miércoles, 19 de octubre de 2016

OBITER DICTUM





“Esto nos revela una diferencia fundamental entre Alemania e Inglaterra: en Alemania, donde la democracia aún no ha tenido tiempo suficiente para echar verdaderas raíces (y esto lo olvidan a menudo los ingleses), la vida pública fue siempre, por lo general, asunto de los funcionarios públicos, de los expertos en la materia; el alemán era un indiviudalista mucho mayor que el inglés, y sólo aspiraba a vivir tranquilo. Y es por esto, más que por la docilidad con que obedecen los alemanes, por lo que es necesario recurrir a la fuerza para obligarles a participar en la política y para mantenerlos unidos.”


Hedwig Born.

viernes, 14 de octubre de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






WILDE


“Yo hacía mis obligatorias visitas a la Exposición. Fue para mí un deslumbramiento miliunanochesco, y me sentí más de una vez en una pieza, Simbad y Marco Polo, Aladino y Salomón, mandarín y dalmio, siamés y cowboy, gitano y mujick; y en ciertas noches, contemplaba en las cercanías  de la torre  Eiffel, con mis ojos despiertos, panoramas que sólo había visto en las misteriosas regiones de los sueños.
Había un bar en los grandes bulevares que se llamaba Calisaya. Carrillo y su amigo Ernesto Lejeunesse me presentaron allí a un caballero un tanto robusto, afeitado, con algo de abacial, muy fino de trato y que hablaba el francés con marcado acento de ultratumba. Era el gran poeta desgraciado Oscar Wilde. Rara vez he encontrado una distinción mayor, una cultura más elegante y una urbanidad más gentil. Hacía poco que había salido de la prisión. Sus viejos amigos franceses que le habían adulado y mimado en tiempo de riqueza y de triunfo, no le hacían caso. Le quedaban apenas dos o tres fieles, de segundo orden. Él había cambiado hasta de nombre en el hotel donde vivía. Se llamaba con un nombre balzaciano, Sebastián Melmoth. En la Inglaterra le habían embargado todas sus obras. Vivía de la ayuda de algunos amigos de Londres. Por razones de salud, necesitó hacer un viaje a Italia, y con todo respeto, le ofreció el dinero necesario un barman de nombre John, que es una de las curiosidades que yo enseño cuando voy con algún amigo a la Bodega, que está en la calle de Rivoli, esquina a la de Castiglione. Unos cuantos meses después moría el pobre Wilde y yo no pude ir a su entierro porque cuando lo supe, ya estaba el desventurado bajo la tierra. Y ahora, en Inglaterra y en todas partes, recomienza su gloria...”


Rubén Darío. La vida de Rubén Darío…

lunes, 10 de octubre de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





      VII


Silent Silent Night
Quench the holy light
Of thy torches bright 

For possess’d of Day
Thousand spirits stray
That sweet joys betray 

Why should joys be sweet
Used with deceit
Nor with sorrows meet?

But an honest joy
Does itself destroy
For a harlot coy.


William Blake.

miércoles, 5 de octubre de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EL SUEÑO DE RACHID


