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domingo, 28 de abril de 2024

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA

 




AN IRISH AIRMAN FORESEES HIS DEATH

 

I know that I shall meet my fate

Somewhere among the clouds above:

Those that I fight I do not hate,

Those that I guard I do not love:

My country is Kiltartan Cross,

My countrymen Kiltartan's poor,

No likely end could bring them loss

Or leave them happier than before.

Nor law, nor duty bade me fight,

Nor public men, nor cheering crowds,

A lonely impulse of delight

Drove to this tumult in the clouds;

I balanced all, brought all to mind,

The years to come seemed waste of breath,

A waste of breath the years behind

In balance with this life, this death.


W.B. Yeats.


martes, 23 de enero de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






INTO THE TWILIGHT


Out-worn heart, in a time out-worn,
Come clear of the nets of wrong and right;
Laugh, heart, again in the grey twilight,
Sigh, heart, again in the dew of the morn.
Your mother Eire is aways young,
Dew ever shining and twilight grey;
Though hope fall from you and love decay,
Burning in fires of a slanderous tongue.
Come, heart, where hill is heaped upon hill:
For there the mystical brotherhood
Of sun and moon and hollow and wood
And river and stream work out their will;
And God stands winding His lonely horn,
And time and the world are ever in flight;
And love is less kind than the grey twilight,
And hope is less dear than the dew of the morn.


W. B. Yeats

domingo, 9 de marzo de 2014

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




SOBRE MARY HYNES


       He estado recientemente en un pequeño caserío, no lo bastante nutrido para que se lo llame aldea, en la baronía de Kiltartan del condado de Galway, cuyo nombre, Ballylee, es conocido en todo el oeste de Irlanda. Allí está el viejo castillo rectangular, Ballylee, habitado por un campesino y su mujer, y cabaña en la que viven su hija y su yerno, y un pequeño molino con un molinero viejo, y viejos fresnos que arrojan sombras verdes sobre un riachuelo y sus grandes pasaderas. Fui allí dos o tres veces al año pasado para hablar con el molinero acerca de Biddy Early, una sabia mujer que vivió en Clare hace unos años, y sobre un dicho que tenía: «Hay remedio contra todos los males entre las dos ruedas del molino de Ballylee», y para averiguar, por medio de él o de otro, si se refería al musgo que hay entre las aguas que pasan o a alguna otra hierba. He estado allí este verano, y allí volveré a estar antes de que sea otoño, porque Mary Hynes, una hermosa mujer cuyo nombre todavía es causa de admiración junto a los fuegos de la turba, murió allí hace sesenta años; pues junto a junto a nuestros pies querrían demorarse donde la belleza ha vivido su dolorosa vida para hacernos comprender que no es de este mundo. Un viejo me condujo a poca distancia del molino y del castillo, y me hizo descender por un veril largo y estrecho que casi se perdía entre zarzas y endrinos, y me dijo: «Esos pocos son los viejos cimientos de la casa, pero la mayoría se los han llevado para construir muros, y las cabras se han estado comiendo esas matas que crecen encima hasta que se las han cargado, y ya no crecerán más. Dicen que era la chica más guapa de Irlanda, tenía la piel como nieve fluida» --tal vez quería decir nieve fundida--, «y arreboles en las mejillas. Tenía cinco guapos hermanos, ¡pero ya se han muerto todos!» Le hablé de un poema en irlandés que Raftery, un famoso poeta, había hecho sobre ella, y de cómo decía: «Es pujante la bodega de Ballylee». Dijo que la pujante bodega era el gran agujero donde el río se hundía bajo la tierra, y me condujo a un pozo muy profundo, donde una nutria se metió corriendo debajo de un canto gris, y me contó que, por la mañana temprano, muchos peces salían del agua oscura «para probar el agua fresca que bajaba desde las colinas.»


W. B Yeats.
El crepúsculo celta.
Ediciones Alfaguara.

domingo, 16 de diciembre de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






                  AMAR COMO LOS SIDHE


       “Uno de los grandes problemas de la vida es que no podemos tener ninguna emoción pura. Siempre hay en nuestro enemigo algo que nos gusta, y en nuestro amor algo que nos desagrada. Es este enredo químico lo que nos hace viejos, y nos arruga la frente y hace más profundos los surcos de nuestros ojos. Si fuéramos capaces de amar y odiar con tan buen corazón como los Sidhe, podríamos volvernos tan longevos como ellos. Pero hasta que llegue ese día sus incansables gozos y pesares siempre habrán de constituir la mitad de su fascinación. En ellos jamás se agota el amor, y las orbitas de los astros no pueden rendir a sus pies danzantes. Los campesinos de Donegal se acuerdan de esto cuando se doblan sobre la pala, o se sientan junta a la criba, al anochecer, absortos en la pesadez de los campos, y cuentan historias sobre lo que no se puede olvidar. Hace poco tiempo, dicen, dos criaturas de pequeño tamaño, la una igual que un joven, la otra igual que una joven, se introdujeron en la casa de un granjero, y se pasaron la noche deshollinando el hogar y limpiándolo todo. A la noche siguiente volvieron, y, mientras el granjero estaba fuera, metieron todos los muebles en una habitación del piso de arriba, y, tras ponerlos en círculos pegados a las paredes, al parecer para mayor grandiosidad, se pusieron a bailar. Bailaron y bailaron, y pasaron días y más días, y todo el paisanaje los venía a ver, pero sus pies seguían sin sentir cansancio en ningún momento. El granjero no se atrevía a vivir en la casa mientras tanto; y al cabo de tres meses decidió poner término a la situación, y fue y les dijo que iba a venir el cura. Al oír esto, las pequeñas criaturas se volvieron a su país, y en él su alegría durará mientas las puntas de los juncos sigan siendo marrones, dice la gente, y esto es hasta que Dios abrase el mundo entero con un beso.”


W. B Yeats. El crepúsculo celta. Ediciones Alfaguara.