrid se pueden ganar miles y miles con un poco de suerte; se ha gastado
acaso en ocho días el dinero que debia durarle un mes, y comprendiendo que le
invitan á entrar en una casa de juego,
cae en el lazo y aprovecha la feliz coyuntura
que le ofrece su parecido con otra persona para aceptar el ofrecimiento
de su franco interlocutor.
Si, por el contrario, recuerda los
consejos de su padre, que compromete y gasta la hacienda de sus abuelos para hacerle
abogado, y que pueda ser el mejor dia diputado
por el distrito ó juez municipal del pueblo; si está todavía bajo el
influjo de la santa bendicion de su
madre, desprecia el ofrecimiento que le
hacia el cazador de víctimas y sigue su
camino.

Pero el primer fracaso no le desanima al
buen Miguelito, y despues de encender una tagarnina vuelve á ponerse en expectación…”
Manuel Ossorio.
De la Puerta del Sol.
Imprenta de los Sres. Rojas.
De
Imprenta de los Sres. Rojas.
martes, 13 de noviembre de 2018
lunes, 12 de noviembre de 2018
OBITER DICTUM
Las escenas otoñales
poseen un inevitable carácter moral: esas hojas que caen como nuestros años,
esas flores que se marchitan como nuestras horas, esas nubes que se esfuman
como nuestras ilusiones, esa luz que se debilita como nuestra inteligencia, ese
sol que se enfría como nuestros amores, esos ríos que se hielan como nuestra
vida tienen relaciones secretas con nuestro destino.
François-René
de Chateaubriand
domingo, 11 de noviembre de 2018
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
NOCHE DE VERANO
Es una hermosa noche de verano.
Tienen las altas casas
abiertos los balcones
del viejo pueblo a la
anchurosa plaza.
En el amplio rectángulo
desierto,
bancos de piedra, evónimos
y acacias
simétricos dibujan
sus negras sombras en la
arena blanca.
En el cenit, la luna, y en
la torre
la esfera del reloj
iluminada.
Yo en este viejo pueblo
paseando
solo, como un fantasma.
Antonio Machado.
viernes, 9 de noviembre de 2018
miércoles, 7 de noviembre de 2018
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EN EL DANUBIO
“El Orient Express no se retrasa.
Atraviesa los países, mugiendo, resoplando unos minutos apenas en la triste
parada de las grandes estaciones –insensible a las bellezas naturales que pasan
a su lado o a las que molesta. Hay que resignarse incluso, con él, a la ida
como a la vuelta, a no ver nunca en la llanura donde discurre la Maritza, elevarse sobre la
colina de Andrinopla, el Gloria Deo de sus tres incomparables mezquitas.
Renunciamos al Orient Express.
Sobre
el mapa, un río colosal discurre desde los Alpes hasta el Mar Negro, circula
durante días a través de llanuras que se nos dicen casi desiertas y que siempre
inunda. Sobre el mapa, los trazos rojos de las vías férreas no se acercan a los
azules meandros salvo aquí o allá donde los atraviesan. Para asegurar sobre el
recorrido del Danubio el tráfico de viajeros y de mercancías, se han construido
grandes barcos blancos, con ruedas; descienden y remontan el río, durante el
verano diariamente, más raramente en invierno. A bordo la instalación resulta
muy confortable. La parte delantera constituida por una cala, donde dormitorio
y restaurante se juntan en uno, hace las veces de segunda clase, completado por
un fumadero y un puente descubierto, barrido por los terribles vientos. La
maquinaria separa de la primera clase. En esas exhalaciones fétidas de aceites
quemados se amontonan los campesinos con sus fardos inconcebibles: hombres
rústicos, vestidos a la manera ancestral, disfrutan de esta manera las
primicias de una civilización europea ornada a sus ojos de tantos alicientes
que les fascina y les trastornará. Veremos cambiar su modo de emperifollarse con
las fronteras –Austria, Hungría, Serbia, Bulgaria, Rumania.