“Nacido de una familia judía, se convirtió al Islam y entró al servicio de la corte de los kanes de Il. Gradualmente fue ocupando puestos superiores hasta llegar a ser visir al mando de Uljetu, cargo que le valió un poder enorme y una riqueza extraordinaria. Sólo en tierras, su imperio particular se extendía desde los huertos y viñedos de Azerbaiján, atravesando las plantaciones de palmeras datileras del sur de Irak, hasta las vegas y trigales de Anatolia. Pero sus cartas no revelan que fuese un adulador ambicioso. Era, por encima de todo, un intelectual, y es su afición por el estudio y no su habilidad de estadista lo que deja traslucir más claramente su correspondencia. Siendo como era un hombre tan poderoso, sorprende el tono erudito de sus cartas. Escribe a un amigo desde la India, emocionado por el descubrimiento de unas especias que no se pueden encontrar en Persia. A otro le invita a visitar el jardín que acaba de hacer en Fatehabad. Manda “aves, yogur y miel” a un monasterio y “elegantes prendas de ropa y un caballo” a un intelectual que le ha dedicado un libro. Con sus hijos adopta una actitud más severa. Escribe a uno de ellos lamentando que el muchacho se dedique a la astrología (Rachid acababa de nombrarle gobernador de Bagdad y consideraba que debía ser más estricto con su manera de pensar); otro recibe un sermón para prevenirle contra “la pereza, el vino y la afición excesiva a la música y a la disipación”.
Estas advertencia van mezcladas con pasajes en los que muestra gran entusiasmo por sus proyectos de revivir el estudio en Persia. Para él, uno de los aspectos más interesantes de Rachiddya era su escuela, y escribe regularmente a sus hijos describiéndoles sus progresos. Se enorgullecía del elevado número de lectores del Corán y de doctores en teología, los “cincuenta médicos que venían de Siria y Egipto”, los ocultistas, cirujanos y ensalmadores, y especialmente los siete mil estudiantes del todo el mundo islámico. “Es de la mayor importancia que los estudiantes sean capaces de trabajar  con  la tranquilidad de  espíritu  que  da  el no  tener la  angustia de la  pobreza –escribió--. No hay mejor servicio que fomentar la ciencia y la erudición.”
Consecuentemente, no sólo daba grandes cantidades para las casas, sino también para los estipendios diarios, gastos anuales de ropa, y dinero para dulces.
Fue a Rachid ed-Din a quien los kanes de Il confiaron la crónica de la historia oficial de las conquistas mongoles. Fue tan acertada que Uljetu siguió encargándole otras historias: de los turcos, indios, chinos, judíos y francos, además de un compendio gramatical. Habían planeado encuadernarlo todo junto en una historia mundial de un solo tomo, el Jami el Tawarikh, una amplia enciclopedia histórica, única en la Edad Media. La administración del reino le ocupaba el día entero, de manera que debía escribir la Historia en el tiempo comprendido entre el alba y la plegaria matutina. Le llevó la mayor  parte de su vida. Aún hoy resulta una lectura fascinante. Especialmente interesante es la Historia de los Francos, la única obra islámica sobre Europa que se escribió hasta el perído otomano. Algunas veces las fuentes le llevan a engaño (un texto papal le hizo llegar a la errónea conclusión de que el papa solía usar la cabeza y la nuca inclinadas del sacro emperador como estribo para montar sobre su caballo), pero en general es tan veraz como único, y a la vez está lleno de detalles sorprendentes: por ejemplo, sabía que en Irlanda no había reptiles venenosos. Como historiador, Rachid era muy consciente de lo efímero del éxito humano y en su vejez se vio acosado por la idea de que el trabajo de toda su vida sería olvidado por la posteridad. Tomó elaboradas medidas para la conservación de sus libros y separó la inmensa cantidad de sesenta mil dinares para que fuesen copiados y traducidos, y para los gastos de encuadernación, mapas e ilustraciones “en el mejor papel de Bagdad y con la caligrafía más bonita y legible”. Pero no sirvió de nada. El enorme poder y la inmensa riqueza de Rachid sólo podía despertar la envidia entre sus contemporáneos y, al morir su mecenas Uljetu, los enemigos de Rachid hicieron lo imposible para asegurarse su destitución. Dos años más tarde, aquel anciano de setenta y seis años de edad fue llamado a comparecer ante un tribunal que le acuso de haber envenenado a su señor. Tras un breve juicio, le condenaron a muerte y pasearon su cabeza por las calles de Tabriz al grito de: Ésta es la cabeza de un judío que ofendió el nombre de Dios; ¡Que la maldición de dios caiga sobre él”.
A sus familiares les deshonraron y les confiscaron  los estados. Rachiddya fue saqueada e incendiada. Destruyeron todas las copias que encontraron de su obra. De un brochazo lo borraron de la historia como a un estalinista caído.
Pero el recuerdo de Rachid ed-Din no se extinguió. Las copias de su obra traducida sobrevivieron en las bibliotecas de los estados musulmanes vecinos y, mientras los nombres de sus asesinos han caído en le olvido, la vida de Rachid se ha conservado como una de las mejores documentadas de su época y, junto con los Viajes de Polo, su Jami el- Tawarikh actualmente es una de las fuentes históricas principales el Asia mongol."


