domingo, 18 de diciembre de 2016

OBITER DICTUM






“Los olivos son unos árboles asombrosos; casi parecen sauces… “


Johann W. Goethe

sábado, 17 de diciembre de 2016

OBITER DICTUM





Aquella misma noche, bajo el furioso aguacero que encharcaba las calles, fui a casa de Manuel Paso; allí estaban su hermano Antonio, su hermana y su madre, Gracia Álvarez y Dicenta, que batallaba por sobreponerse al dolor y a la idea obsesionante de la muerte escribiendo las primeras escenas de su drama Aurora. Joaquín y yo penetramos en la alcoba del enfermo; un dormitorio cuadrangular donde ya comenzaba a respirarse el aire denso y pestilente de los ataúdes. En un hueco de la almohada yacía inerte la cabeza de Manuel; una cabeza de Greco, enjuta y larga, con la frente bruñida y el mentón afilado por la muerte apoyado sobre el embozo de las mantas.

       —Eso —murmuró Dicenta— ya no es un hombre.


Eduardo Zamacois

miércoles, 14 de diciembre de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





UN HOMBRE SOLO


“Un hombre solo es un ser solitario, una piedra, un hueso, un palo, un receptáculo para la ginebra Gilbey, una figura encorvada sentada en el borde de la cama de un hotel, lanzando suspiros ruidosos como el viento otoñal. ¿Sería Hammer uno de esos hombres que, habiendo formado una pareja poco feliz, carecería de la vitalidad y la inteligencia para romperla? No tiene más vida afectiva que inventar rubias. Su única vida sexual es meneársela. Viaja con sus rubias en barco y en avión; les muestra las magnificencias de París, Roma y Leningrado; pide comidas de cuatro platos en los restaurantes; observa con detenimiento la carta de vinos; las lleva a pasear; les extiende cheques; les compra joyas; se queda dormido con las caderas rodeadas de montes de Venus. Jamás deja de cepillarse los dientes y afeitarse antes de hacer el amor. La señora Hammer diría:”Eres un felpudo, un felpudo calzonazos, y no me eches a mí la culpa. Eres de los que creen que un buen día se enamorará de ellos una rubia esbelta, culta, hermosa, rica e inteligente. Como si lo viera. Es repugnante. Tiene pelo lacio, piernas largas, veintiocho años, divorciada pero sin hijos. Seguro que es actriz o cantante de cabaré. Hasta ahí llega tu imaginación. ¿Qué haces con ella, amigo, qué haces aparte de llevártela a la piltra? ¿Qué puede hacer un felpudo calzonazos? ¿La llevas al teatro o a cenar? ¿Le compras joyas? ¿Viajáis? Seguro que sí. Es lo que tú llamas ser distinguido. Catorce días en el Cristoforo Colombo, polvos mañana, tarde y noche, y a las siete vais al bar de primera clase vestidos de etiqueta. ¡Qué pareja más soberbia! ¡Qué mierda! Pero no, elegirías el Flandre para alardear de que sabes francés. Y la llevas a pasear por todo París, mostrándole tus viejas guaridas. Siento pena por ella; de verás. Pero escucha bien, amigo, presta atención: si apareciera esa rubia, no tendrías agallas para llevártela a la cama. La mirarías con ojos de carnero degollado, la achucharías detrás de la puerta de la cocina, pero al final no me serías infiel. Si aparece la rubia, cosa que no va a ocurrir. ¿oyes lo que te digo? No va aparecer ninguna rubia. Esa rubia no existe. Estás viejo, tienes cinco dientes postizos, mal aliento, pelos en la panza y serás un solitario el resto de tu vida. Estarás solo durante el resto de tu vida.
         Bueno, a ver, contesta. ¿Qué te pasa, se te ha comido la lengua el gato? ¿No respondes a las ofensas? Ya sé, te haces el santo. La otra mejilla, ¿eh? Bueno, si hay algo que puede empujar a una buena mujer a la bebida y la fornicación es la convivencia con un hijo de puta que se cree un santo. Una copa es lo que voy a tomarme en cuanto llegue a casa.”