Eso
variará de los bordados brillantes de la “Puszta” (llanura húngara) a los
oscuros y ásperos de Serbia, de las pieles blancas a las pieles negras, de las
lanas blancas guarnecidas de negro hasta esas otras de un moreno natural tal
como las que proporcionan los millares de manadas que pueblan los Balcanes. A
veces se ven hombres salvajes, cubiertos con pedazos de ropa mantenidos sobre el cuerpo por una
red de bramantes: el cotidiano desnudarse les resultaría penoso; ellos son los
que yacen con los corderos y los caballos bajo las estrellas, en la gris Puszta
o sobre el árido Balcan. La primera clase de nuestros grandes barcos está
bastante bien. Terciopelos rojos por todas partes, buen gusto, flores en las
mesas del fumador. Y sobre el muy amplio puente, agrupados, bancos
confortables, mecedoras, bajo una gran tienda protectora. Se come, se bebe a
buenos precios. El precio del trayecto, insignificante; por diez francos
pagamos un billete de estudiante, de Viena a Belgrado en segunda clase. Pero,
tan rico como un mendigo de España, difícilmente nos resignamos al inconfort de
proa. Cada vez que subiremos a un barco, contaremos esta sencilla historia el
hombre con galones que ejerce el mando: “Disculpe, capitán, la primera clase es
injuriosamente más chic que la segunda; nos parece que como estudiantes…” Y así
les parecerá también, a esos gentleman con galones, ya vienés, ya magiar, ya rumano.
¡Y así es como descendemos el Danubio por unos pocos francos, en mecedora bajo
una tienda protectora, y sobre los terciopelos del fumadero!”
Le Corbusier.
El viaje de Oriente.
Artes Gráficas Soler.
El viaje de Oriente.
Artes Gráficas Soler.
lunes, 5 de noviembre de 2018
domingo, 4 de noviembre de 2018
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
CADÁVERES DEL HOTEL MEMORIA
Algunas veces, los cadáveres desvanecidos en un hotel de
aquel lejano tiempo de cenizas atónitas retornan de su pudridero, desconcertados,
para reclamarne la liquidación de madrugadas perezosas y amaneceres renqueantes
por acantilados atronadores.
Ayer regresaron: lánguidos, grotescos, desmantelados e
inconcebibles. Mi voluntad, cocodrilo lóbrego, niña extraviada por los
polvorientos rumores que propaga la pólvora bastarda se llena de bandadas de
vocablos encapotados por pájaros taciturnos; frases de un mar precoz y
amenazante.
Ese paisaje de miradas acusadoras y días que nadie vivió es
el puente que nunca cruzo, siempre quebrado, siempre ciego, siempre plomizo, siempre
crónico, siempre atropellado, siempre esteril, siempre mudo, en las playas de
tu cama siempre en penumbra. Siempre entre la nada.
Baldomero
Dreira.
sábado, 3 de noviembre de 2018
OBITER DICTUM
"A pesar del importante papel que la guerra jugó en la construcción de los estados
europeos, los viejos estados nacionales de Europa casi nunca experimentaron la
gran desproporción entre la organización militar y el resto de formas de organización
que parecen destinados a soportar los estados satélite por todo el mundo
contemporáneo. Hace un siglo, los europeos deberían haberse felicitado por la
propagación de los gobiernos civiles por todo el mundo. En la actualidad, la
analogía entre la guerra y la construcción del estado, por un lado, y el crimen
organizado, por otro, se está convirtiendo en una trágica tendencia.”
Charles
Tilly
viernes, 2 de noviembre de 2018
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
Miro mi desnudez. Contemplo
la aparición de las heridas blancas.
Envuelto en sábanas mortales,
bebo en las aguas femeninas
la dulzura y la sombra.
Antonio
Gamoneda.
jueves, 1 de noviembre de 2018
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