William Dalrymple. Tras los pasos de Marco Polo. Edhasa.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





LOS MUERTOS VUELVEN


Los muertos vuelven,
vuelven siempre por sus lágrimas.
El poeta que se fue tras los antílopes
regresará también.
Nuestras lágrimas son
monedas cotizables.
Guardarlas todas… todas,
para las grandes transacciones.
Hay estrellas lejanas
y yo sé lo que cuestan.


León Felipe.

jueves, 29 de septiembre de 2016

OBITER DICTUM




«Ni el propio país reconoce la bandera tricolor. Sublevaciones en el Sur y en el Oeste: los campesinos están hartos de los eternos reclutamientos y disparan sobre los gendarmes que quieren llevarse sus caballos para los cañones. En las calles se leen carteles satíricos que decretan, por ejemplo, en nombre de Napoleón:
  Art. 1º Anualmente me han de ser entregadas trescientas mil víctimas.
  Art. 2º Bajo ciertas circunstancias aumentaré el número a tres millones.
  Art 3º Todas estas víctimas serán enviadas por correo a la gran matanza.»


Stefan Zweig

lunes, 26 de septiembre de 2016

ALLÁ EN LAS INDIAS





PANAMÁ


         “Está trazada y edificada de Levante a Poniente, en tal manera que saliendo el sol, no hay quien pueda andar por ninguna calle de ella, porque no hace sombra ninguna. Y esto siéntese tanto, porque hace grandísimo calor, y porque el sol es tan enfermo, que si un hombre acostumbra andar por él, aunque no sea sino pocas horas, le dará tales enfermedades que muera, que así ha acontecido a muchos. Media legua de la mar había buenos sitios y sanos, y adonde pudieran al principio poblar esta ciudad. Mas, como las casas tienen gran precio, porque cuesta mucho a hacerse, aunque ven el notorio daño que todos reciben en vivir en tal mal sitio; no se ha mudado, y principalmente porque los antiguos conquistadores son ya todos muertos, y los vecinos que ahora hay son contratantes, y no piensan estar en ella más tiempo, de cuanto puedan hacerse ricos. Y así idos unos vienen otros, y poco o ninguno miran por el bien público. Cerca de esta ciudad corre un río que nace en unas sierras. Tiene asimismo muchos términos y corren otros muchos ríos, donde en algunos de ellos tienen los españoles sus estancias y granjerías, y han plantado muchas cosas de España, como los naranjos, cidras, higueras. Sin esto hay otras frutas de la tierra, que son piñas olorosas y, plátanos, muchos y buenos guayabas, caimitos, aguacates, y otros frutos de los que suele haber de la misma tierra. Por los campos hay grandes hatos de vacas, porque la tierra es dispuesta para que se críen en ellas. Los ríos llevan mucho oro. Y así luego que se fundó esta ciudad, se sacó mucha cantidad. Es bien proveída de mantenimiento, por tener refresco de entrambas mares, digo de entrambas mares, entiéndase la del Norte por donde vienen las naos de España a nombre de Dios, y la mar del Sur, por donde se navega de Panamá a todos los puertos del Perú. En el término de esta ciudad no se da trigo ni cebada. Los señores de las estancias cogen mucho maíz y del Perú y de España traen siempre harina. En todos los ríos hay pescado y en la mar lo pescan bueno aunque diferente de lo que se cría en la mar de España. Por la costa junto a las casas de la ciudad hallan entre el arena unas almejas muy menudas que llaman chucha, de la cual hay gran cantidad. Y creo yo que al principio de la población de esta ciudad, por causa de estas almejas se quedó la ciudad en aquesta parte poblada, porque con ella estaban seguros de no pasar hambre los españoles.”


Pedro de Cieza de León. Crónica del Perú.