John Cheever. Diarios. Emecé Editores.

domingo, 11 de diciembre de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE


 


EL CAMALEÓN


«En la corte de Bonaparte se sentía como pez en el agua, y el general revolucionario aprendía de él los grandes nombres y las costumbres aristocráticas del Antiguo Régimen con el fin de hacerlos revivir y de darle, en la medida de lo posible, un aire de antigüedad a su nueva dinastía. Puesto que había adquirido la habilidad de tratar con gente poderosa, monsieur de Talleyrand era el hombre que podía serle más útil a Bonaparte. El rostro imperturbable, un silencio de hierro, la insolencia bien combinada con una cortesía imponente, todo estaba perfectamente calculado para someter a los que hacían más de la mitad del trabajo. El origen ilustre de monsieur de Talleyrand y sus nobles modales persuadían a los embajadores de que trataban con un gobierno decente, y el espíritu revolucionario, así revestido bajo las formas más civilizadas, conservaba todo su temible poder. Estos miramientos dejaron de ser necesarios cuando la fuerza lo conquistó todo, pero Bonaparte continuó tendiendo sus garras con cierta dulzura.»


Madame de Staël.

Diez años de destierro.

Penguin Clásicos.


sábado, 10 de diciembre de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






CRUCIGRAMAS CUBISTAS

Tus dedos copulando
entre mis dedos.
Tus ojos húmedos
sobre mi cuerpo frío.
Tus versos en el aire
de los ausentes.

Hace ya tanto que todo
dejó de respirar a veinticuatro
imágenes por segundo
que para reptar
entre los fogonazos
lluviosos de aquel
ferrocarril de promesas
que nadie pilotaba,
ahora que ya no sobrevive
ni la quimera de tus labios,
en el polvo de plata de tu rastro,
releo en tu lengua impasible,
uno de los crucigramas cubistas
de aquella luna marina y mediterránea.

Silvano Lago

I

miércoles, 7 de diciembre de 2016

OBITER DICTUM






“Lo que distingue a los caracteres poéticos, aunque constituye también un peligro para ellos, es esa imaginación suya que agota las cosas de antemano: una imaginación que anticipa lo que ha de suceder o lo que puede suceder, que goza o sufre previamente por ello y que, cuando llega al momento de actuar, se encuentra ya cansada. Lord Byron, que sabía mucho de esto, escribió en un diario: “Si alguna vez tengo un hijo, le haré algo prosaico: abogado o pirata.”

Friedrich Nietzsche

domingo, 4 de diciembre de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





       DE VISITA


Cuando llegue la hora, no hagas ruido.
La casa bulliciosa
olvidará tu paso al poco de irte
como se olvida un sueño desabrido.

No te valdrá el amor ni la paciente
entrega a su cuidado.
Márchate silenciosa,
suavemente.

Entre sus moradores, alguien crece
para quien defendiste la techumbre,
los muros y los altos ventanales
donde la luz cernida comparece
cada nueva mañana.

Es la costumbre:
Permanecer no entraba en el contrato
y es preciso partir
(de todos modos,
no pensabas quedarte mucho rato).


                           Jon Juaristi

viernes, 2 de diciembre de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





                   LAS PIEDRAS DEL CAMINO


          Las piedras del camino se llenan de ternura
          y de musgos; los cielos contemplan con dulzura
          los senos azulosos del agua que se estanca.

          Clareando entre los charcos de solo todos deshechos,
          se hinchan de luz las agrias venas de los helechos
          tendidos sobre el fresco terror de la barranca.


          Concha Urquiza

lunes, 28 de noviembre de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





PRIMERA PARTE

CAPÍTULO XLVII


            “Cuando don Quijote se vio de aquella manera enjaulado y encima del carro, dijo:
         --Muchas veces y muy graves historias he yo leído de caballeros andantes; pero jamás he leído, ni visto, ni oído, que a los caballeros encantados los lleven desta manera, y con el espacio que prometen estos perezosos y tardíos animales; porque siempre los suelen llevar por los aires, con extraña ligereza, encerrados en alguna parda y escura nube, o en algún carro de fuego, o ya sobre algún hipogrifo o otra bestia semejante; pero que me lleven a mí agora sobre un carro de bueyes, ¡vive Dios que me pone en confusión! Pero quizá la caballería y los encantos destos nuestros tiempos deben de seguir otro camino que siguieron los antiguos. Y también podría ser que, como yo soy nuevo caballero en el mundo, y el primero que ha resucitado el ya olvidado ejercicio de la caballería aventurera, también nuevamente se hayan inventado otros géneros de encantamentos, y otros modos de llevar a los encantados. ¿Qué te parece desto, Sancho hijo?
         --No sé yo lo que me parece –respondió Sancho--, por no ser tan leído como vuestra merced en las escrituras andantes; pero, con todo eso, osaría afirmar y jurar que estas visiones que por aquí andan, que no son del todo católicas.
         --¿Católicas? ¡Mi padre! –respondió don Quijote--. ¡Cómo han de ser católicas, si son todos demonios, que han tomado cuerpos fantásticos para venir a hacer esto y a ponerme en este estado? Y si quieres ver esta verdad, tócalos y pálpalos, y verás como no tienen cuerpo sino de aire, y como no consiste más de en la apariencia.
         --Par Dios, señor –replicó Sancho--, ya yo los he tocado; y este diablo que aquí anda tan solícito es rollizo de carnes, y tiene otra propiedad muy diferente de la que yo he oído decir que tienen los demonios; porque, según se dice, todos huelen a piedra azufre y a otros malos olores; pero éste huele a ámbar de media legua.
         Decía esto Sancho por don Fernando, que, como tan señor, debía de oler a lo que Sancho decía.
         --No te maravilles deso, Sancho amigo –respondió don Quijote--; porque te hago saber que los diablos saben mucho, y puesto que traigan olores consigo, dellos no huelen nada, porque son espíritus, y si huelen, no pueden oler cosas buenas, sino malas y hediondas. Y la razón es que como ellos, dondequiera que están, traen el infierno consigo, y no pueden recebir género de alivio alguno en sus tormentos, y el buen olor sea cosa que deleita y contenta, no es posible que ellos huelan cosa buena; y si a ti te parece que ese demonio que dices huele a ámbar, o tú te engañas, o él quiere engañarte con hacer que no le tengas por demonio.”



Miguel de Cervantes Saavedra. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LENGUA



      LA POSTERIDAD


Con frecuencia, oigo hablar a poetas
de la posteridad.
“Tenemos que intentar –dicen con énfasis–
que las generaciones venideras…”
Y yo digo que sí –siempre me incluyen–. Pero mi corazón
sonríe
al tiempo virgen para sus latidos.

Yo quiero vivir al día,
lo mismo que las aves.
Ser pan de todos, sí
de los que conmigo muerden la agonía.
Y ya no aspiro a más.
Sólo a pudrirme –cuando llegue la hora–
junto a mis letras húmedas y doloridas.


                                                                         María Elvira Lacaci

jueves, 24 de noviembre de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




SON IMPORTANTES TANTAS COSAS...


Son importantes tantas cosas
-madre-. El olor
de naftalina, los baúles
en los que vamos destripando
sueños, años pasados
bajo la misma sombra. Sin embargo,
preparo con prisa mis maletas, vacío
los cajones rencorosa
de una alegría que no pudiste
darme, y es todo tuyo
-madre-. Las maderas
que rechinan vengativas, los cuadros
de dudosa
firma, las bandejas de plata que transportaron
turrones navidades
pasadas y nunca perseguidas.
Hago el inventario
-cruel siempre- que me anuncia
tu presente
concepción de silencios. Hago
y olvido, varias
docenas
de bordadas enaguas y colchas
con mi nombre. Las mantas
-madre- quedan con su olor a naftalina
enmohecida, quedan
dos pares de zapatos viejos, mi primer
par de medias, el bolso
que estrené una mañana, cuando tuve
que esconder mi pañuelo
demasiado grande para una sola
lágrima. Mi estatura
se parte -frente a ti- y sólo
queda un murmullo
de alas vencidas por la vida. Me olvido
de las cosas importantes. Del vaso
de mis fiebres, de las horas
pasadas sobre mí como en la muerte. Me llevo
todo -madre-. Hasta esa lágrima
dormida entre mis ojos. Dejo
a cambio el inventario -firmado y rubricado-
de mis sueños. Abres la puerta, salgo,
cierras. Vuelves
por el largo pasillo de la casa. Enderezas
ese cuadro
torcido, que yo moví al pasar y quizá
pienses en pintar las paredes
de mi cuarto, en cambiar las cortinas,
en recoger pisadas que aún
nos viven,
que nos pueblan de adioses
presurosos, como alargados trenes
que no paran. Que no te importe
nada, madre, madre. Que no te importe
la sangre -madre mía- que en río
de silencios nos separa. Que no te importen
las llaves que perdiste
para impedir mi marcha.


Paloma Palao